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sábado, 3 de agosto de 2019

LA NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA CIUDADANÍA POLÍTICA Y ECONÓMICAMENTE ACTIVA

Post dedicado a mi "Coniglia hermosa"


En estos días asumí la necesidad de escribir –especialmente para las generaciones más jóvenes, que son buena parte de nuestro futuro- algunos artículos que tienen el propósito de que asumamos una postura ciudadana política y económicamente activa y responsable. La razón principal de mi decisión es la molestia de ver y escuchar a tantas víctimas apoyando verdugos sin cuestionarse nada. 


Mi apasionamiento por estos temas ha hecho que incluso me pelee con algunos compañeros de trabajo, entre otras cosas porque elegí estrategias comunicacionales muy malas. Y es que hace falta saber cuándo, cómo y con quiénes hablar de algunos temas. Sin ir más lejos, hace pocos días se fueron yendo las personas de mi grupo de Whatsapp del laburo porque se pudrieron de que yo discutiera de política e incluso ejerciera cierta “soberbia puteadora” con varios. Tenemos que entender que los interesados en política seguimos siendo, muy a mi pesar, una “minoría intensa”. 

Antes que nada quiero recordar que, como decía Wittgenstein, VEMOS INTERPRETACIONES todo el tiempo. Al respecto, me parece interesante citar al gran Pedro Saborido, quien en el transcurso de la presentación de un libro de entrevistas a Axel Kicillof en la Feria del Libro, reflexionó:

“¿Cómo es que estamos percibiendo de una manera tan distinta? ¿Cómo puede ser que a un montón de gente la misma persona le parezca un gran cuadro político y a otro, una loca de mierda? Y no sabemos si estamos hablando de Cristina o de Carrió. Funciona, funciona para ambos casos. (…) El otro día hablaba con Marlene y con mis chicos sobre quién se supone que es normal. ¿Quién es el normal? Va un tipo en un auto a la mañana y la radio le habla y le dice que va a haber un montón de cortes en la 9 de Julio. Ese tipo es el normal y escucha: ‘Bueno, usted que va para tal lado va a cruzarse con una serie de cortes de piqueteros’. Le hablan sobre el derecho a la circulación y qué se yo. La radio no le habla al que participa del movimiento social, al piquetero. La radio no le dice: ‘Señor piquetero que hoy va a cortar la calle, se va a encontrar con un montón de pequeños burgueses que van al trabajo, le van a tocar la bocina, lo van a insultar’. No. El tipo que va en el auto entonces se cree el centro. El normal. Y como en ese momento es el normal, no puede por un instante pensarse del otro lado. Ponerse en el lugar del que corta la calle. Uno le diría: ‘Mirá, vos tenés que esperar media hora, qué se yo, vas al laburo o volvés a tu casa y vas a llegar más tarde para ver Friends. Pero el otro se está cagando de hambre y vos te quejás en vez de agradecer que tenés un auto y tenés un trabajo. Agradecer que no sos el que tiene que cortar la calle. Poné Aspen, dale boludo, dos, tres temas de Richard Marx y ya pasó. El otro se está cagando de hambre’”.

Esto que dice Saborido, un poco en broma pero bastante en serio, tiene que ver con que no existe el pelotudo integral: los seres humanos somos pluridimensionales, excelentes cirujanos que toman en serio las gansadas de Luis Majul, expertos en literatura rusa que no pueden hacer un huevo frito sin quemar todo, y así siguiendo. Uno puede adjetivar cada tanto a alguien -amigo, hermano, jefe, vecino- diciendo “este tipo es tremendo pelotudo”. Sin embargo, como agrega Peter: “no existe el boludo integral, porque no podría sobrevivir a él mismo, no podría cruzar Constituyentes o se ahogaría en la ducha. Pero resulta que tienen hijos, los tienen a upa y no se les caen, los llevan todos los días al mismo jardín (…) La persona es un poliedro y uno de sus lados es boludo, y cuando uno ve ese costado, ve a un boludo”.

Es cierto que hay poliedros y poliedros, pero en esencia el amigo Peter tiene razón. Uno se enoja con compañeros por haberse tirado un tiro en el pie votando a Macri, pero esos mismos compañeros por ahí son brillantes, incluso mucho mejores que uno, en un montón de otras actividades o aspectos de la vida.


En fin, la cuestión es que no soy muy original: allá por 1548, cuando tenía nada más que 18 años, el pensador francés Étienne de La Boétie (1530-1563) escribió su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, donde se pregunta cuál es la legitimidad de los menos sobre los muchos, o de cualquier autoridad sobre un pueblo, analizando la situación de sumisión que las personas adoptan, en buena medida, voluntariamente.


En lo personal me jode que muchos de los que más sufren las políticas neoliberales, o de libre mercado, son frecuentemente quienes más las apoyan: los han convencido, y se han dejado convencer, de que el adelgazamiento del gobierno, el rigor fiscal, el individualismo extremo, el egoísmo, la libertad de empresa, la autoayuda individual -frente a la política, que es la autoayuda colectiva- son las únicas bases posibles para una economía dinámica y la conformación de una sociedad decente.


En síntesis, podría decirse que flota en el aire una pregunta recurrente: ¿por qué razón las víctimas votan a sus verdugos? Traducido a la política local: ¿cómo es posible que un jubilado, un empresario Pyme, un asalariado o un científico del Conicet siga apoyando al macrismo? Sabemos que un banquero o un miembro de la sociedad rural tiene sobradas razones para apoyar a Macri, ¿pero un jubilado?


