viernes, 20 de noviembre de 2015

MOTIVOS POR LOS CUALES CONSIDERO QUE LOS ARGENTINOS PODRÍAMOS DIRIGIMOS HACIA UNA SUERTE DE SUICIDIO COLECTIVO

1) A precios de libre-mercado hay un déficit de entre 11,5 a 12,5 millones de puestos de trabajo, si lo que queremos es que todos puedan acceder a un trabajo digno. Y la diferencia es de tal magnitud (65%) que no se arregla con medidas paliativas.

Traducción: a precios de libre mercado, más de la mitad -cerca de 2/3- SOBRAMOS. En La generación de empleo en las cadenas agroindustriales (2004), Llach (un economista que no puede ser acusado de anti-macrista) y otros estimaron que el empleo generado directa e indirectamente por actividades agrícolas, ganaderas y agroindustriales es de 5,5 millones de puestos de trabajo (35% de los puestos de trabajo totales), o 5,2 millones si no se tiene en cuenta los planes jefes-jefas de hogar. En este estudio se incluyeron todas las economías regionales de base agraria y se consideró empleo indirecto hasta el empleo público que se supone pagado por los impuestos del sector. Esa es la cantidad aproximada de empleo que sería posible generar en un país que se dedicara únicamente a estos sectores productivos. Para que haya pleno empleo en la Argentina, sería necesario generar entre 17 y 18 millones de puestos de trabajo.

Si tomamos como válidos los precios internacionales, Argentina debería especializarse en productos de base agraria; ergo, ninguna actividad industrial -como por ejemplo textil, vestido, calzado, metalmecánica- sería rentable. Ya hicimos la experiencia de igualar los precios internos a los precios internacionales durante la Convertibilidad (los noventa) y durante Martínez de Hoz (la dictadura de los milicos en los 70's), y ambas veces dio lugar a un cierre masivo de fábricas. El argumento de que esas fábricas no eran eficientes me parece muy liberal-fundamentalista. La eficiencia o no de un emprendimiento es consecuencia de un cálculo económico, ese cálculo se hace multiplicando precios por cantidades vendidas para determinar los ingresos de un emprendimiento productivo, y multiplicando precios por cantidades para determinar los costos. La misma actividad puede serla más rentable del planeta o puede ser inviable, según los precios que elijamos para que rijan la actividad económica. 

La pregunta es, ¿los precios deben servir a la humanidad, o la humanidad a los precios?

2) Los procesos de exclusión vía precios ocurren en cámara lenta, pero son prácticamente irreversibles. El desempleo no aumentará ni el 23 de noviembre ni el 11 de diciembre, pero tengan por seguro que va a aumentar. Las personas van quedando excluidas a medida que se "seca" la circulación de riqueza por los canales en los que se encuentran comunicadas. Una metáfora sería la muerte de un brazo como consecuencia de un torniquete muy apretado; el brazo no muere inmediatamente, tarda bastante tiempo en morir y es un proceso gradual a medida que los tejidos se van quedando sin oxígeno y nutrientes. En estas circunstancias, aparecen muchas iniciativas de ayuda que no logran revertir el proceso. Generalmente se invierte en créditos y subsidios para promover las actividades, cursos de capacitación para los desempleados y hasta incubadoras de empresas... todo suponiendo que es un problema del desempleado que no logra ser "productivo", que no logra "encontrar" su lugar, y entonces lo ayudamos a buscarlo, a reinsertarse en el mercado laboral. En el ejemplo de recién es como si masajeamos el brazo para activar la circulación, a veces conseguimos que un dedo cambie de color, y lo contamos como experiencia positiva, que nos reafirma que masajeando está la solución (y se lo mostramos a los otros dedos diciéndole, ¿vieron?  Si este pudo ustedes también podrán).

Sin embargo, de no aflojar el torniquete, sólo estamos demorando lo inevitable... algunas veces es todo lo que podemos hacer, pero "hoy" podemos librarnos -aunque sea parcialmente- del torniquete.

Este gobierno, con sus errores y agachadas, recurrió a la generación de empleo como herramienta de inclusión. Esta estrategia es útil para aquellos "desplazados" que quedaron en los márgenes del sistema, pero que no se "cayeron" del mismo. Vale decir que en sus casos el proceso de exclusión no finalizó. Entonces el trabajo digno es un medio útil de integración social.
Pero en el caso de los excluidos, el problema es de otra naturaleza. Porque en este caso se rompió el vínculo que lo unía a la sociedad. Desde el punto de vista de quien sufre la exclusión, se trata de un proceso largo, desgastante y humillante, que comienza con el desempleo, continúa con la percepción de que él es el responsable exclusivo de su situación (aumentándole la culpa y disminuyéndole la autoestima frente a sí mismo y frente a sus hijos y su familia, si tuviere); continúa con cada intento frustrado de conseguir trabajo, reafirmando su culpa y baja autoestima; hasta que se convence de que "aquí no tiene lugar" y va en busca de otros horizontes (si le queda algo de dinero y tiene cierta formación "intelectual" y/o "espiritual" o "simbólica) o le rematan la casa para pagar deudas y va a vivir a una villa de emergencia.

