miércoles, 6 de mayo de 2020

RESPONDIÉNDOLE A CICERONA: UNA JOVEN MEDIO OBTUSA QUE SEGURAMENTE SEA MÁS DESPIERTA DE LO QUE ME DEMOSTRÓ EN TWITTER

Hay una idea que se mantiene en algunos macristas culturales como la amiga Cicerona, quien se indigna de aquellos que a su juicio "condenan la riqueza" porque, estimo yo, deduce que somos resentidos o que odiamos al que se esfuerza y "crea riqueza" o alguna distorsión "aynrandiana" por el estilo.


Dato al pasar: el 2% del total que se blanqueó gracias al amigo Macri es el equivalente aproximado a lo que gastó el Pami a lo largo de todo el 2019.



Recordemos que el blanqueo es el perdón de un delito de aquellos que pusieron su dinero en paraísos fiscales o evadieron impuestos. Se le llama "blanqueo" como un eufemismo, así como le llaman "dólar blue" al dólar ilegal para embellecerlo o "cepo" al dólar -un instrumento de tortura- a la restricción a la compra de dólares del kirchnerismo. La terminología económica, lo sabemos bien, muy pocas veces es neutral.


El proyecto de ley tiene que ver con un gravamen extraordinario, aplicado por única vez, para paliar los efectos de la pandemia. La idea es crear un impuesto a las personas físicas -no a las empresas- que tengan un presupuesto superior a los 200 millones de pesos: se trata de menos de 12 mil personas. La recaudación estaría -hay que ver bien cuál es el proyecto de ley si finalmente se aprueba- entre los 3.500 y los 4.000 millones de dólares.


Me gustaría que Cicerona, que me dice que soy un pelotudo y que la grieta es moral e intelectual, presente sus argumentos en los comentarios, dado que debería ser sencillo para alguien tan brillante como ella debatir con un ganso tan básico e inmoral como yo. En lo personal me gusta el debate de ideas, y estoy dispuesto a darle la razón a quien no piensa igual toda vez que me convenza con sus argumentos. No me gustan las burbujas culturales.


Retomando, en éste diálogo con Carlos Heller, un periodista del programa de Andino le dice que  "hay una diferencia entre perseguir y seducir". Y ahí arribamos a la idea zombi de "seducción plutocrática". 

La seducción plutocrática:

Algunos kukas decimos que "la seducción plutocrática" es una idea que "aparece defendiendo una medida como justa, pero sugiere lograrla mejor por la vía del diálogo con el poderoso, convencerlo de que consienta suscribir a ella. Es la idea que subyace en el apoyo indudable a una quita de impuestos a todo rico que haga A, para estimular que hagan A, pero rechazar de plano el aumento de impuestos a todo aquel rico que no haga A, para estimular que lo haga". En otras palabras, el rico sería un burro que sólo se mueve con zanahoria, y el resto sólo nos movemos con un palo porque si no pagamos impuestos nos multan.

"Si el poderoso posee el derecho a ser seducido en lugar de ser compelido como el resto, ¿no estaríamos reconociéndole derechos desiguales? ¿Por qué la ley debería someter a quienes no tienen poder de resistirla y debería buscar seducir a quien sí?".

Entiendo que Cicerona me hablaría de "clima de negocios" y "seguridad jurídica" para atraer inversiones y que crezca el empleo, pero la cuestión no es tan sencilla. Es cierto que en una economía capitalista hacen falta inversiones, pero ojo. La industria minera es un claro ejemplo de sensibilidad a la seducción, dado que cuanto menos niveles de control ambiental y menores regalías se le imponga, posiblemente más invertirá. Claro que eso puede tener costos irreversibles para el medioambiente y para la salud  de la población que vive en las cercanías de la mina explotada. La reducción salarial es otro argumento muy atrayente para Mauricio Macri, quien durante una entrevista decía "lo que hay que hacer es bajar los costos, y los salarios son un costo más". El problema es que luego los seducidos por ahí no invierten a causa de la caída del consumo que conlleva esa reducción masiva de salarios. Lo que quiero decir es que son cuestiones que el debate democrático debe tener en cuenta.

La dominación económica y política se basa esencialmente en estereotipos: nos dicen, como Tatcher, que "no hay alternativa" ("there is no alternative"), y con eso quieren decir: "nosotros decidimos lo que cuenta como alternativa y lo que no". Nos dicen que "la estabilización de la economía requiere sacrificios por parte de todos", y  lo que quieren decir es que "la estabilización de nuestras ganancias necesita del sacrificio del pueblo". Nos dicen que "las promesas fáciles y engañosas son una amenaza para la estabilidad" y con eso nos están diciendo: "La democracia es una amenaza para nuestro poder".

A mi juicio, defender la democracia es promover una participación más activa del pueblo en la toma de decisiones que lo afectan, en todos los niveles. Tanto a través de instituciones existentes como mediante la creación de nuevas instituciones. No estoy a favor de aceptar acríticamente ni la tecnocracia del economista neoliberal que se viste de sumo sacerdote que le habla a los feligreses ni la defensa de los intereses privados de las élites como si fueran el interés general.

Dujovne llegó y eliminó las trabas a los ingresos al país de los capitales golondrina, el gobierno de Macri bajó o eliminó retenciones al campo y a la minería, levantó el cepo al dólar y aumentó las tarifas de los servicios públicos. En síntesis: el macrismo le dio a los empresarios todo lo que pidieron, devaluó, aumentó las tarifas, ajustó los salarios por la inflación e hizo mierda el mercado interno. ¿Cuál fue el resultado? Aumentó la deuda externa, la inflación, la desocupación, creció la pobreza y la prometida "lluvia de inversiones" fue esencialmente la especulativa, que vino a hacerse un verano y no mejoró los niveles de empleo respecto del gobierno anterior.

La industria de la minería tuvo una enorme ventaja del macrismo porque le eliminaron las retenciones, y sin embargo cayó la inversión y cayó el empleo en el sector minero. El amigo Macri demuestra que las facilidades a la clase empresaria muchas veces se traducen no en más inversión productiva y mejores niveles de empleo, sino lisa y llanamente en mayor ganancia para los empresarios. Luego retomamos este aspecto.


Estimo que Cicerona es mucho más inteligente que yo y me sabrá rebatir, pero los kukas promedio pensamos que "el mayor estímulo para un gobierno, de escoger el camino de la seducción plutocrática, es no tener a su clase empresarial como viento de frente. No tener a los poderosos oponiéndose a cada medida, buscando vericuetos legales para no cumplir las leyes, presionando por los medios, las cámaras, los lobbistas y las embajadas para cambiarlas o directamente para erosionar el sustento político del gobierno. Ese menor ruido ambiente es maná para un gobierno, en especial para uno cuyo sustento popular esté debilitado. Sin olvidarnos del factor humano, por el cual muchos políticos sobrevaloran los beneficios de la seducción plutocrática y minimizan sus consecuencias adversas.

