jueves, 5 de enero de 2017

EL NIETZSCHE DE GEORG BRANDES. UN ENSAYO SOBRE EL RADICALISMO ARISTOCRÁTICO

Para criticar a un autor valioso, primero hay que dejarse fascinar por su  obra y tratar de seguirlo en su discurrir. Esta actitud de dejarse arrastrar se parece, de algún modo, a lo que sugería Samuel Taylor Coleridge en referencia a la fe poética, que implica una “voluntaria suspensión de la incredulidad” –willing suspension of desbelief- que nos  permite sumergirnos en el mundo ficcional que el creador de la obra nos propone. Más allá de que Coleridge se refería a textos de “ficción” y no a composiciones filosóficas o científicas creo que, especialmente en el caso de Nietzsche, la sugerencia del autor de Kubla Khan nos puede ser de utilidad.


En una de sus tantas “clases a la gorra”, Diego Singer plantea que, al empezar la lectura de una obra clásica de filosofía, hay que tener en cuenta tres cuestiones: 

1) Antes de leer textos complejos, como los de Nietzsche, hay que predisponerse a re-leerlos, incluso más de tres  o cuatro veces. Debemos “rumiar” los textos, pasarlos  de un estómago a otro para sacarles el jugo, los nutrientes, como hacen los herbívoros con el alimento;

2) Hay que ser muy generoso con el autor que uno lee, y seguirlo en el movimiento que propone. No hay que plantarse frente al autor con una postura soberbia de “estoy en desacuerdo” o de “¿qué está diciendo este loco o este excéntrico?”. Diego pone el ejemplo del tango, donde para bailar hay que entregarse y seguir los movimientos de la pareja;


3) Hay que sacarse de encima la pretensión de “entender todo”. El “no entiendo” es, a menudo, una forma de cobardía, de pereza mental. La cuestión no es comprenderlo todo, sino que el texto nos produzca algún trastorno, nos diga algo. Por lo demás, la comprensión absoluta no es posible, si el texto vale la pena, ni siquiera para quien lo escribe.

Ahora bien, en un momento posterior, me parece necesario dialogar críticamente con el autor, sin hacerle decir lo que nosotros queremos que diga en lugar nuestro. En este sentido, es tan ridículo hacer de Nietzsche un nazi avant la lettre, como reducirlo a una suerte de “proto-anarquista”, o a un “liberal” o un “izquierdista”.

En 1890, el crítico danés George Brandes publicó, en la revista Deutsche  Rundschau, un artículo titulado “Aristokratischer Radikalismus. Eine Abhandlung  über Friedrich Nietzsche” (Radicalismo aristocrático. Una disertación sobre Friedrich Nietzsche), donde el pensamiento nietzscheano es presentado como fruto de una profunda inspiración tanto ética como política.

Ambos autores llegaron a intercambiarse varias cartas, desde el 26 de noviembre de 1887 hasta principios de 1889, cuando ya Nietzsche había empezado a perderse  en las tinieblas de la enajenación mental.

En una de las cartas, Nietzsche le confesó: “La expresión ‘radicalismo aristocrático’, que usted me dirige, me agrada. Permítame decirle que es lo más fuerte que de mí se ha dicho”.


Para quienes no lo conocen, Georg Brandes nació en Copenhague, capital de Dinamarca, el 4 de febrero de 1842. Era  de origen hebreo, y su filosofía racionalista fue influenciada por autores como Stuart Mill, Kierkegaard, Renan y Taine, entre otros.


Según Nicolás González Varela -la foto de sus libros se la afané sin permiso, pero sé que me va a perdonar- en su Nietzsche  contra la democracia, las lecturas marginalmente políticas que se han realizado del autor de El origen de la tragedia, mayormente en la tradición anglosajona, “paradójicamente nos representan un Nietzsche hiperliberal, anarquista individualista, antiimperialista, que incluso puede ser una fuente valorable de recursos para el desarrollo de una teoría democrática posmoderna”.

Este tipo de interpretaciones, de acuerdo al amigo Nicolás, reducen la obra de Nietzsche a un “burdo mecanismo de anacronismos, extrapolaciones y arbitrariedades presentadas como necesarias. Lo accidental en Nietzsche, incluso lo anecdótico, se transforma en el núcleo central. La inexactitud filológica se revela como un 'approche' estético, reduciendo todo a la retórica, a un juego de metáforas (…)”.

Es cierto que el estilo  aforístico, fragmentario e incluso poético de Nietzsche facilita el hecho de que sus textos se presten especialmente a la manipulación hermenéutica. De ahí que el estudio pionero de Brandes me parezca digno de ser leído, porque se trata de la mirada de un contemporáneo.


Brandes comienza su  artículo diciendo que “en la literatura de la Alemania actual, Friedrich Nietzsche me parece el escritor más interesante. Aunque poco conocido, incluso en su patria, Nietzsche es un espíritu absolutamente de primer orden que merece por completo ser estudiado, discutido, combatido y asimilado”. 


Es curioso que lo llame “escritor” y no “filósofo”. Me interesa además que el danés hable de la necesidad de COMBATIR sus ideas. Sin embargo, lo que me parece más interesante del libro de Brandes radica en que no hace de Nietzsche un pensador que se desentiende de las cuestiones políticas, sino muy por el contrario. 