Por eso no baja el índice de pobreza, porque para incluir los millones que fueron excluidos durante los 90' (y durante la dictadura militar, que económicamente nos hizo mierda) hace falta el compromiso decidido de la sociedad en su conjunto. No basta con "mirar desde la platea" lo que hace un gobierno. Hace falta el compromiso de la sociedad en su conjunto, porque el vínculo social de los argentinos está, en muchos casos, atado con alambres.

YO NO QUIERO VOLVER A PONER EN MARCHA EL PROCESO DE EXCLUSIÓN VÍA PRECIOS. YA VIVIMOS TODO ESTO EN LOS NOVENTA.

3) Pocas cosas hay más inmorales y productoras de corrupción como un conjunto de precios que excluye a la mayoría de los habitantes de un país. Este aspecto puede ser controversial, porque estamos acostumbrados a pensar en los precios como en algo "técnico" que no puede ser valorado éticamente. También porque algunos ven al mercado como una suerte de extensión del Orden Natural o de la Divina Providencia. Sin embargo, los precios no indican ninguna voluntad divina u orden natural  (salvo para la ideología del neoliberalismo). ¿Qué indican los precios? Tanto Milton Friedman, como Friedrich Hayek o Paul Samuelson coinciden en que el sistema de mercado es un sistema de voto permanente y calificado. Permanente porque cada vez que compramos es como si votáramos; y calificado porque se vota con la billetera... y obvio que el que tiene la billetera más abultada vota más que el que tiene poco... Entonces el sistema de precios no refleja las necesidades y las posibilidades productivas, porque millones de necesitados que no tienen ingresos tienen un voto igual a CERO en este sistema. En la actualidad el sistema de precios indica aproximadamente las prioridades de quienes más tienen, y los que más tienen en el mundo no suelen estar preocupados por los excluidos (presentes o futuros) de la Argentina.

En el mejor de los casos es un sistema impersonal, que no hace distinciones individuales, pero eso no implica que sea un sistema "justo". La conclusión es que los conjuntos de precios no son "neutros" moralmente, ni son un hecho de la naturaleza como el viento o la lluvia. Nosotros tenemos el deber moral de elegir entre los conjuntos de precios "justos". Un sistema de precios que no asegura el empleo para todos (ni hablar de trabajo digno) es radicalmente inmoral.

Además, no creo que 2 de cada 3 argentinos se sienten a morir de hambre porque San Mercado Internacional dictaminó que no eran necesarios para nuestro país. Si los excluimos (y los excluimos porque "bancamos" ese conjunto de precios), buscarán de sobrevivir fuera del sistema. Es decir que tienen que hacerse los recursos necesarios para vivir FUERA DE LA LEY. Si yo votara este sistema de precios  y me opusiera al narcotráfico, a la trata de personas y a otras formas de delincuencia, sería un gran hipócrita, porque condeno y combato lo que yo mismo ayudo a producir. Por eso siento la necesidad moral de "denunciar" ese conjunto de precios que, a la vista de muchos, es el referente legítimo de la actividad económica. 

4) Una estructura de precios relativos que sólo genera trabajo para menos de la mitad de la población, es una causa "objetiva" y eficiente de des-unidad, de división en el seno de la sociedad. Una vez impuestos los precios del libre-mercado el proceso de exclusión comienza y divide la sociedad. Generalmente los que quedan dentro del sistema no lo advierten, porque la sociedad son los que están dentro del sistema, los otros "no existen" o  si existen son reprobados moralmente. Vamos muchachos, cualquiera lo puede advertir: un "trapito" es visto con peores ojos por mucha gente que un Melconián o un Broda

Se trata de un poderoso automatismo que va dejando la gente afuera si no se lo revierte. Por otro lado, se da cierta autoafirmación individualista: si el sistema no me expulsó es porque me merezco estar adentro y gozar de lo que eso significa. Corolario: se ve como tremendamente injusto sacrificar algo del "merecido" bienestar por el que está excluido... ¡¡ESA ES LA GRIETA, ESA ES LA SOCIEDAD DIVIDIDA, ESA ES LA RUPTURA DEL LAZO SOCIAL!!


5) Shakespeare decía, creo recordar, que hasta el diablo puede citar las escrituras para sus propósitos. No se analiza la postura de un político sacando de contexto cada frase como gusta de hacer la TV y como gustan  de hacer quienes discuten sobre política (videos de Carrió denostando a Macri, de Carrió apoyando a Macri, de Scioli menemista, de Macri semikirchnerista, de Cavallo sciolista, etc.). Las actitudes más típicamente "libremercadistas" son las del Pro. Decir que hay que "sincerar las variables" o que "el verdadero valor lo fija el mercado" no se escuchan igual en ambos grupos. Con Scioli uno puede tener ciertas dudas y resquemores, CON MACRI NO.