No es una pregunta sencilla de contestar, aunque se pueden ensayar algunas respuestas: 1) la derecha conservadora suele manejar buena parte de los aparatos ideológicos de construcción de sentido, y además se mueve en bloque: sectores del poder judicial, del poder mediático, del poder económico y parte del poder político funcionan de manera coordinada para construir sentido, para construir subjetividad. Cuando te convencen de votar un ajuste lo hacen desde la hegemonía neoliberal que te dice que “no existe otra alternativa”, es eso o “el caos”, “Venezuela”, “el monstruo del populismo”, etc. Es una  suerte de legitimación de cierto darwinismo social radicalizado y convertido en una lógica fatalista: “el mundo es una selva donde predominan los más fuertes, y todo aquél que lo cuestione es un izquierdista infantil que no entiende nada”. Algo así como Nietzsche para pelotudos mezclado con Ayn Rand. El macrismo, como no tiene logros económicos para mostrar, sólo puede sostener su chance electoral a través de la demonización del kirchnerismo.


2) La segunda razón es antipática pero es real: a muchas personas NO LES GUSTA LA IGUALDAD. De algún modo tiene que ver con lo que Freud denominaba “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. Lo vemos todo el tiempo: tipos que disfrutan el ascenso social mínimo con respecto al vecino, así como envidian profundamente que alguien que vive al lado tenga un logro o un éxito económico o social que él/ella también tiene. “¿Cómo puede ser que este negro de mierda maneje una 4 x 4 tan linda como la que manejo yo?”. Salvando las distancias, algo así como el mayordomo esclavista personificado por Samuel Jackson en Django Unchained (2012)




De todos modos no es mi intención buscar en este post mayores precisiones sobre la psicología del votante, ni tampoco creo que el kirchnerismo sea la solución a todos nuestros males. ¡Al contrario! Creo que la hegemonía neoliberal es tan omnipresente, el individualismo egoísta está tan arraigado, que cada mínimo avance "populista" -por llamarlo de algún modo- en relación a cierta equidad se logra con muchísimo esfuerzo; por algo a cada gobierno que intenta distribuir un poquito le sucede la restauración de los gobiernos de derecha, cuyas políticas son siempre el mismo perfume de mierda con diferente frasco: Martínez de Hoz, Cavallo, Dujovne… Lo digo nuevamente:  mi intención en varios de los próximos posteos que proyecto publicar, y algunos que ya escribí, es tratar de entender, y ayudarle a entender a los más jóvenes, algunas cuestiones sobre política y economía. Y es que con los viejos carcamanes onda Quintín no hay nada que debatir: sería una pérdida de tiempo, esfuerzo y neuronas. 

Parto de la base de que, como sugería Joan Robinson, el principal propósito de estudiar economía es “aprender a evitar ser engañado por economistas”, que muchas veces no son más que lobbystas del establishment o traficantes de información financiera al servicio de intereses ajenos e incluso contrarios a los nuestros.

Se ha hecho famosa una frase de Raúl Scalabrini Ortiz: “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende, es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”. (Bases para la Reconstrucción Nacional, 1965).

Me parece que se trata de una verdad a medias, en el sentido de que uno no puede ahorrarse el esfuerzo, y que tampoco se puede negar que existen ciertos tecnicismos y ciertos conocimientos mínimos que no son sencillos de aprender. En otras palabras, adhiero a la postura del economista coreano Ha-Joon Chang cuando dice que "no hace falta que entendamos todos los aspectos técnicos para hacernos una idea de qué pasa en el mundo y ejercer lo que llamo ‘ciudadanía económicamente activa’ para exigir medidas adecuadas a los cargos de responsabilidad. A fin de cuentas, la falta de conocimientos técnicos no nos impide pronunciarnos sobre muchos otros temas. No hace falta ser un experto en epidemiología para darse cuenta de que las fábricas de productos alimentarios, las carnicerías y los restaurantes deben seguir normas de higiene. Pronunciarse sobre economía viene a ser lo mismo: una vez que se conocen los principios clave y los datos básicos, se pueden emitir juicios sólidos sin conocer detalles técnicos”.

Y es que estoy convencido de que la economía es una ciencia social, no una ciencia exacta. Hay que rechazar la idea de la ciencia económica como un modelo predictivo para aceptarla como una ciencia que debe combinarse con otros aportes: la antropología, la psicología, la sociología, la política… La economía es un terreno de disputa de poder. Como dije alguna vez: "economistas queridos, ¡ciencia no es cientificismo!"

También es importante no confundir "democracia" con "plutocracia": con los plutócratas que se disfrazan de demócratas no hay nada que hablar, simplemente hay que combatirlos en la arena política con todo el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad de que seamos capaces.

La raíz de la voluntad está en el deseo: hay que QUERER pensar, volverse una persona autónoma, reflexiva aunque no por eso menos apasionada. La voluntad es un deseo que ha pasado por el tamiz de la reflexión crítica.

Eso es todo por hoy. 