En la primera carta que le envía, antes de publicar su artículo, Brandes le escribe lo siguiente:

“Un espíritu nuevo y original me llega de sus creaciones. Aún no entiendo muy bien lo que he leído, no siempre alcanzo a distinguir su idea, pero mucho de lo suyo está en armonía con mi pensamiento y con mis simpatías, como el desprecio a los ideales ascéticos y el profundo asco a la mediocridad democrática, aquello a lo que yo hubiera llamado radicalismo aristocrático. Su desprecio a la moral de la piedad aún no lo comprendo muy bien. Hay en su  obra observaciones acerca de las mujeres con las que no concuerdo”.

El 2 de diciembre de 1887, Nietzsche le responde lo siguiente:

"Estimado señor:

Éste es mi anhelo: algunos lectores a quienes apreciar y nada más. Con el transcurso del tiempo tengo siempre menos esperanza de que mi deseo se realice, pero por eso tengo mucha suerte para los buenos lectores. Siempre los he tenido pocos y buenos. El viejo hegeliano Hugo Bauer y Richard Wagner han sido de los lectores que anhelo: ya no están entre los vivos, pero entre los colegas que viven aún, me leen personas como mi amigo Jacob Burckhardt, Hans von Bulow, Hippolyte Taine y el poeta suizo Keller, a quien debe usted conocer."


Como dijimos al principio del posteo, en esa carta Nietzsche le confiesa a Brandes que se sintió representado por la expresión “radicalismo aristocrático” que se le atribuye.

El 15 de diciembre de 1887, Brandes le responde  desde Copenhague, diciéndole, entre otras cosas:

“He empleado sobre su doctrina la expresión de ‘radicalismo aristocrático’ porque estas palabras reflejan claramente mis propias convicciones políticas. Me choca un poco la agudeza y la pasión de sus filípicas en contra de fenómenos como la propaganda socialista  y anarquista. Las ideas anarquistas de Kropotkin no son tonterías, como dice usted”.

Insisto nuevamente en que a Brandes no se le pasa por la cabeza tratar a Niezsche como a una personalidad “apolítica”. Desde joven, el autor de Así hablaba Zaratustra se interesó por la política y la historia, como atestiguan sus lecturas de Maquiavelo, Bakunin, Louis Blanc, Tocqueville, Michelet, Ranke y tantos otros. 


Como bien destaca el amigo Nicolás, “desde sus primeros escritos sobre Napoleóon III, hasta sus pertinentes e informadas menciones en cartas y manuscritos sobre los hechos político-sociales más importantes de los años transcurridos entre 1860 y 1880, como por ejemplo la reforma del ejército prusiano en los inicios de los 1860’s, la crisis de Schleswig-Holstein y la guerra de Prusia contra Dinamarca (1863/64), la guerra imperialista entre Austria y Prusia (1866), la introducción del sufragio universal masculino en Prusia (1867/1871), las primeras coaliciones y asociaciones obreras (1867-1868), las elecciones y luchas parlamentarias (1867-1880), sobre el partido más importante del II Reich contra la Iglesia Católica Romana (circa 1871/1879), las leyes de Bismarck prohibiendo el partido socialdemócrata, el SPD (1878), las reformas sociales populistas de Bismarck”, etc.; hacen que de lo que menos se pueda hablar es de un tipo que no le daba bolilla a la política del día a día en su tiempo.

En lo personal me parece interesante contraponer la figura de Nietzsche a la de Tolstói, sobre todo porque ambos son auténticos MAESTROS, aunque seguramente yo no sea un discípulo digno.

En un artículo necrológico que cierra la edición del libro, escrito en 1900, Brandes afirma:

“En los últimos años Nietzsche y Tolstói fueron dos polos opuestos de la vida. La moral de Nietzsche es aristocrática, la de Tolstói popular; individualista la del primero y evangélica la del segundo. Nietzsche quiere la superioridad del individuo y Tolstói proclama la necesidad del sacrificio de la vida colectiva”.

Es evidente que se trata de temperamentos MUY diferentes. No es casualidad que el autor de Ana Karenina haya dicho que Nietzsche era un ser “medio demente, de una seguridad en sí mismo rayana en la locura, inconsistente, limitado pero diestro en el lenguaje”, y además que lo leyó con placer pero “con asco”. 

Recordemos que tanto Nietzsche como Tolstói son lectores de la obra de Schopenhauer.  No importa demasiado que yo les aclare que estoy mucho más próximo a Tolstói que a Nietzsche. Al Fede lo admiro, a Tolstói lo admiro pero además lo quiero y, en muchos aspectos, me parece un modelo a seguir.

Brandes destaca como característico de la obra de Nietzsche su hipótesis respecto de la cual un pueblo está en estado de civilización cuando los hombres de la sociedad trabajan constantemente para la producción de grandes personalidades. ¿Y cuándo están alejados de la civilización? Muy sencillo: cuando las masas dificultan o impiden la producción del genio.

Brandes cita a Nietzsche cuando afirma que "la humanidad trabajará incesantemente para producir grandes individuos: esto y nada más deberá ser su tarea". Y luego agrega:

"Ciertos autores, almas aristocráticas contemporáneas, han llegado a la misma verdad. Así, Ernest Renan se expresa de un modo casi idéntico: ‘En definitiva, el fin de la humanidad es producir grandes hombres. Nada hay sin los grandes hombres. De los grandes hombres es de donde nos vendrá la salud’. Y por las cartas de Flaubert a Georg Sand se advierte hasta qué punto el autor de Madame Bovary estaba convencido del mismo pensamiento, pues llega a decir lo siguiente: ‘La única cosa razonable es un gobierno de mandarines, con la condición de que éstos sepan alguna cosa o, más bien, de que sepan muchas cosas’”.