6) No elijo porque me convencieron las propuestas, ni porque creo que vayan a hacer tal o cual cosa, ni por el (paupérrimo) debate televisivo de hace pocos días ni por la "campaña del miedo" o la "campaña del marketing". No me parece relevante el circo armado sobre el cepo ni sobre el dólar. Como decía Zamagni en los 90, donde nos advertía que éramos aficionados a las "alquimias financieras", ningún país creció y solucionó sus problemas con alquimias financieras. No concuerdo para nada con la campaña mediática de que las diferencias entre ambas propuestas son un asunto de "estilo". Primero porque para llegar a esa conclusión se excluye del análisis todo lo que no sea "alquimia financiera". Segundo porque veo el renacer del discurso del "pensamiento único" que ya nos gobernó y acabó con un país en llamas y un presidente huyendo en helicóptero. Es un pensamiento único disfrazado de diálogo, consenso y diversidad. A mí me sorprende el rechazo casi diría "estético" que muchos tienen hacia empleados estatales o hacia quienes cobran un plan: ¿quien cobra un "plan descansar" le "roba" más la plata al indignado que un Fondo de Inversión Buitre? ¡Es de una ridiculez espantosa! Tipos que creen que a Griesa "hay que pagarle lo que pide" son más o menos los mismos que me dicen que odian a los "ñoquis" que "viven del Estado".


7) Voy a votar a Scioli porque su gestión y su proyecto me dejan muchas dudas, pero la gestión y el proyecto de Macri NO ME DEJAN NINGUNA. Con Macri será el conjunto de precios el que estará en el centro de la economía y no el ser humano. La gente con el estómago lleno es fuente de "líos" y "conflicto". La gente excluída del sistema, en cambio, vive la paz de los cementerios y sólo se preocupará por sobrevivir. 

Todo gobierno que intente avanzar contra intereses de sectores con poder, necesariamente generará conflicto. El conflicto para los ciudadanos es sin duda un fastidio, con lo cual el gobierno deberá saber medir la "tolerancia social al conflicto". Personalmente creo que en determinados momentos, este gobierno no supo medir ese nivel de tolerancia, pero esa es otra cuestión. Sin embargo, el no conflicto hace PREVALECER EL STATUS QUO. Toda ampliación de derechos genera conflicto: basta ceder ante todos los reclamos de quienes tienen poder y veremos florecer la panacea de la conflictividad cero. Los poderosos saben eso, y ese es el motivo por el cual siempre intentarán exasperar al pueblo haciendo que bajen sus niveles de "tolerancia social al conflicto". Es algo muy sencillo de hacer: negarse a negociar, hacer que quienes reclaman vean cerrados los canales institucionales para hacerse escuchar y listo, la misma gente que mire cortar la calle o que se harte por el ruido tenderá a estar en contra de quien reclama, sin considerar demasiado la justicia del reclamo. Ejemplo sencillo: los judiciales con bombos, platillos y papelitos manifiestan frente a la corte. ¿Qué dirá el resto de la gente si esos reclamos se hacen constantes? ¿Va a apoyar a los laburantes porque se informará sobre el colapso del fuero laboral? Tiendo a pensar que su interpretación no estará lejos de "estos estatales de mierda se la pasan reclamando porque se quejan de llenos, vagos de mierda que no quieren laburar".

Si no te interesas en la política, otros harán política en lugar tuyo. La dominación económica y política se basa en discursos que te dicen una y otra vez que "no hay alternativa", y con eso te quieren decir: "nosotros decidimos lo que cuenta como alternativa y lo que no".

Puedo valorar a un político que respeta los turnos para hablar, no eleva la voz, evita las chicanas y se peina prolijamente, más allá de que no me parezca algo demasiado relevante. Sin embargo, el amigo López Murphy, vestido de traje y con modales civilizados, nos dejó estas simpáticas medidas (y después vino Cavallo, quien HOY elogia al equipo económico del amigo Mauricio).

Fuente: el posteo está refritado, con breves añadidos propios, de un mail que mandó un amigo que es Doctor en Economía. 

domingo, 25 de octubre de 2015

ALGUNAS CUESTIONES A PARTIR DE NIETZSCHE Y DEL FAUSTO DE GOETHE QUE LUEGO DERIVAN PARA CUALQUIER LADO POR CULPA DE MI CEREBRO QUE NO PUEDE REDONDEAR UNA IDEA Y TRANSMITIRLA EN POCAS PALABRAS


La muerte de la literatura se relaciona, en cierto sentido, con "ir a la vida" en lugar de contemplar el mundo en un papel: 

"Es una fantasía clásica, digamos, que recorre toda la polémica actual sobre los lugares de la literatura y que empieza en Baudelaire y llega hasta la Beat Generation. Está muy cerca de los debates de las poéticas actuales. Esa fantasía extraña de los escritores de dejar de ser escritores o de conseguir una experiencia que sea más intensa que lo que se supone que es la experiencia de la literatura. Entonces la muerte de la literatura es como el acceso a lo real mismo", reflexionaba Ricardo Piglia en el transcurso de una entrevista que tuvo en 1998 con Arcadio Díaz Quiñones y sus alumnos de seminario en la Universidad de Princeton.

Y luego agregaba algo que debe ir a contracorriente de la opinión de  la gran mayoría de la gente que conozco, y que aunque no comparto del todo me resulta interesante:

"Por supuesto, estoy en contra de esa posición, en el sentido de que para mí es mucho más interesante la literatura que la vida. Primero porque tiene una forma mucho más elegante, y segundo porque es una experiencia mucho más intensa. Para mí la literatura es una de las experiencias más intensas que conozco".

