miércoles, 31 de julio de 2019

EL NEOLIBERALISMO EXPLICADO DE MANERA SENCILLA

No es inusual escuchar que, luego de una separación amorosa, alguien se queje amargamente diciendo: “pensar que había invertido un montón en esa relación”. La pregunta que a uno le surge es, ¿y por qué deberíamos naturalizar el hecho de que la vida sea una suerte de incesante inversión en uno mismo? Las frases de este estilo, cuyo tenor podríamos multiplicar ad infinitum, son parte de cierto “sentido común neoliberal”.  Ahora bien, ¿qué es el neoliberalismo?

Es cierto que el término “neoliberal/neoliberalismo” se suele usar más como un adjetivo (des)calificativo o un insulto aplicado a cualquier cosa que como un concepto que tiene un origen histórico determinado y un sentido preciso. Ese uso vago y difuso ha obrado como una suerte de excusa de la derecha para decir que el neoliberalismo es una invención de la izquierda. Ahora bien, que la palabra “fascista” o “facho” se use como un insulto indiferenciado, ¿implica que el fascismo no haya tenido existencia histórica real o sea imposible de definir? Pues bien, lo mismo ocurre a mi juicio con el concepto de “neoliberalismo”.

Los neoliberales, a diferencia de los liberales clásicos del siglo pasado, dan prioridad a las libertades económicas sobre las libertades políticas. La cuestión es que cuando la sociedad le da prioridad a las libertades políticas: el derecho a la libre expresión, el derecho al voto universal, el derecho a la educación, etc., tarde o temprano termina exigiendo la conformación de un estado social, de un estado de bienestar, de instituciones que garanticen el ejercicio efectivo de estos derechos: la conformación de una ciudadanía autónoma, informada, libre, que pueda expresarse y votar de modo responsable, cosa que evidentemente debe hacerse con el estómago lleno y los nutrientes necesarios en el organismo. Por eso los neoliberales invierten la importancia de los derechos sociales y subordinan todo a una idea determinada de “libertad económica”.

Más adelante, en una nueva entrada, voy a hacer un recorrido histórico del concepto. Por el momento me basta recordar que el neoliberalismo no es exclusivamente una política económica que propugna el retraimiento de la esfera pública y su subordinación a la esfera privada, sino que también es una antropología, una concepción de la naturaleza humana, del Estado, del derecho, de la educación… El neoliberalismo es una forma de vida que nos impulsa a ser empresarios de nosotros mismos, vivir la vida como una competencia incesante con los demás: esa lógica hace que los seres humanos nunca nos sintamos “pobres” sino “perdedores”. Los ricos no son "enriquecidos" sino "exitosos". 

Como diría el economista Joseph Stiglitz, la característica principal del modelo neoliberal ha sido convencerse y convencernos de que “no existe alternativa”; el "there is no alternative" de Margaret Tatcher. El discurso neoliberal ha tejido una red tan tupida que nos impide ver la luz.

En lo personal comparto la visión de economistas como Joseph Stiglitz en cuanto a la necesidad de reconocer y entender que el mercado no va a resolver por sí mismo ni la creciente desigualdad, ni la inestabilidad financiera o la degradación ambiental; por tanto, los gobiernos y la sociedad civil tienen la obligación de esforzarse por idear políticas que puedan limitar a los mercados a través de regulaciones ambientales, de salud, de seguridad ocupacional, entre otras.

El “mercado capitalista” no puede mistificarse como si fuera una creación divina, sino que debe estar subordinado a los controles democráticos.

Pongamos el ejemplo de un economista “neoliberal” como Miguel Boggiano, justificando el advenimiento del desastre de 2001: el tipo pone en palabras descarnadas lo que piensan, con matices, algunos miembros del macrismo. Lo que postulan personas como Boggiano es que el Estado se tiene que retirar para generar una especie de darwinismo social que haga que prevalezcan “los fuertes” y se jodan “los débiles”, los que no son “competitivos”. Desde mi perspectiva, el Estado debe intervenir porque si uno deja todo en manos del mercado capitalista, se genera concentración y exclusión. Si el Estado no interviene asistiendo a las Pymes, atendiendo a los jubilados, implementando mecanismos de redistribución de la riqueza, se genera violencia y caos social.

