domingo, 3 de julio de 2016

LOS GRIEGOS

Como algunos de ustedes sabrán, me apasiona la filosofía en general, y en particular suelo juntarme una vez por mes a estudiar detenidamente la obra de Friedrich Nietzsche a través de mi Grupo de estudio sobre Nietzsche en Facebook. 

En tal sentido, me interesaba exponer algunas cuestiones muy generales sobre los griegos. Me gustaría que de a poco vayamos entendiendo esta riquísima tradición, para tener algunos conocimientos previos antes de encarar un texto tan complejo como lo es El origen de la tragedia, una de las primeras obras del Fede.

Los griegos se denominaban a sí mismos “helenos”. Hasta donde sé -no tengo a mano las referencias bibliográficas dado que mi biblioteca está hecha un desorden- la palabra castellana “griego” deriva de la  latina  “graecus”, que procede a su vez de la voz griega γραικός (graikós), el nombre de una tribu de Beocia que emigró a Italia en el siglo VIII a. C. 


Los griegos, al menos los del período clásico, dividían habitualmente a la familia humana entre helenos y bárbaros. La palabra “bárbaro” no necesariamente tiene una connotación negativa, sino que alude a personas que no hablan griego, y por tanto profieren sonidos como “bar, bar”, que un griego no comprende.

El especialista francés François Châtelet contradice en buena medida lo que acabo de describir sobre los bárbaros: "Aristóteles nos parece extremadamente chocante cuando pronuncia frases del estilo de 'los bárbaros no tienen de hombres más que los pies'. Quiere decir que no tienen simplemente mas que la forma humana, pero no la esencia del hombre. (...) Este rechazo del otro es constitutivo del pensamiento griego".


El griego es miembro de la familia de las lenguas  indoeuropeas, junto con el latín, el sánscrito y las lenguas célticas y germánicas. Según el profesor H. D. Kitto, “el griego, como su primo el latín, es un idioma rico en inflexiones, con una sintaxis elaboradísima y delicada (…) La sintaxis griega es mucho más variada, mucho menos rígida que la latina”.


Todavía no entiendo bien ni el griego ni el latín, pero según Kitto “está en la naturaleza del griego expresar con suma exactitud no sólo la concordancia entre ideas, sino también matices de significación y sentimiento”. Creo recordar que Nietzsche ha dicho algo semejante, comparando favorablemente el griego y el latín con respecto al alemán, aunque ahora no recuerdo bien dónde lo había dicho. No es que no puedan expresarse desatinos en griego, pero “el desatino se hace patente en seguida” (Kitto).


En la Ilíada de Homero, las fuerzas griegas que asedian Troya son mencionadas con tres nombres diversos: “argivos”, “dánaos” o “aqueos”.

Según Emilio Crespo Güemes, traductor de mi edición de la Ilíada, el poema homérico presenta “una forma de griego antiguo que nunca fue usada para la comunicación cotidiana. Aparecen mezcladas formas arcaicas y recientes, formas de distintos dialectos hablados y formas que no existieron en ningún dialecto y que son exclusivas de la lengua artística de la épica arcaica”.

Si vemos la edad a la que murieron tipos como Eurípides, Sófocles, Esquilo, Platón, Isócrates, Protágoras, Jenofonte, notaremos que vivieron muchos años. La geografía y el modo de vida griego favorecía, según Kitto, no sólo la longevidad sino además una energía prolongada.

La dieta de los griegos era bastante frugal: pan de cebada, aceitunas, un poco de vino, algo de pescado y excepcionalmente –los días de fiesta- carne. Esa dieta, unida a una vida al aire libre, sin mucho lujo, daba salud y vigor a sus habitantes.


Nosotros, los animales de ciudad de clase media,  solemos tener internet, wi fi, whatsapp, facebook, netflix, computadora y aire acondicionado. Los griegos, en cambio, se bronceaban al sol, caminaban y hablaban boludeces con sus vecinos, hacían gimnasia y no se preocupaban por escribir huevadas en un blog:


“El ocio que disfrutaban los atenienses suele atribuirse popularmente a la existencia de la esclavitud. La esclavitud tenía algo que ver con ello, pero no tanto como el hecho de que los griegos pudieran prescindir de las tres cuartas partes de las cosas cuya obtención nos quita el tiempo”. (H. D. F. Kitto, “The greeks”, 1951).

Es cierto que Kitto escribe esto a principios de la década del 50’, con lo cual mucho del rol de las mujeres no habla. No es casualidad que casi todos los filósofos y artistas que hemos conocido hayan sido hombres.

En cuanto a la religión, digamos que estaba vinculada a la “polis”, a la “ciudad estado”. Si bien los dioses olímpicos eran adorados por todos, cada ciudad tenía sus propios cultos, ritos y dioses menores, ninfas, héroes. En cierto modo, la polis era una unidad independiente tanto en lo religioso como en lo político.


Para Esquilo, la polis perfecta se da donde la Ley es satisfecha sin provocar el caos; donde la justicia reemplaza a la venganza privada y donde los derechos de autoridad se concilian con las pasiones e instintos individuales.


Cuando se traduce la expresión de Aristóteles según la cual el hombre es un “animal político”, en rigor está diciendo que el hombre es una criatura que vive en la polis. La polis es el único marco en el que el hombre puede realizar plenamente sus aptitudes espirituales, morales e intelectuales.


Me gustaría seguir con este tema, pero prefiero cortarla acá porque temo que el posteo me está quedando demasiado “escolar”. En otro momento hablamos más de los griegos, el origen de la filosofía y la mar en coche. ¿Les parece?

¡Sean felices!

Rodrigo

Foto: "Leónidas en las Termópilas", de Jean Louis David. Óleo sobre tela, 1814. 395 x 531 cm. Museo del Louvre, en París

ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LOS ORÍGENES DE LA FILOSOFÍA EN GRECIA

El carácter TRÁGICO del amor erótico puede reducirse a amar/desear a quien no nos ama; o ser amados por alguien a quien no podemos amar. Obviamente el segundo caso es muchísimo menos doloroso que el primero: es inverosímil suicidarse –como le ocurrió a Werther, el personaje literario creado por Goethe; o deprimirse, por no poder corresponder al deseo ajeno.

Lo trágico es, en este caso, lo inexorable: un destino que se impone más allá de la voluntad humana. 