A la sociedad capitalista le cuesta entender un trabajo tan improductivo como la lectura y la escritura literaria, al menos aquella que escapa a la lógica de la racionalidad lucrativa y se hace sin ningún interés económico. Ese es el motivo por el cual la sociedad trata de matar a la literatura, o convertirla en un negocio, porque no sabe bien qué carajo hacer con ella.

Al respecto, me parece interesante leer este fragmento de "Vindicación de las lonas", de Martín Zariello:



"Mi viejo y su socio son dos trabajadores insaciables. Workaholic crónicos e inconscientes, que heredaron esa pulsión por el sacrificio de padres y abuelos, tanos que nunca fueron jóvenes y levantaron los cimientos originales de este país. Me refiero a gente naturalmente sufrida, que jamás tuvo la oportunidad de tirarse en una cama para leer un libro o mirar el techo para comprender que en el techo no hay nada. Y algo de ese pathos quedó incrustado en la vida de estos personajes de entre 50 y 60 años que con el tiempo se convirtieron en nuestros padres. Cuando un cliente les quiere dar consejos sobre un trabajo y encima parece un poco delicado, dicen: “Éste no agarró una pala en su vida”. Me encanta que dividan al mundo entre los que saben hacer un pozo y los que no. Y me gusta porque para mucha gente es al revés: quienes saben manejar una pala son inferiores, los capos son los genios del lenguaje que a través de su originalidad única escriben o piensan desde la torre de marfil. Para mí están equivocados. La Operación es simple: los intelectuales necesitan a los que saben usar una pala, los que saben usar una pala no necesitan a los intelectuales. Si algún día viene el Juicio Final seguramente Dios no va a decir: “Los justos son los que escriben cosas ingeniosas por twitter, los que mencionan que leyeron a Lacan todos los días por las dudas, los que escriben en blogs sobre David Foster Wallace”. Dios va a salvar a los que saben arreglar persianas, a los que usan un alicate con la destreza de un campeón, a los que colocan bisagras o cerámicos, a los que arreglan caños, a los que tapizan sillas, a los que cosen acoplados con el tamaño del Estadio Azteca, a los que sueldan estructuras de hierro sin máscara y bajo la lluvia.

Es que en caso de existir en el cielo sólo debe haber lugar para los tipos que mueven el mundo. No para quienes lo comentamos".




Ahí tienen dos posturas claramente diferenciadas, la zarielleana y la pigleana (?).

En estos días estuve muy copado releyendo el Fausto de Goethe,  junto con la sugerente lectura que al respecto escribió Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad. Por si no lo saben, de a poco estoy leyendo la obra completa de Nietzsche (hasta hice un "grupo de estudio" en facebook), y por eso mi idea es aprovechar esas lecturas para irme abriendo a Goethe, Schopenhauer, Kant, la tradición grecolatina y toda la cultura alemana que influyó en el amigo Federico. Esa fue una de las principales motivaciones por las cuales, en su momento, postergué el estudio del danés para darle más duro al alemán. ¿Por qué estoy leyendo la obra completa de Nietzsche? ¡¡Porque me gusta, porque disfruto aprendiendo y porque tengo ganas de compartir lo que aprendo!! Creo que es motivo más que suficiente, ¿no les parece?


La personalidad de Johann W. Goethe (1749-1832) es una de las más fascinantes de la literatura: se abrió al estudio de la antigüedad clásica, estudió medicina -descubrió el hueso intermaxilar-, sedujo y amó a varias mujeres; conoció a Beethoven, a Herder, a Napoleón, a Schiller; estudió la poesía oriental, la Edad Media alemana, lo popular, lo culto, la ciencia y la alquimia. El tipo sabía griego, latín, hebreo y francés, además de alemán. 

Goethe empezó a escribir su Fausto allá por 1770, cuando tenía veintiún años, y lo continuó intermitentemente hasta 1831, un año antes de morir, a la edad de ochenta y tres años.

Les comparto fragmentos del texto con una suerte de refrito a partir de la lectura de Berman. Podría hacer una elaboración más "personal" y "erudita" -cualquiera puede ser "erudito" con ayuda de google y wikipedia-; pero no tengo tanto tiempo como para dedicárselo al blog. Para no complejizar más el posteo, hago mías muchas frases de Berman, sin entrecomillar las citas, porque me siento libre como un gorrión y porque tengo ganas de robar todas las ideas que me sirvan para expresar lo que siento. Como he dicho más de una vez, si no canto lo que siento me voy a morir por dentro.


Desde la invención del Faustbuch de Johan Spiess en 1587, pasando por la Tragical history of Doctor Faustus de Christopher Marlowe, la figura de Fausto ha copado a muchos autores a lo largo del tiempo y en las más variadas geografías. En lo personal, el único que he leído fue el de Goethe, y me parece hermosísimo. Según Berman, la creación de Goethe supera a todas las demás versiones por "la riqueza y profundidad de su perspectiva histórica, por su imaginación moral, su inteligencia política, su sensibilidad y percepción psicológicas". 


Es una obra llena de ideas típicamente "modernas". Recordemos que, según Berman, ser modernos es "encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos".