Una tesis hermana de esta es la de la confianza. La que propone que el Estado debe crear confianza para que sean los hombres de negocios que inviertan en la  economía y no el Estado. Ya a mitad del siglo XX, el economista Michal Kalecki escribía sobre el riesgo de esta teoría de la confianza. El estado sometería de esta manera todas sus políticas a un derecho de veto de su clase empresarial. Si esta objetaba algo, la inversión se desplomaría y el desempleo resurgiría. Según Kalecki, el Estado, por el contrario, debería invertir cuando los privados no lo hicieran para garantizar siempre la creación de empleos más allá de la confianza o la buena voluntad de los hombres de negocios. De este modo, los empresarios podrían decidir ingresar o no al proceso productivo, pero no tendrían poder de chantaje ni impondrían privilegios sobre él". (@rinconet, @elbosnio, @nagusinfo).


Se nos habla todo el tiempo de "la confianza de los mercados", pero no sabemos bien en qué corno consiste esa confianza ni quiénes son "los mercados". Ganar su confianza se parece a las ofrendas a los dioses, que uno les entrega esperando obtener bendiciones. Si esas bendiciones no llegan, la culpa será siempre nuestra por haber sido avaros con nuestras ofrendas.


El problema de que los intelectuales orgánicos de la derecha sean los periodistas hegemónicos:


En una democracia sólida, tanto el oficialismo como la oposición deben aportar al debate de ideas, deben construir y discutir de cara a la opinión pública políticas y proyectos para mejorar tal o cual aspecto de la sociedad en virtud del bienestar colectivo. El problema es que los cuadros intelectuales de la derecha argentina no son los políticos sino más bien los periodistas y algunos economistas. Más allá de que lo nocivo de la "telepolítica" afecta a toda el arco de la clase dirigente a nivel mundial, el problema es particularmente pronunciado entre los representantes de la derecha vernácula.

"Los intelectuales orgánicos de la derecha no son cuadros políticos que se identifican con los partidos, son o periodistas o economistas que se venden frente a la opinión pública como independientes, que construyen un relato desde empresas privadas y que operan como partidos políticos".

Esto que dice Leandro Santoro es grave, porque los delirios paranoicos de una Felicitas Beccar Varela no nacen por generación espontánea sino que se basan en que los cuadros políticos de la derecha se han vuelto perezosos para discutir ideas, porque van atrás del dispositivo mediático que los protege:

"¿Sabés qué estamos viendo? La ausencia de partidos políticos, porque cuando vos tenés un partido de oposición, construye desde una lógica racional y previsible, y eso hace posible por ejemplo la construcción de acuerdos y políticas de Estado. Ahora cuando lo que tenés en realidad es una oposición articulada sobre un grupo mediático, y la política va atrás de ese grupo mediático, ni siquiera tenés interlocutores válidos para ponerte de acuerdo".

¿Ustedes creen que es casualidad que Mauricio Macri no sea capaz de articular un discurso sólido y no pueda lucirse con sus respuestas ni siquiera frente a periodistas operadores como Luis Majul, que le trata de tirar centros para que se luzca? ¿Se imaginan a Mauricio Macri como presidente entrevistado por Horacio Verbitski? Hay cuadros de la derecha que tienen una formación discursiva sólida, como por ejemplo Carlos Pagni, ¡pero es un periodista!


Fíjense como Cicerona le pide a los periodistas que "no perdonen" al peronismo. ¿Por qué alguien que supuestamente milita en la política o cuantimenos defiende sus ideas de derecha es capaz de semejante boludez? Porque se naturalizó la banalidad mediática, el relato vacío o mentiroso, la pereza mental. La carencia de un debate político argumentado, rico en ideas, sólido desde el punto de vista del conocimiento y de la riqueza del lenguaje, es gravísimo.

Todos nos dejamos llevar por el torrente irrefrenable de la estupidez twittera. A lo sumo algunos pueden ser ingeniosos, pero no mucho más. 

Ese tipo de construcción política de la derecha que va atrás de los medios perjudica hoy al oficialismo, pero mañana lo hará con la oposición:

Como bien sugiere Leandro Santoro, quien como imaginarán es alguien odiado y despreciado por la amiga Cicerona:

"Muchas veces lo hemos visto a Macri rehén de las corporaciones que lo ayudaron a ganar las elecciones y le trataron de fijar la agenda. Hay que dejar de joder con la supremacía de la telepolítica, de las operaciones mediáticas como dispositivo de contrucción política y fortalecer la discusión y el debate públicos de nuestra clase política. La dirigencia política en su conjunto debe elevar el nivel de debate y tratar de independizarse del poder mediático, porque si la derecha no tiene territorio ni fortaleza intelectual, terminará parasitando el discurso mediático. En una democracia sólida, los políticos dicen algo y los medios lo reproducen. En la Argentina, hay grupos mediáticos hegemónicos que construyen un relato y luego los políticos lo tratan de reproducir, y muchas veces con un nivel intelectual inferior al de muchos periodistas que lo construyen". 

La Unión Cívica Radical, el Pro, la Coalición Cívica deben tener adentro de sus filas personas formadas que podrían elaborar un discurso político para confrontar civilizadamente con el gobierno y proponer soluciones alternativas. Ahora bien, "como están en un estado de pereza intelectual autoasumida, han dejado que la agenda la fijen las grandes corporaciones, entonces después ves cómo por ejemplo senadores de la provincia de Buenos Aires como Felicitas Beccar Varela construye cualquier disparate y eso se termina masificando, porque además es como la noticia deseada. Hay un sector de la sociedad que espera que se digan esas cosas para festejarlo y tratar de construir una suerte de relato fantástico donde siempre se divide todo entre buenos y malos, honestos y corruptos".



En fin, a mí me parece bien que existan las Ciceronas que quieren profundizar la grieta y lo reconozcan, lo que deploro es que-lo digo nuevamente- se suplante el debate democrático y racional, la discusión de ideas, por un moralismo perezoso, políticamente bobo. No quiero opositores zombis sino lúcidos, que mejoren mis ideas, que las pongan a prueba.

Antes de terminar, quiero retomar algo más sobre la cuestión de la democracia y de las inversiones.

La democracia siempre ha sido el proceso de lucha por la socialización del poder y la distribución de la riqueza. Sin embargo, las élites económicas e intelectuales y su casta política nos tratan de convencer de que la democracia es meramente un procedimiento de selección entre élites para ejercer el control de la administración. ¡No viejo, no me traten de vender espejitos de colores!

Como dijo John Stuart Mill, "la idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva" (citado por Tony Judt en Algo va mal).