Pues bien, en la antigüedad griega se dio una competencia entre la curiosidad teórica, representada por la filosofía, y el arte de la tragedia. Si leen la República (en griego “Politeia”), notarán el desprecio del autor hacia el arte de la tragedia, más allá de que Platón, en su juventud, quiso ser un poeta trágico. ¿Por qué? Pues porque la sabiduría de la tragedia se cifra en dejar ciertas cosas en la oscuridad o en la indecisión. 

Vale decir: en la tragedia no hay posibilidad de "síntesis". Por caso, en Antígona, de Sófocles, tiene razón tanto Creonte como Antígona. Un filósofo como Platón no puede aceptar que ambos tengan razón, porque eso implicaría negar que exista una verdad, y la posibilidad de distinguir bien de mal. Como no existe una ciencia del amor es que el arte parece mucho más efectivo que la ciencia o la filosofía para abordarlo. 


Es cierto que mi comparación no debe llevarse al extremo de ignorar las grandes diferencias que existen entre nuestra idea del amor -años y años de Cristianismo, Romanticismo y música pop mediante- y la concepción del amor en la Grecia antigua. Pero no nos desviemos del tema.

Lo que me interesaba destacar es que la filosofía es, para casi la totalidad de los estudiosos, UNA CREACIÓN GRIEGA. Hay muchos componentes de la civilización griega que tienen un correlato en otros pueblos de Oriente que alcanzaron un alto nivel de civilización antes que los mismos griegos: habilidades técnicas, creencias y cultos religiosos, manifestaciones artísticas... Sin embargo, en lo que concierne a la filosofía, los griegos fueron realmente creadores de algo que no tenía precedentes. 

Nosotros tenemos modos de "razonar", de argumentar, que en gran medida nos vienen -aunque no lo sepamos con exactitud- de nuestra herencia judeo-cristiana y greco-latina. Todo el "pensamiento científico" como lo conocemos hoy no hubiese sido posible sin la herencia griega. 

No estoy diciendo que el Egipto antiguo, la China, la India, el pensamiento árabe, la sabiduría de los indios americanos (que ha sido tan arrasada que en gran parte se ha perdido para siempre), no tengan una enorme validez. Tampoco conozco mucho sobre "estudios africanos" (y ya decir "africano" es una enormidad). La "sabiduría" existió en todas las culturas y en todas las épocas. No obstante, lo repito nuevamente, la "filosofía" es un invento griego. 

No ignoro que existen montones de “ismos” que polemizan con esta certeza: corrientes antiimperialistas, desconstruccionistas, multuculturalistas y todos los "ismos" lo que le quieran sumar. Prefiero no meterme en el berenjenal del debate eurocentrismo/multiculturalismo, sino que me interesa destacar la importancia de la herencia griega.


Los primeros griegos buscaron alimento espiritual en los poemas homéricos, es decir, en la Ilíada y en la Odisea (que, como todos sabemos, ejercieron una influencia análoga a la que la Biblia ejerció entre los judíos). Como no tuvieron textos sagrados, no existía una VERDAD REVELADA, sino que Hesíodo, Homero y los poetas gnómicos de los siglos VII y VI a. C eran, como diría el nabo de Ari Paluch, su “combustible espiritual”.


Según H. Kitto, un profesor de griego británico, a menudo “una cita de Homero era el modo natural de dirimir una cuestión de moral o de conducta”. Esquilo calificaba su propia obra como “migajas del banquete homérico”, e incluso surgieron algunas sectas fundamentalistas que creían que Homero era la fuente de toda la sabiduría y el conocimiento del mundo, como Jorge Sanata para muchos antikirchneristas emocionales. Un pensador como Platón, en el "Ion", se mofa de alguien que por ser experto en Homero pretende ser un sabio.

Los personajes centrales de la Ilíada y la Odisea son, o bien héroes que vivieron en la época mítica en que los dioses olímpicos intervenían directamente en los asuntos humanos y los hombres eran más fuertes y corpulentos que los seres humanos actuales; o bien son dioses con rasgos humanos que exhiben su favoritismo por tal o cual héroe, y a menudo son caprichosos, soberbios, envidiosos e irascibles. Mientras el destino del héroe suele ser triste e incluso atroz, los dioses la pasaban bastante bien.

Los dioses no favorecen a seres insignificantes, sino a héroes imbuidos de “areté”, de nobleza, de cualidades excepcionales. No existe en castellano un concepto equivalente al de areté. Según Werner Jaegger, en su excelente libro Paideia, "el concepto de 'virtud' en su acepción no atenuada por el uso puramente moral, como expresión del más alto ideal caballeresco unido a una conducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, expresaría acaso el sentido de la palabra griega".

Los griegos entendían por areté, sobre todo, una fuerza, una capacidad. El "vigor y la salud" son, por ejemplo, una "areté" del cuerpo. Sagacidad y penetración serían "areté" del espíritu. Homero usa el concepto no sólo para designar la excelencia humana, sino también la superioridad de seres no humanos, como la fuerza de los dioses o el valor y la rapidez de los caballos nobles.

George Brandes (1842-1927), profesor danés y primer estudioso de la obra de Nietzsche, decía que los pensamientos del autor de El origen de la tragedia estaban imbuidos de un “radicalismo aristocrático”. En una carta, Nietzsche le manifestó a Brandes su aprobación: “La expresión radicalismo aristocrático que usted me dirige me agrada. Permítame decirle que es lo más fuerte que de mí se ha dicho”. 

Pues bien, esa concepción aristocrática está muy presente en la obra homérica. 

Como casi no han sobrevivido muchos “poemas épicos” al margen de la Teogonía y los Trabajos y días de Hesíodo; y la Ilíada y la Odisea, no es sencillo definir claramente el género.

En Homero, las acciones humanas son libres y al mismo tiempo están influenciadas por la voluntad divina. No hay conflicto entre el determinismo divino y el libre albedrío humano. Ejemplo: Aquiles o Héctor son conscientes del destino que les espera cuando toman las decisiones que toman, y sin embargo deciden hacerlo igual.

Ese interés homérico por el sufrimiento humano preludia las tragedias de la época clásica (Sófocles, Eurípides, Esquilo). 