La crisis de 2001, que Boggiano justifica, generó más de 30 muertos por represión policial, pobreza, personas que recorrían las calles revolviendo la basura, desocupados. No es que Boggiano sea un canalla, sino que realmente cree en algo que varios neoliberales denominan “destrucción creativa”: se piensa que para que exista competitividad e innovación, hay personas que literalmente tienen que morir, desaparecer, o en todo caso “reconvertirse”. Al decir de Esteban Bullrich: "hay que crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla".

Yo creo en la existencia virtuosa de premios y castigos, en el esfuerzo, en cultivarse a uno mismo, en mejorar, en enriquecerse intelectualmente. Tampoco considero que uno deba ser un asceta o un monje: soy bastante hedonista, prefiero un buen vino a un vino malo, una comida bien hecha a conformarse con las sobras. Ahora bien, si te habla de “emprendedurismo” o “meritocracia” un grupo de funcionarios que heredaron su fortuna –Macri, Rodríguez Larreta, los Bullrich, los Peña Brown- es entre cínico y ridículo. NADIE PUEDE REALIZARSE PERSONALMENTE EN UNA COMUNIDAD QUE NO SE REALIZA.

domingo, 14 de julio de 2019

PREMIO NOBEL DE LECTURA

El Premio Nobel de lectura me lo tendrían que dar a mí,que soy el lector ideal y leo todo lo que encuentro: leo los nombres de las calles, los subtítulos de las películas, las pantallas luminosas y las inscripciones de los baños. Leo el rostro triste o alegre de las personas que quiero. Y sobre todo leo, y disfruto mucho haciéndolo,  a Don Nicanor Parra, quien fue un poeta chileno.

AUTORRETRATO


“Tengo la costumbre, por comodidades del lenguaje, de llamar ‘amigos’ a quienes no lo son, no encuentro otra palabra para describir aquellas personas que conozco, que me caen bien, pero con las que no he estrechado ningún vínculo en particular”. Ocurre que los sentimientos humanos son más variados que nuestro modo de nombrarlos, más allá de que el acto de nombrar tenga un efecto de realidad en lo que hacemos y sentimos.

Tengo una enorme necesidad de que me quieran, no sólo con actos sino también con palabras. Tal vez por eso siento que soy más “zalamero” de lo que debería, aunque a esta altura de mi vida no tengo ganas de cambiar al respecto. Prefiero decir “te quiero” de más que de menos, aunque entiendo que “las personas amables lo son con todo el mundo, les gusta todo, lo que disminuye el valor de sus opiniones” ante la mirada externa. No carezco de personalidad, y puedo ser sincero hasta la crueldad de ser necesario.

Estimo que los años me han dado la capacidad de aprender a “no ser querido”. Sé que uno no le puede caer bien a todo el mundo.

No hablo casi nada de las mujeres con las que estoy, pero me gusta mucho que los demás me cuenten sus relaciones amorosas y sus experiencias de vida.

Considero que los amigos no son sólo ni principalmente los que te ayudan “en las malas”, sino también los que se alegran cuando  estás contento o cuando conseguiste algún logro. Un  amigo que no te envidia tiene las condiciones para ser un gran amigo.

A casi todas las mujeres les encuentro algo bello. Me gusta estar rodeado de mujeres, porque casi nunca me aburro conversando con ellas, incluso si la conversación es trivial. Mis amigas me parecen hermosas, y no me interesa racionalizar en qué medida las veo hermosas porque las quiero, o las quiero porque las veo hermosas.

“No sé cómo interrumpir a un interlocutor que me aburre”.

“A veces termino haciendo que los interlocutores se me pongan en contra por un exceso de argumentación”.

Cuando viajo, aunque disfruto mucho el paisaje, me gusta más relacionarme con personas que con la naturaleza. Me encanta ir a bares y conversar con gente en diversos idiomas.

“Siento menos ganas de cambiar las cosas que de cambiar cómo las percibo”, pero me parece que ambas cosas están relacionadas. Quiero cambiar las cosas que me parecen injustas. Si los seres humanos definen las situaciones como reales, sus consecuencias son reales. Además, nunca está de más recordar que  VEMOS interpretaciones todo el tiempo.

