miércoles, 29 de abril de 2015

LO QUE IMPLICA SER AFICIONADO A LA LITERATURA PERO TRABAJAR COMO UN BURRO DE CARGA QUE PARADÓJICAMENTE TIENE QUE RESOLVER TODO RÁPIDO

Me da la impresión de que buena parte de los escritores que tienen auténtica vocación son perezosos para todo aquello que no tenga que ver con la escritura, la lectura y la literatura. 

En lo personal, aunque a veces fantaseo con la idea, no soy, ni me considero, un escritor; y más allá de mi afición por los libros, en mi trabajo hago tareas de “burro de carga” en las que no me sirve de nada la “reflexión filosófica”

Muchas veces me siento como Sísifo, ese personaje de  la mitología griega, condenado a subir eternamente una roca cuesta arriba para ver cómo, a poco de llegar a la cima de la montaña, la piedra se me cae a la mierda. 

En la mesa de entradas de Tribunales, lo que predomina es la ansiedad; es decir, la dificultad para esperar. El foro laboral está colapsado, por tanto la mesa se llena de letrados malhumorados a quienes sus clientes les "queman la cabeza", y de peritos que muchas veces no comprenden cómo es posible que el expediente que quieren no está disponible. En demasiadas ocasiones se me vuelve imposible resolver problemas de manera eficaz e inmediata. Ojo, trato de ser un agradecido por tener laburo y obra social, e intento no perder nunca la alegría, aunque a veces se  me hace más difícil que morderme el codo.



Suelo llegar tan cansado a mi casa que me quedan pocas fuerzas para estudiar danés, leer a Nietzsche, mejorar mi pobre alemán o mi pasable inglés. Tuve un compañero que cada tanto me decía: "¿para qué mierda te sirve estudiar danés?", sugiriendo que haga algo útil. Yo no sabía muy bien qué responder, sobre todo porque era una frase que, con sutiles variaciones, me repetía una y otra vez, con lo  cual  yo me sentía en la obligación de ir variando la respuesta, tal vez para no aburrirme, o por capricho de escritor que pretende huir del lugar común, aunque sin éxito. Ah, ¡cierto que dije que no era escritor! Bueno, un poco lo soy, simplemente porque escribo.


En  el entorno laboral donde me muevo diariamente, a la mayoría de las personas no les interesa la literatura, al menos no tanto como me interesa a mí. Una buena parte de quienes me circundan son abogados o estudiantes de derecho. 

“¿Qué tan solitario es el trabajo de un escritor?”, se preguntaba Alejandro Zambra en No leer (Editorial Excursiones), y respondía lo siguiente:


“Recuerdo ese fragmento tan dramático y en cierto modo cómico en que Kafka confiesa el deseo de recluirse en una cueva, solamente con una lámpara y sus materiales de escritura: ‘Me traerían la comida y me la dejarían siempre lejos de donde yo estuviera instalado, detrás de la puerta más exterior de la cueva. Ir a buscarla, en camisón, a través de todas las bóvedas, sería mi único paseo’.

Al escribir nos ausentamos del mundo y a veces pasan días completos en que sólo salimos a comprar cigarros o a pasear al perro (aunque en esos casos es el perro quien nos pasea a nosotros)”. 


A propósito del tema, me gustó mucho -me hizo sentir identificado- un posteo del amigo Martín Zariello, en donde toca el tema de “ser escritor” sin “trabajar de escritor”:


“Cada vez que alguien que sabe que escribo se entera de que trabajo en una lonería, me pregunta: “¿En la administración, no?”. Cuando les digo que no, que no hay tal administración, que reparo lonas, manejo una máquina de soldar, pongo ojales y uso un guardapolvo azul para no ensuciarme la ropa, no lo pueden creer. A nadie le sorprende que un psicoanalista o un abogado escriba en sus ratos libres, eso es lo más natural. Pero puedo asegurar que la idea de que a alguien que trabaja con sus manos (un albañil, un carpintero) se le ocurra escribir se encuentra desterrada de todas las mentes del mundo, por más abiertas y modernas que sean. No los juzgo, yo también tengo el mismo prejuicio. Parece que la escritura es para las personas que tienen una profesión, no un oficio”

El “entorno” laboral de un escritor que no “trabaja de escritor”:


