domingo, 15 de mayo de 2016

ALGUNAS CUESTIONES SOBRE EL GUSTO, LA UTILIDAD DEL ARTE Y LA FILOSOFÍA QUE A UN CENICERO NO SE LE PLANTEAN JAMÁS

El gusto -musical, literario, artístico- como criterio de organización del mundo no sólo alude a la realidad, sino que nos habla acerca de quiénes están en condiciones de entenderse entre sí. Nos reconocemos unos a otros por lo que nos agrada y desagrada. A mí si alguien me dice que le gusta Spinetta y el fútbol, ya sé que probablemente con esa persona me voy a llevar más o menos bien, y probablemente muy bien.


En términos generales, me parece que los gustos están primero, y la justificación racional después. No es que nos gusta Floyd porque son buenos, sino que nos parecen buenos porque nos gustan. Es obvio que también existe la influencia de la opinión pública -ya sea para rechazarla o para seguirla-; la justificación racional de aquel crítico o artista que admiramos o el influjo tentador de la mina que nos gusta…


Tiene razón Sartre cuando sugiere que la literatura es ínfima frente al hambre de un solo niño. Tenía buenas razones Wittgenstein cuando, aborreciendo la inutilidad de la filosofía, encaró laburos más prácticos y sin duda más útiles como maestro escolar o enfermero de hospital. No podemos vivir sin pan, sin frutas, sin verduras. Podemos vivir sin libros. Sin embargo, una vez asegurado cierto bienestar material mínimo, para mí vivir sin poesía, sin música  y sin filosofía sería una verdadera garcha.


Luego está la cuestión respecto de que el contacto con el gran arte, pese a que complejiza y mejora tu sensibilidad, no necesariamente te hace mejor persona. Mi “hermano mayor”, Fabián Casas, escribió sobre su amigo Juan Desiderio:


“Siempre me llamó la atención Desiderio no sólo por su fantasía desbocada –sistemáticamente desbocada- sino por su gran corazón. Considero a la bondad como un don superior que sólo muy pocos pueden esgrimir. Entiendo por bondad como una natural disposición a perderse en el otro, a ayudar a los demás por encima de nuestra importancia personal. Existe la vocación de poder y la vocación de servicio”.


Es una reflexión muy linda, con la que no estoy totalmente de acuerdo pero sí en lo esencial.



El crítico literario George Steiner ha demostrado muy bien que las humanidades no siempre humanizan: el contacto con el arte con mayúsculas no necesariamente te hace más generoso, más solidario ni más democrático, e incluso hay varios casos donde se ha dado el proceso inverso. Muchos jerarcas nazis, luego de torturar a los prisioneros de los campos de concentración, volvían a sus casas, besaban a su esposa y a sus hijos y ponían música clásica. El campo de concentración de Buchenwald ("bosque de hayas") debe su nombre a un bosque por donde caminaban personalidades de la cultura alemana, como Goethe, Schiller, Herder, Schelling. Para decirlo con Benjamin (no Button sino Walter): "no hay documento de cultura que no sea, al tiempo, de barbarie".

LA LITERATURA ABURRIDA Y EL ESNOBISMO


Juan Carlos Gómez era amigo de Gombrowicz y propuso un anatema: jamás iba a leer un ensayo de un autor en el que más del treinta por ciento de sus palabras esté construido por la transcripción textual de la obra citada o glosada o criticada o algo con ada como pavada o nada. Ok, si es así entonces estoy al horno con papas, porque yo cito y robo y saqueo autores que da calambre. Los dejo en pelotas en el medio del camino, sin tan siquiera unas monedas para tomarse el bondi.


Parece ser que el aburrimiento era indigerible para Gombrowicz. Hacía esfuerzos para leer El proceso de Kafka, e incluso reconocía el talento del checo, pero no había caso. No sé hasta qué punto estaba queriendo provocar y hasta qué punto era sincero ni me importa.

La solución que su amigo Gómez dice que Gombrowicz propone en Ferdydurke consiste en presentar un plan de batalla  para apartar el aburrimiento de las bellas artes: convocar a los artistas a enamorarse de la inferioridad.


