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viernes, 1 de julio de 2016

MESSI NO JUEGA FINALES PARA ALCANZAR LA GLORIA, SINO PARA QUE LO PERDONEN. NO SE SABE MUY BIEN QUÉ

Borges dijo alguna vez que a la mayoría de los hinchas argentinos no les gusta el fútbol: les gusta que su equipo gane. En cierto sentido tenía razón: nunca preguntamos a un amigo que viene de la cancha, de ver  o de jugar fútbol;  “¿cómo fue el partido?” sino “¿cómo salieron?”. Le preguntamos primero por el resultado, y después, quizá,  por el desarrollo del juego.

Para muchos fanáticos argentinos –no digo que esto no ocurra en otros países, simplemente hablo del país que más conozco y más me duele- ; entre una pelota que pega en el palo y sale y una pelota que pega en el palo y entra no hay una distancia de milímetros, sino un abismo semejante al que existe entre Mahatma Gandhi y un asesino en serie; o entre Mozart y Ricardo Arjona. En los programas deportivos casi no se habla de fútbol: se hace análisis del discurso de jugadores y técnicos, de la composición química del “gas pimienta” que un hincha de Boca le arrojó a algunos jugadores de River, de si tal o cual jugador “siente la camiseta” o “tiene huevos”, de cuántos millones gana determinada estrella, de si esa estrella está inflada por la maquinaria publicitaria o no lo está, de si la novia de tal jugador salió con otro jugador o si es “cornuda”…


Como cualquier extranjero que haya venido a Buenos Aires podrá notar, los porteños –y en el resto del país ocurre algo similar- hablamos un lenguaje plagado de exageraciones: las cosas son “una mierda total” o “la última mierda” o, por el contrario, son “geniales” o “alucinantes”. Entre lo genial y lo lamentable, casi no distinguimos grises.


Nicolas Shumway, un profesor estadounidense, autor de La invención de la Argentina, escuchó la siguiente conversación durante un intermedio de una ópera en el Colón: “Che, ¿ya viste la tortura que va a resultar esta temporada?”. Nosotros naturalizamos el uso de la palabra “tortura” hasta en: ¡¡una temporada del Teatro Colón!!


Ese tipo de dramatismo, que en dosis adecuadas puede resultar simpático, en el fútbol puede volverse algo intolerable. Es casi imposible que muchos argentinos le perdonen a Messi que nunca haya ganado un título con la selección mayor. ¿Ustedes creen que a Messi eso no le afecta? Yo creo que sí, y mucho. Además, Messi es un jugador acostumbrado a desarrollar su juego en un ambiente que lo contiene y protege, ya que se crió en Barcelona, lejos de hinchadas amenazantes que no perdonan una derrota.


Otra variante del periodismo vernáculo consiste en hablar de fútbol como si se tratara de ajedrez mezclado con física cuántica. ¿A qué persona auténticamente aficionada al cine le interesa, en tanto cinéfilo o cinéfila, qué temperatura hacía en la butaca del lugar o cuál era la presión atmosférica en el preciso día en que vio un film que le produjo un trastorno estético o emocional? Hay periodistas deportivos que parecen astrónomos que jamás han mirado las estrellas.


Respecto de Messi, propongo un axioma: decir que te gusta el fútbol y al mismo tiempo decir que no te gusta cómo juega Messi son opuestos contrarios, no contradictorios: como pretender adelgazar comiendo medio quilo de manteca. Se trata de un jugador que lleva la pelota pegada al botín a alta velocidad, con un panorama único de dónde están sus compañeros y dónde están los rivales, y que cada vez que agarra la pelota a uno le da la sensación de que algo distinto va a pasar. Messi es el mejor en lo suyo, que es el fútbol. No a todos los hinchas que le piden que “salve” a la selección, les pasa de ser los mejores en cada actividad profesional que desarrollan. La pregunta sencilla que uno se hace es, ¿por qué pedirle a Messi que se haga cargo de nuestras frustraciones? Después de todo, no es más que un jugador de fútbol, excepcional pero de carne y hueso.


Antes les hablé de Nicolas Shumway, un estadounidense graduado en letras y nacido en Arizona, quien en 1975 obtuvo una beca para estudiar en la Argentina y en cierto modo se “enamoró” de la obra de Borges, y también de Buenos Aires. Su segundo libro sobre nuestro país se titula Historia personal de una pasión argentina; allí el autor escribe algunas impresiones del país y de su gente. Les dejo algunas citas del libro, así juzgan ustedes por sí mismos:


“(…) la Argentina es un país que puede tratar a sus hijos con mucha crueldad, incluyendo la indiferencia, el exilio y aun la muerte”. 