¡Sean felices!,

Rodrigo

miércoles, 31 de julio de 2019

EL NEOLIBERALISMO EXPLICADO DE MANERA SENCILLA

No es inusual escuchar que, luego de una separación amorosa, alguien se queje amargamente diciendo: “pensar que había invertido un montón en esa relación”. La pregunta que a uno le surge es, ¿y por qué deberíamos naturalizar el hecho de que la vida sea una suerte de incesante inversión en uno mismo? Las frases de este estilo, cuyo tenor podríamos multiplicar ad infinitum, son parte de cierto “sentido común neoliberal”.  Ahora bien, ¿qué es el neoliberalismo?

Es cierto que el término “neoliberal/neoliberalismo” se suele usar más como un adjetivo (des)calificativo o un insulto aplicado a cualquier cosa que como un concepto que tiene un origen histórico determinado y un sentido preciso. Ese uso vago y difuso ha obrado como una suerte de excusa de la derecha para decir que el neoliberalismo es una invención de la izquierda. Ahora bien, que la palabra “fascista” o “facho” se use como un insulto indiferenciado, ¿implica que el fascismo no haya tenido existencia histórica real o sea imposible de definir? Pues bien, lo mismo ocurre a mi juicio con el concepto de “neoliberalismo”.

Los neoliberales, a diferencia de los liberales clásicos del siglo pasado, dan prioridad a las libertades económicas sobre las libertades políticas. La cuestión es que cuando la sociedad le da prioridad a las libertades políticas: el derecho a la libre expresión, el derecho al voto universal, el derecho a la educación, etc., tarde o temprano termina exigiendo la conformación de un estado social, de un estado de bienestar, de instituciones que garanticen el ejercicio efectivo de estos derechos: la conformación de una ciudadanía autónoma, informada, libre, que pueda expresarse y votar de modo responsable, cosa que evidentemente debe hacerse con el estómago lleno y los nutrientes necesarios en el organismo. Por eso los neoliberales invierten la importancia de los derechos sociales y subordinan todo a una idea determinada de “libertad económica”.

Más adelante, en una nueva entrada, voy a hacer un recorrido histórico del concepto. Por el momento me basta recordar que el neoliberalismo no es exclusivamente una política económica que propugna el retraimiento de la esfera pública y su subordinación a la esfera privada, sino que también es una antropología, una concepción de la naturaleza humana, del Estado, del derecho, de la educación… El neoliberalismo es una forma de vida que nos impulsa a ser empresarios de nosotros mismos, vivir la vida como una competencia incesante con los demás: esa lógica hace que los seres humanos nunca nos sintamos “pobres” sino “perdedores”. Los ricos no son "enriquecidos" sino "exitosos". 

Como diría el economista Joseph Stiglitz, la característica principal del modelo neoliberal ha sido convencerse y convencernos de que “no existe alternativa”; el "there is no alternative" de Margaret Tatcher. El discurso neoliberal ha tejido una red tan tupida que nos impide ver la luz.

En lo personal comparto la visión de economistas como Joseph Stiglitz en cuanto a la necesidad de reconocer y entender que el mercado no va a resolver por sí mismo ni la creciente desigualdad, ni la inestabilidad financiera o la degradación ambiental; por tanto, los gobiernos y la sociedad civil tienen la obligación de esforzarse por idear políticas que puedan limitar a los mercados a través de regulaciones ambientales, de salud, de seguridad ocupacional, entre otras.

El “mercado capitalista” no puede mistificarse como si fuera una creación divina, sino que debe estar subordinado a los controles democráticos.

Pongamos el ejemplo de un economista “neoliberal” como Miguel Boggiano, justificando el advenimiento del desastre de 2001: el tipo pone en palabras descarnadas lo que piensan, con matices, algunos miembros del macrismo. Lo que postulan personas como Boggiano es que el Estado se tiene que retirar para generar una especie de darwinismo social que haga que prevalezcan “los fuertes” y se jodan “los débiles”, los que no son “competitivos”. Desde mi perspectiva, el Estado debe intervenir porque si uno deja todo en manos del mercado capitalista, se genera concentración y exclusión. Si el Estado no interviene asistiendo a las Pymes, atendiendo a los jubilados, implementando mecanismos de redistribución de la riqueza, se genera violencia y caos social.

La crisis de 2001, que Boggiano justifica, generó más de 30 muertos por represión policial, pobreza, personas que recorrían las calles revolviendo la basura, desocupados. No es que Boggiano sea un canalla, sino que realmente cree en algo que varios neoliberales denominan “destrucción creativa”: se piensa que para que exista competitividad e innovación, hay personas que literalmente tienen que morir, desaparecer, o en todo caso “reconvertirse”. Al decir de Esteban Bullrich: "hay que crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla".

Yo creo en la existencia virtuosa de premios y castigos, en el esfuerzo, en cultivarse a uno mismo, en mejorar, en enriquecerse intelectualmente. Tampoco considero que uno deba ser un asceta o un monje: soy bastante hedonista, prefiero un buen vino a un vino malo, una comida bien hecha a conformarse con las sobras. Ahora bien, si te habla de “emprendedurismo” o “meritocracia” un grupo de funcionarios que heredaron su fortuna –Macri, Rodríguez Larreta, los Bullrich, los Peña Brown- es entre cínico y ridículo. NADIE PUEDE REALIZARSE PERSONALMENTE EN UNA COMUNIDAD QUE NO SE REALIZA.

sábado, 3 de diciembre de 2016

EL INTELECTUAL PELOTUDO

‎”¡Qué pelotudo! Pe-lo-tu-do”: la punta de la lengua emprende un viaje de cuatro pasos desde el borde de los labios para apoyarse, en el cuarto, en el borde de los dientes. ¿Cómo puede existir un “intelectual” tan pelotudo como Alejandro Rozitchner?