Por elección personal, que tienen derecho a no compartir, decido pasarme por las pelotas el anatema de Gómez y pongo otra cita de Fabián Casas:


“Cuando dejamos de vivir en estado de peligro o de incertidumbre y nos volvemos accesibles, entramos en la muerte de lo mejor de nuestro ser. Ser accesibles significa gastar a nuestros seres queridos, vivir la cultura del zapping. Estoy con vos, pero en cuanto me aburro, le mando un mensajito de texto a otro. No podemos estar juntos sin hablarnos, no podemos confrontar nuestro aburrimiento. La posibilidad de aburrirnos es intolerable, ya que todos vivimos en una pantalla de televisión y ahí el tiempo es tirano. ¡Que no nos manden a la tanda!”


¿Qué quieren que les diga? A mí eso de dividir la literatura en aburrida y divertida en una primera leída más o menos superficial me parece medio una pelotudez, aunque no niego que las opiniones de Don Witold me suelen dejar regulando. Ahora, ¿perderse de leer a Kafka o James Joyce por ese prejuicio tan pelotudo?


Parece ser que hacia 1934 “Gombrowicz ignoraba la existencia de Joyce y de Kafka, conocía muy poco del surrealismo y tenía unas nociones vagas sobre Freud, captaba lo que estaba en el aire, en las conversaciones y hasta en los chistes. El aparato formal que había puesto en movimiento era pues, en buena parte, de su propia cosecha”. Citado acá:


Tal vez lo interesante de leer a Joyce consista justamente en que se trata de un autor sin ninguna  clase de piedad para con el lector. Coincido con Carlos Gamerro cuando sugiere que no existe un autor que respete más a sus lectores que Joyce, porque no los respeta por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser.


Ahora bien, ¿qué nos quiere decir Gombrowicz? En cierto modo, cuando nos dejamos llevar por la opinión ajena, la percepción de la belleza entra en contradicción con la libertad de elegir. De ahí que Gombrowicz guste de la siguiente fórmula: TÚ NO ADMIRAS, TÚ QUIERES ADMIRAR. Es como si yo dijera: “a vos no te gusta el Ulises de Joyce, sino que te gustaría que te guste, o decís que te gusta para pavonearte, o para no sentirte solo”.


Entiendo que, en cierto modo, el artista tiene que superar la tentación de “ser aceptado” o de “ser escrito” por sus lectores. Sólo aquél que logra separarse de la gente y existir como un ser singular puede plasmar su personalidad en una obra de arte.


¿Mi opinión personal en relación con la cultura? Me sigue gustando más el ideal que concibe a la cultura y al arte como COMUNIÓN más que como ONANISMO. Una persona culta es aquella que sabe elegir compañía entre los seres humanos, entre las cosas, entre las ideas, entre los libros, tanto en el presente como en el pasado. El arte es importante porque forma parte de la vida, pero la vida es más importante que el arte.


En un próximo posteo me gustaría profundizar acerca de la recontraremilremanida cuestión sobre la utilidad del arte, para lo cual me pienso ayudar de algunas  intuiciones de Oscar Wilde, y de un libro muy lindo de Nuccio Ordine acerca de “la utilidad de lo inútil”.

Por hoy creo que ya escribí demasiado.


¡Sean felices!

domingo, 8 de mayo de 2016

EL EXTRANJERO DE ALBERT CAMUS



“No padeció la cobardía física que suele empujar a los intelectuales al elogio de la violencia e incluso a lo que Chesterton justamente llamó ‘el menos viril de los vicios’: la fascinación por la brutalidad”.


Y más adelante cita una frase que no carece de lucidez: “¿Se podría formar el partido de los que no están seguros de tener razón? Sería el mío”.


By the way: esta entrada del citado diccionario casi no tiene desperdicio. La linkeo para que no crean que rechazo "in toto" la obra de Fernandito, que sigue siendo un tipo muy lúcido -pese a sus pifies groseros- y a quien mayormente leo con placer. 


Retomando, me parece que Camus es un autor que merece largamente ser leído y comentado. Pero hoy no quiero hacer un elogio de su pensamiento ni de su estilo, sino leerlo a la luz de las sugerentes intuiciones del pensador palestino Edward Said.


En El extranjero, Albert Camus narra la historia del protagonista, Mersault, un ser indolente a quien la realidad le parece absurda y carente de sustancia; y de su vecino Salamano.


El autor de Cultura e imperialismo sugiere que hay cierta mirada "colonialista" en Camus: los personajes europeos, por más despreciables que sean, tienen matices; al referirse a "los árabes", en cambio, la visión del autor se vuelve monocorde. Suele referirse a los personajes bajo la etiqueta "los árabes", y los piensa cual si fueran más o menos el mismo cutis con diferente maquillaje.