“Me encantan las relaciones de paso en los viajes: breves y sin consecuencias, tienen el entusiasmo de los comienzos y la tristeza de las separaciones”.

“No puedo integrarme a un grupo de amigos que ya se conocen, yo siempre sería el que vino después, me gustan los grupos de amigos formados juntos al mismo tiempo”. No coincido totalmente con esa frase, pero en buena medida sí. 

“Creo que los ricos son peor gente que los pobres. ‘Te amo’ puede ser una forma de chantaje”.

De no ser por el apetito sexual, podría pasarme un mes entero leyendo, viviendo casi como un monje.

Nunca estuve ni estaría con la mujer de un amigo, aunque crea racionalmente que los seres humanos no son JAMÁS nuestra posesión.

Mi exceso de autoconsciencia hace que rápidamente capte que mi interlocutor se está aburriendo: en ese momento me dan ganas de callar de repente, pero sigo hablando un rato más.

“Ciertas personas me cansan en pocos segundos porque sé que me van a aburrir”. Por otra parte, considero que el miedo excesivo a aburrirnos puede ser una forma grave de estupidez, hija de la cultura del entretenimiento de masas.

“Todo me interesa a priori, pero no a posteriori”.

No fumo, y puedo prescindir fácilmente del alcohol, aunque me gusta mucho tomar cerveza con personas que quiero.

Soy más cariñoso con mis amigos y amigas que con mi familia.

No puedo prescindir de la música, del cine y de la lectura.

“Escuchar música alegre es como pasar el rato con personas que no se me parecen”, decía Levé. Me identifico parcialmente, y me recuerda el “Burn down the disco/ Hang the blessed DJ/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life” que cantaba Morrisey. Sin embargo, me gusta bailar cumbia y ritmos latinos, aunque me gustaría ser mejor bailarín de lo que soy.

“He dejado a una mujer porque ya no la quería y porque yo no me quería cuando estaba con ella”.

“Cuando hay más de seis personas en una mesa, me pierdo en la multiplicidad de conversaciones. Tengo cierta preferencia por las conversaciones de a dos. Prefiero cenar con una persona que con varias”.

“No siempre me parecen excitantes las mujeres hermosas, ni hermosas aquellas que me excitan”.

“Me atraen las mujeres generosas con su tiempo, sus sonrisas, sus conversaciones, su afecto y su deseo físico”.

A veces me agrada más leer, no tanto autores que escriben cosas banales con palabras extraordinarias, sino a aquellos que escriben cosas inverosímiles con palabras comunes.

“Razonar no me convence, pero me tranquiliza”. Los seres humanos solemos preferir una mala explicación antes que ninguna explicación.
Escucho muchos fragmentos de canciones que me gustan, sin escuchar la canción entera.

A veces “me gustaría comunicarme sin usar palabras ni gestos, y percibir en un instante el contenido del cerebro de mis interlocutores, como una fotografía”.

“El principio de placer guía más mi vida que el principio de realidad, aunque me enfrente más a menudo con la realidad que con el placer”.

“Me preocupan las cuestiones morales. No entiendo que se dejen de lado las cuestiones morales por dandismo o por una supuesta amplitud de miras, sin embargo, los moralistas me parecen tristes o reaccionarios”.

“No disfruto demasiado del éxito, el fracaso me es indiferente, pero me pone furioso, llegado el caso, no haber intentado algo”.

Me gusta mucho leer a Nietzsche. Tengo las obras completas de Nietzsche, Schopenhauer, Borges, Foucault, David Foster Wallace, Karl Marx, Leon Tólstoi, William Shakespeare, Ricardo Piglia, Eric Hobsbawm y Max Weber. No leí ni la mitad de esas obras, pero me complace la posibilidad de saber que en cuanto tenga mucho tiempo lo voy a hacer.

Las discotecas me parecen  lugares de espectáculo. Cuando estoy ahí soy más de  observar que de mostrarme, y cuando me muestro no puedo evitar sentirme un poco ridículo. Sin embargo, me gusta bailar.