Hoy le hicieron una entrevista en La Nación. No puede negarse que el tipo no teme ejercer la honestidad brutal:

“Desde hace muchos años formo parte de un equipo en el que participan muchas personas como Mauricio, Marcos (Peña), Avelluto, Hernán Iglesias, etc. Participo en distintas reuniones pero nunca sé exactamente cuál es mi aporte. En algunos casos resulta más claro, como cuando inventamos con Marcos los tres valores del Pro. Es como un negocio familiar donde no sabés exactamente qué hacés, pero está tu pedacito”.

¿Cómo habrá sido el momento en que inventaron con Marcos los tres valores del Pro? ¿Se tomaron un café, se sentaron a fumarse un porro y mirar el mar? ¿Habrán sido ellos dos solos o fue un brainstorming entre varios hippies con OSDE?

El periodista le pregunta por el “valor agregado” que aporta al actual gobierno, y Ale contesta:

“Te diría que por un lado sería la informalidad. Yo tengo una visión hippie, vengo del rock, la marihuana, mi formación es filosófica pero después muy rockera y muy marihuanera y por eso al principio me sorprendió que sea tan fácil el trato con Mauricio, que venía de la ingeniería, el deporte y la empresa”.

Afortunadamente para nosotros los argentinos, Ale ya viene realizando una tarea encomiable con sus “talleres del entusiasmo”, donde uno imagina a líderes de grandes empresas o emprendedores de clase media yendo a que el filósofo les trate de decir lo que tienen ganas de escuchar pero con alguna cita filosófica entremezclada: “no se sientan víctimas, traten de acallar la voz molesta de Pepe Grillo y dedíquense a ganar guita a lo loco sin importar cuando es nunca que la van a pasar mejor. Nietzsche decía que...”

El típico discurso de la derecha toy, que repite una y otra vez que “la izquierda” –una bolsa medio difusa donde meten todo lo que les molesta- es puro verso, un grupo de quejosos resentidos que critican y no hacen, y frases así por el estilo. Una suerte de relato que podríamos tildar de “Nietzsche for dummies”.

No se confundan, en lo personal creo que la alegría y el entusiasmo son valores positivos, lo que no significa que asemeje “autoestima” con “egoísmo”.

Hace unos días veía nuevamente una entrevista que le hicieron a Vanesa Orieta, la hermana de Luciano Arruga, el adolescente asesinado por la mafia policial. Pienso en los jóvenes que luchan cada día a brazo partido por un país más justo, ¿necesitarán participar de los “talleres del entusiasmo”?



Estimo que Alejandro Rozitchner debe ser un buen tipo, un buen amigo de sus amigos, e incluso se trata de alguien que fuera querido y respetado por Luis Alberto Spinetta, nada menos. Les juro que no tengo nada contra él como persona sino como  figura de "intelectual".

¡Sean felices!

Rodrigo

jueves, 14 de enero de 2016

EL MACRISMO COMO FENÓMENO CULTURAL

El neoliberalismo no tiende a pensar a los seres humanos como sujetos de derechos, como sí pueden pensarse en el radicalismo, el peronismo o el socialismo, por citar algunos ejemplos. El   neoliberalismo piensa que la sociedad es una suerte de conjunto inorgánico de iniciativas individuales donde el resultado es que los más aptos sobreviven y que esos que sobreviven son los que tienen derechos. No es que Macri llegue a esa conclusión fruto de una sesuda reflexión teórica: no se trata de alguien muy ilustrado. En ese sentido es similar a Daniel Scioli, más allá de que Scioli sí se reivindique como "peronista".

Al respecto, el sociólogo Luis  Alberto Quevedo aporta algunas reflexiones sobre el macrismo como fenómeno cultural que me parecieron bastante interesantes:

HABLAR DE "LA GENTE" O "EL VECINO"

"Cuando nominás a alguien, lo estás ubicando en un lugar, lo estás interpelando desde ahí. Si dicen vecino, ya sé que lo está poniendo en un lugar que no tiene que ver con un entramado de derechos políticos, sino que está colocando a una persona en una localización geográfica: que vive en tal barrio de esta ciudad. Si digo compañero o correligionario, como decían los radicales, lo ubico en una ideología política. Y si digo ciudadano, lo estoy colocando en una trama de derechos y de identidades, porque no es lo mismo ser ciudadano francés, que peruano o argentino. Macri desterritorializa la política, la saca del territorio de los derechos y la pone en los territorios geográficos. La vecindad es eso. La “gente” como categoría es casi lo peor; la gente es como un estado prepolítico. Todos lo usamos, no estoy dramatizando esto. Pero que un presidente o un político la usen tiene cierto peso".

Hablar de "la gente" como si fueran cuerpos que andan por ahí es evitar decir que "los humanos se asocian en estados nacionales, tienen o no tienen derechos, funcionan dentro de ciertas identidades, se les reconoce ciudadanía. La gente es una categoría muy despectiva en la compleja adquisición de derechos que tiene cualquier país".