Cuento brevemente la historia: Salamano es viudo, y vive desde hace ocho años con un sabueso que estaba hecho una piltrafa. Mersault cuenta -la novela está narrada desde la visión del protagonista- que lo tenía desde cachorro, pero como los perros viven menos tiempo, terminaron por envejecer juntos. El animal tenía:

“(…) una enfermedad en la piel, creo que sarna, que le hace perder casi todo el pelo y lo cubre de placas y costras oscuras. A fuerza de vivir con él, solo los dos en una pequeña habitación, el viejo Salamano ha concluido por parecérsele. Tiene costras rojizas en el rostro y pelo amarillo y escaso. A su vez el perro ha tomado del amo una especie de andar encorvado, con el hocico hacia adelante y el cuello extendido. Parecen de la misma raza y, sin embargo, se detestan. Dos veces por día, a las once y a las seis, el viejo lleva el perro a pasear. Desde hace ocho años no han cambiado el itinerario. Puede vérseles a lo largo de la calle de Lyon, el perro tirando del hombre hasta que el viejo Salamano tropieza. Entonces pega al perro y lo insulta. El perro se arrastra de terror y se deja arrastrar. Y el viejo debe tirar de él. Cuando el perro ha olvidado, aplasta de nuevo al amo y de nuevo el amo le pega y lo insulta. Entonces quedan los dos en la acera y se miran, el perro con terror, el hombre con odio. Así todos los días. Cuando el perro quiere orinar, el viejo no le da tiempo y tira; el sabueso siembra tras sí un reguero de gotitas. Si por casualidad el perro hace en la habitación, entonces también le pega. Hace ocho años que ocurre lo mismo”.

El viejo Salamano no había sido feliz con su mujer, pero se acostumbró a su presencia como luego de su muerte se habituó a la presencia del perro. Al final el perro se fugó y el viejo terminó por extrañarlo, aunque todo el tiempo le pegase y lo tratara de "carroña" y "basura". El otro vecino de Mersault era igualmente despreciable: un boxeador proxeneta que le pegaba a su mujer. El Extranjero fue publicada en 1942, época en la que Argelia era colonia francesa, y se desarrolla en su capital, Argel.


Prefiero no contar mucho más, así si les pinta la leen ustedes mismos, y cada quien saca sus propias conclusiones.

¡Sean felices!

ACERCA DE LA CULTURA Y EL IMPERIALISMO EN EDWARD SAID

Los invito a realizar un experimento: si por casualidad tienen los 25 tomos de la Enciclopedia Universal Clarín, busquen la voz "palestina". Allí pueden ver una foto de un soldado israelí acurrucado, y un grupo de personas con la cara tapada que arrojan piedras. 

El epígrafe dice: "Palestina: un soldado israelí se refugia de los ataques de jóvenes durante la revuelta de la Intifada". ¿Les parece que se trata de una foto inocente? Entonces son, como mínimo, unos ingenuos. 

Hace unos días volví a leer un muy buen artículo de C. E. Feiling acerca de Cultura e imperialismo (1993), una de las obras centrales de Edward Said.

Imagino que conocerán a Said (1935-2003), porque es bastante famoso en el mundillo cultural: crítico literario y  profesor palestino nacido en Jerusalén; estudió en Princeton y Harvard, y en 1948, a sus doce o trece años, por culpa del gobierno de Israel, él y su familia fueron forzados a vivir la experiencia de ser expulsados de su propio territorio.


Para quienes no conocen a Charlie Feiling (1961-1997), les cuento que era un escritor, crítico cultural y periodista argentino, más borgeano que un antiperonista que sueña ser un tigre que camina por un laberinto de espejos donde se encuentra con el Minotauro y se desafían a recitar de memoria pasajes de la Divina Comedia traducidos al inglés.

El artículo de Feiling –“El viejo orden mundial” (1994)- me hizo renovar mi amor por los libros de Said. Hacia 1800, las potencias occidentales controlaban el 35% del globo terráqueo; para 1914, el dominio se incrementó al 85%, donde la parte del león corría por cuenta de Gran Bretaña. Luego de dos guerras mundiales, se consolida el liderazgo yanqui y soviético y comienza el retroceso del colonialismo. De ahí que algunos digan que vivimos en un tiempo “poscolonial”. Sin embargo, y entiendo que estoy escribiendo una perogrullada, la explotación y la injusticia siguen tan vigentes como antes. Como era de esperar, tampoco asistimos a la extinción del imperialismo, aunque haya cambiado de rostro. 