Post scriptum: las frases entrecomilladas le pertenecen a Édouard Levé, pero me identifican a mí también.

lunes, 29 de octubre de 2018

LA SENSIBILIDAD Y LA SENSIBLERÍA

Conviene distinguir “lo sentimental” de “lo sensible”. Una persona sentimental puede comportarse como una bestia estúpida la mayor parte del tiempo. Una persona sensible, en cambio, casi nunca será cruel. Hay tías sentimentales que acarician tiernamente a su perro, pero no dudan en envenenar a una sobrina. Hay sentimentales que no pueden contener las lágrimas al escuchar una dulce melodía, y sin embargo apenas se inmutan ante el hambre o la miseria de todo un pueblo. Dicen que a Stalin le encantaban los niños. ¿Por qué amo tanto la obra de Tolstói? No sólo porque era un escritor genial, sino también porque se nota que además era un ser SENSIBLE. Los grandes artistas son sensibles, aunque en sus peores momentos puedan caer en “lo sentimental”. Para bien y para mal, nada de lo humano nos es ajeno.

Esto me lo enseñó no solamente Tolstói, sino también Vladimir Nabokov.

jueves, 13 de abril de 2017

UNA ANÉCDOTA DE KAFKA

Dora Diamant, la compañera de los últimos años de vida de Franz Kafka, contó que una vez, mientras paseaban juntos por un parque municipal de las afueras de Berlín, encontraron una nenita llorando. Lloraba porque se le había perdido la muñeca. Kafka trató de consolarla, pero no había forma. “Pero si tu muñeca no se perdió”, dijo él de repente. “Tan sólo se fue de viaje. Acabo de verla hace un rato y he hablado con ella. Me prometió que te iba a escribir. Mañana a esta misma hora vení, yo te voy a traer la carta”. En aquel momento, la niñita dejó de llorar. Al día siguiente, Kafka llevó realmente la carta, que describía las aventuras de la muñeca durante el viaje. De ahí surgió una correspondencia entre la muñeca y la nena que se prolongó durante varias semanas y que finalizó cuando Kafka, quien estaba enfermo de tuberculosis, tuvo que cambiar de residencia y emprender su último viaje. Al final no olvidó, en medio de todo el barullo de un traslado tan triste, dejarle a la niña una muñeca, asegurando que era la antigua, la que había perdido, que sólo a causa de todo lo vivido en aquellos lejanos países había sufrido ciertos cambios. 


jueves, 26 de enero de 2017

CUANDO A BORGES LE DOLÍA MARÍA ESTHER VÁZQUEZ EN TODO EL CUERPO (Primera Parte)

María Esther Vázquez fue una de las tantas mujeres de las que Borges se enamoró perdidamente. La primera vez que ella lo vio tenía 17 años, estaba acompañada de otras estudiantes y cursaba el primer año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Desde 1959 se trataron con cierta frecuencia, y en 1965 publicaron dos textos en colaboración: Literaturas germánicas medievales e Introducción a la literatura inglesa.

Cada tanto suelo ir a la librería Galerna, más precisamente a la sucursal que está en San Telmo: hace poco fui ahí y me compré Borges. Sus días y su tiempo, a un muy buen precio. Se trata de una serie de charlas que Vázquez mantuvo con Borges a lo largo de varios años. 

En una suerte de introducción a las conversaciones, que lleva por título "Borges por dentro", la autora de La memoria de los días nos cuenta que, "si bien es sabido que Borges vivió en función de la literatura, la amistad y el amor tuvieron para él capital importancia. Variadas y tenues presencias femeninas acompañaron sus pensamientos, como una especie de telón de fondo, durante muchos días y muchas noches insomnes a lo largo de su vida".

Si leen el extraordinario diario que Bioy Casares escribió sobre Borges, entre comentarios indiscretos y maliciosos, podrán notar lo mucho que el autor de El Aleph sufrió por amor. Una de esas "tenues presencias femeninas" fue la misma María Esther Váquez, hacia quien Borges estuvo muy enganchado. 