(Nota: Shumway está haciendo referencia a su maestro, un profesor argentino que tuvo en la Universidad de Californa en Los Ángeles, llamado Aníbal Sánchez Reulet, quien tuvo que exiliarse por la dictadura militar).

“De hecho, hablar mal de su país parece ser una constante de la sociedad argentina”.


“Por más querido que fuera Kennedy, jamás lo he visto pintado de santo”. 

(Nota: Evidentemente, el autor hace referencia a Eva Perón y al misticismo del peronismo. Aunque también podríamos relacionar ese misticismo con la figura de Maradona, que entre nosotros ha dado lugar al surgimiento de una “Iglesia Maradoniana”).


“Un argentino puede ser el mejor de los amigos –generoso, divertido, atento, cariñoso y todo lo que se pueda esperar de un amigo-, pero en cuanto se coloca detrás de un escritorio, es capaz de volverse monstruoso, un déspota con ínfulas de gran rey. En fin, la amistad se entiende y se practica. El servicio, no tanto”.


Algunas de las impresiones de Shumway explican, en parte, la extraordinaria dificultad que tienen los técnicos argentinos y los jugadores para trabajar en un entorno adecuado, que respete la planificación a largo plazo y se desarrolle más allá del resultadismo extremo, resultadismo que no contempla la posibilidad de perder un partido;  porque perder, para el hincha, es poco menos que “una tortura”.


Y hay algo que, en mi opinión, se suele pasar por alto: al igual que el hincha argentino promedio, Messi tampoco soporta perder. En su club, el Barcelona, está acostumbrado a ganar por lo menos un título por año. Su poca tolerancia a la frustración lo lleva a retraerse y deprimirse ante la posibilidad de no salir primero. Su relación con la derrota y el marco adverso es más de drama y sufrimiento que de desafío para hacer aflorar una personalidad rebelde.


Martín Zariello, un amigo que escribe cada tanto en su blog Ilcorvino, expresó aquí, algo que me representa:


“La idea de “un país” que insulta y denigra a un jugador por el simple hecho de errar un penal o no ganar una Copa es deleznable. Pero que ahora el mismo país, a través del chantaje emocional de periodistas compungidos, padres enajenados y maestras equivocadas, quiera convencer a ese mismo jugador de que no renuncie a la Selección es propio de un psicópata. Ojalá que Messi haga lo que se le cante”.


Fuente: posteo publicado originalmente acá, pero con algunos agregados posteriores.


Post scriptum: les dejo algunas reflexiones sobre “la cuestión Messi” que me han parecido interesantes:


Este artículo de Ezequiel Fernández Moores me pareció muy lúcido. Rescato dos fragmentos:

"Como su pelea es contra un mito", escribió Jorge Valdano apenas antes de la final del domingo pasado, "nada de lo que Messi haga bastará para que Argentina lo santifique". Tiene razón. Si hubiese ganado el domingo, escucharíamos que "una Copa América no es un Mundial". "Messi -escribió también Valdano en el diario mexicano Record- no juega finales para alcanzar la gloria, sino para que lo perdonen. No se sabe muy bien qué". 


Y este otro:


"Algunos pretendieron recordar que, aunque se trate de una final, "es sólo fútbol". ¿Por qué -si sólo es fútbol- políticos, gobierno, TV y sindicalistas pujan hoy como alimañas para ver quién se queda con la AFA? Hay sentimientos y pasión, claro. Pero también hay sobreactuación generalizada. Y destinos de nación, que suponen el fracaso patrio porque, nos dicen filósofos, sociólogos y otros, "no sabemos actuar en equipo". Como si Pumitas, Leonas y el vóleibol -por hablar de ese mismo fin de semana- hubiesen logrado victorias notables jugando con camiseta de Polonia. A diferencia de otras disciplinas, el deportista compite de modo directo. Hay un rival que se opone. Y que, aunque alguna prensa lo omita, juega con los mismos deseos, ambiciones y sueños de ganar el título. O más, porque tiene menos",

Y acá tienen otro muy buen artículo del escritor Juan José Becerra.

Entiendo que ya se habló demasiado del tema, pero no quería dejar pasar la ocasión de hacer mi propia catarsis.

¡Gracias Messi por tanto fútbol!