Según Feiling, el concepto de “imperialismo”, que era popular en los 50’ y los 60’ -con libros como Los condenados de la tierra (1961), de Frantz Fanon- está hoy rodeado de un aura de razonable desprestigio:

“Santones iraníes, golpistas argentinos, criminales ugandeses, narcotraficantes panameños y terroristas libios han abusado de ella, la han apartado de su esfera de aplicación en la crítica cultural y el debate político: como nadie quiere parecerse a Hussein o Noriega, el término “imperialismo” –y por ende la serie de problemas que designa- ha desaparecido casi por completo de las discusiones civilizadas. Este lamentable secuestro de un concepto crucial tiene consecuencias nefastas”.

Es cierto que el discurso antiimperialista tiende a caer en la tentación de quedarse fijado en una variante que es una suerte de imagen especular de aquello que critica. Por eso es que Fanon escribió, en alusión a la colonización de Argelia por parte de los franceses:

“No vamos a pelear esta revolución en contra de los franceses para remplazar al policía francés por un policía argelino. No se trata de eso. Queremos liberarnos, y la liberación es mucho más que convertirnos en una imagen calcada del hombre blanco al que hemos expulsado, para sustituirlo y usar su autoridad”.

Siempre está latente el riesgo de que, una vez lograda la independencia, el nacionalismo antiimperialista se transforme en una especie de atavismo, tribalismo, provincianismo más o menos impermeable a la riqueza de otras culturas.

Teniendo todo esto en vista, Edward Said diferencia entre el nacionalismo triunfalista, como el que se puede ver en Estados Unidos (1) -cuyo ombliguismo imperialista los hace intervenir de un modo no pocas veces nefasto- ; y el nacionalismo que se opone al imperialismo. El mismo Said sufrió en carne propia la miseria de las esencias ahistóricas, encarnadas en discursos pelotudos y canallas como el de Samuel Huntington y su “choque de civilizaciones”. 

Pero antes de comentar algunos fragmentos de una entrevista que le han hecho a Said sobre Cultura e imperialismo, tenía ganas de copiarles la reflexión final de Feiling:

“Las naciones son híbridas; son, como señala Said una y otra vez, narraciones, ficciones que aglutinan grupos y personas de las más diversas procedencias y que tienen los más diversos intereses. El uso de la primera persona del plural, por lo tanto, debería ser muy cuidadoso. Caer en la trampa de valorar positivamente los defectos que el otro le atribuye a uno (“los argentinos somos impulsivos, pero eso es mejor que la frialdad de los europeos y norteamericanos, que son más racionales”) es correr el riesgo de perpetuar una dependencia nociva. Es suponer, en el fondo, que sería deseable una “Argentina potencia”, un país que cometiese, en nombre de su supuesto destino de grandeza, las iniquidades que cometieron otros en el pasado”. 

CULTURA, IMPERIALISMO Y LA CAUSA PALESTINA

En su pelea por los derechos de los palestinos, Said confiesa haberse enfrentado a un opositor muy problemático. ¿Por qué? Porque se trata de un gobierno que oprime a un pueblo, con protección financiera, mediática y militar de una superpotencia como la de Estados Unidos,  que a su vez ha sido una víctima reconocida de la más horrenda masacre de la historia de la humanidad. En otras palabras, los palestinos son víctimas de las víctimas.

El compromiso político y la honestidad intelectual de Said hicieron que lo amenazaran de muerte varias veces, entre otras cosas porque siempre impulsó la paz, pero eso no le impidió ser firme en su denuncia del accionar criminal del gobierno israelí, con el apoyo militar, mediático y financiero de los Estados Unidos.

Todos los movimientos nacionalistas crean mitos sobre sí mismos y sobre el enemigo. El sionismo no fue la excepción, pues su característica fue crear un gran corpus sobre Palestina y los palestinos: una tierra deshabitada para un pueblo sin tierra; un desierto destinado a florecer gracias a la labor de los pioneros sionistas, un páramo apenas habitado por beduinos, una satrapía otomana que inspiraba la mano transformadora de la civilización europea; una tierra judía “desde tiempos inmemoriales”, etc. Digresión: cualquier analogía con la “campaña del desierto” de Roca NO ES pura coincidencia.