No es tan difícil de entender: la democracia no puede ser sólida si un grupo de personas es tan rica como para comprar la voluntad de un número grande de personas que es lo suficientemente pobre como para estar compelida a venderse. 

Comparto los ideales de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Son tres valores extremadamente difíciles de conciliar, pero nuestra democracia tiene que proponerse como horizonte deseable el tratar de acercarse lo más que pueda a ese ideal.


"El neoliberalismo, antes de ser un proyecto económico es un proyecto cultural, y el macrismo vino a resignificar el sentido común, a construir una nueva subjetividad, y esa subjetividad la construyen con herramientas que son sumamente profundas y que apelan a ansiedades, temores, angustias, aspiraciones. Hay una lectura de lo que somos como sociedad que en los últimos años ellos han profesionalizado. No son solamente tipos que dicen discursos vacíos porque pretenden conectar con el alma más superficial de las personas" (Santoro dixit).

Acá el problema es que los sectores populares compren el discurso del macrismo: "te hicieron creer que podías irte de vacaciones", "te hicieron creer que podías tener un plasma o usar aire acondicionado", si te quedás sin trabajo es bueno vivir en la incertidumbre. El cinismo del macrismo consiste en hacer que las víctimas piensen como sus verdugos, y lo consigue porque conecta con el darwinismo social que postula el discurso neoliberal como la única alternativa. Discutir sus ideas económicas es como discutir el verdor del césped o la humedad del agua.

El mayor logro de la hegemonía neoliberal es haber instalado la idea de que las clases que viven de obtener beneficios del Estado son principalmente las bajas, por eso hasta los pobres se quejan: "¿cómo puede ser que mi vecina se haya podido jubilar si nunca hizo aportes?". Si uno les recuerda los negocios fabulosos que la familia Macri, los Bullrich, los Brown han hecho con el Estado, se hacen los pelotudos. No es ningún misterio: la ideología como falsa conciencia que disfraza el interés privado de interés general.


"Durante mucho tiempo escuchamos a los adalides de la ortodoxia económica reclamarle a los pobres que aprendan a nadar, y ahora le están reclamando al Estado que haga salvavidas". Si el Estado asiste con políticas de transferencia monetaria a los sectores más desfavorecidos de la sociedad eso es un gasto público terrible que no puede tolerarse ni mantenerse. Ahora cuando las propias empresas entran en crisis y no pueden pagar los salarios gracias a la pandemia, son los primeros en ir a golpearle la puerta al Ministerio de Producción, al Ministerio de Economía o al Ministerio de Trabajo para que le den subsidios. La conclusión de todo esto es que siempre el Estado cumple un rol indispensable en la armonización de los diversos intereses. Vale decir que el rol del Estado está bien cuando ayuda a las Pymes tanto como cuando atiende a la emergencia social y la pobreza. No es o una cosa o la otra.

El Estado no debe estar todo el tiempo administrando el interés de las élites sino velando por el interés general, y sobre todo atendiendo a los más débiles. Nadie se puede realizar individualmente en una sociedad que no se realiza y donde las desigualdades son tan grandes.

La desigualdad tiene efectos negativos sobre el crecimiento económico: si la concentración de riqueza es muy grande, la actividad económica se achica y se destruye riqueza colectiva. El que tiene mucha guita tiene más de lo que puede gastar, en tanto que hay gente que no tiene plata ni siquiera para su subsistencia. La desigualdad genera mucho poder político para actores económicos, y esos actores, como es de esperar, presionan al Estado para defender sus propios intereses. No toda inversión es socialmente necesaria y útil.

El Estado tiene que implementar mecanismos para hacer que la inversión tenga beneficios sociales, que se traduzca en consumo y empleo. Hay inversiones, sobre todo las de carácter especulativo, que no generan beneficio social sino rentabilidad privada. Gobernar no es meramente crear riqueza, como propone la derecha, sino crear bienestar.

Eso es todo por hoy. ¡Sean felices!

Rodrigo

martes, 5 de mayo de 2020

PUTO EL QUE LEE ESTO Y LA IDEA DE LITERATURA

Las concepciones sobre la literatura, como el ser de Aristóteles, se dicen de muchas maneras.

Hay autores y lectores que disfrutan de la literatura como de la anécdota de un amigo que sabe cómo narrar los acontecimientos para mantenernos entretenidos e interesados hasta el final:

"'Puto el que lee esto.' 

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.


Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. 'Puto el que lee esto', y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacéte cargo y si no, jodéte. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. 'Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...' Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald".



Se trata de Palabras iniciales, un cuento lleno de ironía que escribió el amigo Roberto Fontanarrosa hace ya varios años.


El autor de Inodoro Pereyra contaba, en el transcurso de una muy buena entrevista que le hizo Cristián Warnken, que algunos confundieron ese cuento con una suerte de declaración de principios suya, siendo que se trataba de un cuento más.

Sin embargo, es evidente que en toda escritura hay, implícita o explícitamente, una concepción de lo que para el autor es la literatura, la lectura y la escritura:

"De todos modos no voy a deslindar responsabilidades: es posible que muchas de esas cosas yo las piense seriamente, o que alguna vez las haya puesto en la balanza".

Y es cierto que hay escritores que parecen más interesados en complacer a los críticos literarios que en captar la atención del lector. Recuerdo que un filósofo alemán, que si mal no recuerdo era Odo Marquard, decía que los filósofos que escriben para otros filósofos eran tan ridículos como si los fabricantes de medias fabricasen medias exclusivamente para otros fabricantes de medias.

El escritor y profesor argentino Martín Kohan, en cambio, dice que la literatura que a él le interesa es aquella que descoloca, desestabiliza, pone en cuestión y desafía tanto al lector como al escritor:

"Eso supone un riesgo de escritura, una apuesta sin garantías" tanto para el acto de escribir como para el acto de leer.

El amigo Martín recordaba un texto de Jacques Ranciére, titulado El espectador emancipado, que trataba de quebrar la premisa que supone un lugar activo para el que hace, para el escritor o el autor, y un lugar pasivo para el lector o para el espectador:

"El espectador emancipado apunta a recuperar el carácter activo de la mirada, no porque el que mira también después hace sino porque mirar es hacer".


En cierto modo, toda gran literatura es "literatura comprometida", en el sentido de que no se conforma con ser mero entretenimiento sino que compromete tanto al autor como al lector. La literatura comprometida aspira a cambiar la percepción del mundo tanto del autor como del lector. Al decir del amigo Javier Cercas, el escritor trabaja con palabras, y las palabras son dinamita. 

sábado, 11 de abril de 2020

UN VIEJITO HERMOSO NOS DA SU ÚLTIMA LECCIÓN

Todo lo realmente importante ha sido dicho muchas veces, pero como casi nadie escucha, hay que volverlo a decir. 