La imaginación homérica ya está estructurada según cierto sentido de la armonía, de la proporción. El poeta no narra simplemente una serie de hechos que no tienen conexión, sino que explora causas y razones, aunque sea a nivel mítico-fantástico. Y ahora me meto con algo que me parece extraordinario, siguiendo una lectura de Cornelius Castoriadis: 

Esta "ausencia de revelación" nos sirve para comprender, a modo de contraste con la tradición de las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo), la "libertad de pensamiento" que existía en el mundo griego: El “texto sagrado” de Grecia no es un texto sagrado. Ésta es, prácticamente, una diferencia fundamental con respecto a todas las culturas históricas que conocemos. Este texto no es religioso ni profético, ES POÉTICO. Su autor (o autores) no es un profeta, es un poeta, es EL POETA. El poeta no prohíbe nada, no impone nada, no da órdenes, no promete nada: dice. Y al hacerlo, no revela nada sino que recuerda. Las “musas” son hijas de Mnemosine (la memoria). Y como hijas, son parecidas a la madre pero NO SON LA MADRE. Ya ahí se plantea esa mezcla de “imaginación y recuerdo” que habita en todo acto de “poiesis”, de creación. (Nota: disculpen si transcribo mal algunos términos griegos, todavía no estudié el idioma, aunque pienso hacerlo más adelante).

Este margen de libertad que da la ausencia de revelación es esencial para el surgimiento tanto de la filosofía como de la política y la autonomía, que son un enorme tesoro que los griegos nos legaron. Y también es esencial para el nacimiento del arte y del pensamiento científico. Esta ausencia de dogmas establecidos y de autoridades justificadas trascendentemente -como la del profeta o la del sacerdote- da cabida a la posibilidad de pensar en muchos sentidos las cosas y no en una sola dirección. En el Canto IX de la Ilíada (versos 400-409), Aquiles rechaza la propuesta de Agamenón, quien lo llena de regalos suntuosos, de regresar al combate, y dice poco más o menos que la guerra no tiene sentido y NADA VALE MÁS QUE LA VIDA. Estas palabras constituyen una crítica muy poderosa al mundo heroico, al  ideal de “arete”, de nobleza:

“Se pueden ganar con pillaje bueyes y cebado ganado,/ se pueden adquirir trípodes y bayas cabezas de caballos;/ mas la vida humana ni está sujeta a pillaje para que vuelva/ ni se puede recuperar cuando traspasa el cerco de los dientes./  Mi madre, Tetis, la diosa de argénteos pies, asegura que a mí/ dobles parcas me van llevando al término que es la muerte:/ si sigo aquí luchando en torno de la ciudad de los troyanos,/ se acabó para mí el regreso, pero tendré gloria inconsumible;/ en cambio, si llego a mi casa, a mi tierra patria,/ se acabó para mí la noble gloria, pero mi vida será duradera/ y no la alcanzaría nada pronto el término que es la muerte”. 


¡Fíjense lo denso que es ese pasaje! La diosa Tetis, madre de Aquiles, le pronostica una vida breve y gloriosa. El contraste con la Odisea es muy significativo. Ahí se produce un encuentro entre Odiseo (Ulises) y Aquiles en los Infiernos (el Hades). Como todos los habitantes del Hades, Aquiles no es más que un espíritu sin “noos”, sin alma (una suerte de zombie). El adivino Tiresias es el único que en el Hades conserva sus facultades, por una gracia de Perséfone: los demás son almas que vuelan, que no saben nada ni tienen recuerdos, a las que se les debe dar de beber sangre para que pronuncien “discursos verídicos”. Lo explica Tiresias en el Canto XI  de la Odisea (145-149): 

“Sin hacerse esperar contestó de este modo Tiresias:/ ‘Fácil es la repuesta y habrás de guardarla en tu mente:/ de los muertos aquel que tú dejes llegar a la sangre/ te dirá sus verdades y aquel a quien lo permitas/ te dará las espaldas y atrás volverá su camino’.


Y lean este fragmento del Canto XI de la Odisea, que antes contextualizo brevemente: Odiseo le tira flores a Aquiles, diciéndole: “Los argivos te honramos un tiempo al igual de los dioses y acá tenés también el imperio en los muertos: por ello no te debe, ¡oh Aquiles!, doler la existencia perdida”.

Y la respuesta de Aquiles, como bien nota Castoriadis, es de una riqueza filosófica excepcional:


“No pretendas, Ulises preclaro, buscarme consuelos/ de la muerte, que yo más querría ser siervo en el campo/ de cualquier labrador sin caudal y de corta despensa/ que reinar sobre todos los muertos que allá fenecieron”. 


¡¡Es extraordinario!! El héroe le dice que preferiría limpiar baños en una estación de subte estando vivo, antes que ser el más capito en el mundo de los muertos. ¡¡Que prefiere ser el Pitu Abelairas en el mundo de los vivos, antes que Lionel Messi en el Hades!!


Los egipcios tenían un círculo de la metampsicosis, los babilonios y micénicos tampoco aceptaban la “muerte definitiva”.  En cambio los griegos no buscaron ningún consuelo en el más allá. 


Para los hebreos, el hombre bueno y piadoso tendrá una vejez feliz y apacible morirá saciado y en paz. LOS GRIEGOS NO TIENEN HÉROES QUE MUERAN VIEJOS Y FELICES: el final de los héroes suele ser atroz. Y sin embargo, tanto Aquiles, como más tarde Sócrates, escogen morir. Sócrates diciendo que una vida sin examen no merece ser vivida; y Aquiles diciendo que la vida sin gloria no es vivible. El hombre está desgarrado por dos motivos opuestos: evitar la muerte porque “nada vale la vida”; y evitar una vida sin contenido que la vuelva indigna de ser vivida. Los héroes homéricos están todo el tiempo dudando: ¿me conviene huir del campo de batalla o mostrarme valiente? No son los héroes de las películas de Hollywood sino tipos angustiados, cavilosos. 


Héctor, el más valiente de los guerreros, se muestra miedoso ante la posibilidad de morir a manos de Aquiles. ¿Se entiende un poco mejor cómo es que Grecia fue la cuna de la filosofía? 


En fin, esto da para mucho. También existen misterios órficos y pitagóricos que son medio un quilombo, y podemos hablar de la lectura de Nietzsche y el platonismo en relación al cristianismo y toda una perorata que prefiero dejar en suspenso para no marearme mareándolos.