Les comento algunos fragmentos del artículo de Brandes, por si no consiguen el libro. Si quieren leer la versión inglesa, pueden hacer click acá.

Antes que nada hay que tener en cuenta que, siendo un estudio pionero, el autor ni leyó la obra completa de Nietzsche, ni mucho menos se empapó de las interpretaciones de otros estudiosos. Ese es el motivo por el cual, al comienzo de su artículo, Brandes aborda cuestiones que hoy ya son ultra-sabidas, como la afición inicial de Nietzsche por la obra de Schopenhauer, su amor por la música de Richard Wagner o su admiración por Jacob Burckhardt.

Recordemos que, en la primera de las Consideraciones Intempestivas, que lleva por título "David Strauss, el confesor y el escritor", Nietzsche alude a la victoria militar de Prusia sobre Francia, en 1870, y critica el hecho de que haya sido interpretada y presentada por varios intelectuales y periodistas de aquel entonces como una victoria de la cultura alemana sobre la francesa. Nietzsche percibe que la cultura alemana está presidida por el racionalismo económico, por la idolatría positivista de “los hechos”, por la discursividad científica y por la “opinión pública”. 

Según Brandes, Nietzsche considera que las palabras “civilización” y “civilización homogénea” son sinónimas, dado que la idea de civilización se manifiesta bajo la forma de unidad de estilo a través de todas las manifestaciones de la vida de una nación. Sin embargo, el crítico danés se despega de interpretaciones que varios años después harán algunos partidarios del nazismo:

“Pero civilización homogénea no es, naturalmente, sinónimo de civilización autóctona. La vieja Islandia, por ejemplo, poseía una civilización homogénea, aunque su alto desarrollo fue debido a las relaciones muy vivas existentes entre esa isla y Europa; una civilización homogénea distinguía a la Italia del Renacimiento, a la Inglaterra del siglo XVI y a la Francia de los siglos XVII  XVIII; y esto, gracias a que Italia construyó su civilización con impresiones griegas, romanas y españolas; Francia la suya con elementos antiguos celtas, españoles e italianos; y a que el pueblo inglés fue, en un grado mayor que los otros pueblos, el resultado de la mezcla de razas”.

Brandes destaca luego que, para Nietzsche, el tiempo de las civilizaciones nacionales ya pasó, y que “no está lejos el momento en que no se hablará ya más que de una civilización americanaeuropea, sola y única”.

Y más adelante, Brandes nos dice:

“A los ojos de Nietzsche, la desgracia capital para un país no es, por lo tanto, no poseer todavía una civilización verdadera, única y sistematizada, sino creerse civilizado cuando no lo está”. Por eso es que, en 1878, Nietzsche introduce el término Bildungsphilister (filisteo culto), que es aquél que se autoengaña creyéndose un hombre culto cuando es justamente lo contrario.


Como es de sobra conocido, Nietzsche siempre manifestó un desprecio absoluto, tanto por el periodismo como por la llamada “opinión pública”. Cuanto más dotado está un individuo de personalidad propia, es tanto más impermeable a seguir las opiniones del rebaño.

Ahí aparece la figura de Schopenhauer como maestro, como el pensador solitario que escribe verdades que sus contemporáneos no están dispuestos a escuchar. Al respecto, Brandes puntualiza lo siguiente:


“En nuestros días, las palabras ‘institución de cultura’ designan a una organización en virtud de la cual la gente cultivada avanza en filas cerradas, echando a  un lado a todos los oponentes solitarios cuyo esfuerzo tiende a fines superiores. Aun entre los hombres de ciencia, la facultad de comprender al genio en formación peca de ordinario, lo mismo que la comprensión del valor del genio contemporáneo en  plena actividad. Por esta razón, y a pesar de los progresos rápidos e innegables en todos los dominios técnicos y especiales de la ciencia, las condiciones para la existencia de los grandes hombres han mejorado poco; de hecho, se puede decir que el resentimiento con respecto a todo lo que es genial se ha recrudecido más que disminuido”.

En fin, tampoco pretendo resumirles todo el contenido de un artículo que pueden leer ustedes mismos. Solamente quiero agregar que, en el intercambio epistolar que mantuvieron, me pareció curioso el desacuerdo sobre la figura de Dostoievski:

18. De Nietzsche a Brandes
Turín, 20 de octubre de 1888

"(...) Me agrada Rusia, como a usted. Cada libro ruso, especialmente de Dostoievsky (¡en traducción francesa, por Dios, no alemana!), es mi mayor consuelo y un verdadero manantial de tranquilidad."

19. De Brandes a Nietzsche
Copenhague, 16 de noviembre de 1888

"(...)  (Dostoievsky) Es un gran poeta, pero un ser repugnante, cristianamente emocional y sádico al mismo tiempo. Toda su moral es la que usted llama moral de esclavos".

20. De Nietzsche a Brandes
Turín, Carlo Camino Alberto, 20 de noviembre de 1888.

"(...) Estoy conforme con lo que dice usted de Dostoievsky: siento por él mucho aprecio como uno de los psicólogos más grandes del mundo. Le estoy profundamente agradecido, por más antagónico que sea a mis instintos. Lo mismo siento hacia Pascal, a quien casi quiero, porque me enseñó mucho, mucho. ¡Es el único cristiano lógico!"

Vale decir, Nietzsche está dispuesto a admirar a personalidades incluso contrarias a sus propios instintos.