El neoliberalismo conecta bien con un sentido común de la política que difunde la idea de que cada uno de nosotros se hace a sí mismo gracias al esfuerzo individual. Por ejemplo: "hay que ganarse la vida; los que no trabajan no merecen ser ayudados; el esfuerzo se debe pagar". Lo paradójico es que Macri no es precisamente Steve Jobs, el paradigma del empresario pujante, schumpeteriano, que ideó un producto novedoso, sino alguien que básicamente heredó una fortuna de su padre Franco, quien se caracterizó por hacer suculentos negocios con el Estado. Y además, alguien que ayudó a un amigo como "Nicki" Caputo a ganar licitaciones que lo llenaron de guita.


Retomando el hilo marcado por Quevedo, digamos que hoy en día las identidades políticas distan de ser "sólidas", como ocurría en tiempos -por caso hacia fines del siglo XIX o principios del siglo XX- donde el "socialismo", el "liberalismo" y el "nacionalismo" constituían conceptos mucho más fuertes en términos de estructuración identitaria.


"Si a mí me preguntan si Macri es de derecha, me cuesta decir simplemente que sí porque es más complejo: es de una derecha liberal, pero es también un tipo posmoderno en sus convicciones, porque no es ideológico sustantivamente, no tiene ningún inconveniente con cambiar de idea, no tiene ningún inconveniente de nutrirse de figuras políticas que vienen de distintos campos. No tiene ninguna pretensión de que la sociedad argentina quede teñida de algo que uno podría imaginar como ideología pro macrista. (...)


A diferencia de lo que ocurre por ejemplo con el radicalismo, el peronismo o el kirchnerismo, Macri no te pide nada, por eso es fácil votarlo:

"(...) pensá lo que quieras, vení de donde quieras, si sos socialista, radical, peronista, no importa para él. Lo que importa es que te sumes a un proyecto de trabajo moderno donde todos tenemos que dialogar y cosas por el estilo. Es muy liviano todo eso".

Según Quevedo, en la actualidad las identidades se construyen con "retazos". Hay identidades que vienen del rock, o del fútbol, que mantienen cierta cohesión entre sus adherentes. Uno puede ver a jóvenes con diversos tatuajes inscriptos en su cuerpo: la cara del Che Guevara, la figura del "nestornauta" o el logo de los Rolling Stones. Es impensable ver a alguien con un tatto de Macri o de Gabriela Michetti. Es como si Macri dijera: "Yo acepto que seas hincha de mi club, pero también si querés gritar por el otro no me molesta. Y si querés cambiarte de club al otro día no me jode".


Es como decir: vení, votáme, y después andáte a tu casa y disfrutá de la vida. No hay una tradición de derecha como pudiera ser la de Ramón Doll, un nacionalista católico, o Ignacio Anzoátegui. 

Un artículo que me pareció muy interesante como para entender un poco mejor el fenómeno de Macri es "Globología", de José Natanson.

viernes, 20 de noviembre de 2015

MOTIVOS POR LOS CUALES CONSIDERO QUE LOS ARGENTINOS PODRÍAMOS DIRIGIMOS HACIA UNA SUERTE DE SUICIDIO COLECTIVO

1) A precios de libre-mercado hay un déficit de entre 11,5 a 12,5 millones de puestos de trabajo, si lo que queremos es que todos puedan acceder a un trabajo digno. Y la diferencia es de tal magnitud (65%) que no se arregla con medidas paliativas.

Traducción: a precios de libre mercado, más de la mitad -cerca de 2/3- SOBRAMOS. En La generación de empleo en las cadenas agroindustriales (2004), Llach (un economista que no puede ser acusado de anti-macrista) y otros estimaron que el empleo generado directa e indirectamente por actividades agrícolas, ganaderas y agroindustriales es de 5,5 millones de puestos de trabajo (35% de los puestos de trabajo totales), o 5,2 millones si no se tiene en cuenta los planes jefes-jefas de hogar. En este estudio se incluyeron todas las economías regionales de base agraria y se consideró empleo indirecto hasta el empleo público que se supone pagado por los impuestos del sector. Esa es la cantidad aproximada de empleo que sería posible generar en un país que se dedicara únicamente a estos sectores productivos. Para que haya pleno empleo en la Argentina, sería necesario generar entre 17 y 18 millones de puestos de trabajo.

Si tomamos como válidos los precios internacionales, Argentina debería especializarse en productos de base agraria; ergo, ninguna actividad industrial -como por ejemplo textil, vestido, calzado, metalmecánica- sería rentable. Ya hicimos la experiencia de igualar los precios internos a los precios internacionales durante la Convertibilidad (los noventa) y durante Martínez de Hoz (la dictadura de los milicos en los 70's), y ambas veces dio lugar a un cierre masivo de fábricas. El argumento de que esas fábricas no eran eficientes me parece muy liberal-fundamentalista. La eficiencia o no de un emprendimiento es consecuencia de un cálculo económico, ese cálculo se hace multiplicando precios por cantidades vendidas para determinar los ingresos de un emprendimiento productivo, y multiplicando precios por cantidades para determinar los costos. La misma actividad puede serla más rentable del planeta o puede ser inviable, según los precios que elijamos para que rijan la actividad económica. 

La pregunta es, ¿los precios deben servir a la humanidad, o la humanidad a los precios?