Describo algunos pasajes, traducidos del alemán por José María Valverde, y los voy comentando:

En el "Prólogo en el cielo", se da un diálogo entre El Señor y Mefistófeles:

"El señor: ¿Tú conoces a Fausto?

Mefistófeles: "¿El Doctor? (...) Su tormento le impulsa a lo lejano; de su locura, a medias se da cuenta; pide al Cielo los astros más hermosos y a la Tierra los goces más sublimes, pero nada, cercano ni lejano, le sacia el pecho, en honda agitación".

Ya de entrada se describe ese ansia de infinito encerrada en un cuerpo mortal que padecemos, en mayor o menor medida, casi todos nosotros. El Fausto de Goethe expresa y dramatiza el proceso por el cual, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, hace su aparición un sistema mundial característicamente moderno.

Berman nos recuerda que las encarnaciones anteriores de Fausto habían vendido sus almas a cambio de ciertas cosas buenas de la vida claramente definidas y universalmente anheladas: dinero, sexo, poder sobre los otros, fama y gloria. El Doctor Fausto en la versión de Goethe le dice a Mefisto que sí desea todo eso, pero que esas cosas no son en sí mismas lo que él quiere.

Lo que Fausto quiere para sí es un proceso dinámico que incluya todas las formas de la experiencia humana, tanto la alegría como la desgracia, y que las asimile al crecimiento infinito de su personalidad. 

"Primera parte de la tragedia. De noche. (en una estancia gótica, estrecha y de altas bóvedas. Fausto, intranquilo, en su asiento ante el pupitre.)

Fausto: ¡Ay!, he estudiado ya filosofía, jurisprudencia, medicina, y luego teología también, por mi desgracia, con caluroso esfuerzo, hasta el extremo. Y aquí me veo ahora, pobre loco, y sigo sin saber más que al principio. (...) Claro que soy más sabio que esos necios, teólogos, doctores y escritores; no me afligen escrúpulos ni dudas, ni me dan miedo infierno ni demonio... Pero he perdido toda la alegría; no creo saber nada con sentido, ni supongo poder enseñar nada, ni a nadie mejorar ni convertir. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor ni distinciones ante el mundo. (...) ¡Ay!, ¿seguiré encerrado en esta cárcel? ¡Agujero maldito en la pared, dondehasta la querida luz delcielo porcristales pintados entra turbia! Encerrado detrás de tanto libro que el polvo cubre y roen los gusanos, y que hasta lo alto de esas altas bóvedas se envuelven en papeles ahumados; cercado de redomas y retortas, atornillado a fuerza de instrumentos, entre trastos de los antepasados... (...) En vez de la Naturaleza viva que infundió Dios al hombre al producirle, te rodean tan sólo el humo, el moho, muertos caparazones y esqueletos. ¡Huye, sal, sal afuera, a la amplia tierra!"


Las palabras de Fausto evocan cierto vitalismo de  Nietzshe, quien no por casualidad inicia su De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida -segunda de sus Consideraciones Intempestivas- con una cita de Goethe en carta a Schiller: "Por lo demás, detesto todo lo que no hace más que instruirme sin aumentar mi actividad o vivificarla inmediatamente" (carta fechada el 19 de diciembre de 1798). 


Y acá quisiera hacer un paréntesis, ayudado por el muy buen libro de Nicolás González Varela, titulado Nietzsche contra la democracia:


Es paradójico el hecho de que Nietzsche, quien ya en Basilea y como profesor de filología (1869-1879) solía leer entre cinco y siete horas por día, haya escrito un texto semejante al que sigue al final de sus días:

"El docto, que en el fondo no hace ya otra cosa que 'revolver' libros -el filólogo corriente, unos doscientos al día- , acaba por perder íntegra y totalmente la capacidad de pensar por cuenta propia. Si no revuelve libros, no piensa. Cuando piensa responde a un estímulo (un pensamiento leído), al final lo único que hace ya es reaccionar. El docto dedica toda su fuerza a decir sí y a decir no, a la crítica de cosas ya pensadas; él mismo ya no piensa. El instinto de autodefensa se ha reblandecido en él; en caso contrario, se defendería contra los libros. El docto, un 'décadent'. Esto lo he visto yo con mis propios ojos: naturalezas bien dotadas, con una constitución rica y libre, ya a los treinta años 'leídas hasta la ruina', reducidas ya a puras cerillas, a las que es necesario frotar para que den chispas 'pensamiento'-. Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura, en la aurora de su fuerza, leer un libro; ¡a esto yo lo califico de vicioso!" (Ecce Homo, "Porqué soy tan listo", 8).

A mí también me han criticado el hecho de en mis posteos pongo demasiadas citas. Tal vez tengan razón, pero imagino que lo seguiré haciendo.

Por el momento dejo de escribir y me dispongo a tomar el bondi para ir a votar, porque hoy son las elecciones presidenciales. 

Me gustaría seguir hablando del Fausto, de Nietzsche, del libro de Nicolás González Varela y de la mar en coche, pero me tengo que ir. ¡¡Lean el Fausto de Goethe que está buenísimo!!