Para no extenderme más, déjenme decirles que para entender a otra persona, no basta con admitir la verdad trivial de que se trata de alguien diferente a mí: lo decisivo es comprender que no sólo yo soy un extranjero para el otro, sino que yo soy extranjero incluso para mí mismo, como él ha de serlo para sí. Como es natural, Nietzsche no pensó lo mismo en cada período de su vida; sin embargo, el desprecio por la democracia fue una constante a lo largo de toda su vida. El socialismo siempre le pareció cosa del rebaño, de la plebe, de pobres gentes que quieren calentarse mutuamente. No es casual que, en una de sus cartas, Brandes le recomiende la lectura de Kierkegaard, otro autor que desprecia a las masas y ensalza al individuo, aunque desde una postura que, aún siendo heterodoxa, jamás dejó de ser cristiana.

En síntesis, adhiero al lugar común que sostiene que uno debe leer a Nietzsche contra Nietzsche, a Nietzsche contra Marx, a Marx contra Nietzsche y así siguiendo. Lo que no me parece una actitud piola es comprar una visión edulcorada de los autores que leemos, o seleccionar citas meramente para acomodar una obra compleja para que encaje con nuestros propios prejuicios. Me parece que hay que tratar de tener el coraje de animarse a mirar el abismo con los ojos bien abiertos.

¡Sean felices!

Rodrigo

domingo, 18 de diciembre de 2016

DONDE EL AUTOR DEL BLOG NOS CUENTA DE SU RELACIÓN ACTUAL CON DON ERNESTO SÓTANO ANTES DE DISPONERSE A RELEER SOBRE HÉROES Y TUMBAS

Confieso que a Sábato dejé de leerlo en la adolescencia, aunque ahora, gracias a la influencia de una conocida -llamémosla Alejandra Vidal- me puse a re-leer muy por arriba El Túnel y Sobre héroes y tumbas. 

Antes que nada, cabe aclarar que decir “dejé de leerlo en la adolescencia” no necesariamente implica afirmar que la obra de Sábato es “literatura para adolescentes”. ¿Está claro? Les pido entonces que no sean pelotudos y sepan interpretar un texto.

Si me apuran, aunque sé que nadie me apura y Occidente puede transcurrir su devenir histórico tranquilamente sin conocer mi opinión al respecto, les diré que Sábato me parece un muy buen escritor, pero que en su momento fue bastante sobrevalorado. 

Dado que mi amigo Martín y yo tenemos cierta sensibilidad literaria más o menos parecida, me permito citar un posteo suyo sobre Sábato, poco después de su muerte, porque me parece bastante acertado:

“En Descanso de Caminantes, uno de sus volúmenes de Memorias, Bioy Casares anota algunos de los entretelones de su relación con Ernesto Sábato. Recuerda que al conocerlo le pareció "digno de estímulo", pero que Borges no se lo bancaba por sus "pedanterías infantiles". Con dificultad, lo convenció de que era "inteligente". Silvina Ocampo fue "más difícil de persuadir". A continuación recrea una escena significativa:

'Un día me trajo (...) el manuscrito de El Túnel "para que se lo corrigiera" (...) Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (...), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y con las páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse'.

Cincuenta años después (el desprecio literario es un plato que se sirve frío), César Aira cierra el círculo "atroz". Edita su Diccionario de Autores Latinoamericanos y en su apartado dedicado a Sabato escribe algo muy parecido a una necrológica:

'Sobre su robusto sentido común, sobre sus ideas convencionales y políticamente correctas (que lo hicieron en su vejez un favorito de los medios) era imposible ajustar pretensiones de escritor maldito o endemoniado, o tan siquiera angustiado; no tuvo más remedio que crear un personaje que se dice malo, atormentado y sombrío, con una insistencia francamente infantil'.


(…)Hay un epigrama malicioso que resume bastante a Sabato. Pertenece, claro, a Bioy Casares: "Un escritor importante de obra mediocre". Tal vez lo que distancia de Sábato, pasado el encantamiento adolescente, es ese malditismo existencial que de tan dark acaba siendo kitsch. Su prosa recargada desemboca en un estilo ornamental repleto de imágenes que pretenden un efecto dramático o un shock poético y, a menudo, caen en el mal gusto.

En las primeras páginas de El túnel, hay una frase genial en su síntesis de nihilismo y angustia: "Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración". Pero a continuación, el narrador agrega, innecesariamente: "Bastaría un hecho para probarlo, en todo caso: En un campo de concentración un ex pianista se quejó de hambre y entonces lo obligaron a comerse una rata, pero viva"... Abaddón, el Exterminador parece un exceso de megalomanía. Sobre héroes y tumbas es, indudablemente, una gran novela, pero no podría afirmar que sea buena.

Por otro lado, en la actualidad, la figura de autor que construyó Sabato (compromiso ético, solemnidad) queda en off side. Pero, más allá de sus contradicciones políticas (innumerablemente discutidas) ¿quién puede asegurar que las particularidades de su personalidad eran impostadas o que el paradigma actual (deudor de la estética coolness) sea mejor? Con Sabato muere también el último ejemplar (desterrado) de una estirpe variopinta de escritores (aquella conformada por Borges, Bioy, Mujica Láinez, las hermanas Ocampo, Cortázar, Mallea, Arlt, José Bianco) que, con errores y aciertos, ofrecieron las mejores obras de la literatura argentina. 