“Hay otro camionero genial que se llama Jacinto, un hombre mayor, con un camión sesentoso y unas lonas viejísimas. Sólo habla de una cosa: su pija. A propósito le preguntamos sobre el clima, sobre el fútbol, sobre la situación política, pero él siempre se las arregla para responder sobre el tamaño de su pija, los días de gloria de su pija, el ocaso de su pija, el efímero renacimiento de su pija gracias al viagra y el nuevo ocaso de su pija cuando su doctor le dijo que si seguía tomando viagra era boleta. Jacinto dice que después de la operación de próstata su pija quedó tan chica que cuando va a orinar a veces se agarra un huevo. Siempre repite ese chiste y siempre se lo festejamos como si estuviésemos delante de Jerry Seinfeld. Jacinto ve el mundo a través de su pija. En eso es más o menos como todos los hombres del mundo”


La división del “trabajo manual” respecto del “trabajo intelectual”. ¿Qué opinaría Karl Marx de este fragmento?


“Trabajar en un lugar donde arde la materialidad empírica (quiera decir esto lo que fuera) te relaja con respecto al mundo del discurso. Algunas personas me transmitieron su asombro por ciertas barbaridades que escribo. Se refieren a textos con carga agresiva que yo escribo en chiste o como autocrítica y el lector toma al pie de la letra como un ataque. Yo no sé qué contestarles pero creo que es porque hay tantas consecuencias reales en mi trabajo que, en comparación, escribir me parece una actividad muy hermosa, pero que carece de sustancia (en el sentido literal de la palabra). Si yo no tapo bien el agujero de una lona rota, por ejemplo, se desencadena una serie de hechos muy desafortunados. En primer lugar, quedo como un boludo ante mis compañeros. En segundo lugar, queda mal la lonería. En tercer lugar, se arruina la mercadería que lleva el camionero. En cuarto lugar, el camionero queda mal con su jefe. En quinto lugar, el jefe queda mal con el dueño de la mercadería. Y en sexto lugar, supongamos que el camionero lleva palta, una fruta o verdura (no sé qué carajo es) que le gusta a la gente moderna. Ok, vos te quedás sin tu palta.

Mi viejo y su socio son dos trabajadores insaciables. Workaholic crónicos e inconscientes, que heredaron esa pulsión por el sacrificio de padres y abuelos, tanos que nunca fueron jóvenes y levantaron los cimientos originales de este país. Me refiero a gente naturalmente sufrida, que jamás tuvo la oportunidad de tirarse en una cama para leer un libro o mirar el techo para comprender que en el techo no hay nada. Y algo de ese pathos quedó incrustado en la vida de estos personajes de entre 50 y 60 años que con el tiempo se convirtieron en nuestros padres. Cuando un cliente les quiere dar consejos sobre un trabajo y encima parece un poco delicado, dicen: “Éste no agarró una pala en su vida”. Me encanta que dividan al mundo entre los que saben hacer un pozo y los que no. Y me gusta porque para mucha gente es al revés: quienes saben manejar una pala son inferiores, los capos son los genios del lenguaje que a través de su originalidad única escriben o piensan desde la torre de marfil. Para mí están equivocados. La Operación es simple: los intelectuales necesitan a los que saben usar una pala, los que saben usar una pala no necesitan a los intelectuales. Si algún día viene el Juicio Final seguramente Dios no va a decir: “Los justos son los que escriben cosas ingeniosas por twitter, los que mencionan que leyeron a Lacan todos los días por las dudas, los que escriben en blogs sobre David Foster Wallace”. Dios va a salvar a los que saben arreglar persianas, a los que usan un alicate con la destreza de un campeón, a los que colocan bisagras o cerámicos, a los que arreglan caños, a los que tapizan sillas, a los que cosen acoplados con el tamaño del Estadio Azteca, a los que sueldan estructuras de hierro sin máscara y bajo la lluvia.

Es que en caso de existir en el cielo sólo debe haber lugar para los tipos que mueven el mundo. No para quienes lo comentamos".

Por supuesto que la realidad es más compleja que la división entre quienes "hacen" y quienes "comentan", pero se trata de una verdad "literaria", aunque con cierta dosis de realidad. A propósito, ¿qué será una dosis de realidad? ¿Dos gotititas, un litro, medio quilo? ¿Se medirá en volumen, en densidad o en peso específico? Vaya uno a saber.