Les recomiendo que presten atención a los consejos amorosos que Bioy Casares, mucho más experimentado en asuntos de mujeres, le daba a su tímido amigo. Les copio varias partes, ojalá disfruten su lectura tanto como yo:


Sábado 12 de octubre de 1963: BORGES: ‘Me va bastante mal. Hay una chica, de la que estaba muy seguro. Cuando me fui a Texas, cuando me fui a Inglaterra, nos escribíamos. Apuré la vuelta en un día, para verla un día antes. Como tengo bastante plata en el Banco y pienso que puedo casarme, se lo dije. Me contestó que las cosas han cambiado, que hay otro. Fue algo tan inesperado… Me explicó que ella era muy tímida, que por eso no me lo había dicho. Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado. Estoy triste con todo el cuerpo. Lo siento en las rodillas, en la espalda’. Silvina me había dicho: ‘Borges está de nuevo mal. Está pálido’.

BORGES: ‘Parece un destino circular al que estoy condenado. Esta situación se repite, cada tantos años. Para consolarme me digo que las otras mujeres, que olvidé, fueron tan importantes como ésta… No es un consuelo pensar que le queda a uno la amistad: me queda la amistad de Cecilia (Ingenieros), y no me importa nada. Me paso el día imaginando conversaciones con esta chica, lo que me dirá. Eso no está bien’. BIOY: ‘No te propongas no verla nunca; proponete pasar unos días sin verla; cuando no puedas más, la ves; después tratá de pasar una cantidad de días mayor que la anterior, sin verla; así, por un sistema mecánico, te alejarás de ella. El tiempo existe. Uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar’. BORGES: ‘Como decía Reyes, el tiempo anda sin nuestra colaboración’.

Jueves, 17 de octubre de 1963: BORGES: ‘Hoy conocí al novio. Ella me dio un beso cuando le dijeron que venían a buscarla. Esperé unos minutos, para darles tiempo a que se fueran, y cuando salí los encontré. Al encontrarme con una persona real, una persona como cualquiera, sentí alivio. Ya (me pareció) no cavilaría. Estaba ante la verdad, que era menos terrible que las cambiantes hipótesis de la imaginación. El hombre era un señor un poco borroso, muy cortés, que se esforzaba por ser cordial, respetuoso, amistoso’.

Sábado, 19 de octubre de 1963: Borges me habla de la mujer que lo hace sufrir. ‘La vi. Es un error. Mientras la veo es como siempre, me olvido de mi obsesión. Eso dura un rato. Después estoy igual que antes. A la mitad de la noche despierto, ensayo diálogos imaginarios, lo que le digo, lo que me contesta: como no le digo nada ni me contesta nada, eso es la locura’. Después: ‘Mientras estoy con ella es igual a siempre. Es claro que yo sé que no puedo cometer una imprudencia sin que se endurezca y se retraiga’. Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres… Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse).   

Miércoles, 27 de noviembre: Está con aire de cansancio. ‘¿Cómo te va?’, le pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con ‘esta chica’, anteanoche y anoche, y que anteanoche él confundió amistad con amor, y que anoche fue espantoso, porque se llevó unadesilusión. ¡Qué raro –comenta-: uno vive para el futuro. Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: ‘¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?’. BIOY: ‘En esas situaciones, yo me preocupo por la noche, me pregunto cómo haré para dormir a la noche’. 

Miércoles, 4 de diciembre: Hoy me confió que su desdicha se ahondó, porque su rival resultó ser  un psicópata: ‘Esta chica me dijo que no tengo demasiadas esperanzas, pero que es claro, si el muchacho este no se cura, y quién sabe si se cura, a lo mejor se casa conmigo… Vale decir que soy un pis aller…’. Le contesto (cuando me deja hablar) que se deje de pavadas. Que no ponga amor propio. Que no sea tan considerado ni tan abnegado. Que lo importante es él y que en amor el demasiado bueno tiene mala suerte… tal vez aburra un poco y parezca pedante. Que no se apiade por ese muchacho: el azar lo puso en frente y lo natural, lo saludable, es aceptar el antagonismo. Que trata de no saber mucho de él, de no imaginarlo, y de sacarle la mujer. Que su situación ahora me parece mejor; pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza.