Hoy salí del trabajo al mediodía. Lloviznaba y, mientras esperaba el colectivo, mi mente comenzó a calibrar palabras oscuras: "Me siento exiliado en este mundo, todo es ambiguo e incómodo". Cuando subí, en medio de una marea de gente desconocida que pugnaba por un asiento, reflexioné: "La vida es una película malísima, una escena trágica tras otra sin solución de continuidad". Finalmente conseguí sentarme, pero mirando el espectáculo decadente a través del vidrio empañado, no logré borrar el monólogo desolador: "¡Encima nada tiene sentido, el amor es una sofisticación estúpida y al final te morís!". Cuando bajé del colectivo llovía con más persistencia y recordé la teoría de un amigo: "¡En los breves instantes que somos felices, silenciosamente, se está gestando el cáncer que, tarde o temprano, nos destruirá!". Mi cerebro era una parodia del grito de Munch hasta que pasé por la vidriera de una librería y vi que Hombres y Engranajes llevaba un pequeño crespón negro. Automáticamente pensé: "Se murió Sabato". Luego: "Se murió Sabato en un día gris que parece escrito por él". Y más: "¡Por eso mismo había sido cooptado por pensamientos sabatianos!". Al doblar la esquina, se me hizo un nudo en la garganta y no lo pude creer. ¡Claro, era mi Yo adolescente que desde lo más profundo de mi Ser me recordaba las tardes y las noches que pasé fascinado por los celos de Juan Pablo Castel, el Informe sobre Ciegos, el encuentro epifánico entre Alejandra y Martín! ¡Ah! ¡Black Sabato, Q.H.D.P (1)! 


(1): Qué Hijo De Puta".



Con matices, coincido con lo que dijo Martín hace cinco años. Respecto de la figura, típicamente “sartreana”, del compromiso ético y la solemnidad, me permito citar lo que dice Javier Cercas sobre la “literatura comprometida”:

“(…)la literatura, y en particular la novela, no debe proponer nada, no debe transmitir certezas ni dar respuestas ni prescribir soluciones; al revés: lo que debe hacer es formular preguntas, transmitir dudas y presentar problemas y, cuanto más complejas sean las preguntas, más angustiosas las dudas y más arduos  e irresolubles los problemas, mucho mejor. La auténtica literatura no tranquiliza: inquieta; no simplifica la realidad: la complica. Las verdades de la literatura, pero sobre todo las de la novela, no son nunca claras, taxativas e inequívocas, sino ambiguas, contradictorias, poliédricas, esencialmente irónicas. Es muy probable que la ironía destructiva, aquella que se funde o se confunde con el sarcasmo y hasta con el cinismo, conduzca a un nihilismo despiadado y estéril; pero la ironía cervantina, la que muestra que la realidad es siempre equívoca y múltiple y que existen verdades contradictorias, es una herramienta indispensable de conocimiento. Esa ironía no es lo contrario de la seriedad, sino en cierto sentido su expresión máxima; sin ella, en todo caso, apenas hay narrativa digna de tal nombre, o por lo menos novela”.

En la siguiente entrevista (link acá), Abelardo Castillo dice algo en relación a Sábato que me parece importante destacar: “un escritor es alguien que se toma la literatura en serio, pero no se toma a sí mismo en serio”. Y poco más adelante agrega una opinión que me parece sumamente iluminadora:

“La parte de "torturado" no se la toleraba. La inteligencia crítica y paródica de Ernesto era formidable. Y eso era lo que no quería usar. Prefería aparecer ante el mundo como el dueño universal del dolor. El éxito de Sobre héroes y tumbas le hizo mucho mal. Mientras dudó sobre sí mismo fue un hombre excepcional. Además, al año de publicar Sobre héroes, aparece Rayuela, y eso lo destruyó. Dejé de ser amigo de verdad de Ernesto en la década de 1960. Después nuestra amistad siguió formalmente. En una ocasión, me encontré con Mujica Láinez en la Feria del Libro y nos pusimos a caminar por esos largos pasillos y, de pronto, vimos una gran foto de Sábato, Manucho dijo: "Ése sufre, sufre., pero nos va a enterrar a todos". Y fue cierto, al menos respecto de Mujica Láinez. Por eso, cuando Ernesto llegó a los 90, yo me acordé de lo que había dicho Manucho y dejé de fumar”.


Cuando termine de leer Sobre héroes y tumbas tal vez escriba algo al respecto, por el momento estoy medio podrido de hablar de libros. ¡¡Necesito entrenamiento físico y volver al fútbol para oxigenar el cerebro!!

¡Sean felices!

Rodrigo

viernes, 9 de diciembre de 2016

DONDE EL AUTOR DEL BLOG NOS HABLA DEL ADÁN BUENOSAYRES DE LEOPOLDO MARECHAL PERO TAMBIÉN HACE MENCIÓN AL ULISES DE JAMES JOYCE AL PERONISMO Y MUCHAS COSAS MÁS QUE HACE DE CUENTA QUE CONOCE PORQUE ES UN CHAMUYERO MARCA ACME Y HASTA REFIERE ALGO DE SU ADMIRADO JORGE LUIS BORGES Y ESTE TÍTULO DEBE SER LEÍDO TODO SEGUIDO Y MANTENIENDO LA RESPIRACIÓN

Este posteo está dedicado a mi amiga Troska, una lectora apasionada de Don Leopoldo Marechal. Ante todo empiezo por admitir que me gusta más el Ulises de Joyce que el Adán Buenosayres, pero eso importa poco. Afortunadamente tenemos la libertad de disfrutar de ambas obras, aunque no sean sencillas de “digerir”. El Ulises, en particular, debe ser lo obra literaria más compleja que leí en mi vida. 

-“¿Leíste el Ulises de Joyce todo el día en tero?”

-“Sí, pero hacia el final del día, al pobre tero se le quebró la tibia y el peroné de la patita derecha”.