Sean felices,


Rodrigo

martes, 22 de septiembre de 2015

LA DIFERENCIA ENTRE CREATIVIDAD Y ADAPTABILIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO

Muchas veces, los argentinos decimos que somos creativos, a diferencia por ejemplo de los alemanes/austríacos, que vendrían a ser rígidos, esquemáticos, previsibles e incluso aburridos. Puede que haya algo de cierto, puede que sea un prejuicio exagerado, no lo sé. Ahora bien, ¿le falta creatividad a una cultura de la que han surgido tipos como Goethe, Nietzsche, Bach, Mozart, Albert Einstein, Marx, Freud, Schumacher, Dirk Nowitzki, Beethoven, Beckenbauer, Schopenhauer? ¿No estaremos confundiendo, decía Julio Velasco, creatividad con CAPACIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO? 

Es lógico que los países que no suelen vivir en medio de nuestro caos cotidiano, tengan habitantes que no se adapten tan bien como nosotros al caos. Esto no es una condena general del "ser argentino". Ni todo lo que ocurre afuera es maravilloso y todo lo que pasa acá es un horror, ni tampoco la inversa. Uno tiene que hacer lo mejor que puede CON LO QUE TIENE, y acá hay mucho para valorar, pero también para mejorar. La capacidad de actuar frente al quilombo te mejora la capacidad de improvisación, lo cual no es poco, pero no alcanza ni por asomo. 

Para quienes no lo conocen, Velasco es un entrenador de primer nivel, que salió campeón mundial con Italia y alcanzó logros deportivos con diferentes equipos. El mismísmo Pep Guardiola cuenta que una vez invitó a comer al actual entrenador de la selección argentina de voleibol, quien por entonces trabajaba en Italia, para preguntarle cosas sobre el manejo de grupos a nivel deportivo.

Se me ocurre el caso de la selección argentina de básquet, quien llegó a la final de un campeonato mundial y ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, siendo la primera en ganarle a un combinado estadounidense integrado por jugadores de la NBA. Si uno es entrenador, puede quejarse del biotipo promedio del jugador argentino, que impide o dificulta la generación de jugadores muy altos y atléticos, como ocurre en otros países, o puede entrenar desde lo que tiene, potenciando sus virtudes y disimulando sus defectos. A eso apunta Velasco en el voleibol. En el video dice otras cosas muy interesantes, que vale la pena escuchar. 


Acá una nota para quienes quieran leer algo más sobre un técnico de primer nivel mundial.

En fin, hoy tenía ganas de compartir esto.

¡Sean felices!

lunes, 23 de marzo de 2015

LA VIOLENCIA SIMBÓLICA HACIA LAS MUJERES

La mujer, al igual que el hombre, tiene derecho a ELEGIR con quién tiene ganas de estar, y cómo tiene ganas de vestirse. Que una mina te quiera o no te quiera es una cuestión de libertad de elección, no un derecho a ser reclamado. No puedo ir con un abogado y hacerle juicio a una mina a la que no le gusto, sin importar cuál sea el motivo: si porque le parezco tonto, pobre, feo y/o carente de gracia, o porque cree que puede conseguir algo mejor. "Señor juez, una mina en un boliche no me dio bola y en cambio salió con otro pibe fachero y musculoso. ¡No puede ser señor juez!”. La discusión sobre la histeria femenina o la histeria masculina no aporta nada cuando se mezcla con la cuestión de la violencia simbólica hacia las mujeres y los derechos humanos. No puede ser que naturalicemos que en nuestro país, todos los días y a toda hora se le digan barrabasadas por la calle a las mujeres. Tampoco creo que esté bien decirles piropos galantes a mujeres desconocidas. No es un asunto de “cómo levantarse minas”. No es una cuestión de estadísticas por la cual “si me chamuyo a cien, con que el uno por ciento me lleve el apunte capaz que conquisto a varias”. 

De acuerdo a un informe del Observatorio de Femicidios, entre 2008 y 2012 murieron 1432 mujeres. Y casi 1800 chicos quedaron sin madre. En los primeros nueve meses de 2013 hubo 209 casos. En el último año se duplicaron los femicidios de mayores de 60 años. 


Es importante que los hombres tomemos conciencia del tema y ayudemos a no farandulizarlo. No se trata de una "guerra de sexos" sino principalmente de un asunto de derechos humanos, de dignidad humana, de respeto a uno mismo y a los demás. No se trata de que los hombres acompañemos la lucha por los derechos de las mujeres porque así "las minas nos van a dar pelota". Se trata de algo grave, denso, que está ocurriendo en nuestro país y que no es para tomárselo en joda. 