2) Los procesos de exclusión vía precios ocurren en cámara lenta, pero son prácticamente irreversibles. El desempleo no aumentará ni el 23 de noviembre ni el 11 de diciembre, pero tengan por seguro que va a aumentar. Las personas van quedando excluidas a medida que se "seca" la circulación de riqueza por los canales en los que se encuentran comunicadas. Una metáfora sería la muerte de un brazo como consecuencia de un torniquete muy apretado; el brazo no muere inmediatamente, tarda bastante tiempo en morir y es un proceso gradual a medida que los tejidos se van quedando sin oxígeno y nutrientes. En estas circunstancias, aparecen muchas iniciativas de ayuda que no logran revertir el proceso. Generalmente se invierte en créditos y subsidios para promover las actividades, cursos de capacitación para los desempleados y hasta incubadoras de empresas... todo suponiendo que es un problema del desempleado que no logra ser "productivo", que no logra "encontrar" su lugar, y entonces lo ayudamos a buscarlo, a reinsertarse en el mercado laboral. En el ejemplo de recién es como si masajeamos el brazo para activar la circulación, a veces conseguimos que un dedo cambie de color, y lo contamos como experiencia positiva, que nos reafirma que masajeando está la solución (y se lo mostramos a los otros dedos diciéndole, ¿vieron?  Si este pudo ustedes también podrán).

Sin embargo, de no aflojar el torniquete, sólo estamos demorando lo inevitable... algunas veces es todo lo que podemos hacer, pero "hoy" podemos librarnos -aunque sea parcialmente- del torniquete.

Este gobierno, con sus errores y agachadas, recurrió a la generación de empleo como herramienta de inclusión. Esta estrategia es útil para aquellos "desplazados" que quedaron en los márgenes del sistema, pero que no se "cayeron" del mismo. Vale decir que en sus casos el proceso de exclusión no finalizó. Entonces el trabajo digno es un medio útil de integración social.
Pero en el caso de los excluidos, el problema es de otra naturaleza. Porque en este caso se rompió el vínculo que lo unía a la sociedad. Desde el punto de vista de quien sufre la exclusión, se trata de un proceso largo, desgastante y humillante, que comienza con el desempleo, continúa con la percepción de que él es el responsable exclusivo de su situación (aumentándole la culpa y disminuyéndole la autoestima frente a sí mismo y frente a sus hijos y su familia, si tuviere); continúa con cada intento frustrado de conseguir trabajo, reafirmando su culpa y baja autoestima; hasta que se convence de que "aquí no tiene lugar" y va en busca de otros horizontes (si le queda algo de dinero y tiene cierta formación "intelectual" y/o "espiritual" o "simbólica) o le rematan la casa para pagar deudas y va a vivir a una villa de emergencia.

Por eso no baja el índice de pobreza, porque para incluir los millones que fueron excluidos durante los 90' (y durante la dictadura militar, que económicamente nos hizo mierda) hace falta el compromiso decidido de la sociedad en su conjunto. No basta con "mirar desde la platea" lo que hace un gobierno. Hace falta el compromiso de la sociedad en su conjunto, porque el vínculo social de los argentinos está, en muchos casos, atado con alambres.

YO NO QUIERO VOLVER A PONER EN MARCHA EL PROCESO DE EXCLUSIÓN VÍA PRECIOS. YA VIVIMOS TODO ESTO EN LOS NOVENTA.

3) Pocas cosas hay más inmorales y productoras de corrupción como un conjunto de precios que excluye a la mayoría de los habitantes de un país. Este aspecto puede ser controversial, porque estamos acostumbrados a pensar en los precios como en algo "técnico" que no puede ser valorado éticamente. También porque algunos ven al mercado como una suerte de extensión del Orden Natural o de la Divina Providencia. Sin embargo, los precios no indican ninguna voluntad divina u orden natural  (salvo para la ideología del neoliberalismo). ¿Qué indican los precios? Tanto Milton Friedman, como Friedrich Hayek o Paul Samuelson coinciden en que el sistema de mercado es un sistema de voto permanente y calificado. Permanente porque cada vez que compramos es como si votáramos; y calificado porque se vota con la billetera... y obvio que el que tiene la billetera más abultada vota más que el que tiene poco... Entonces el sistema de precios no refleja las necesidades y las posibilidades productivas, porque millones de necesitados que no tienen ingresos tienen un voto igual a CERO en este sistema. En la actualidad el sistema de precios indica aproximadamente las prioridades de quienes más tienen, y los que más tienen en el mundo no suelen estar preocupados por los excluidos (presentes o futuros) de la Argentina.

En el mejor de los casos es un sistema impersonal, que no hace distinciones individuales, pero eso no implica que sea un sistema "justo". La conclusión es que los conjuntos de precios no son "neutros" moralmente, ni son un hecho de la naturaleza como el viento o la lluvia. Nosotros tenemos el deber moral de elegir entre los conjuntos de precios "justos". Un sistema de precios que no asegura el empleo para todos (ni hablar de trabajo digno) es radicalmente inmoral.