El Covid-19 me demuestra, por si hiciera falta, que no importa tanto la guita o las posesiones personales cuanto los amigos, la familia, las personas que nos han querido y/o que han ayudado a que sintamos la alegría auténtica de estar vivos.


Está bien, entiendo y es evidente que sin posesiones materiales mínimas –tener comida y techo, algo que muchos no tienen- no podemos disfrutar plenamente del afecto de nuestros semejantes. Creo que ustedes, clasemedieros burgueses como yo, comprenden a qué me refiero.

El eximio politólogo italiano Norberto Bobbio (1909-2004) confesaba, en su última entrevista antes de morir: “Nací como aquel que llegué a ser, o sea, como Norberto Bobbio. Quiero decir que aquello que cuenta en la vida son sobre todo las relaciones humanas que has tenido con los otros. (…) Es la única cosa que cuenta al final”.



Les recuerdo que Bobbio fue un pensador que vivió los acontecimientos centrales de la historia de Europa en el pasado siglo: desde la Primera y la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. El amigo Norberto participó de la resistencia antifascista en Italia, protagonizó múltiples debates, fue Senador, dio clases durante años y escribió decenas de libros y cientos de artículos académicos. Según su opinión, a la edad de la senectud, todo eso “no cuenta absolutamente para nada”.

Al hacer el balance de lo que estuvo bien y lo que estuvo mal, Bobbio nos recuerda:

“Lo que cuenta son las relaciones con los otros: cuántas personas amaste, cuántas personas te han amado, cuántas personas te han educado, fueron cercanas a vos, estuvieron a tu lado.


Cuenta más un acto de amor con la esposa, con los hijos, los nietos, con un estudiante que te viene a visitar después de muchos años y te dice: ‘¿se acuerda profesor, cuando en clase decía tales y cuales cosas?’. Eso cuenta. Cuentan las buenas relaciones, las buenas relaciones que tuviste con los otros”.

He leído muchos libros de Bobbio, incluso alguna vez saqué de la biblioteca de mi universidad –mi querida Universidad Nacional de Quilmes- su autobiografía, de cuya lectura no puedo acordarme.

¡Qué viejito hermoso! Y pensar que ahora su tierra está pasando momentos tan difíciles, al igual que el mundo.

¡Desde acá te abrazamos, querido viejito sabio! 

Abrazo grande. 

Los quiere,

Rodrigo

martes, 7 de abril de 2020

ACERCA DE LA MERITOCRACIA

Hace unos días estuve mirando una entrevista muy interesante que Julián Guarino realizó para C5N con mi ex profe Alejandro Kaufman, en la que se abordó la cuestión de la meritocracia. Antes que nada debo aclarar que Alejandro es una persona por la que siento un afecto muy especial, porque aunque no fue el único, sí ha sido uno de los profesores que más hicieron para que yo conociera y apreciara la obra de autores como Walter Benjamin, Simone Weil, Karl Kraus, George Steiner… Sin embargo, a pesar de -o precisamente por- el afecto que le profeso, suelo coincidir bastante con su manera de ver la realidad.






El neoliberalismo tiene una concepción de la meritocracia vinculada con la riqueza: “el que tiene riqueza, sea material o simbólica, tiene méritos, tiene una virtud, algo por encima de los demás”.


Está claro que en sociedades muy complejas como las nuestras, la meritocracia de algún modo es necesaria: no se puede administrar una central nuclear o realizar una operación a corazón abierto sin criterios “meritocráticos”. Ningún hincha de fútbol aceptaría que el club de sus amores se plagara de jugadores pésimos aunque fueran muy buenas personas, y así siguiendo.

No se trata de condenar a priori la excelencia o de dejar de reconocer que hay personas que se esfuerzan más o que pulen sus defectos y desarrollan sus virtudes a fuerza de trabajo y dedicación y en buena medida se merecen lo que tienen.

Está claro que mi idea no es eliminar el mérito como criterio de convivencia, sino de no transformarlo en el único criterio posible. Si no hacemos una crítica de cómo valoramos la vida de las personas independientemente de sus méritos, de sus logros, de lo que hacen más allá de criterios comparativos vinculados en buena medida al mercado capitalista, no podemos alcanzar criterios de igualdad tal y como pretendemos.

Vale decir, una crítica a la meritocracia supone la posibilidad de valorar a todos los seres humanos POR LO QUE SON, por su existencia.

Lo que dice Alejandro es que “tiene que haber formas tales que ésa no sea la única manera de vivir, la única manera de relacionarnos entre nosotros”.


Es importante destacar que la idea de meritocracia no es “de derecha” o “conservadora”: nuestro progresismo se ha construido sobre la base de exacerbar el valor del mérito. Aquello de “mi hijo el Doctor” viene de allí. ¿Por qué doctor y no plomero o peluquero?

Kaufman distingue entre una cuestión cultural y el rol estatal: el rol del Estado es asegurarse de que la meritocracia sea legítima y de garantizar un piso común en relación a la igualdad de oportunidades: asignar recursos, garantizar el cumplimiento de acuerdos, etc.

En el terreno cultural, la igualdad de oportunidades postula a la vida como si fuera una carrera donde lo más justo es que todos partan de la misma línea de largada. "Si yo no tengo piernas habrá una carrera para gente sin piernas, pero también será una carrera".

Nuestro sistema educativo se corresponde con el mundo "de los mejores". La escuela está todo el tiempo enfatizando el valor de la competencia y ejemplificando el logro de la tradición de grandes científicos o escritores reconocidos o diversos personajes históricos relevantes.


Esa idea de competencia debería convivir con una vida más plena vinculada a cierto estado de "infancia". Es interesante cuando el amigo Alejandro destaca como “los niños no compiten entre sí por quién hace la manchita más linda". Una sociedad convivencial requiere combinar virtuosamente ambas dimensiones.


Para complementar lo que dice Alejandro, resulta útil traer a colación un artículo escrito por el politólogo Julián Montero, quien desde una visión más apoyada en el liberalismo nos dice lo siguiente:



"Las meritocracia es objeto de un rechazo atávico entre los progresistas. De hecho, suelen pensar que el mérito está en las antípodas de la igualdad: una sociedad meritocrática castiga a los vulnerables mientras recompensa a los ya privilegiados. Pero estamos, en realidad, ante una alquimia conceptual. El ideal meritocrático moderno es parte integral del paradigma de la igualdad.

En el orden medieval, las perspectivas de vida de las personas estaban totalmente determinadas por su origen. La meritocracia surgió cuando el ethos igualitario burgués barrió de un golpe esas estructuras fosilizadas.

En la medida en que las oportunidades de los individuos —incluyendo su acceso a cargos, posiciones y roles sociales— ya no podían depender del pedigree, el mérito personal se instaló como el criterio más democrático para administrar el progreso entre iguales.