La violencia simbólica es una violencia que no es física pero tiene un correlato y consecuencias eventualmente físicas. Y precede a la violencia física. Siempre que va a haber violencia física viene precedida por la violencia simbólica. A veces son palabras dichas casi sin querer, insultos velados, descalificaciones que luego se legitiman socialmente. En los colectivos sociales la violencia no ocurre de repente, "en frío", como venida de otro planeta. Cuando se trata de situaciones de linchamiento, de discriminación, de racismo, de genocidio, de femicidio, antes hay una sistemática situación de violencia simbólica que puede durar mucho tiempo y que debemos ayudar a parar. 

Luego podremos discutir qué tan materialistas son las mujeres o los hombres en el marco de la actual sociedad de consumo, y en qué medida eso es nocivo o cualquier otra discusión paralela que se les ocurra. No se está diciendo que los tipos que dicen barrabasadas por la calle sean "femicidas" (quienes dicen guarangadas son mucho más numerosos que quienes matan mujeres), pero sí que ayudan a generar situaciones de violencia simbólica que no hay que naturalizar.


"Tiradas a la basura en la bolsa de consorcio: igual que se tira un forro, la cáscara del zapallo, los papeles que no sirven y los huesos del asado entre tantas otras cosas. Tiradas como si nada, como objetos de consumo que ya fueron consumidos. Agarrarlas, asustarlas, verlas rogar, desnudarlas, humillarlas, violarlas, después matarlas, meterlas en una bolsa, tirarlas a la montaña de restos de la ciudad. Ya terminó el predador. Seguirán la policía, los abogados, los jueces y las cámaras de TV: sigue la carnicería en una especie de show que explica los femicidios. 

Si la chica usaba short. Si tenía más de un novio. Si puso fotos en Facebook con boquita pecadora. Si salía mucho de noche. Si volvía a la mañana y tenía olor a whisky. Si estudiaba o no estudiaba. Si trabajaba de día o repartía tarjetas en la puerta de un boliche. Si era virgen. Si le gustaba enfiestarse. Si fumaba marihuana o sólo tomaba agua. Si tenía buenas notas o había repetido de año. Lo que dicen los amigos. Lo que piensan los vecinos. Lo que recomienda el cura que dirige la parroquia. Lo que supone un psiquiatra que va a la televisión. Lo que dice el movilero. Lo que supone la prensa. La idea que todos dicen sin terminar de decir: si la chica usaba mini y le gustaba bailar y si llevaba adelante su propia vida sexual según lo que le gustaba, era una trola y las trolas se la buscan y la encuentran. 

La construyen poco a poco como si fuera culpable: digamé, comunicador y digan sus audiovidentes, si una mujer joven tiene más de un novio o, peor, ninguno, y vuelve en pedo a las seis y salió en vestido corto, ¿Se está buscando la muerte? ¿Piensa que se la merece? ¿Usted cree que debería volver antes de las doce? ¿Vestirse con una burka e ir a misa los domingos? ¿Usted quiere que le pida permiso a algún buen señor para salir cuando quiere? ¿Que deje de salir sola? ¿Que piense lo que se pone porque si a un hijo de puta le parece algo indecente por ahí la hace pelota? Le pregunto más cortito: ¿Piensa que una chica es propiedad de algún muchacho y que si no tiene dueño pueden matarla tranquilos? ¿De verdad se siente bien eligiendo como elige la foto más provocativa para decir sin decir “la piba era una atorranta”, “los padres no la cuidaban”, “su vida no tenía rumbo”? Empieza una denigración, algo que está en la cultura, no digo que lo inventa usted, pero podría revisar la máquina de prejuicios que le salta cuando habla y cuando hablan los demás. 