Finalizo con una extensa cita de H. D. F. Kitto:

"Sería un error describir la Ilíada como una tragedia, puesto que es (como muchas cosas griegas) precisamente lo que se propone ser, un poema épico, con todo el sosiego y la dilatabilidad que éste exige. No obstante, es intensamente trágica, y en esto es también plenamente griega: el sesgo trágico del pensamiento era habitual en los griegos. (...) Muy pocos griegos creían que la vida era un valle de lágrimas, en el cual nada importaba demasiado. Sentían la más vehemente atracción por la actividad en todos sus aspectos: física, mental, emocional; un inagotable placer en realizar hazañas y en contemplar cómo se hacían. Casi todas las páginas de Homero constituyen un testimonio de esta afirmación. Ese fondo trágico no debe interpretarse como que la vida es indigna de vivirse; es un sentimiento de tragedia, no de melancolía".

viernes, 1 de julio de 2016

MESSI NO JUEGA FINALES PARA ALCANZAR LA GLORIA, SINO PARA QUE LO PERDONEN. NO SE SABE MUY BIEN QUÉ

Borges dijo alguna vez que a la mayoría de los hinchas argentinos no les gusta el fútbol: les gusta que su equipo gane. En cierto sentido tenía razón: nunca preguntamos a un amigo que viene de la cancha, de ver  o de jugar fútbol;  “¿cómo fue el partido?” sino “¿cómo salieron?”. Le preguntamos primero por el resultado, y después, quizá,  por el desarrollo del juego.

Para muchos fanáticos argentinos –no digo que esto no ocurra en otros países, simplemente hablo del país que más conozco y más me duele- ; entre una pelota que pega en el palo y sale y una pelota que pega en el palo y entra no hay una distancia de milímetros, sino un abismo semejante al que existe entre Mahatma Gandhi y un asesino en serie; o entre Mozart y Ricardo Arjona. En los programas deportivos casi no se habla de fútbol: se hace análisis del discurso de jugadores y técnicos, de la composición química del “gas pimienta” que un hincha de Boca le arrojó a algunos jugadores de River, de si tal o cual jugador “siente la camiseta” o “tiene huevos”, de cuántos millones gana determinada estrella, de si esa estrella está inflada por la maquinaria publicitaria o no lo está, de si la novia de tal jugador salió con otro jugador o si es “cornuda”…


Como cualquier extranjero que haya venido a Buenos Aires podrá notar, los porteños –y en el resto del país ocurre algo similar- hablamos un lenguaje plagado de exageraciones: las cosas son “una mierda total” o “la última mierda” o, por el contrario, son “geniales” o “alucinantes”. Entre lo genial y lo lamentable, casi no distinguimos grises.


Nicolas Shumway, un profesor estadounidense, autor de La invención de la Argentina, escuchó la siguiente conversación durante un intermedio de una ópera en el Colón: “Che, ¿ya viste la tortura que va a resultar esta temporada?”. Nosotros naturalizamos el uso de la palabra “tortura” hasta en: ¡¡una temporada del Teatro Colón!!


Ese tipo de dramatismo, que en dosis adecuadas puede resultar simpático, en el fútbol puede volverse algo intolerable. Es casi imposible que muchos argentinos le perdonen a Messi que nunca haya ganado un título con la selección mayor. ¿Ustedes creen que a Messi eso no le afecta? Yo creo que sí, y mucho. Además, Messi es un jugador acostumbrado a desarrollar su juego en un ambiente que lo contiene y protege, ya que se crió en Barcelona, lejos de hinchadas amenazantes que no perdonan una derrota.


Otra variante del periodismo vernáculo consiste en hablar de fútbol como si se tratara de ajedrez mezclado con física cuántica. ¿A qué persona auténticamente aficionada al cine le interesa, en tanto cinéfilo o cinéfila, qué temperatura hacía en la butaca del lugar o cuál era la presión atmosférica en el preciso día en que vio un film que le produjo un trastorno estético o emocional? Hay periodistas deportivos que parecen astrónomos que jamás han mirado las estrellas.


Respecto de Messi, propongo un axioma: decir que te gusta el fútbol y al mismo tiempo decir que no te gusta cómo juega Messi son opuestos contrarios, no contradictorios: como pretender adelgazar comiendo medio quilo de manteca. Se trata de un jugador que lleva la pelota pegada al botín a alta velocidad, con un panorama único de dónde están sus compañeros y dónde están los rivales, y que cada vez que agarra la pelota a uno le da la sensación de que algo distinto va a pasar. Messi es el mejor en lo suyo, que es el fútbol. No a todos los hinchas que le piden que “salve” a la selección, les pasa de ser los mejores en cada actividad profesional que desarrollan. La pregunta sencilla que uno se hace es, ¿por qué pedirle a Messi que se haga cargo de nuestras frustraciones? Después de todo, no es más que un jugador de fútbol, excepcional pero de carne y hueso.


Antes les hablé de Nicolas Shumway, un estadounidense graduado en letras y nacido en Arizona, quien en 1975 obtuvo una beca para estudiar en la Argentina y en cierto modo se “enamoró” de la obra de Borges, y también de Buenos Aires. Su segundo libro sobre nuestro país se titula Historia personal de una pasión argentina; allí el autor escribe algunas impresiones del país y de su gente. Les dejo algunas citas del libro, así juzgan ustedes por sí mismos:


“(…) la Argentina es un país que puede tratar a sus hijos con mucha crueldad, incluyendo la indiferencia, el exilio y aun la muerte”. 

(Nota: Shumway está haciendo referencia a su maestro, un profesor argentino que tuvo en la Universidad de Californa en Los Ángeles, llamado Aníbal Sánchez Reulet, quien tuvo que exiliarse por la dictadura militar).

“De hecho, hablar mal de su país parece ser una constante de la sociedad argentina”.


“Por más querido que fuera Kennedy, jamás lo he visto pintado de santo”. 

(Nota: Evidentemente, el autor hace referencia a Eva Perón y al misticismo del peronismo. Aunque también podríamos relacionar ese misticismo con la figura de Maradona, que entre nosotros ha dado lugar al surgimiento de una “Iglesia Maradoniana”).