La cultura del mérito tuvo un impacto altamente progresivo en materia social. Si realmente queremos que el éxito dependa solo del esfuerzo, debemos igualar las situaciones de partida de todos. De otro modo, las circunstancias de crianza se convertirían en nuevas barreras estamentales. Este es el axioma que los liberales cristalizaron en su famoso principio de igualdad de oportunidades, bajo el imperativo de una educación pública de calidad de alcance universal.

A la inversa de lo que se supone, el mérito también es crucial en el ideario socialista. Marx repudiaba a capitalistas y banqueros porque se enriquecían sin esforzarse ni producir. En sintonía con su planteo, los socialismos reales acuñaron el mito del héroe proletario: un trabajador abnegado que explota al máximo sus talentos en beneficio de la comunidad. Todavía podemos verlo en las manifestaciones pictóricas del arte socialista.

En su caso, por supuesto, la recompensa no era monetaria; se operativizaba en celebraciones simbólicas, como la entrega de condecoraciones a quienes alcanzaran records de productividad.

Naturalmente, el mérito no es el único valor, ni siquiera el más importante. Los derechos humanos, pilar de las democracias constitucionales, son universales e inalienables. Por eso, en la medida de lo posible, toda persona debe gozar de acceso seguro a alimento, vivienda, educación y salud al margen sus logros y elecciones o del modo en que use su humanidad.

Pero convertir la anti-meritocracia en la causa de los pueblos es una maniobra profundamente regresiva. Cuando se destruyen los incentivos al talento, el arte, la cultura y la innovación científica se estancan; las sociedades se vuelven también más pobres, la calidad de los servicios públicos se deteriora y queda menos para repartir.

Así se acaba por revertir la pulsión igualitaria que arrasó al mundo feudal. En rigor, la ola anti-mérito abona el retorno a un orden estático sin movilidad social ascendente, signado por la ignorancia y la miseria generalizadas. ¿Será la utopía del progresismo un neo-feudalismo post-industrial?".

En síntesis, el desafío sería: ¿cómo hacemos para armonizar más o menos virtuosamente ciertos criterios "meritocráticos" junto a criterios "igualitarios" que valoren a las personas por el solo hecho de existir?

The answer my friend, is blowing in the wind.

P.S.: By the way: acá tienen un artículo de La Nación sobre la tensión entre meritocracia e inclusión. Y acá tienen un artículo de Artepolítica acerca del tamaño del Estado. Soy un basurero que rescata discusiones viejas, jeje.

¡Abrazo de gol! Cuídense todxs. Los quiere,

Rodrigo

lunes, 6 de abril de 2020

DIGRESIONES EN DÍAS DE CUARENTENA: ALGO MÁS ACERCA DEL AMOR

Decíamos hace unos días que todo ser humano es, antes que nada, el deseo que de él/ella tuvo otro ser humano. En cierto modo, si nos pasamos de rosca mientras nos entrevista Fantino y nos llamamos Gabriel, podríamos decir que las madres empiezan a desear a sus hijos desde que juegan a las muñecas cuando son niñas.

Por otro lado, los bebés humanos, ni bien nacen, no son capaces de sobrevivir sin el reconocimiento y la mirada de otro sujeto.

Gabriel Rolón –sí wachines, leo a Freud, a Kafka, a Wittgenstein y también a Rolón, ¿algún problema?- recordaba una anécdota de Federico II de Prusia cuando quiso formar un ejército de soldados sin debilidades, fuertes y libres de temores. “Entonces mandó construir un lugar donde los recién nacidos serían bien alimentados y cuidados pero no recibirían ni el menor gesto de ternura, dado que pensaba que eso debilitaba el carácter. Los enfermeros cumplieron minuciosamente el trabajo que les encargó el rey. El resultado del experimento fue que todos los niños murieron”.

Somos seres frágiles, necesitados de afecto y cuidado a quienes una mierdita microscópica insignificante como Jorge Coronavirus puede hacernos ir a mirar las flores del lado de las raíces.

Un mamífero en la selva –gacela, búfalo, cebra -sale del vientre de la madre, asoman sus dos patitas, lo terminan de expulsar y luego de un instante se pone de pie y al rato está trotando en la hierba. Su instinto y constitución biológica lo preparan rápidamente para valerse relativamente por sí mismo, de lo contrario está condenado a que, más temprano que tarde, un depredador se lo coma.

Los animales están destinados a la especialización: algunos nadan muy bien, otros corren rápido, otros vuelan, son capaces de respirar bajo el agua, hacen agujeros en el suelo o cazan con el pico. Ese es el motivo por el cual las especies animales mueren cuando les cambia el ecosistema, porque no se pueden adaptar.

Los seres humanos, en cambio, “venimos al mundo con un buen hardware, del que nos ha previsto la naturaleza, pero no tenemos un programa establecido, tenemos que procurarnos un software para orientar nuestras acciones sociales”. (F. Savater dixit).

No podemos correr como un guepardo ni nadar como un delfín ni somos capaces de matar animales grandes con nuestras propias manos como puede hacerlo un león o una pantera. Sin embargo podemos hacer varias cosas a la vez: nadar, correr, trepar a los árboles, tocar el piano, componer una canción o diseñar y construir armas para matar a leones, delfines, guepardos, panteras e incluso otros seres humanos. 

¿Qué estoy intentando decir con esto? ¡Que somos animales indeterminados, programados para aprender eternamente! El olfato de un perro es mucho más fino para distinguir algo que alimenta de algo que envenena. A nosotros el instinto y el olfato nos sirve de mucho menos. 

"No existe una escuela que enseñe a vivir", cantaba Charly García en Desarma y Sangra: no tenemos un manual ni un programa que nos permita amar de la manera adecuada para evitar el sufrimiento! Los esfuerzos de Stamateas están destinados al fracaso, aunque a él lo lleven al éxito.

A mí juicio, los estudios de Freud aciertan cuando sugieren que en el terreno amoroso nadie sabe, quiere ni decide con absoluta libertad. No hace falta haber leído ni medio libro de psicoanálisis para darse cuenta hasta qué punto el encuentro amoroso con el otro está mediado por una multitud infinita de malentendidos y fantasmas.

El sentimiento amoroso por alguien sobreviene y se va, en buena medida, más allá de nuestra voluntad y control. Eso no implica que no podamos aprender a amar mejor o no tengamos a nuestra disposición la ayuda del conocimiento y la razón. Ni es cierto que seamos totalmente libres de elegir ni tampoco que estemos sometidos a la pasión irracional de un eros ciego. 