Además, no creo que 2 de cada 3 argentinos se sienten a morir de hambre porque San Mercado Internacional dictaminó que no eran necesarios para nuestro país. Si los excluimos (y los excluimos porque "bancamos" ese conjunto de precios), buscarán de sobrevivir fuera del sistema. Es decir que tienen que hacerse los recursos necesarios para vivir FUERA DE LA LEY. Si yo votara este sistema de precios  y me opusiera al narcotráfico, a la trata de personas y a otras formas de delincuencia, sería un gran hipócrita, porque condeno y combato lo que yo mismo ayudo a producir. Por eso siento la necesidad moral de "denunciar" ese conjunto de precios que, a la vista de muchos, es el referente legítimo de la actividad económica. 

4) Una estructura de precios relativos que sólo genera trabajo para menos de la mitad de la población, es una causa "objetiva" y eficiente de des-unidad, de división en el seno de la sociedad. Una vez impuestos los precios del libre-mercado el proceso de exclusión comienza y divide la sociedad. Generalmente los que quedan dentro del sistema no lo advierten, porque la sociedad son los que están dentro del sistema, los otros "no existen" o  si existen son reprobados moralmente. Vamos muchachos, cualquiera lo puede advertir: un "trapito" es visto con peores ojos por mucha gente que un Melconián o un Broda

Se trata de un poderoso automatismo que va dejando la gente afuera si no se lo revierte. Por otro lado, se da cierta autoafirmación individualista: si el sistema no me expulsó es porque me merezco estar adentro y gozar de lo que eso significa. Corolario: se ve como tremendamente injusto sacrificar algo del "merecido" bienestar por el que está excluido... ¡¡ESA ES LA GRIETA, ESA ES LA SOCIEDAD DIVIDIDA, ESA ES LA RUPTURA DEL LAZO SOCIAL!!


5) Shakespeare decía, creo recordar, que hasta el diablo puede citar las escrituras para sus propósitos. No se analiza la postura de un político sacando de contexto cada frase como gusta de hacer la TV y como gustan  de hacer quienes discuten sobre política (videos de Carrió denostando a Macri, de Carrió apoyando a Macri, de Scioli menemista, de Macri semikirchnerista, de Cavallo sciolista, etc.). Las actitudes más típicamente "libremercadistas" son las del Pro. Decir que hay que "sincerar las variables" o que "el verdadero valor lo fija el mercado" no se escuchan igual en ambos grupos. Con Scioli uno puede tener ciertas dudas y resquemores, CON MACRI NO.

6) No elijo porque me convencieron las propuestas, ni porque creo que vayan a hacer tal o cual cosa, ni por el (paupérrimo) debate televisivo de hace pocos días ni por la "campaña del miedo" o la "campaña del marketing". No me parece relevante el circo armado sobre el cepo ni sobre el dólar. Como decía Zamagni en los 90, donde nos advertía que éramos aficionados a las "alquimias financieras", ningún país creció y solucionó sus problemas con alquimias financieras. No concuerdo para nada con la campaña mediática de que las diferencias entre ambas propuestas son un asunto de "estilo". Primero porque para llegar a esa conclusión se excluye del análisis todo lo que no sea "alquimia financiera". Segundo porque veo el renacer del discurso del "pensamiento único" que ya nos gobernó y acabó con un país en llamas y un presidente huyendo en helicóptero. Es un pensamiento único disfrazado de diálogo, consenso y diversidad. A mí me sorprende el rechazo casi diría "estético" que muchos tienen hacia empleados estatales o hacia quienes cobran un plan: ¿quien cobra un "plan descansar" le "roba" más la plata al indignado que un Fondo de Inversión Buitre? ¡Es de una ridiculez espantosa! Tipos que creen que a Griesa "hay que pagarle lo que pide" son más o menos los mismos que me dicen que odian a los "ñoquis" que "viven del Estado".


7) Voy a votar a Scioli porque su gestión y su proyecto me dejan muchas dudas, pero la gestión y el proyecto de Macri NO ME DEJAN NINGUNA. Con Macri será el conjunto de precios el que estará en el centro de la economía y no el ser humano. La gente con el estómago lleno es fuente de "líos" y "conflicto". La gente excluída del sistema, en cambio, vive la paz de los cementerios y sólo se preocupará por sobrevivir. 

Todo gobierno que intente avanzar contra intereses de sectores con poder, necesariamente generará conflicto. El conflicto para los ciudadanos es sin duda un fastidio, con lo cual el gobierno deberá saber medir la "tolerancia social al conflicto". Personalmente creo que en determinados momentos, este gobierno no supo medir ese nivel de tolerancia, pero esa es otra cuestión. Sin embargo, el no conflicto hace PREVALECER EL STATUS QUO. Toda ampliación de derechos genera conflicto: basta ceder ante todos los reclamos de quienes tienen poder y veremos florecer la panacea de la conflictividad cero. Los poderosos saben eso, y ese es el motivo por el cual siempre intentarán exasperar al pueblo haciendo que bajen sus niveles de "tolerancia social al conflicto". Es algo muy sencillo de hacer: negarse a negociar, hacer que quienes reclaman vean cerrados los canales institucionales para hacerse escuchar y listo, la misma gente que mire cortar la calle o que se harte por el ruido tenderá a estar en contra de quien reclama, sin considerar demasiado la justicia del reclamo. Ejemplo sencillo: los judiciales con bombos, platillos y papelitos manifiestan frente a la corte. ¿Qué dirá el resto de la gente si esos reclamos se hacen constantes? ¿Va a apoyar a los laburantes porque se informará sobre el colapso del fuero laboral? Tiendo a pensar que su interpretación no estará lejos de "estos estatales de mierda se la pasan reclamando porque se quejan de llenos, vagos de mierda que no quieren laburar".