Entre otras cosas se nota la puntuación del mercado: hay cuerpos que valen más y hay cuerpos que valen menos. Casta, rica y estudiosa vale más que pobre y trola pero todas valen menos que el cuerpo del matador que es la manifestación extrema de este estado de las cosas: buena parte del planeta cree, a veces sin saberlo, que cosas somos nosotras. Pobres cosas, poca cosa, algo que se usa y se tira, nada de bienes suntuarios, muñecas que se descartan como globos ya pinchados. Es como canibalismo. Es una bestialidad. Piensen un poco, señores, piensen también las señoras y sientan un poco más: somos sus madres, sus hijas, sus hermanas, sus esposas, sus amigas, sus amantes, sus novias. Somos más de la mitad del mundo que hacemos juntos. No insumos a descartar".

martes, 17 de marzo de 2015

LA ADMIRACIÓN Y EL DESPRECIO

En términos generales, creo que las personas cultivadas admiran más de lo que desprecian, entre otras cosas porque el desprecio suele ser hijo de la ignorancia, el resentimiento, la soberbia, el prejuicio y/o cierta tendencia al cualunquismo. No por nada el asombro filosófico del niño es el motor que lo hace aprender. Escucho y leo muchos argentinos despreciar tal o cual aspecto cultural de un país limítrofe, pero al indagar un poco noto que no son muy cultos que digamos. Te entiendo un poco más, pero sólo un poco más, si luego de ningunear la totalidad de una cultura me citás un aforismo de Nietzsche en alemán, me abrumás con tus conocimientos de historia latinoamericana o de literatura francesa. Tu desprecio es una forma de autobiografía. Más allá de que admirar a ciertos personajes poco recomendables también sea una forma de autobiografía. Si me preguntan por la cultura húngara, simplemente respondo: no conozco lo suficiente como para opinar.

Eso no implica que uno niegue que, por diversos motivos que no vienen al caso, la filosofía alemana constituye una tradición más rica que la filosofía paraguaya o argentina. Simplemente digo que se puede admirar a la filosofía alemana sin necesidad de despreciar al resto. Admiremos el rock británico y/o el fútbol brasileño y/o la literatura rusa sin necesidad de despreciar por despreciar.

domingo, 15 de marzo de 2015

PETER CAPUSOTTO Y LA ARGENTINIDAD

En cierto modo, la patria es cualquier lugar en el que  uno se encuentre a gusto. No me considero un nacionalista, y creo que uno puede y debe ser todas aquellas cosas que quiera, siempre y cuando sus deseos no interfieran con la convivencia en armonía y libertad con el resto de los seres humanos. Sin embargo, deploro cierta concepción para la cual pareciera ser que para un argentino, no hay nada peor que otro argentino.

Dos de las veces que estuve en la biblioteca del Instituto Goethe, escuché a personas que dialogaban con una de las bibliotecarias, de nacionalidad alemana, casi en tono de disculpas por ser argentinos. Recuerdo que un señor mayor se la pasó media hora hablándole de la inseguridad, de lo riesgoso que era que los extranjeros visitaran centros turísticos como La Boca, porque los robaban y los mataban. El señor no se privó de aportar su solución mágica ante tanta barbarie: su propuesta consistía en matar a todos los chorros con un revólver con silenciador. Estimo que su fantasía se reducía a que los extranjeros, principalmente de origen europeo y norteamericano, pudieran seguir disfrutando del exotismo de nuestras tierras bárbaras mientras a su alrededor los chorros morían como moscas, pero sin ruido.

Tampoco falta el tipo que compara cada aspecto de la Argentina con lo mejor que ocurre en el mundo: nuestros trenes con los trenes japoneses, nuestros jugadores de básquet con los mejores players estadounidenses de la NBA, nuestro sistema de salud con el sistema sueco, y así siguiendo. No se necesita ser demasiado perspicaz para darse cuenta que este tipo de comparaciones no tienen otro objetivo que el de confirmar un prejuicio inamovible: "este país es una mierda" y "acá no se puede vivir". Además se advierte cierta tendencia en confundir "despotricar" con "hacer política".

En este sentido, el personaje de Luis Solari (ver aquí) me parece una de las creaciones más interesantes de Peter Capusotto.


Voz en off: “¿Todavía no estás convencido acerca de cómo es la tierra en la que naciste?”

Luis Solari (cantando): “Ayer tiré un papel en la calle, y nadie hizo nada. En Miami te meten 300 dólares de multa: no es como acá”.

Voz en off: “Luis Solari, el cantante que nunca viajó afuera pero le contaron. Seguí sus canciones y su día a día para convencerte de que tenés que deprimirte por vivir en un país que siempre será una absoluta bosta”.

Luis Solari (mientras un asistente le alcanza una tacita de café): “Gracias querido. ¿Cuánto te salió el café?”

Asistente: “Catorce pesos”.

Luis Solari: “Je, en Portugal, un euro te sale… Un café bueno, un café de verdad. Esto seguro que es de filtro (toma un sorbito). ¿No te digo? Está frío. ¡Vení nene, devolvélo! Está frío. Esto en Dinamarca… vendés un café frío y te cierran el local. Te ponen una multa… (…)”

Voz en off: “Luis Solari, para reafirmar que vivís en la tierra del fracaso”.