Jueves, 5 de diciembre: (…) BORGES: “‘Yo creía que lo que más me interesaba en la vida era el germanismo; veía a esta chica como un entretenimiento entre etimología y etimología… La primera vez que me dio una excusa para no verme –me dijo que tenía dolor de cabeza y entendí en seguida que era una excusa- me alegré. Mirá, pensé: ‘Qué raro es esto, qué habrá detrás’, pero en seguida me alegré, porque podríamos seguir estudiando, y me puse a  explicar a las chicas el origen de las palabras. He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro, para comprender que ella es lo  único que me importa en la vida’.

Toma tranquilizantes; a la noche se duerme mientras escribimos (…).

Lunes, 9 de diciembre: Como, en casa con Silvina y Marta. A las dos las llama Borges: ‘Perdona que llame a estas horas… Sólo con vos puedo desahogarme. Esta chica quiso hablar de nuevo sobre nuestro posible casamiento… Yo le dije que no habláramos nada antes de mi partida. ¿Te parece bien?’. Etcétera. Así me enteré de quién era esta chica. Silvina ya había sospechado”.

Martes, 10 de diciembre: “Llama Borges muy temprano, para confirmar mi visita de las tres y media; para comentar sus conversaciones de anoche con esta chica. Después del almuerzo llama su madre; pregunta si puedo llevarlo a la Facultad. Sí; allá voy. Hay que ver cómo llueve. Borges –le fiancé- llega con el borde de cuero -blanquecino- de la boina, dado vuelta y visible; el pantalón sumamente caído (en fuelle sobre los zapatos). Por debajo de la boina aparecen desordenadas mechas de pelo gris. Lo dejo. Después, voy a buscarlo. Habla del examen de las chicas: ‘Las salvó el aguacero. Sabían muy poco’. Antes de llegar a su casa detengo el coche por Paraguay y conversamos. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no  se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo. Dejamos el coche ahí y, bajo la lluvia (pero bajo mi paraguas), vamos caminando hasta su casa. Allí beso a la madre y a Silvina; saludo a Norah y a la Quica. Borges baja conmigo, me acompaña hasta la puerta: ‘Vos sabés cómo me exalto. Así es toda mi vida. Como vos decís, una cadena de mujeres’. Le aconsejo, no recuerdo por  qué, que no piense mal de esta chica si ella vacila, si al hallar loco al otro se vuelca más en él (en Borges). ‘No –responde-: si uno no es un infame, corona de todas las virtudes  y todos los méritos a la persona querida’.

BORGES: ‘Cuando perdí las esperanzas, desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto. Quizá esto siempre pase… Podríamos casarnos en febrero… En verdad, nosotros no tenemos nada en común. Siempre es cariñosa, pero piensa en voz alta, lo que es desesperante. Puede decir cosas muy incómodas con la mayor naturalidad. Después dice algo contradictorio o te besa; no creo que lo haga por lástima, o para corregir la mala impresión; meramente sigue el vaivén de sus incertidumbres. Es muy cariñosa, pero no puede uno cifrar nada en eso, porque lo es con todo el mundo. Me toma la mano, pero también a otros se la toma. Es increíblemente coqueta: en eso me recuerda un poco a Emita. Sus actos no armonizan con sus palabras. Los otros días salió conmigo: te aseguro que se portó como si fuéramos novios’. BIOY: ‘Si hay contradicción entre los actos y las palabras de una mujer, confía en los actos. No cometas el error propio de escritores de querer que te aclaren con palabras esa contradicción ni que te den una satisfactoria declaración de amor. Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería. (…)

Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice: ‘Querido’ (¿por primera vez en la vida?). Está muy emocionado. Me pide que trate de no ver a esta chica y que, si la veo, trate de no darme por enterado. BIOY: ‘Desde luego; vos sabés cómo es de rutinaria mi vida. Sería muy raro que la viera’. BORGES: ‘Decile a Silvina. A lo mejor se le ocurre invitarla. Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar’. BIOY: ‘Es claro… Además, si estamos unos minutos, como ayer, entre gente, puedo no dar indicios de nada: ni de estar, ni de no estar, enterado. (…) Yo creo, pero no lo aseguro, que en su locura el pobre Borges está tan aterrado que hasta teme que pueda pasar algo atroz, como por ejemplo que su mejor amigo resulte un nuevo rival”.