Lo que me gusta de la visión de Martín es que habla de su realidad evitando usar reflejos ajenos supuestamente "prestigiosos". Me explico mejor citando al escritor peruano Juan Ramón Ribeiro, quien dijo que  "de un tiempo a esta parte las novelas francesas son escritas por profesores y para profesores. El novelista francés actual es un señor que no tiene nada que decir sobre el mundo, pero sí mucho sobre la novela" (...) Cada nuevo escritor coteja su obra con la de los escritores anteriores, no con el mundo. De este modo se llega a una rarificación de la materia novelesca, que puede confundirse con el esoterismo". (...) Los nuevos escritores "tratan de hacer de su obra no el reflejo personal de la realidad sino el reflejo personal de otros reflejos".



La crítica

La crítica más interesante siempre o casi siempre surge a partir de la fascinación por aquello que se está criticando. Por eso los críticos rigurosos -en el mejor de los casos- y que por ese motivo son fieles a su responsabilidad profesional, con lo cual deben leer hasta dos veces novelas o libros -o películas o discos- que muchas veces les parecen aburridas, solamente para "parar la olla", suelen esforzarse por dejar ver una cierta arbitrariedad que indique de forma perceptible que ellos no disfrutan "esa" literatura o "ese" disco o "esa" película a la que están obligados a hacer referencia. El amigo Zambra ha dicho que al dejar la crítica literaria sintió el placer de NO LEER algunos libros. Las críticas de Walter Benjamin a Kafka o Proust, lo que Juan Forn opina de García Márquez o lo que Giorgio Colli dice sobre Nietzsche, por poner ejemplos al azar, son textos que vale la pena leer, porque han sido escritos por autores "fascinados" y no "indiferentes" o "burocratizados".

Creo que hoy dije más o menos lo que tenía ganas de decir. Afuera llueve, hace frío y yo estoy con anginas. Menos mal que mañana es el último día de la semana que voy al laburo.

A todo esto, ¿qué estará haciendo Prometeo en este momento? ¿Se lo habrá tragado Sísifo?

6 comentarios:

  1. Imagino que al único que le interesa este posteo es a mí. Sin embargo, tal vez alguno se sienta identificado.

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  2. Rodrigo muchas gracias por los muchos y muy interesantes posteos que regularmente publicas. No hay que desanimarse, el primer libro de Borges solo tuvo un par de docenas de compradores y la totalidad de la audiencia posible de Murasaki Shikibu durante su vida acaso fueran unos cuantos cientos de lectores.

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    1. ¡Muchas gracias estimada desconocida! No estoy desanimado, era solamente un modo de hacer catarsis y expresar algo que siento, que desde luego no es todo mi ser pero sí una parte. Estoy contento con la vida que llevo. No estoy desesperado por publicar, aunque sí me gustaría estar en contacto con personas que tengan aficiones más o menos similares a las mías. Es una de las razones por las que escribo este blog.

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  3. Respecto de los lectores, diría que prefiero pocos y buenos -y por buenos entiendo a los lectores que me enriquecen con sus comentarios- que meramente acumular lectores por pura vanidad.

    Tampoco quiero "ser escrito" por los lectores, aunque intento ser lo más claro que pueda como una forma de cortesía hacia los pocos que me leen.

    Sé que soy un escritor de tercera división que de tanto en tanto mete algún gol lindo, aunque en el camino se pierda goles hechos frente al arquero.

    Saludos

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  4. Roderick, me gusta que escribas, me gusta. Pero aparte del género ensayo comentado, que es medio pesado cuando abunda la cita ajena, 'taría bueno un poco más de literatura, yoquesé, cuentitos, aforismos, pedorretas. Pido, total es gratis, no?
    Y lo de agarrar la pala, a mi gusto tiene que ver con que el encuentro con la materialidad te obliga a ordenarte, y algo de ese orden se puede luego transmitir a lo que escribas. Al revés no pasa. Abrazo, que aquí hay lectores!

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    1. Jaja soy consciente de eso que decís. Y no creo que vaya a escribir publicar mucha ficción por esta vía. Si publico novela o cuentos lo haré en formato papel.
      Sí podría ir disminuyendo las citas ajenas... pero creo que siempre va a estar. Lo mismo que los ensayos medio largos y pesados.

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