Luis Solari (cantando): “Ayer paré a la policía, y la coimeé. En Chile si lo querés coimear, te meten en cana, y no como acá”.

Voz en off: “¡Dále, sentí vos también que jamás podrás ser feliz viviendo en este país enfermo y psicópata; sólo creado para someter a sus habitantes al sufrimiento de saber que en otro lado podrían vivir mucho mejor!”

Luis Solari (a un asistente que está con un celular): “¿Tiene muchas cosas eso?”

Asistente: “Sí, muchas”.

Luis Solari: “Disculpáme, ¿cuánto te salió?”.

Asistente: “Dos lucas”.

Luis Solari: "Listo, en Canadá, cinco dólares. Esto mismo, cinco dólares y de calidad. No es como acá(…)"

Me pareció  muy significativo el artículo que aparece leído por la voz en off -Pedro Saborido-, parodiando el estilo típico de los artículos de Marcos Aguinis, autor de un muy mal libro como "El atroz encanto de ser argentinos".

Por Marcos Aguinis, para La Nación

Sentir de una vez por todas que este país es una patada en los huevos. Yo voy a otro y la paso mejor. Venir es una tragedia. Irse es la felicidad.

¿Por qué carajo me quedo entonces? No lo sé a ciencia cierta. Pero seguro es que afuera se darían cuenta de lo que soy. Y por ahí me cago de hambre.

Entonces, me quedo a las puteadas. Pero me quedo.

Alguna vez hablé de Juanete, pero hoy hablo de Luis Solari, cuya inspiración nos ilumina porque nos muestra desde la más absoluta ignorancia que estamos condenados a vivir en un país del orto, donde lo único que nos queda es el culto a la amistad y esas pelotudeces, o realizar el sentimiento patriótico con el fútbol, la Copa Davis o en una propaganda de tarjeta de crédito  que esponsorean a los Pumas, que encima siempre terminan con el upite roto.

De esta manera nos sentimos identificados con la síntesis de su poesía. Al rescate de los verdaderos sentimientos argentinos con respecto a la propia tierra. Un amor incondicional hasta que todo se va al carajo, cosa que pasa seguido. Como amar, entonces, algo que es una basura como definición.

Es cierto que también está la reacción contraria, que asegura que somos "los mejores del mundo". Pareciera que entre la soberbia y el desprecio casi no existieran matices. Al respecto me gustaría comentar un libro de Alejandro Grimson, titulado Mitomanías argentinas, pero eso será tema de un próximo posteo.


La pregunta que a uno le surge es: ¿hasta qué punto se puede construir un país mejor si varios de sus habitantes creen estar viviendo en el peor de los mundos posibles?

lunes, 20 de enero de 2014

LOS JAPONESES SON VAGOS

En 1915, el gobierno japonés contrató a un consultor económico australiano, quien luego de recorrer fábricas a lo largo del país, sentenció: 

"Mi impresión con respecto a su mano de obra barata se desilusionó enseguida cuando vi trabajar a su gente. No hay duda de que se les paga poco, pero su rendimiento es igualmente bajo; ver trabajar a sus hombres me hizo pensar que son ustedes una raza muy acomodadiza y conformista que reconoce que el tiempo no es un objetivo. Cuando hablé con algunos gerentes me informaron que era imposible cambiar los hábitos del legado nacional".

La cita pertenece al libro Mitomanías argentinas, de Alejandro Grimson, y figura en el libro de Chang, Ha-Joon, ¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres (2009).

La copié para contradecir -o por lo menos matizar- cierto prejuicio provinciano que afirma que los argentinos son vagos, ineptos e incapaces a comparación de otras sociedades trabajadoras y organizadas, como por ejemplo la japonesa.

No se trata de un juicio aislado: durante un viaje a Asia, allá por 1911, la dirigente socialista inglesa Beatrice Webb opinó que los japoneses tenían "conceptos inaceptables del ocio y una independencia personal inaceptable". Su juicio de los coreanos no fue mucho mejor, al punto que los describió como "doce millones de salvajes sucios, degradados, huraños, perezosos e irreligiosos que andan de aquí para allá vestidos con ropa blanca sucia y de la peor calidad".

No me interesa establecer una moraleja, sino simplemente complejizar un poco la realidad, para ayudar a que salgamos de la "mitolandia" habitual.