Aunque en  principio no podamos decidir sobre un sentimiento, sí podemos decidir y ser relativamente responsables –ahí es donde adhiero al psicoanálisis y su noción de inconsciente- en relación a ese sentimiento. El psicoanálisis bien entendido no es una excusa para decir “disculpáme, te cagué con otra mina porque me lo dictó mi inconsciente”. Por ejemplo, yo jamás trataría de seducir a la pareja de un amigo, por más atractiva que me pareciese en una primera impresión.

En ese sentido adhiero a la ética aristotélica que sugiere que la reflexión y el desarrollo de nuevos hábitos produce variaciones en la manera en que sentimos las cosas. Las emociones también se relacionan con un contexto social y se pueden construir virtuosamente.

El amigo Jorge Corona me hace escribir mucho estos días, pero en algún momento hay que parar. La seguimos otro día.

¡Cuídense mucho y sean felices!

Rodrigo


DIGRESIONES EN DÍAS DE CUARENTENA: LA FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU HEGELIANA Y EL INTERROGATORIO A PINOCHO

Allá por el año 207 A.C. (antes de la cuarentena), el amigo Georg Wilhelm Friedrich nos decía que "el puro conocerse  a sí mismo en el absoluto ser otro, este éter en cuanto tal, es el fundamento y la base de la ciencia o el saber en general. El comienzo de la filosofía sienta como supuesto o exigencia el que la conciencia se halle en este elemento. Pero este elemento sólo obtiene su perfección y su transparencia a través del movimiento de su devenir. Es la pura espiritualidad, como lo universal, la que tiene el modo de la simple inmediatez; esta simplicidad, tal y como existe (Existenz hat) en cuanto tal, es el terreno, el pensamiento que es solamente en el espíritu". (G.  W. F. Hegel, "Fenomenología del espíritu")

Afortunadamente para nosotros, años más tarde y en el transcurso de un interrogatorio, el amigo Pinocho clarificaba el fragmento citado:




DIGRESIONES EN DÍAS DE CUARENTENA: DONDE EL AUTOR DEL BLOG BANCA LA VALENTÍA DE SOFÍA GALA E INTENTA PENSAR CONTRA CIERTA CONCEPCIÓN POLICÍACA

El poder no está estancado fijamente en los cuerpos: no por el hecho de tener un físico grandote y musculado, un patovica es un abusador. No por el hecho de ser hombre, alguien es un violador en potencia. Hay mujeres que tienen poder y abusan de su poder, hombres que tienen poder y abusan de su poder, y mujeres y hombres que teniendo poder se abstienen de abusar del mismo.

El poder circula, y más que detentarse, se ejerce. No es lo mismo abusar del poder que ejercerlo. Tengo para mí que TODO AQUÉL/AQUELLA QUE TIENE PODER, LO EJERCE, porque el poder no tolera el vacío: el futbolista que juega muy bien no intenta jugar como si fuera malísimo, la mujer hermosa que le guiña el ojo a un barman para obtener un trago gratis usa su poder seductor en beneficio propio, el niño que extorsiona tiernamente a la madre para que le compre galletitas sonriéndole afectuosamente quiere influir sobre su voluntad, y así siguiendo. Y no hace falta ser una eminencia en medicina para ejercer poder sobre un paciente. Nietzsche nos enseñó muy bien que  el poder también se ejerce desde la debilidad: por caso, una madre o un padre enfermo pueden abusar de la hija o del hijo que los cuidan a través de la culpa, y volverles la existencia algo insufrible.


Muchas de las conquistas del movimiento feminista me parecen una excelente noticia. No he leído mucha bibliografía feminista –aunque espero hacerlo en el futuro- ni me siento en condiciones de darle lecciones a nadie. Simplemente ejerzo mi derecho a opinar y a pensar con quienes quieran leerme para ayudarme a desmontar o mejorar mis argumentos.

¿Quiénes pueden estar a favor de un femicidio o una violación? Se trata de crímenes atroces. ¡Sólo los muy perversos pueden apoyar algo así! Lo que intento en este posteo es separar la paja del trigo, porque hacer del debate un manto nocturno donde todas las vacas son pardas nos impide pensar. Para actuar adecuadamente no es suficiente con pensar adecuadamente, pero no se puede actuar bien sin pensar bien.

Creo que hombres y mujeres somos  distintos - los hombres solemos ser más fuertes, las mujeres son capaces de llevar una vida en su vientre, etc.-; pero debemos tener los mismos derechos, y apuntar como horizonte aspiracional a la construcción de una sociedad en la cual todxs seamos iguales ante la ley. Sin embargo, a esta altura o yo no entiendo demasiado o predomina cierta tergiversación de un axioma que se presenta como incuestionable: “todo es cultural” o “todo es construido”.

A mí, por ejemplo, me gusta jugar al fútbol mixto con mis amigas, pero cuando disputo una pelota no pongo la pierna fuerte como lo haría con un varón. ¡Porque somos distintos Judith Butler, la concha de la lora! Estoy seguro que no entiendo a Butler, y capaz si la leyera en profundidad la adoraría o no sé, pero simplemente hablo desde mi experiencia personal. También es verdad que he jugado con chicas que se dedican al fútbol profesional, y que al trabar lo hacen igual que un hombre, porque están física y técnicamente entrenadas. No niego que existan influencias culturales. Simplemente digo, ¡somos distintos Judith Butler, la concha de la lora!

Un tenista profesional entre los primeros 100 puestos del ránking derrotaría probablemente a cualquier mujer que fuera número uno del tenis profesional femenino. ¡Porque somos distintos!

Sin embargo, la idea no es “esencializar” el concepto de hombre y mujer. Si una mujer que está en pareja decide no tener hijos, ¡genial! Si una mujer que está en pareja decide tener hijos pero no laburar porque su marido cobra un buen sueldo y asume el rol de ser la que le dedica más tiempo a las tareas del hogar, ¡genial! Si es el hombre el que lava los platos y la mujer la que trae el sueldo a casa, ¡genial! Si laburan ambos y se reparten las tareas, ¡genial! Y así siguiendo. No me gusta ser policía de la vida de nadie: si una amiga mía elige ser “Susanita”, pues bien; si quiere ser “Mafalda”, ¡adelante con los faroles! Y está claro que la situación es distinta si se trata de una mujer que vive en la miseria, porque ahí el margen de elección se acota muchísimo. De todos modos no quiero entrar en la discusión sobre el “trabajo en el hogar no remunerado” y otras cuestiones de economía política en relación al movimiento feminista, porque dan para un libro aparte y escapan al espíritu del posteo de hoy.


Retomando, para mí está muy claro que –y soy consciente de que para muchos psicópatas esto no es así- si una mujer se muestra interesada en vos y viene a tu departamento, se debe respetar su decisión SIEMPRE. Si ambos nos besamos apasionadamente, terminamos desnudos y en determinado momento la mina se arrepiente, yo no tengo derecho a avanzar.