“Un argentino puede ser el mejor de los amigos –generoso, divertido, atento, cariñoso y todo lo que se pueda esperar de un amigo-, pero en cuanto se coloca detrás de un escritorio, es capaz de volverse monstruoso, un déspota con ínfulas de gran rey. En fin, la amistad se entiende y se practica. El servicio, no tanto”.


Algunas de las impresiones de Shumway explican, en parte, la extraordinaria dificultad que tienen los técnicos argentinos y los jugadores para trabajar en un entorno adecuado, que respete la planificación a largo plazo y se desarrolle más allá del resultadismo extremo, resultadismo que no contempla la posibilidad de perder un partido;  porque perder, para el hincha, es poco menos que “una tortura”.


Y hay algo que, en mi opinión, se suele pasar por alto: al igual que el hincha argentino promedio, Messi tampoco soporta perder. En su club, el Barcelona, está acostumbrado a ganar por lo menos un título por año. Su poca tolerancia a la frustración lo lleva a retraerse y deprimirse ante la posibilidad de no salir primero. Su relación con la derrota y el marco adverso es más de drama y sufrimiento que de desafío para hacer aflorar una personalidad rebelde.


Martín Zariello, un amigo que escribe cada tanto en su blog Ilcorvino, expresó aquí, algo que me representa:


“La idea de “un país” que insulta y denigra a un jugador por el simple hecho de errar un penal o no ganar una Copa es deleznable. Pero que ahora el mismo país, a través del chantaje emocional de periodistas compungidos, padres enajenados y maestras equivocadas, quiera convencer a ese mismo jugador de que no renuncie a la Selección es propio de un psicópata. Ojalá que Messi haga lo que se le cante”.


Fuente: posteo publicado originalmente acá, pero con algunos agregados posteriores.


Post scriptum: les dejo algunas reflexiones sobre “la cuestión Messi” que me han parecido interesantes:


Este artículo de Ezequiel Fernández Moores me pareció muy lúcido. Rescato dos fragmentos:

"Como su pelea es contra un mito", escribió Jorge Valdano apenas antes de la final del domingo pasado, "nada de lo que Messi haga bastará para que Argentina lo santifique". Tiene razón. Si hubiese ganado el domingo, escucharíamos que "una Copa América no es un Mundial". "Messi -escribió también Valdano en el diario mexicano Record- no juega finales para alcanzar la gloria, sino para que lo perdonen. No se sabe muy bien qué". 


Y este otro:


"Algunos pretendieron recordar que, aunque se trate de una final, "es sólo fútbol". ¿Por qué -si sólo es fútbol- políticos, gobierno, TV y sindicalistas pujan hoy como alimañas para ver quién se queda con la AFA? Hay sentimientos y pasión, claro. Pero también hay sobreactuación generalizada. Y destinos de nación, que suponen el fracaso patrio porque, nos dicen filósofos, sociólogos y otros, "no sabemos actuar en equipo". Como si Pumitas, Leonas y el vóleibol -por hablar de ese mismo fin de semana- hubiesen logrado victorias notables jugando con camiseta de Polonia. A diferencia de otras disciplinas, el deportista compite de modo directo. Hay un rival que se opone. Y que, aunque alguna prensa lo omita, juega con los mismos deseos, ambiciones y sueños de ganar el título. O más, porque tiene menos",

Y acá tienen otro muy buen artículo del escritor Juan José Becerra.

Entiendo que ya se habló demasiado del tema, pero no quería dejar pasar la ocasión de hacer mi propia catarsis.

¡Gracias Messi por tanto fútbol!

Sean felices,


Rodrigo

domingo, 26 de junio de 2016

VINDICACIÓN DE HERNÁN CASCIARI


Cada vez que intento establecer puentes con otras personas hablándoles de la obra de James Joyce o de mi pasión por la literatura inclasificable de Franz Kafka, suelo quedarme hablando solo como un pelotudo. En cierto sentido, me pasa como a Luis Almirante Brown, el personaje de Capusotto:



Si escribo boludeces como Cuando llega el delivery de empanadas o El delivery en la oficina, capaz algún lector se prende. Entiendo que es natural que eso pase porque, ¿a quién le puede importar mi opinión sobre Kafka, cuando no sólo están sus libros sino que además hay pilas de intérpretes lúcidos e interesantes que nos hablan de su obra? ¡Ni a mis amigos más cercanos! En ese sentido, la literatura y la personalidad de Hernán Casciari constituyen un ejemplo en contrario de lo que a mí me pasa: el tipo tiene una extraordinaria capacidad para conectarse con sus lectores, para comunicar emociones, para hacerte reír y al mismo tiempo dejarte pensando. No tiene “pose de escritor” sino que simplemente escribe, logrando que los demás lo lean con total naturalidad.  


En estos días estuve mirando y escuchando una entrevista que le hicieron en Vorterix. Les resumo un poco la charla porque me pareció piola:


Casciari dice que haber vivido su infancia en un pueblo -nació y se crió en Mercedes- es como crecer en un patio gigante: vivir tranquilo, conocer a todos los habitantes del lugar, interactuar desde el jardín de infantes con los mismos amigos, jugar al lado del río, treparse a los árboles, ir a pescar:

“Me ha costado mucho tener amigos que no hayan tenido una infancia en un pueblo (…) Si vos de los cinco a los diez cruzaste solo el río, y juntaste ranas… se te forma algo (en la cabeza) que te hace reconocer a otros que hicieron lo mismo”. Lo mismo con las mujeres: "me enamoro de varoneras, no de minas conchetas".

Me identifico un poco con eso que cuenta porque, aunque me considero más un "animal de ciudad", viví desde mis cinco a mis seis años en Gualeguaychú, lugar donde podía salir de noche sin miedo, ir al corso, correr por la calle, jugar a la pelota, mirar el río y chapotear en el barro.... Mi infancia y adolescencia en Wilde también transcurrió en una casa y en un barrio, pero el ambiente era mucho más inseguro que el de un pueblo como Mercedes o una ciudad como la Gualeguaychú de entonces. También comparto con él la pasión por el fútbol  y los mundiales, la afición por la literatura de Borges, el gusto por las series, cierto desprecio por el "caretaje literario" y el fanatismo irracional hacia Diego Maradona y Lionel Messi.