¡Sean felices!

sábado, 26 de septiembre de 2015

SOBRE LA UTILIDAD DE LA HISTORIA PARA LA VIDA: BORGES, NIETZSCHE Y LA NECESIDAD DE OLVIDAR

No es improbable que el excepcional cuento de Borges, Funes el memorioso, se haya originado en la lectura de la segunda de las "Consideraciones intempestivas" de Nietzsche: Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Si uno lee ambas obras, las similitudes son flagrantes. Nietzsche nos propone que imaginemos:

"(...) el caso extremo de un hombre al que se le hubiera desposeído completamente de la fuerza de olvidar, alguien que estuviera condenado a ver en todas partes un devenir. Ese hombre no sería capaz de creer más en su propia existencia, ya que vería todas las cosas fluir separadamente en puntos móviles. Se perdería así en esta corriente del devenir. (...) Y es que en toda acción hay olvido, de igual modo que la vida de todo organismo no sólo necesita luz sino también oscuridad".

Es cierto que, hasta donde recuerdo, el padre de Borges le hizo conocer tempranamente la filosofía de William James, quien en su Principles of psychology (1890), dijo que "el principal trabajo de la memoria es olvidar". De todos modos sigo creyendo que Borges se inspiró principalmente en Nietzsche, aunque a esta altura no tiene demasiada importancia. 

Para quienes no lo recuerdan,  el personaje principal del cuento de Borges, llamado Ireneo Funes, en determinado momento tiene un accidente: se cae de un caballo y pierde la capacidad de olvidar. La caída lo dotó de la visión profética de "un Zaratustra cimarrón y vernáculo"; lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Había vivido diecinueve años como cualquiera de nosotros: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de casi todo. Luego de la caída, perdió el conocimiento, y cuando lo recobró, "el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales".

Relatar los acontecimientos de un día podía llevarle el día entero. "Me dijo: 'Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo'. Y también: 'Mis sueños son como la vigilia de ustedes'. Y también, hacia el alba: 'Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras'".

De algún modo, ese "vaciadero de basuras" del que habla Borges, es la prefiguración metafórica de internet, con su inagotable fuente de información superflua.

Recuerdo un texto de Hernán Casciari, Los bloggers muertos no van al cielo, en el que el tipo imagina que "un día, dentro de unos treinta o cuarenta años, internet estará lleno de blogs a los que se les habrá muerto el dueño. Bitácoras a la deriva del tiempo, textos inconclusos que acabarán diciendo 'mañana les cuento algo que me ha causado mucha gracia'. Y después nada. Después un silencio eterno. Los lectores no sabrán nunca que el blogger ha muerto. Los lectores pensarán que se ha cansado, o que le han cortado la banda ancha, o que ya no quiere escribir. La muerte rondará en silencio, congelando las historias cotidianas, cortando la continuidad del home, confundiendo al caché de Google.

Esta bitácora, sin ir más lejos, esta misma que ahora escribo y ustedes leen, un día de este siglo será la bitácora de un muerto. Es extraño decirlo de este modo, e incluso redactarlo naturalmente, pero es la puta verdad".

En fin, me fui un poco por las ramas. Retomando, esa imposibilidad de olvidar le dificultaba a Ireneo Funes la capacidad de pensar, que implica abstraer diferencias, jerarquizar, sopesar, juzgar.

Era incapaz de ideas generales, de conceptos platónicos:

"No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez".

Funes podía advertir el paulatino avance de una carie, de una mancha de humedad, de la corrupción del cuerpo, de la vejez.

Si la cultura es un conjunto complejo de interpretaciones que organizan de manera selectiva nuestra forma de darle sentido al mundo, pese a su erudición -su memoria prodigiosa le permitía aprender el arduo estudio del latín en una tarde- , Funes no era un hombre "culto".

En el prefacio de Sobre la utilidad..., Nietzsche comienza con una cita de Goethe: "Por lo demás, me es odioso todo aquello que únicamente me instruye, pero sin acrecentar mi actividad o animarla de inmediato".

La intención del pensador alemán es abordar la utilidad del estudio de la historia para la vida. ¿Hasta qué punto nutrirse de información vivifica, y hasta qué punto ahoga nuestra capacidad de acción, de creación de nuevos valores?

Aunque Nietzsche reconoce que los estudios históricos son imprescindibles para la comprensión del mundo, advierte que su excesivo predominio por sobre otras formas de conocimiento o experiencia "perjudica al ser vivo y termina por anonadarlo, se trate de un hombre, de un pueblo o de una civilización". Así como la memoria prodigiosa convierte a Funes prácticamente en un muerto en vida, Nietzsche señala que los estudios históricos que quedan reducidos a meros fenómenos de conocimiento están muertos para quien los estudia.


No quiero extender mucho más el posteo. En otro momento me gustaría abordar más en profundidad la segunda intempestiva; me pareció que el cuento de Borges, por su belleza y brevedad, podía hacer las veces de una muy buena introducción.


En otro momento la sigo, es sábado a la noche y necesito olvidar.

¡Sean felices!