Retomando, creo que dos de los principales problemas para combatir el imperialismo cultural son el etnocentrismo y el provincianismo, una suerte de formas del nacionalismo bobo. En referencia a los yanquis, Said es contundente:

“Estados Unidos está tremendamente aislado, es un país muy provinciano en muchos sentidos. Produce expertos que se capacitan para servir primero en Vietnam, luego en Latinoamérica, en el Medio Oriente, y sólo logra fomentar una política de violencia. Pocos estadounidenses recuerdan Vietnam; muchos de mis alumnos ni siquiera han escuchado de esta guerra ni saben que Estados Unidos provocó la muerte de un millón de vietnamitas. Todo se ha olvidado. Jimmy Carter afirmó que se trataba de un caso de “destrucción mutua”, pero no hay comparación entre la destrucción provocada en Vietnam y las pérdidas de los estadounidenses, la fuerza imperial invasora”.

La situación en Gaza, por caso, es absolutamente desesperante. Según Said, los medios presentan el lugar como una especie de regalo que los israelíes les hubiesen cedido a los palestinos para que vivan, cuando siempre ha sido un lastre del que nadie se quiere hacer cargo. Varios años después de haber sido expulsado de su territorio natal, Said viajó hacia allí, desde donde escribió un artículo contando su experiencia. En referencia a Gaza, nos dice:

"Es el lugar más atroz en el que he estado. Antes de llegar -y eso no lo menciono en el artículo- , el joven palestino que nos llevó a Gaza desde Jerusalén le advirtió a mi esposa y a mi hija que no podían ir vestidas con ropa occidental. "Tienen que llevar velo y cubrirse la cabeza de los brazos". Era pleno verano, un día calurosísimo. Le comenté que no nos lo habían advertido, pero él insistió: "¿No les dijeron? Gaz es un lugar muy violento, y a cualquiera que se salga de los patrones, ya sean árabes o israelíes, es lapidado. Y usted no debe usar lentes oscuros porque de inmediato sabrán que es extranjero, y posiblemente un espía israelí, y lo rodearán". Como ves, toda esta mitología sobre Gaza te predispone a odiarla".

Frente a la inexistencia de una campaña por parte de Occidente, se retiraron las instituciones educativas, y los campamentos están casi abandonados a la "buena de Dios". Tampoco hay un marco legal adecuado, por lo cual si algún pendejo le arroja un piedrazo a un jeep israelí, vaya uno a saber cuál es su destino.

Nota:

(1)    El 17 de marzo de 2003, George Bush declaró: “El régimen iraquí continúa poseyendo y ocultando algunas de las armas más mortíferas conocidas hasta ahora… Además, ha prestado apoyo, entrenado y alojado a terroristas, entre ellos a varios agentes de Al Qaeda”.

No voy a abundar en el análisis, pero está demostrado que Irak no tiene armas de destrucción masiva, ya que las perdió con el bombardeo israelí de sus instalaciones nucleares, y la permanente vigilancia de las potencias occidentales. Alguna vez tuvo armas biológicas, pero como la eficacia de este tipo de armas se extingue con el tiempo, hace rato que ya no tiene más. Respecto de las armas químicas, quedaron destruidas tras la primera Guerra del Golfo, en 1991. 

Tampoco existen pruebas concluyentes de que Irak haya apoyado alguna vez la red Al Qaeda. Según Todorov, sólo se sabe que el gobierno irakí concedía una compensación económica a las familias de los kamikazes palestinos que se sacrificaban para cometer atentados mortíferos. Además, el régimen iraquí era laico, con lo cual supo cosechar el odio de muchos fundamentalistas islámicos, sobre todo en Arabia Saudita. 

Salvo algunos ignorantes, sabemos que los yanquis son afectos a hacer mierda otros pueblos con la excusa de llevar la libertad, la paz, la democracia y la civilización. Un discurso no muy distinto al de los británicos en la India, los franceses en Argelia y los españoles en América.