La capacidad de comunicar que tiene Casciari se relaciona en parte con cierta dificultad para agradar a las mujeres a simple vista, al menos según lo que él confiesa. Por supuesto que la "labia" funcionaba, las veces que funcionaba, con minas que no eran superficiales: "necesariamente tenían que haber leído al menos cuatro páginas de Nietzsche para estar conmigo”.


En la entrevista también nos habla de cómo se formó su identidad como escritor: en su adolescencia, Casciari creía que los escritores tomaban ginebra, fumaban puros y pensaban cuestiones profundas:

“Yo empecé a escribir de verdad cuando sospeché que ya no podía ser escritor, cuando me fui a vivir a España y ya no me podía volver porque no tenía papeles, y me di cuenta de que tenía que laburar de algo y dejar de pavear con esas ínfulas de ser escritor”. 

Viviendo en Barcelona, gracias al nacimiento de un blog que creó para hablar boludeces con sus amigos, y que luego se viralizó hasta llegar a ser Más respeto que soy tu madre, terminó de descubrir su propia voz.


En mi adolescencia solía escuchar a un  músico cuyos temas podían ser muy tristes, y a quien más tarde fui a ver cuando vino a la Argentina: se llama Peter Hammill. El tipo dijo, creo recordar: “si fuera feliz no me dedicaría a hacer música, sino a ser feliz”. Y es que la felicidad es un fin en sí mismo. Los momentos de alegría se disfrutan más que se analizan, y por eso la escritura se nutre esencialmente del dolor, de la falta. La escritura puede ser liberadora, catártica, canalizadora. Es una buena forma, según Casciari, de no tener que pagarle a un psicólogo. 

La obra de Casciari está muy marcada por el sentido del humor. El autor de Charlas con mi hemisferio derecho nos dice que su relación con el humor nació como un recurso que le ayudó a: 1) zafar del matón de la clase usando la ironía, el retruque rápido. Vale decir, lo ayudó a hacerse amigo del abusador en lugar de convertirse en su víctima; 2) despertar el interés femenino. Intentar seducir "minitas" sacándoles una sonrisa.


Es inevitable sentir cierta envidia por un autor que supo hacer del "trabajo" una excusa para escribir en pijama desde su casa, juntarse con amigos e ilustradores, tomar vino, hablar boludeces y tocar la guitarra. Está claro que debe tener sus momentos de agobio -en su blog contó la experiencia de haberse infartado-, como nos pasa a todos. Sin embargo, yo le llamo "trabajar" a otra cosa muy distinta.


Puedo entender que hay escritores que son una especie de "puerta de entrada" a la literatura "seria", y que Casciari forma parte de esos escritores "menores" que te pueden llevar de la mano a conocer a otros autores "mayores". No obstante, cada tanto me gusta dejar de lado la "literatura seria" y quedarme leyendo a un tipo que puede ser tu amigo, tu vecino o el gordo que fue con vos a la primaria.

sábado, 25 de junio de 2016

DONDE DAVID FOSTER WALLACE HABLA DE TERMINATOR 2 Y LE DA PARA QUE TENGA, PARA QUE GUARDE Y PARA QUE ARCHIVE

Las ficciones de David Foster Wallace son “tan ambiciosas como desparejas”, al decir de Maximiliano Tomas. En cambio, sus textos de no ficción, sus crónicas periodísticas, sus intervenciones como crítico cultural y literario, nos revelan a uno de los ensayistas más lúcidos que uno pueda leer en la actualidad. El tipo es capaz de volver atractiva cualquier historia y cualquier asunto: un partido de Roger Federer, un “melodrama matemático” o un viaje al Festival Anual de la Langosta en Maine.


Hace unos meses terminé de leer Todas las historias de amor son historias de fantasmas, la biografía de D.T. Max sobre David Foster Wallace; y En cuerpo y en lo otro, una selección de artículos del autor de La broma infinita. En uno de los quince capítulos que componen este último libro,  Wallace realiza una crítica demoledora de Terminator 2: El juicio final. Allí nos habla de un “nuevo género”; el Porno de Efectos Especiales:


“’Porno’ porque, si uno sustituye los efectos especiales por contactos sexuales, los paralelismos entre ambos géneros se vuelven tan evidentes que resultan inquietantes. Igual que las películas baratas de porno duro, filmes como Terminator 2 y Jurassic Park no son realmente ‘películas’ en ningún sentido estándar. Lo que son realmente es media docena aproximada de escenas espectaculares aisladas –escenas que entre todas suman veinte o treinta minutos de gratificación sensual y fascinante- engarzadas por medio de otros sesenta a noventa minutos de narración sosa, muerta y a menudo hilarantemente insípida”.


Con su probado talento para el sarcasmo, David Foster Wallace enuncia la Ley del Coste Inverso a la Calidad:

1) “Cuanto más suntuosos y espectaculares sean los efectos especiales de una película, más mierda va a ser esa película en todos los aspectos que no sean los efectos especiales (…); 2) No hay forma más rápida ni eficaz de matar todo lo que tiene de interesante y original un joven director interesante y original  que darle un presupuesto enorme y unos recursos suntuosos para efectos especiales”. Ejemplos: las diferencias entre Brazil (1985) y Doce monos (1995) de Terry Gilliam; o entre Aliens, el regreso (1986) o The Terminator (1984) y los trabajos posteriores de James Cameron.

"No es que T2 carezca por completo de argumento o dé vergüenza; y es cierto que destaca por encima de casi todos los éxitos de taquilla de Porno de Efectos Especiales que la han seguido. Es más bien que, en tanto que narración dramática, T2 resulta insustancial, está llena de tópicos, es calculadora y en suma constituye una espantosa traición al Terminator de 1984, que fue el primer largometraje de James Cameron y tuvo un presupuesto modesto y fue una de las dos mejores  películas americanas de acción de toda la década de los ochenta, una obra de ludismo metafísico oscura, dinámica hasta quitar el aliento y casi brillante".

Más adelante, Foster Wallace inserta una nota al pie bastante graciosa, donde dice que vio Terminator (1984) con una chica con la que salía en ese momento, con quien fueron a tomar un café a la salida del cine. La mina le dijo que para ella se trataba de un largo alegato a favor del derecho al aborto; "a lo que yo le contesté que no lo veía del todo mal pero que tal vez resultara un poco simplista como para hacerle justicia realmente a la película, lo cual provocó una riña bastante desagradable".