Miércoles, 25 de diciembre: Me refiere su situación. No me parece que le vaya mal. BIOY: ‘Tenés que preocuparte más que de la situación con esta chica, de la situación tuya. No tenés que convertirte en un monomaníaco. La situación con esta chica se arreglará sola… si no la estropeás. Para eso tenés que estar tranquilo y esperar. Tampoco ser un modelo de abnegación, paciencia y delicadeza: ella descubrirá la impostura, al loco contenido’. Le digo que ahora él es el ladrón que entra por la ventana. Me asegura que está libre de todas las inhibiciones que lo mortificaron a lo largo de la vida. Cuando piensa que lo llevo a su casa, pide: ‘Una vuelta más’. Yo estoy lánguido; la vista se me nubla; necesito volver a casa y comer. A la una y media lo dejo.

Martes, 31 de diciembre: BORGES: ‘Si el amor no sirve para la felicidad; nunca debe ser fuente de desdicha’.


1964:

Martes, 18 de febrero: En Mar del Plata. A las seis y media de la mañana, llegan Borges y María Esther Vázquez. Con Borges caminamos un poco por el barrio. Me dice: ‘Me parece que las cosas van muy bien. Si todo sigue así, nos casamos este año. Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. Todo eso desapareció. Podría vivir normalmente. Nos mudaremos a la Biblioteca. Es claro que aquí estamos como amigos. Norah ofreció una novena, para que nos casemos… Madre es muy dominante… está segura de que voy a casarme con María Esther. Bueno, a Madre sólo le gustan las mujeres que sabe que a mí no me gustan. Ahora le gusta Alicia Jurado pero, cuando había algo parecido a un flirt entre Alicia y yo, me hablaba mal de ella’. Borges y María Esther viajaron toda la noche sentados, en un tren de clase única. BORGES: ‘Hablábamos y por momentos nos dormíamos, soñábamos. Nos decíamos cosas muy significativas entre un sueño y otro. Esta chica comentó: ‘Qué cosas nos dijimos anoche’. Cuando el guarda anunció Mar del Plata, yo no podría creerlo’. Me dice: ‘Si querés, esta noche, después de comer, podemos escribir’. Dice también que lo queda vigor al estilo en inglés es el verbo, que es sajón; en francés, el adjetivo”.

Eso es todo por hoy. Otro día les copio la segunda parte.

¡Sean felices!

Rodrigo

viernes, 20 de enero de 2017

REFLEXIONES MORALES DE PRINCIPIOS DE AÑO

El ser humano tiene una necesidad vital de reconocimiento. Si a un bebé lo dejamos llorar, y nos limitamos sólo a alimentarlo por mecanismos tecnológicos, al cabo de poco tiempo se muere. Si nadie lo mira, le habla, le pregunta qué necesita o lo consuela, no tiene chances de  sobrevivir. 

Hace pocos días, a la entrada de la Estación Carlos Pellegrini de la línea B, una señora mayor,  rodeada de bolsas de basura que debe haber sacado del Mac Donald que está ahí cerca, se puso a revisar el contenido para encontrar algo de comer. Yo apenas la miré. Imagino que debe recibir cientos de miradas de indiferencia como la mía, o de desprecio o incluso de odio por estar ensuciando la vía pública (hay personas así de canallas, y algunas incluso tal vez son amigas nuestras). El grado de egoísmo e indiferencia al semejante que uno es capaz de desarrollar en nuestra sociedad de consumo parece no tener límites. 

Al mismo tiempo, a veces somos más proclives a ayudar al herido que a compartir el éxito personal de un amigo. Pregúntenle a un escritor cuyo amigo ha recibido un premio, o miren la mueca espontánea en el rostro de un músico que acaba de enterarse que un amigo suyo que toca en otra banda vendió muchas más entradas que él, y seguramente entenderán. 

Según Hanna Arendt: 

“Parece evidente que compartir la alegría es absolutamente superior desde este punto de vista  a compartir el sufrimiento. Pues es la alegría la que es locuaz, no el sufrimiento, y el verdadero diálogo humano difiere de la simple discusión en que está enteramente penetrado del placer que procuran el otro y lo que dice; la alegría, por decirlo así, marca el tono. Lo que hace esta alegría imposible es la envidia, que en el mundo del sentimiento de humanidad es el peor de los vicios”. 