Post scriptum: acá les dejo un excelente aporte de Nicolás González Varela.

martes, 22 de septiembre de 2015

LA DIFERENCIA ENTRE CREATIVIDAD Y ADAPTABILIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO

Muchas veces, los argentinos decimos que somos creativos, a diferencia por ejemplo de los alemanes/austríacos, que vendrían a ser rígidos, esquemáticos, previsibles e incluso aburridos. Puede que haya algo de cierto, puede que sea un prejuicio exagerado, no lo sé. Ahora bien, ¿le falta creatividad a una cultura de la que han surgido tipos como Goethe, Nietzsche, Bach, Mozart, Albert Einstein, Marx, Freud, Schumacher, Dirk Nowitzki, Beethoven, Beckenbauer, Schopenhauer? ¿No estaremos confundiendo, decía Julio Velasco, creatividad con CAPACIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO? 

Es lógico que los países que no suelen vivir en medio de nuestro caos cotidiano, tengan habitantes que no se adapten tan bien como nosotros al caos. Esto no es una condena general del "ser argentino". Ni todo lo que ocurre afuera es maravilloso y todo lo que pasa acá es un horror, ni tampoco la inversa. Uno tiene que hacer lo mejor que puede CON LO QUE TIENE, y acá hay mucho para valorar, pero también para mejorar. La capacidad de actuar frente al quilombo te mejora la capacidad de improvisación, lo cual no es poco, pero no alcanza ni por asomo. 

Para quienes no lo conocen, Velasco es un entrenador de primer nivel, que salió campeón mundial con Italia y alcanzó logros deportivos con diferentes equipos. El mismísmo Pep Guardiola cuenta que una vez invitó a comer al actual entrenador de la selección argentina de voleibol, quien por entonces trabajaba en Italia, para preguntarle cosas sobre el manejo de grupos a nivel deportivo.

Se me ocurre el caso de la selección argentina de básquet, quien llegó a la final de un campeonato mundial y ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, siendo la primera en ganarle a un combinado estadounidense integrado por jugadores de la NBA. Si uno es entrenador, puede quejarse del biotipo promedio del jugador argentino, que impide o dificulta la generación de jugadores muy altos y atléticos, como ocurre en otros países, o puede entrenar desde lo que tiene, potenciando sus virtudes y disimulando sus defectos. A eso apunta Velasco en el voleibol. En el video dice otras cosas muy interesantes, que vale la pena escuchar. 


Acá una nota para quienes quieran leer algo más sobre un técnico de primer nivel mundial.

En fin, hoy tenía ganas de compartir esto.

¡Sean felices!

lunes, 21 de septiembre de 2015

EL PATOVA MOLESTO

Empecé el gimnasio y el profesor es una máquina de tirar frases de autoayuda con la profundidad de una tapita de cerveza, onda: "si no te respetás a vos mismo, no esperes que la sociedad te respete", "para querer bien hace falta quererse a uno mismo", "la preocupación es lo que antecede a la ocupación, hay que ocuparse", y así. Me dan ganas de cagarlo a trompadas, o de que se vaya a asesorar de cerca a alguna mina con el culo bien parado, que es para lo que están la mayoría de los patovas que se hacen los profesores en un gimnasio. Y todo porque el muy hijo de puta me vio leyendo un libro mientras hacía bicicleta. El problema es que si trato de cagarlo a trompadas, pierdo por goleada. Habrá que intentar la táctica de la indiferencia.

sábado, 19 de septiembre de 2015

TE PIDO POR FAVOR QUE NO ME CUENTES UN CHISTE

Cuando me cuentan un chiste, por lo general me obligan a poner cara de que me estoy divirtiendo, y eso me hace sentir incómodo. Como dice Casciari, uno tiene que poner la mandíbula en piloto automático, sonriendo de entrada, mientras el otro empieza un relato que no prospera. El contador amateur se esfuerza denodadamente por ser gracioso, y se le notan los hilos desde lejos: mueve los brazos ampulosamente como una marioneta, se esfuerza por imitar acentos que no le salen -quiere hacer un cubano y le sale un chileno que vivió en Cartagena- , pone diversas voces, multiplica las palabras procaces inútilmente...

"El esfuerzo mayor, sin embargo, es dividir el cerebro en tres compartimentos: el que escucha el argumento del chiste, el que se pregunta porqué mierda no me quedé en mi casa, y el que critica minuciosamente la performance".

Uno sufre cuando el chiste va llegando al final y nota que la trama va perdiendo fuerza, o cuando intuye el remate.

Y si el interlocutor es una señora almidonada que elige contar un chiste verde, pero en lugar de decir "pija" trata de remplazar lo irreemplazable con gestos o sinónimos no muy eficaces, el sufrimiento se transforma en vergüenza ajena. Nunca cuentes un cuento donde la pija es protagonista si te parece inmoral o te da pudor.

También están "los que imitan la voz de los maricones poniendo la mano como si llevaran una bandeja invisible", los que te explican el final, los que repiten el remate creyendo que no lo entendiste cuando lo cierto es que no te causó gracia... Jamás finjo una carcajada, porque trato de no confundir ser cortés con ser hipócrita: me limito a mantener una semi-sonrisa congelada que, lo digo nuevamente, me pone incómodo. Conclusión: si no sos MUY GRACIOSO, te pido de rodillas que no me cuentes un chiste. Si sos mi amigo sí, porque te mando al carajo y está todo bien.