Si no te interesas en la política, otros harán política en lugar tuyo. La dominación económica y política se basa en discursos que te dicen una y otra vez que "no hay alternativa", y con eso te quieren decir: "nosotros decidimos lo que cuenta como alternativa y lo que no".

Puedo valorar a un político que respeta los turnos para hablar, no eleva la voz, evita las chicanas y se peina prolijamente, más allá de que no me parezca algo demasiado relevante. Sin embargo, el amigo López Murphy, vestido de traje y con modales civilizados, nos dejó estas simpáticas medidas (y después vino Cavallo, quien HOY elogia al equipo económico del amigo Mauricio).

Fuente: el posteo está refritado, con breves añadidos propios, de un mail que mandó un amigo que es Doctor en Economía. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

LA IDEOLOGÍA, LA EFICIENCIA Y LA EFICACIA



Sabemos por Séneca que nunca soplan vientos favorables para un barco, o un adolescente, que no sabe a dónde carajo quiere ir. ¿Cuál es el rumbo en política? Digamos que está determinado, en buena medida, por cierta ideología. ¿Y qué es la ideología? Para no complicar la exposición, diremos que se trata de una cosmovisión, de un conjunto de ideas acerca de cómo es y de cómo debe ser el mundo. Eso por un lado. Por otro lado, diremos que, aunque a veces sean conceptos presentados como sinónimos, la eficacia y la eficiencia deben  distinguirse, ya que mientras la eficiencia se interesa por los recursos, a la eficacia le preocupan los resultados.

El Estado, y más en un contexto tan desigual como el nuestro, debe preocuparse más por la eficacia que por la eficiencia, de modo tal que es preferible vacunar al total de la población gastando el 100% de un determinado recurso, que vacunar al  75% gastando la mitad. Dicho esto, resulta una obviedad decir que ambos conceptos deben tratar de conciliarse.

Refiriéndose a la gestión de Mauricio Macri, Alejandro Rozitchner escribió:

"Coincido con Macri que la gestión pública tiene que ser abordada con un criterio de gestión (la búsqueda efectiva de bienestar y crecimiento) y no con el criterio de la ideología (la lucha contra los opresores y el rechazo de la supuesta barbarie capitalista). Podríamos también decirlo de otra manera: la mejor ideología es la eficacia en la gestión".

Dejemos a un lado la petición de principio, a mi juicio errónea, que sugiere que la gestión de Macri es eficaz: clickear acá. Atendamos a la respuesta que en su momento dio el Criador de Gorilas en su blog, que me parece iluminadora:

Si el objetivo de Pol Pot era exterminar a un cuarto de la población camboyana, bueno, no cabe más que elogiar la eficacia de su gestión. En casos así, la eficacia no parece un atributo muy positivo... Por eso, además de preguntarse si es capaz de alcanzarlos, hay que preguntarse qué objetivos se propone alguien que se postula a un cargo. Y aquí hay una objeción más de fondo. Los criterios de evaluación del éxito de una política dependen de una ideología, de una visión del mundo (no toda ideología es, como cree el tonto este, la "lucha contra los opresores"; ideología es una visión de cómo es y de cómo debería ser el mundo). Ser eficaz en construir 10.000 casas con fondos públicos puede ser excelente para cierta visión del mundo, y pésimo para otra (ej., propulsores de un Estado mínimo). No se puede evaluar si una gestión es buena o mala con prescindencia de parámetros ideológicos. "Ideología", la palabra que los macristas repiten que ha muerto (aunque Gaby Michetti parece contradecirse, cuando dice que "izquierda y derecha caducaron", y al rato dice que "todavía en Argentina no tenemos un sistema de partidos con centroizquierda y centroderecha"; o bien "caducaron" o bien "todavía" no llegamos a ello), no es más que eso: cosmovisión.

Y vamos a pegarle un palo más a Rozitchner, que quizás suene exagerado. Para el Criador, la visión del tipo peca de unanimismo: cree que se puede gestionar "bien", a secas, como si no hubiera diferentes intereses en la sociedad, o como si incluso todos los "bienes" del mundo fueran mutuamente compatibles. Y no es así. La libertad y la igualdad, el crecimiento y la distribución, la justicia y la paz social, etc., están muchas veces enfrentados. Y no hay gestión "eficaz" para conseguir todo eso junto. Hay elecciones políticas, ideológicas, sobre cuáles de esos bienes priorizar. Por eso la política no es técnica. La eficacia, en todo caso, es posterior a la decisión sobre qué objetivo buscar. Y la idea unanimista, de que se puede hacer todo el bien a todo el mundo, fue siempre el germen de los peores totalitarismos. Reemplazar "el gobierno sobre los hombres" por la (tecnocrática, eficientista, teóricamente a-ideológica) "administración sobre las cosas" (como querían Saint Simon y Marx) no trajo resultados que al Criador le gusten demasiado. Al respecto, le recomendamos a Rozitchner más Todorov y menos Osho.


Los restantes argumentos del tipo son variaciones sobre lo mismo (Macri se rodea de gente "joven, fresca y bienintencionada", cosas así) o ya directamente disparatados ("quiero que Macri supere a su padre"). Suerte que Macri no es hijo de Pol Pot entonces...