-“¡Qué macana!

-“Msé, fue un garrón. Tuve que pedir turno en el Hospital Fiorito. Encima para enyesarlo tardaron como tres horas porque el tero se quejaba y no lo podían mantener quietito".

El amigo Carlos Gamerro, a quien pienso chorearle fuerte varias de las ideas que expuso en “Marechal entre Joyce y Perón”, nos recuerda que en 1948, cuando publicó  su Adán Buenosayres, las múltiples críticas a Leopoldo Marechal se podían reducir a dos grandes acusaciones: la primera es la de plagiar al Ulises de Joyce; y la segunda consistía en deplorar los excesos escatológicos e incluso “coprológicos” de la novela.

En el número 69 de la revista Sur, en noviembre de 1948, Eduardo González Lanuza -que entre paréntesis supo componer poemas boludos de pollos y pavos- , escribió lo siguiente: “Imaginad, si podéis, el Ulises escrito por el Padre Coloma  y abundantemente salpimentado de estiércol, y tendréis una idea bastante acabada del libro”.

La referencia al cura obedece a la acusación de “chupacirios” o de “beato”, porque como sabrán, Don Marechal era católico. 

Emir Rodríguez Monegal, por su parte, aseveró: “En cuanto a las inmundicias con que cubre casi todas las páginas de su novela, sólo repiten con pueril fruición, las más fatigadas del idioma, esas que decoran las letrinas del orbe hispánico…”. 

Mi estimadísimo Gamerro da en el clavo cuando dice que acusar a alguien de imitar el Ulises de Joyce y de abundar en obscenidades es como acusarlo por ser de Boca y venerar la azul y oro. Una vez más vemos la actitud “tilinga” del crítico que le prohíbe al argentino lo que le permiten al irlandés. Algo similar sugirió Roberto Arlt en el prólogo a Los Lanzallamas:


“Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco”.

Haciendo caso omiso de la justicia o injusticia de tales acusaciones, lo que uno intenta responder es: ¿a qué viene tanto ensañamiento? La respuesta, mis amigos, no está soplando en el viento sino que me parece bastante clara: al apoyo político de Marechal al peronismo.

Porque, ¡no jodamos! Escribir un proyecto de obra en la cual  los personajes tendrán rasgos semejantes a los de sus amigos o compañeros de Sur es una idea casi infantil, juguetona, y no demuestra “mala leche” contra nadie. 

A esta altura del partido (6 minutos del segundo tiempo) ya sabrás, mi estimada Troska, que Luis Pereda es Borges, Bernini es Scalabrini Ortiz, Xul Solar es Schultze… Nos parece que “una mano fofa de molusco le tocó la espalda: era el hombre fortachón y bamboleante como un jabalí ciego” no es un insulto a Borges ni una injuria irreparable, sino un juego de escritor-niño-juguetón-copado-total-lo-bancamos-a-morir. 



Tal vez la única persona que verdaderamente sale mal parada sea Victoria Ocampo, a quien Marechal acusa de esnob pero además de un poco putarraca, porque se acostaba y/o seducía y/o coqueteaba con los autores extranjeros y famosos que venían a Buenos Aires gracias a su invitación. Es cierto que no lo dice con palabras tan directas, pero hay una mezcla de mojigatería, chovinismo y misoginia en sus críticas. Hoy en día es sencillo decir, ¿por qué un tipo que está con varias mujeres es un “ganador” mientras que la misma conducta en una mina es considerada inmoral? Qué se yo, estamos en 1948. Ahora por suerte las mujeres han logrado la preciada igualdad (?). 

Anyway, lo concreto es que muchas veces, la diferencia entre una cargada amistosa y una ofenda mortal se debe, como bien acota Gamerro, a la relación entre las partes: perdonamos, entre risas, cargadas a amigos que puestas en boca de alguien que nos cae antipático pueden derivar en trompadas, en juicios e incluso en tiros. Lo que no se bancaban varios de los muchachos de Sur  es que un tipo que se hizo un “peronista inmundo”, encima les tomara el pelo.

Años más tarde, en “Las claves de Adán Buenosayres”, Marechal rememora:

“Al escribir Adán Buenosayres me sentía, con obstinada juventud, en el mismo clima intelectual y temperamental de nuestra revolución literaria. Más tarde, buscando una explicación a la hostilidad o hielo de mis camaradas frente al Adán Buenosayres, advertí con tristeza que habían envejecido; su graciosa desenvoltura se había trocado en la “Solemnidad” literaria que tanto nos hiciera reír en nuestros antecesores de la pluma”.

Según Gamerro, Marechal excluye de esta acusación a Xul Solar, Scalabrini Ortiz y Oliverio Girondo.

Pero no se trata de entrar en la cíclica batalla entre “peronistas y gorilas”, dado que a Marechal no le fue mucho mejor con los suyos. Como él mismo confiesa:

“El movimiento me ignoró. Y lo justifico, porque estaba sobre todo preocupado por solucionar problemas económicos más perentorios. No creo, desde luego, que se deba hacer eso; una revolución  debe solucionar todos los problemas paralelamente. Y se produjo un hecho muy curioso: la intelectualidad argentina, antiperonista en su mayoría, y que me conocía bien, personalmente, me excluyó de su seno. Por otro lado, los peronistas prácticamente ignoraron mi existencia: ponían el acento sobre los aspectos populistas de la cultura”.