Y sin embargo, porque soy un tipo re contradictorio al que no hay que tomar demasiado en serio, les dejo un chiste de José "Pepe" Nun que me pareció muy bueno:

"Un capataz llama a su patrón, alojado en el Hotel City de Buenos Aires por negocios ganaderiles.

-¿Hola, patrón?

-Diga, don Braulio.

-Se murió el lorito, patrón.

-Qué pena, don Braulio. Pero vea, hombre, yo ando muy ocupado por acá. Haga lo que usted quiera.

-Pero, ¿usted lo recuerda bien al lorito?

-Sí, don Braulio. Y me duele mucho su noticia. Bué, ¿algo más?

-El lorito se murió quemado.

-¿Quemado? ¿Y por qué quemado?

-Por la caballeriza.

-¿Qué pasó con la caballeriza don Braulio?

-Se incendió toda, patrón. Algunos caballos se salvaron. Pero pocos y no los mejores.

-Pero, ¿qué me está diciendo, hombre? ¿Y por qué mierda se incendió la caballeriza?

-Ay, patrón, porque se incendió la casa.

-¿Y por qué mierda se incendió la casa?

-Por las velas, patrón.

-¿Qué velas?

-Las del velorio de su esposa.

-¿Qué? ¿Murió mi mujer?

-Sí, patrón. Y como sabemos que usted no va a volver hasta dentro de quince días la velamos nosotros nomás. Pero si quiere quedarse por más tiempo, quedesé, patrón. Porque con la casa también se incendió el féretro de su mujer. Con ella adentro.

-Don Braulio, ¡váyase a la puta que lo parió!

-Epa, patrón, tanto enojo por un lorito muerto".


(Relatado por J. P. "Soberbia" Feinmann en su libro "El flaco").

viernes, 18 de septiembre de 2015

LA NAVE CROYDON

Les presento a una banda que está buena no porque ahí toque un amigo, sino porque realmente hacen muy buena música, en donde reconozco ciertas influencias "frankzappescas".

El 26 de setiembre tocan en la Ciudad Cultural Konex. ¡Yo quiero ir!




jueves, 17 de septiembre de 2015

EL SUICIDIO DE FABIÁN POLOSECKI

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco. Algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas”. (Fabián Polosecki, 1964-1996).

Según el escritor chileno Roberto Bolaño, en América latina tenemos la peor clase dirigente, varios de los peores escritores y los peores capitalistas. Sin embargo, Bolaño añadía que "hemos tenido los mejores suicidas".

En 1981, Rodrigo Lira se quitó la vida, y en su nota  final nos legó una broma macabra: dijo que se fue del mundo en protesta por la reciente subida del pan, o del azúcar. Se metió en una bañera llena de agua caliente, y se cortó las venas. 

"Para los suicidas de bañadera, la muerte no llega de súbito, sino lentamente, pues el suicida tiene mucho tiempo para pensar, para recordar los buenos y malos momentos, para despedirse mentalmente de los seres queridos u odiados, para recitar de memoria algún verso, para llorar. En el caso de Rodrigo Lira, quizá pueda decirse que tuvo tiempo para reírse de sí mismo y del mundo".

También podríamos recordar a Alfonsina Storni adentrándose en el Río de la Plata, o a Violeta Parra, descerrajándose un balazo junto a la carpa donde cada noche se arrancaba el alma aullando por las penas de su continente más amado, si es que se puede amar a un continente. Es curioso el caso del escritor Jorge Cuesta, mexicano y homosexual, quien antes de meter la cabeza en una bolsa se emasculó y clavó sus testículos en la puerta de su dormitorio, como un último regalo no correspondido.

Los argentinos también sufrimos el suicidio de Alejandra Pizarnik, siempre tan melancólica, o el del Negro Olmedo, quien cayó al vacío luego de hacer equilibrio en el borde de un balcón en Mar del Plata. Afortunadamente han existido intentos fallidos, como aquél de 1934, cuando un Borges de treinta y cinco años - desesperado de infelicidad- intentó infructuosamente quitarse la vida en un hotel de Adrogué.

Tuvimos suicidios ridículos, tristes, reflexivos, fracasados, desesperados -casi una obviedad-, poéticos y valientes.

Un 3 de diciembre de 1996, justo un día antes de mi cumpleaños, Fabián Polosecki se arrojó debajo de un tren, recordando la confesión que uno de sus entrevistados -maquinista ferroviario- le había hecho: el tipo le contó que había visto muchas personas que se arrojaban a las vías del tren en una zona particular de la estación de Santos Lugares, y ahí fue donde "Polo" decidió terminar con su vida.

Lo cierto es que a Polosecki se lo extraña, porque personajes como él no existen en la televisión de hoy, tan llena de ruido vacío, tan plagada de periodistas que se sienten más importantes que el entrevistado...

Aquellos que lo hemos visto destacamos su capacidad extraordinaria para preguntar lo justo, crear un clima de confianza y hacerse a un lado, dejando la palabra al otro. Era un entrevistador genuinamente curioso e interesado por las vivencias ajenas: preguntaba siempre lo que a él le interesaba, sin ningún tipo de demagogia hacia los potenciales espectadores.

En fin, hoy tenía ganas de recordar a Fabián Polosecki.

(Texto publicado en la Florencio Varela Review of Books en su edición de enero de 2009).