La envidia es la que ayuda a que nos parezca moralmente más soportable la proximidad de los humillados y ofendidos que la de los alegres y autosuficientes. Está bien lo que dice Arendt, pero al mismo tiempo esa señora necesita URGENTE de nuestra ayuda. Estamos construyendo una sociedad de mierda. Más allá de que mis discrepancias con el actual gobierno son muy grandes, ¿qué hago yo para cambiar algo? NADA o casi nada. Siento que persigo siempre el deseo de crecer intelectualmente, pero al mismo tiempo me planteo que no hago nada a nivel político. En Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia le hace decir a su alter ego algo que me parece muy interesante:

“La idea sartreana de que cada obra individual debe responder sobre la responsabilidad del arte es ridícula y paraliza cualquier acción. La pregunta de Sartre, ¿qué puede La náusea ante un chico que se muere de hambre?, es moralizante y es un sofisma. Nada que un individuo aislado haga por sí mismo, en soledad, puede hacer nada por un chico que se muere de hambre. Es la misma lógica que usa la derecha cuando exige más represión y la justifica con la pregunta: ¿qué haría usted ante un delincuente que quiere matar a su hijo? Si la respuesta fuera individual, no habría otra cosa que estupefacción y actitudes "personales" (que no hacen otra cosa que cambiar de tema). ¿Qué puede hacer un hombre ante la injusticia del mundo? Juntarse con otros que buscan modos de actuar no-individuales. Salir del yo y de la conciencia subjetiva, ése es el camino de Marx y Wittgenstein. En un caso es la clase y en el otro son los juegos del lenguaje los que condicionan la acción política. La eficacia -la respuesta- no puede ser individual”.

Me parece que es cierto lo que dice Renzi, pero con reservas: creo que se pueden hacer cosas a nivel individual, aunque está claro que no es suficiente ni mucho menos.

Este año me gustaría mejorar en varios aspectos: parafraseando la “plegaria de la serenidad”, y teniendo en cuenta que soy ateo, espero poder obtener serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que está a mi alcance, y sabiduría para entender, en cada situación particular, la diferencia.

miércoles, 18 de enero de 2017

LA HERIDA DE DAVID FOSTER WALLACE

Libertad, la amiga de Mafalda, quería conocer gente simple. Es comprensible: las personas muy autoconscientes intentan no “pensar demasiado”, y persiguen desesperadamente la simpleza, la espontaneidad, la alegría. David Foster Wallace se miraba al espejo y se veía una herida en la cara. Su familia y sus amigos creían que estaba medio loco, y le decían que no, que no tenía nada. “¿Tendrás algún problema en los ojos?”. Sin embargo, cada vez que se miraba al espejo no sólo veía la herida sino que al palparse el rostro notaba la sangre en la mejilla, “los dedos se me hundían muy adentro de lo que a mí me parecía gelatina caliente con huesos y tendones y cosas dentro”. Y además le daba la sensación de que todo el mundo le miraba la herida. Él pensaba que su herida lo volvía medio raro, y sentía la necesidad de esconderse. Pero luego se daba cuenta de que sólo lo miraban porque lo veían muy asustado, ensimismado, sufriendo y siempre con la mano pegada en la frente y haciendo gestos de preocupación. Una vez se tocó el rostro y vio sangre en los dedos, y trozos de tejido y materia viscosa. Hasta podía oler la sangre, el aroma a metal oxidado y a cobre. Una noche, mientras sus padres no estaban, se le ocurrió agarrar hilo y aguja y cocerse la herida, sin anestesia. Le dolió mucho, naturalmente. Cuando sus padres volvieron, no les gustó para nada encontrar a su hijo con la cara ensangrentada de verdad, y con un montón de puntos en zigzag, poco profesionales y hechos con hilo grueso. Parece que al cocerse hundió la aguja demasiado hondo y la herida se le infectó. Los médicos al curarlo tuvieron que hacerle una herida de verdad, limpiarlo y desinfectarlo. Ahora tiene una horrible cicatriz en el rostro, y el resto de la gente también la puede ver, pero hace de cuenta que no ve nada, o si le dicen lo que ven, lo hacen con mucho tacto.