Y cuando se acordaban del pobre Leopoldo, era todavía peor. Gamerro cita una revista peronista en cuyo número 61, allá por 1950, lo felicitan por “haber realizado una feliz incursión por la novela en 1948 con Galván Buenosaires (sic)”. En eso los peronistas no fueron nada sectarios: ninguneaban por igual a intelectuales oficiales y opositores.

Como se sabe, los populismos no suelen darle mucha pelota a los intelectuales. ¿Y la derecha argentina? La derecha argentina, en cambio, suele tener entre sus filas a intelectuales bastante pelotudos.

Uno de los pocos escritores que defendió la novela de Marechal fue Julio Cortázar, quien publicó un artículo para la revista Realidad en 1949, donde afirmó que “la aparición de este libro me parece un acontecimiento extraordinario en las letras argentinas”. Cortázar elogia los muchos méritos de la novela de modo entusiasta, y señala muy pocos errores y defectos, siempre de forma respetuosa y honesta.

Si leen las cartas de Cortázar, notarán que siempre habla bien de Marechal, aunque se nota que un poco le dolió que el autor de Megafón o la guerra no le agradeciera el gesto en su momento sino muchos años después. Cabe recordar que Cortázar recibió amenazas e insultos telefónicos por esa simple reseña elogiosa. Y es que "la grieta" en la Argentina viene de muchos años, no es un invento de Jorge Sanata ni "seisieterrocho".

Respecto del peronismo, unos amigos decían algo sobre el antikirchnerismo emocional que puede aplicarse muy bien a lo que debe haber pasado en aquel tiempo:

"El paradigma antikirchnerista, el mínimo común denominador al que suscriben tanto la Mentalista como Ricardito, Pino o De Narváez, sostiene que todos los aciertos del oficialismo eran inevitables mientras que sus errores fueron intencionales.

Se suele comparar al kirchnerismo en particular y al peronismo en general, con absolutos, con sistemas de tubo de ensayo (una muy buena expresión del gran Jorge Katz), con intenciones, con fantasías y vapores varios, pero por alguna extraña razón, nunca con otras realidades. Ya sean locales o planetarias.

Es una vieja tradición argentina, confundir las limitaciones de la condición humana con las intenciones peronistas. El peronismo, bajo esa luz impiadosa, inventó la ambición, el ansia y las luchas de poder, el verticalismo, las bolsas de gatos, el discurso hegemónico, las crisis de sucesión. Hasta el ´45, esas patologías no formaban parte de nuestra sociedad mansa y respetuosa, que resolvía sus conflictos con la civilidad de un cantón suizo".

Sé que algunos de ustedes no me va a creer, pero les juro por Carlitos Tevez y Juan Román Riquelme que no soy peronista. Si no me quieren creer no me crean.

Bueno queridísima Troska, tenía pensado agregar algo más sobre las relaciones entre la obra de Marechal y la de James Joyce, pero me aburrí de escribir y en la tele están dando un documental de canarios. Te mando un gran abrazo y te dejo en paz. Te cuento que, por suerte, mi tero está mucho mejor de su patita derecha.


Saludos cordiales,

Rodrigo

martes, 6 de diciembre de 2016

NO SOY NADA. NUNCA SERÉ NADA... HABLA FOGWILL Y HABLA PESSOA

En una entrevista titulada Diálogos en campo enemigo, Enrique Fogwill citaba a Pessoa: "Viví, creí y hasta creé/ tengo apretado en mi pecho más humanidad que hasta la que el propio Cristo imaginó/ he concebido en mi cabeza más esquemas filosóficos de lo que Kant pudo calcular/ he conquistado en sueños más tierras que las del propio Napoleón/ y sin embargo, soy siempre el de la piecita/ voy a seguir siempre siendo eso/ el que tenía condiciones/ el que no nació para eso, pero ahora voy a escribir estos versos para probar que soy sublime". Y luego, el amigo Quique agregaba: 

"Tabaquería de Pessoa tiene más material para la reflexión social que toda la obra de todos los colaboradores de Nueva Sociedad y todos los bestseller del nuevo pensamiento político soft" (...) Tabaquería es un tratado sobre la constitución del sujeto consumidor".

Los dejo con el hermosísimo poema de Pessoa:




Tabaquería



No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que
         nadie sabe quién es
(Y si supieran quién es, ¿qué sabrían?),
Dais hacia el misterio de una calle cruzada
         constantemente por gente,
Hacia una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente
         cierta,
Con el misterio de las cosas debajo de las piedras y de
los seres,
Con la muerte poniendo humedad en las paredes y
         cabellos blancos en los hombres,
Con el Destino conduciendo el carro de todo por el
         camino de nada.

Estoy vencido hoy, como si supiese la verdad.
Estoy lúcido hoy, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de
         la calle
La hilera de vagones de un tren, y un silbato de partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos al
         salir.

Estoy perplejo hoy, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy dividido hoy entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real
         por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real
         por dentro.

Fracasé en todo.
Como no tuve ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
La enseñanza que me dieron,
Descendí de ella por la ventana de detrás de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Pero allí encontré sólo hierbas y árboles.
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana , me siento en una silla. ¿En qué he de
         pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede
         haber tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? , ni uno,
Ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí...
¡En todos los manicomios hay locos pensativos con tantas
         certezas!
¿Yo, que no tengo ninguna certeza, soy más cierto o
         menos cierto?
No, ni en mí…
¿En cuántas bohardillas y no-bohardillas del mundo
no hay a esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas,
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas,
Y hasta realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni hallarán oídos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque
         tenga razón.
He soñado más que Napoleón.
He apretado a un pecho hipotético más humanidades que
         Cristo,
He hecho filosofías en secreto que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la bohardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
         de una pared sin puerta
Y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello,
Y el resto que venga si viniere, o tuviera que venir, o no
         venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la
         cama;
Pero despertamos y es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolates, pequeña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que los
         chocolates
Mira que las religiones todas no enseñan más que la
         confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Pudiese comer chocolates con la misma verdad con que
tú los comes!
Pero yo pienso, y al tirar papel de plata, que es hoja de
         estaño
Echo todo al suelo, como he echado la vida.)