Ahora bien, en lo personal no puedo menos que adherir a las palabras de Alexandra Kohan cuando dice:

“Está en crisis el juego de seducción. ¿Cómo hacemos para seducir si no puedo mirar fijamente a alguien en una fiesta porque es acoso? Mil veces alguien intenta darte un beso y decís que no y está todo bien. Ahora si te agarra es otra cosa. No existe el consenso a priori. ¿Cómo se va a consensuar antes si voy a querer? Son garantías para lo que no tiene garantías. Empezamos, apretamos y después no me gustó porque tiene mal aliento, la piel, lo que sea. El abuso es otra cosa. Acostarse con un boludo no es violencia. La violencia es violencia. Si no, se banaliza y como todo es violencia, nada es violencia. Eso no es una frase hecha. Es así. Cuando veo que le dicen psicópata a todos, después aparece el psicópata de verdad y se enganchan, obvio. Porque el psicópata te envuelve”.

Llegados a este punto, me permito incorporar al posteo fragmentos no de Judith Butler o Simone de Beauvoir sino de Sofía Gala, quien en el transcurso de en una entrevista que le hicieron hace un tiempo en Clarín dijo algo que me pareció muy sabio:

“Todo lo que se pone extremo se vuelve facho. Pero también creo que hay un movimiento muy grande sobre muchas cosas que por muchos años fueron injustas, como la identidad, el género, la sexualidad, la mujer, y para que haya cambios hay que ponerse un poco extremo. Después encontraremos el equilibrio”.


En lo personal me parecen peligrosos ciertos discursos que suponen que toda diferencia de edad es abuso de poder. ¿Quién se arroga para sí la autoridad de decidir con quién se tiene que acostar una persona que es mayor de edad? Si un profesor sale con una estudiante mayor de edad una vez terminada la cursada, ¿qué tiene de malo? El problema es si usa ese poder para obtener un beneficio sexual: “si no te acostás conmigo no vas a aprobar la materia”. ¿Qué problema hay si una profesora de filosofía, como es el caso de Esther Díaz, confiesa que no le calientan los hombres de su edad sino que los prefiere más pendejos? ¿Acaso ella no tiene derecho a cojer con quien quiera y pueda porque tiene 79 años? Nadie ignora que a medida que crecemos las oportunidades de tener sexo disminuyen, ¡pero eso no significa que los demás tengan que andar fisgoneando con quién o quiénes nos acostamos! ¡No infantilicen la sexualidad ajena, mojigatos de mierda! Y si alguien tiene ganas de meditar o vivir una vida ascética, ¡pues que lo haga!

Se puede ser maduro a los 20 años y un idiota a los 40. La edad,a priori, no lo dice todo. Tampoco la vejez trae necesariamente sabiduría. La edad es un condicionamiento más, entre tantos otros. No podemos prescribir un manual de comportamiento para las relaciones sexoafectivas: hay que ver cada situación en particular. Tampoco somos parejamente maduros en todas las dimensiones de la existencia: Sofía Gala a sus veinte años tenía mucha mayor experiencia sexual que Borges a sus 50.


La discusión de si está bien o está mal que Gastón Pauls tenga una novia mucho menor no me parece un debate moral sino moralina berreta. Es puritano y represivo andarse metiendo en los cuerpos ajenos toda vez que se trata de una relación consentida entre dos mayores de edad.

Me rompen las pelotas los “policías de los cuerpos ajenos”. No me van las personas que intentan prescribirle las conductas sexuales al resto:

“Si yo elijo, teniendo en cuenta que nadie elige libremente, tener una pareja monogámica porque estoy enamorada y no tengo ganas de coger con nadie más, y la persona con la que estoy, tampoco, ¿por qué estoy más “alienada” que el que dice que hay que coger con ocho? Que “la monogamia no va, que aguante el poliamor”. ¿Por qué yo estoy más alienada si esa persona eligió tan poco libremente como yo? El problema es el cuco: la monogamia es un cuco y, al parecer, el poliamor es la salida de esa opresión”. (Alexandra Kohan dixit)

Era todo lo que tenía ganas de decir hoy. La idea era completar un poco algunas cosas que dijimos acá y acá.

¡Cuídense mucho y traten de ser felices!

Los quiere,

Rodrigo

sábado, 4 de abril de 2020

DIGRESIONES EN TIEMPOS DE CUARENTENA: VINDICACIÓN DEL SENTIDO DEL HUMOR MIENTRAS EL AUTOR AMONESTA A KRUSTY POR IRSE DE MAMBO

En la tarde de ayer, viéndome en la obligación de optar entre pegarme un martillazo en el huevo derecho para sentir algo diferente al aburrimiento gris o filosofar acerca del sentido del humor –debe ser que extraño reír con mis amigos más que nunca- me decidí por la opción más sana y violé la restricción estatal para ir a una ferretería.

¡Es broma tontitos hermosos de mi corazón! Elegí escribir porque estoy más mentalmente desocupado que nunca.

Anyway, la cuestión es que Arthur Schopenhauer –¿o era Diego Capusotto?- decía que el humor es poner una cosa donde no va. Si nos imaginamos una mesa donde se reúne un grupo de vacas que caminan en dos patas y charlan sentadas mientras comen asado de ser humano, la situación es humorística. Aunque también podría ser un indicio de haber estado interactuando con sustancias psicotrópicas. Pero como siempre me digo a mí mismo: no nos vayamos por las ramas.

El sentido del humor sería una especie de cumbre aristotélica entre dos extremos: cierta armonía entre el exceso de frivolidad y el exceso de seriedad. Supónganse que son amigos de Krusty y le están contando algo grave que les pasó, y el payaso empieza a tirar chistes:

-“Che Krusty, ¡rescatáte chabón! Se acaba de morir mi vieja”.

Y es que a menudo el frívolo se ríe de todo, es insípido, dice trivialidades y no se preocupa si con sus bromas hiere al resto.

El serio es aquél que piensa que todo debe considerarse grave y se reprime el costado de algún modo leve o ridículo inherente a la condición humana.

El sentido del humor es la virtud que nos permite mirar el costado frívolo que existe en todo lo serio, y el costado serio que anida en la frivolidad.

En lo personal me parece que aquellas personas que están absolutamente seguras de tener razón es porque padecen una forma velada de locura; de ahí se sigue que los fanáticos no se suelan llevar muy bien con el humor.

A las personas que carecen de sentido del humor les falta humildad, porque se toman demasiado en serio a sí mismas. Eso no quita que existan personas muy amables sin sentido del humor y cabrones egocéntricos que nos hacen reír. Sabemos que las virtudes son como el agua: es vital si está mezclada con sales minerales, pero es nociva en estado puro.