Entre nosotros, Estados Unidos no ha sido muy democrático que digamos al apoyar las  dictaduras de América latina en el contexto de la Guerra Fría. 

sábado, 7 de mayo de 2016

MODOS DE NARRAR

El lingüista norteamericano William Labov estudió las peculiaridades del lenguaje de los guetos en Harlem, para lo cual grabó a un grupo de jóvenes y les pidió que le contaran un día en que su vida había estado en peligro. La pregunta estaba pensada para que ellos se expresaran de manera espontánea, y se olvidaran de que estaban siendo grabados. La cantidad de experiencias que surgieron en un lugar tan marginal y violento dieron lugar a Language in the Inner City, obra que  terminó siendo un gran libro de relatos. 

El modo en que cada uno narraba sus historias de vida era muy notable. Según Piglia, lo que Labov percibió fue “sobre todo la forma en que estaban organizadas esas historias, y comprobó que muchos de esos relatos no diferían –en su manejo del suspenso, de la intriga, en su manera de presentar los hechos- de lo que se podía encontrar en la gran tradición narrativa (narraciones a la Chéjov, a la Faulkner, a la Isak Dinesen, escritores a los que por supuesto ellos no habían leído)”. Es como si existieran ciertas maneras de relatar comunes tanto a la “alta” literatura como a la tradición popular. Creo que en algún sentido todos –o casi todos- tenemos la capacidad de construir anécdotas, de narrar vivencias… Eso no implica sugerir que todos tengamos el mismo talento para emocionar y/o atraer la atención de nuestros interlocutores. A veces pienso en la paradoja de escritores que tienen mucho vocabulario y son pobres en experiencias vividas; en contraposición a personas que han vivido experiencias de vida muy fuertes, pero que son torpes para expresarse. 


¡¡Sean felices!!

¡EN NOMBRE DE DIOS, USTEDES SON LA REALIDAD Y NOSOTROS LA FANTASÍA! ¡APAGUEN LA TELEVISIÓN!


El presentador anuncia al “profeta furioso de la televisión, Howard Beale”:


“Edward George Ruddy ha muerto hoy. Edward George Ruddy era el presidente del consejo de Union Broadcasting Systems y ha muerto a las once de esta mañana de una afección del corazón. Y pobres de nosotros lo que se nos viene encima. Y bien… ha muerto un canoso ricachón. ¿Qué tiene que ver con nosotros? ¿Por qué es una desgracia? ¡Porque hay 62 millones de americanos escuchándome en estos momentos! ¡Porque menos del 3% de ustedes leen libros!¡Porque menos del 15% de ustedes leen los periódicos! ¡Porque la única realidad que conocen es la que ven en la TV! ¡Ahora mismo existe toda una generación que no sabe nada más que lo que ve en la televisión! ¡La televisión es el Evangelio, la revelación suprema! ¡La televisión puede crear o destruir presidentes, papas y primeros ministros!¡Es la fuerza más formidable de este mundo ateo! ¡Pobres de nosotros si cae en las manos equivocadas! ¡Por eso es una desgracia que haya muerto Edward George Ruddy!  ¡Porque esta compañía está ahora en manos de la CCA, la Corporación de Comunicaciones de Estados Unidos! El consejo ha presentado a un nuevo presidente, Frank Hackett, en el despacho del Sr. Ruddy. ¡Cuando la 12va compañía más grande del mundo controla la fuerza propagandística más formidable de este mundo ateo, quién sabe cuánta mierda se venderá como verdad en esta cadena! ¡Así que escuchen! ¡Escúchenme! ¡La televisión no es la verdad! ¡La televisión es un parque de atracciones! ¡La televisión es un circo, un carnaval, una compañía de acróbatas, cuentacuentos, bailarines, malabaristas, monstruos de feria, domadores de leones y jugadores de fútbol! ¡Es el negocio del pasatiempo! ¡Si quieren la verdad, acudan a Dios, o a sus gurúes, o a ustedes mismos! ¡Ese es el único sitio donde encontrarán la auténtica verdad! ¡Nosotros nunca les contaremos la verdad! ¡Les contaremos lo que quieran oír! ¡Mentimos como demonios! ¡Les contaremos que Kojak siempre atrapa al asesino, que nadie enferma de cáncer en la case de Archie Bunker! Por muy comprometida que sea la situación del héroe, al cabo de una hora saldrá vencedor. ¡Les contaremos lo que quieren oír! ¡Traficamos con fantasías! ¡Nada es real! ¡Ustedes, ahí sentados, día tras día, noche tras noche, de todas las edades, colores y credos, empezarán a creer todas las fantasías que les contamos… a creer que la televisión es la realidad y que sus vidas no son reales! ¡Hacen lo que dice la televisión! ¡Se visten y comen como en la tele, crian a sus hijos igual, piensan como en la tele! Es una locura masiva, ¡maníacos! ¡En nombre de Dios, ustedes son la realidad y nosotros la fantasía! ¡Así que apaguen la televisión! ¡Apágenla ahora mismo! ¡Apágenla y no vuelvan a encenderla! ¡Apágenla antes de que termine esta frase! ¡Apágenla!”