Pero al menos queda la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico partido para lo Imposible.
Pero al menos me consagro a mí mismo un desprecio
         sin lágrimas,
Noble al menos en el amplio ademán con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin orden, para el decurso de las
         cosas,
Y quedo en casa sin camisa.

 (Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua que fuese viva,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno- no concibo bien qué- ,
Todo esto, sea lo que fuere, que seas, ¡si puede inspirar,
que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como los que invocan espíritus me invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los carros que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena al destierro,
Y todo esto me es extraño, como todo.)

Viví, estudié, amé, y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo a quien no envidie sólo por no
ser yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien le
cortan la cola
Y que es cola para acá del lagarto revolviéndose.

Hice de mí lo que no supe,
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí era equivocado.
Me tomaron luego por quien no era y no desmentí, y me
perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la tiré y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba ebrio, ya no sabía vestir el disfraz que no había
         tirado.
Acosté fuera a la máscara y dormí en el guardarropas
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
Quién me diera encontrarte como algo que yo hiciese,
Y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de
         enfrente,
Pisando bajo los pies la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete en que un ebrio tropieza
O una espuerta que los gitanos robaron y no valía nada.

Pero el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se
quedó en la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal doblada
Y con la incomodidad del alma malentendiendo.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, y yo dejaré versos.
A cierta altura morirá el letrero también, y los versos
también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el
         letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girador en que todo esto se dio.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como
         gente
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo
debajo de cosas como letreros,
Siempre una cosa enfrente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño
         de misterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar
         tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me yergo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo
         contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los
         pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia
         de estar indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.

(Si yo me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio
         en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, lo conozco: es Esteves, sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como un instinto divino Esteves se volvió y me vio,
Me dijo adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
         Tabaquería sonrió.

domingo, 4 de diciembre de 2016

sábado, 3 de diciembre de 2016

EL INTELECTUAL PELOTUDO

‎”¡Qué pelotudo! Pe-lo-tu-do”: la punta de la lengua emprende un viaje de cuatro pasos desde el borde de los labios para apoyarse, en el cuarto, en el borde de los dientes. ¿Cómo puede existir un “intelectual” tan pelotudo como Alejandro Rozitchner?

Hoy le hicieron una entrevista en La Nación. No puede negarse que el tipo no teme ejercer la honestidad brutal:

“Desde hace muchos años formo parte de un equipo en el que participan muchas personas como Mauricio, Marcos (Peña), Avelluto, Hernán Iglesias, etc. Participo en distintas reuniones pero nunca sé exactamente cuál es mi aporte. En algunos casos resulta más claro, como cuando inventamos con Marcos los tres valores del Pro. Es como un negocio familiar donde no sabés exactamente qué hacés, pero está tu pedacito”.

¿Cómo habrá sido el momento en que inventaron con Marcos los tres valores del Pro? ¿Se tomaron un café, se sentaron a fumarse un porro y mirar el mar? ¿Habrán sido ellos dos solos o fue un brainstorming entre varios hippies con OSDE?

El periodista le pregunta por el “valor agregado” que aporta al actual gobierno, y Ale contesta:

“Te diría que por un lado sería la informalidad. Yo tengo una visión hippie, vengo del rock, la marihuana, mi formación es filosófica pero después muy rockera y muy marihuanera y por eso al principio me sorprendió que sea tan fácil el trato con Mauricio, que venía de la ingeniería, el deporte y la empresa”.

Afortunadamente para nosotros los argentinos, Ale ya viene realizando una tarea encomiable con sus “talleres del entusiasmo”, donde uno imagina a líderes de grandes empresas o emprendedores de clase media yendo a que el filósofo les trate de decir lo que tienen ganas de escuchar pero con alguna cita filosófica entremezclada: “no se sientan víctimas, traten de acallar la voz molesta de Pepe Grillo y dedíquense a ganar guita a lo loco sin importar cuando es nunca que la van a pasar mejor. Nietzsche decía que...”. 

El típico discurso de la derecha toy, que repite una y otra vez que “la izquierda” –una bolsa medio difusa donde meten todo lo que les molesta- es puro verso, un grupo de quejosos resentidos que critican y no hacen, y frases así por el estilo. Una suerte de relato que podríamos tildar de “Nietzsche for dummies”.

No se confundan, en lo personal creo que la alegría y el entusiasmo son valores positivos, lo que no significa que asemeje “autoestima” con “egoísmo”.

Hace unos días veía nuevamente una entrevista que le hicieron a Vanesa Orieta, la hermana de Luciano Arruga, el adolescente asesinado por la mafia policial. Pienso en los jóvenes que luchan cada día a brazo partido por un país más justo, ¿necesitarán participar de los “talleres del entusiasmo”?



Estimo que Alejandro Rozitchner debe ser un buen tipo, un buen amigo de sus amigos, e incluso se trata de alguien que fuera querido y respetado por Luis Alberto Spinetta, nada menos. Les juro que no tengo nada contra él como persona sino como  figura de "intelectual".

¡Sean felices!

Rodrigo