Hay muchas personas que no tienen habilidad para hacer reír, pero son dueñas de una risa contagiosa que las vuelve deliciosas. Tengo amigas y amigos, incluso conocidos, que cuando me pongo en modo Krusty me festejan todo y me alegran el alma.

Cualquier periodista que se vea en la situación de entrevistar a un humorista y no sepa qué preguntarle, va a recurrir a las remanidas preguntas que yo intentaré responder aquí porque estoy al pedo: 1) ¿Hay límites para hacer humor?; 2) ¿el humor es sanador?; 3) ¿te cojerías a un bebé?

-“¡Nooo, esa última pregunta no se la hagas! ¿Vó queré que te rajen del canal? Loco, loquito!!”


¿Hay límites a la hora de hacer humor?

Es una línea divisoria muy fina, cuyo criterio de demarcación popperiano podría ser la diferencia entre “reírse con” y “reírse de”. No es lo mismo un judío haciendo chistes de judíos que poner la misma broma en labios de un antisemita.

Groucho Marx dijo, luego de una fiesta: “he pasado una linda velada, pero no fue ésta”. Ahí ya nos estamos metiendo de lleno en el terreno de la ironía. En todo caso, si la frase va dirigida a la anfitriona de la fiesta, es ironía; en cambio, esa misma frase en boca de un standupero que se la dice al público luego de finalizar su espectáculo, es humor.  

A mí me parece que se puede bromear acerca de todo: el sexo, la muerte, la tortura, la enfermedad, el amor, la guerra. "Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio". (Comte-Sponville dixit)

¿Qué es la ironía? De algún modo es decir lo contrario de lo que se piensa pero en una forma o en un tono que revele nuestra intensión: "¡Ah pero qué inteligente te volviste, Juan Carlos! ¿Cómo es que no te dan el Premio Nobel?".

A veces pasa que alguien medio cruel le tira ironías a un siome que se toma todo literal: eso hace que el gracioso se salve o se condene a ligar una golpiza. 

El sarcasmo es una variante más hiriente de la ironía, porque sarcasmo creo que tiene cierta conexión etimológica con sarcófago, con desgarrar la carne.

Cuenta Bioy Casares que una vez Borges dijo, en referencia a un escritor de capacidad nula: “Si llega al infierno, lo van a rechazar por insignificante.”


By the way, en el Borges de Bioy hay un comentario que hace el amigo Jorge Luis que me recuerda al personaje Luis Almirante Brown de Capusotto:


Borges abre The Perfumed Garden -una traducción al inglés que hizo Richard Burton de un manual árabe sobre sexualidad escrito por un tal 'Nefzawi'- y lee:

‘Women would succeed in making an elephant mount on the back of an ant, and would even succeed in making them copulate.’

Al terminar de leer comenta: "He ahí la versión oriental, y desprovista de gracia, de con paciencia y con saliva, el elefante se la metió a la hormiga.”


Retomando el hilo, y ya puestos a elucubrar digresiones después de fumar un churro, diremos que la ironía hiere y el humor cura.

A propósito de la ironía, el escritor estadounidense David Foster Wallace decía algo muy lúcido: 

"El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para mostrar la realidad desagradable que hay tras ellas. El problema es que una vez desacreditadas las reglas del arte, y una vez que las realidades desagradables que la ironía diagnostica son reveladas y diagnosticada, ¿qué hacemos entonces? La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayoría de las ilusiones desacreditadas en los Estados Unidos ya se han hecho y rehecho. Una vez que todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada, ¿qué hacemos ahora? [...] Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí mismas, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario. Pocos artistas se atreven a hablar de lo que falla en los modos de dirigirse hacia la redención, porque les parecerán sentimentales e ingenuos a todos esos ironistas hastiados. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran ensayo en algún sitio que contiene una línea acerca de que la ironía es la canción del prisionero que llegó a amar su jaula".

Según Comte-Sponville, "la ironía se ríe del otro (o del Yo, en el autosarcasmo, como si fuera otro); el humor se ríe de sí mismo o del otro como sí mismo, y se incluye siempre, en todo caso, en el sinsentido que instaura y devela".

Personalmente creo que la ironía es virtuosa cuando se burla de los poderosos, de la autoridad; pero se vuelve cruel al volcarse hacia las personas en situación de debilidad.

¿El humor es sanador, o es mejor Claudio María Domínguez?

Les había dicho que disfruto mucho cuando mi actitud o mis palabras resuenan en los demás haciéndolos reír. Salvo cuando estoy tratando de seducir a una mina que me gusta, y sólo la hago reír pero no logro avanzar más allá:

-“Boludo, ¡no sabés qué bien la pasé con Tatiana! Estuvimos tomando cerveza en un bar de Palermo casi toda la noche. Después se fue porque le llegó un mensaje de Whatsapp del personal trainer. Yo ni me preocupé porque seguro que en plena garchada furiosa con ese gil iba a pensar en lo extraordinariamente gracioso que soy. ¡Tomá para vos bobina: tendrás muchos abdominales pero la minita conmigo se muere de risa!”

Cuando aplicamos el sentido del humor para seducir, nos movemos en un terreno resbaladizo: si somos rechazados, el rechazo se vuelve más leve; pero también ofrecemos una vía de escape para que la mina no nos termine de tomar en serio cuando le tiramos los perros:

-"Jajaja, tonto. ¡Sos un loco lindo!"

-"Jajaja, sí. ¿Querés ir a mi departamento a mirar si el cactus que me compré necesita agua?"

-"Jajaja, ¡cómo me hacés reír Rodrigo! .

-"Jeje, gracias. ¿Pero vamos a ir a mi departamento o preferís que nos quedemos charlando sobre el lanzamiento de la cuarta temporada de La Casa de Papel hasta las 5 de la mañana?"

Vivir es una experiencia más cercana a lo doloroso que a lo gratificante, y por eso el humor es también un escape, una forma de reírse de lo que más nos angustia. Hacemos chistes sobre la muerte porque en rigor estamos cagados de miedo.

Uno con el humor de algún modo denuncia un mundo que tiene mucho de estafa, y por eso se burla del poder, de la estupidez, de la autoridad… Y también existe el ritual del juego, como decía Capusotto en ésta entrevista con Gastón Pauls: “uno también se siente como alguien que está hinchando las pelotas en el recreo”.

Al mirar algunas películas de los hermanos Coen, como The Big Lebowsky, nos podemos imaginar a dos tipos en modo marihuana maquinando situaciones disparatadas y riéndose como cuando eran nenes.

Lo que intento sugerir es que el sentido del humor puede ser una forma de la inteligencia, pero también la risa nos provoca cierto estado de estupidez. A veces nos reímos como niños, y nos olvidamos por un rato toda responsabilidad inherente a la vida adulta.

Eso es todo por hoy. ¡Cuídense y sean felices! Un abrazo,

Rodrigo