En T1 hay una historia interesante, como bien nota Wallace, donde hacia el final nos enteramos de que Kyle Reese -asumo que el lector vio la película- termina siendo el padre de John Connor, y por tanto, si Skynet no hubiera construido su máquina del tiempo y enviado a Schwarzenegger al presente, Reese no habría embarazado a Sarah Connor. Lo cual implica que, en el año 2027, "John Connor ha tenido que mandar al hombre que él sabe que es su padre a una misión que J. C. sabe que resultará tanto en la muerte de ese hombre como en su propio nacimiento (de J. C.). Se trata de un verdadero embrollo irónico que resulta simultáneamente freudiano y bíblico y es extraordinariamente cool para tratarse de una película de acción de bajo presupuesto".

Otra cuestión que destaca Wallace es la ironía de que Terminator 2: El juicio final sea una película sobre “las consecuencias desastrosas de que los humanos dependan en exceso de la tecnología informática”; y pese a eso muestre una dependencia informática sin precedentes:


“La empresa de George Lucas Industrial Light and Magic, subcontratada por Cameron para hacer los efectos especiales de T2, tuvo que cuadriplicar el tamaño de su departamento de gráficos computarizados para las secuencias con el T-1000, unas secuencias que también requirieron el trabajo de especialistas en imágenes digitales de todo el mundo, además de treinta y seis ordenadores de ultimísima generación de Silicon Graphics y muchos terabytes de programas de software inventados especialmente para obtener un morphing impecable, movimientos realistas, ‘fundas corporales’ digitales, compatibilidad con las tomas de fondo, congruencias de iluminación y textura, etcétera”.


Las producciones de presupuestos multimillonarios se rigen por lo que David Foster Wallace llama Ley del Coste Inverso a la Calidad, que implica que cuanto más grande es el presupuesto de una película, más mierda será la película.  La explicación es bastante sencilla: la única forma en que los inversores aceptarán poner cifras multimillonarias se produce si, como mínimo, tienen la esperanza de recuperar sus millones de dólares invertidos, con lo cual tienen prohibido fracasar. ¿Qué harán entonces? Aplicar fórmulas probadas, como puede ser contratar a una superestrella que “dé dinero”, o sea, cuyo historial de películas recientes muestre una rentabilidad de inversión elevado. Y ahí llegamos a la figura de Arnold Schwarzenegger, quien parece ser que terminó aceptando trabajar en la segunda parte de Terminator si le aseguraban que el guión lo transformaría en un héroe. Esto, según Wallace, es una actitud no sólo vanidosa sino ingrata:


“Puesto que Schwarzenegger –a cuyo lado Chuck Norris es Laurence Olivier- no es ni actor ni siquiera artista del espectáculo. No es más que un cuerpo, una forma: lo más parecido a una máquina que ha habido en la historia del Gremio de Actores Americanos. La presencia en 1991 de Arnold en la élite de actores que dan dinero se debe exclusivamente al hecho de que James Cameron tuvo la genialidad de entender la naturaleza esencialmente biónica de Schwarzenegger e incluirlo en el reparto de T1”.


Está claro que una película de gran presupuesto salida de la industria estadounidense no sólo se dirige a un público estadounidense sino mundial, con lo cual los guionistas suelen ser condicionados a dejarse tentar por la construcción de una historia lo suficientemente “entendible”, incluso al riesgo de terminar por tratar al público poco menos que de infante retardado. La mejor manera de resolver lagunas o inconsistencias en la trama no será mediante explicaciones verosímiles, sino por intermedio de distracciones, efectos especiales, fuegos de artificio.

Hasta la sensiblería de la escena final nos deja con gusto a poco. ¿Recuerdan la reflexión "filosófica" de Sarah Connor?: "Afronto el futuro con esperanza, porque si un Terminator puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos". 

Post Scriptum: incorporo otra reflexión de David Foster Wallace, que complejiza y enriquece mejor el posteo, quizá un tanto "plano":


"Tuve un profesor que me gustaba que solía decir que la tarea de la mejor narrativa era relajar al inquieto e inquietar al relajado. Creo que gran parte del propósito de la ficción seria es la proporcionar al lector, quien como todos nosotros es una especie de náufrago en su propio cráneo, un acceso imaginativo a otros yos. Dado que sufrir forma parte ineludible de tener un yo humano, los humanos se acercan al arte en alguna medida para experimentar el sufrimiento, necesariamente como experiencia vicaria, más bien como una especie de generalización del sufrimiento. ¿Me explico? En el mundo real, todos sufrimos en soledad; la empatía verdadera es imposible. Pero si una obra de ficción nos permite de forma imaginaria indentificarnos con el dolor de los personajes, entonces también podríamos concebir que otros se identificaran con el nuestro. Esto es reconfortante, liberador; hace que nos sintamos menos solos. Podría ser así de simple. Sin embargo observamos que la televisión y el cine popular y la mayoría de los tipos de "baja" cultura -lo cual simplemente quiere decir arte cuyo objetivo fundamental es ganar dinero- son lucrativos precisamente porque asumen que el público prefiere placer al 100 por 100 a una realidad que suele componerse de un 49 por ciento de placer y un 51 por ciento de dolor. En tanto que el arte "serio", que no se dirige principalmente a sacarte el dinero, tiende a hacer que te sientas incómodo, o te empuja a esforzarte para acceder a su disfrute, del mismo modo que en la vida real el placer es consecuencia del esfuerzo y de la incomodidad. Por tanto es difícil que el público, especialmente el joven que ha sido educado para esperar que el arte sea 100 por cien placentero y para recibir ese placer sin esfuerzo, lea y aprecie la narrativa seria. Eso no es bueno. El problema no es que el lector de hoy sea tonto, no lo creo. Simplemente se trata de que la televisión y la cultura comercial le han enseñado a ser una especie de vago e infantil en lo que respecta a sus expectativas. Esto hace que intentar llamar la atención de los lectores de hoy implique una dificultar imaginativa e intelectual sin precedentes".(David Foster Wallace)