El tipo se desmaya y la gente aplaude, llena de excitación.

Escena de Network (1976), titulada en la Argentina como "Poder que mata". Para quienes tengan Netflix, le informo que está en el menú.

sábado, 30 de abril de 2016

EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN

Un camino muy interesante para adentrarse en el universo literario consiste  en leer a los autores admirados por los autores que vos admirás. Te gusta James Joyce y entonces lees a Oscar Wilde, Dickens, Jonathan Swift. Porque te gusta Bukowski te fijás si te atraen los libros de John Fante. Don Abelardo Castillo te puede llevar a leer a Poe, Dostoievski, Tólstoi, Borges, Kafka y Roberto Arlt. O te gusta Borges, ergo lees a Chesterton, Stevenson y Dante Alighieri… Como leí a Pablo Ramos, luego leo a Raymond Carver, John Cheever o Isaac Bábel. De esa manera construís una "familia espiritual" que te ayuda en los momentos de soledad. Además existen autores que te permiten "limpiarte" de la prosa de otro autor: si leíste mucho a Faulkner, es recomendable que leas a Hemingway; si lees la prosa "minimalista" de Raymond Carver, te viene bien complementarla con la escritura "verbosa y derrochona" de David Foster Wallace.

SI ME DEJÁS QUE TE TOQUE LAS TETAS TE REGALO MI SÁNDWICH

Hernán Casciari narra cómo, cuando tenía siete u ocho años, alguien en el recreo del colegio se dio cuenta de algo: “mirá gordo, tenés tetas, podés tocar una teta cuando quieras”. 

Incluso un compañero le propuso darle su sándwich a cambio de que se dejase tocar.

“Ése es el momento donde tenés que ser comediante o víctima”, nos dice Casciari: “O te dejás manosear diez años enteros en el baño, o respondés con cierta velocidad y te convertís en otra cosa. Yo le dije: ‘si me traés albóndigas, te dejo que me agarres el pito’”. 

El compañero se mató de la risa, partió el sándwich, le convidó la mitad y a partir de ahí se hicieron amigos.

Tanto el pibe que encuentra rápido la respuesta adecuada, como el que no la encuentra y termina el resto de sus días manoseado en el baño, son conscientes de estar viviendo un momento bisagra. Saberse gordo y saberse feo ayudó a que Casciari desarrollara su talento como escritor. La prosa coloquial de Casciari es hija de la pereza y de la necesidad, y sin embargo me parece que sus obras son muy entretenidas, están muy bien escritas y tienen una mirada oblicua que a veces te deja pensando. Se trata de un tipo "querible", de un "mentiroso sincero", que toda su vida trabajó para tratar de vivir sin trabajar. Yo no creo que Casciari sea escrito por sus lectores, sino que escribe como si estuviera hablándole a sus amigos de toda la vida.

Roberto Bolaño, por su parte, asociaba la experiencia literaria a la valentía:


“La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra un samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura”.

Para Bolaño, el auténtico poeta puede soportarlo todo. El escritor cobarde, el "escribiente", suele ser alguien ansioso de buscar y encontrar “respetabilidad”. El afán de respetabilidad termina siendo un pesado lastre para cualquier escritor.

martes, 26 de abril de 2016

ES DIFÍCIL NO AMAR LA MÚSICA DE CHARLES MINGUS

En estos últimos días estoy tratando de hacerme un espacio para escribir algo potable. Me siento casi culpable cuando no escribo nada. Por estos días estoy escuchando mucho al gran Charles, leyendo a David Foster Wallace y a mi amado James Joyce. Sé que es difícil "amar" la obra de Joyce, pero si lo intentan les juro que se puede. De este músico del carajo prefiero no decirles nada: si tienen ganas escuchen este temazo.