"DFW: I had a teacher I liked who used to say good fiction’s job was to comfort the disturbed and disturb the comfortable. I guess a big part of serious fiction’s purpose is to give the reader, who like all of us is sort of marooned in her own skull, to give her imaginative access to other selves. Since an ineluctable part of being a human self is suffering, part of what we humans come to art for is an experience of suffering, necessarily a vicarious experience, more like a sort of “generalization” of suffering. Does this make sense? We all suffer alone in the real world; true empathy’s impossible. But if a piece of fiction can allow us imaginatively to identify with a character’s pain, we might then also more easily conceive of others identifying with our own. This is nourishing, redemptive; we become less alone inside. It might just be that simple. But now realize that TV and popular film and most kinds of “low” art—which just means art whose primary aim is to make money—is lucrative precisely because it recognizes that audiences prefer 100 percent pleasure to the reality that tends to be 49 percent pleasure and 51 percent pain. Whereas “serious” art, which is not primarily about getting money out of you, is more apt to make you uncomfortable, or to force you to work hard to access its pleasures, the same way that in real life true pleasure is usually a by-product of hard work and discomfort. So it’s hard for an art audience, especially a young one that’s been raised to expect art to be 100 percent pleasurable and to make that pleasure effortless, to read and appreciate serious fiction. That’s not good. The problem isn’t that today’s readership is “dumb,” I don’t think. Just that TV and the commercial-art culture’s trained it to be sort of lazy and childish in its expectations. But it makes trying to engage today’s readers both imaginatively and intellectually unprecedentedly hard".

domingo, 19 de junio de 2016

TRADUCCIONES DE NIETZSCHE DEL ALEMÁN AL CASTELLANO

Les paso las traducciones "serias" sobre Nietzsche, del alemán al castellano. Hay otras traducciones mencionables, pero les pinto un panorama básico:

El nacimiento de la tragedia (introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1973.

El Anticristo (introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1974. Hay otra edición de Biblioteca Nueva, traducida por Germán Cano.

Así hablo Zaratustra (introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1972. Hay otra traducción de José Rafael Hernández Arias, editada por Valdemar.

Aurora (traducción de Genoveva Dieterich), Barcelona, Alba Editorial, 1999. Creo que hay otra de Biblioteca Nueva traducida por Germán Cano.

La ciencia jovial [La gaya ciencia] (traducción y notas de Germán Cano), Madrid, Biblioteca Nueva, 2001. También pueden conseguirla en el tomo I de la edición de Gredos de la Biblioteca de Grandes Pensadores.

Consideraciones intempestivas I: David Strauss, el confesor y el escritor (introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1988.

Crepúsculo de los ídolos (introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1973. Hay otra traducción de José Mardomingo editada por Edaf.

De mi vida, escritos autobiográficos de juventud, (1856-1869) (trad. y notas de Luis Fernando Moreno Claros), Madrid, Valdemar, 1997.

Ecce homo (introducción, trad. y notas de Andrés Sánchez pascual), Madrid, Alianza, 1971. Hay otra edición de Losada, aunque no recuerdo el traductor.

La filosofía en la época trágica de los griegos (trad. y notas de Luis Fernando Moreno Claros), Madrid, Valdemar, 1998.

La geneaología de la moral (intr., trad. y notas de Andrés Sáncez Pascual), Madrid, Alianza, 1972.

Humano, demasiado humano I y II, (trad. de Alfredo Brotons Muñoz, introducción de Manuel Barrios Casares), Madrid, Akal, 1996. No compren la editada por Edaf porque es peor que el "Flaco" Schiavi jugando de volante creativo. Parece editada por el "Burrito" Ortega poco después de bajarse una damajuana entera de vino tinto.

Más allá del bien y del mal (intr., trad. y notas de A. Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1983. Hay una edición de Edaf traducida por Carlos Vergara.

Nietzsche contra Wagner -contiene El caso Wagner y Nietzsche contra Wagner- (trad. de José Luis Arántegui, prólogo de Begoña Lolo), Madrid, Ediciones Siruela, 2002.

Schopenhauer como educador (trad. y notas de Luis Ferando Moreno Claros), Madrid, Valdemar, 1999.

Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida [II intempestiva], (trad. y notas de Germán Cano), Madrid, Biblioteca Nueva, 1999.

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (trad. de Joan Llinares Chover), en Nietzsche. Antología (trad. de Joan Llinares Chover y Germán Meléndez Acuña), Ediciones Península, 2003.


Sobre el porvenir de nuestras escuelas (trad. de Caros Manzano), Barcelona, Tusquets, 2000.

El culto griego a los dioses (estudio preliminar, traducción y notas de Diego Sánchez Meca), Madrid, Aldebarán, 1999.


La Correspondencia está editada por Trotta en seis tomos. Si se los quieren comprar van a tener que entregarle la virtud al librero amigo, porque está en euros. 


Los Fragmentos póstumos están editados en cuatro tomos, por la editorial Tecnos. Hay toda una cuestión con la traducción, que parece una guerra de vedettes. Acá tienen  un link con la disputa entre Sánchez Pascual y Guervós.


La Poesía completa (1869-1888) también está editada por Trotta... ¡¡Me quieren dejaron sin un mango, hijos de p...! Trotta también publicó unos escritos sobre Retórica.

La editorial Tecnos sacó tres tomos de los cuatro que tiene previstos de las Obras completas. Les dejo los links:




Volumen IV: Obras de madurez II (todavía no salió publicado, pero está previsto que salga dentro de poco). Tienen previsto traducir: Así habló Zaratustra; Más allá del bien y del mal; Crepúsculo de los ídolos; La genealogía de la moral; El caso Wagner; Nietzsche contra Wagner; El Anticristo; Ecce Homo. 

Los traductores son casi todos, o todos, españoles: Jaime Aspiunza, Manuel Barrios, Juan Luis Vermal, Diego Sánchez Meca,  Joan B. Llinares, Luis E. de Santiago, etc.

La editorial Gredos también editó parte de sus obras en buenas traducciones, en dos tomos. Volumen I y Volumen II.


Les dejo el link al Grupo de Estudio Sobre Nietzsche que armé en Facebook. Nos vamos a juntar el próximo sábado 16 de julio de 2016 a las 17 hs en el bar "La Poesía" que está en Chile 502. La consigna es traer leído "Ecce Homo". La elección de "Ecce Homo" radica en que en ese texto, Nietzsche repasa toda su obra publicada anteriormente.

¡Sean felices!

Rodrigo