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martes, 10 de enero de 2017

SOBRE UNA CONVERSACIÓN CON ALEJANDRO DOLINA

Estuve releyendo la excelente entrevista que el amigo Gonzalo Garcés le hizo a Alejandro Dolina para la revista Orsai. 

A diferencia de lo que me pasaba hace varios años, actualmente estoy reconciliado con Dolina, más allá de que me resulte cansina su exagerada dificultad para aceptar la madurez y el paso del tiempo. 

Una vez le escuché decir que no había podido disfrutar enteramente ningún placer, sin que una voz le susurrara al oído “te vas a morir” y, peor aún, sin que le dijera “se van a morir aquellos a los que amás”.


A mí el sentimiento trágico de la vida a la Don Miguel de Unamuno me aburre un poco. Entiendo que es imposible no pensar en nuestra condición de seres mortales, pero no me pasa lo de estar constantemente obsesionado con el envejecimiento, o hacer un enorme drama porque le dejé de gustar a las pendejas lindas y medio boludas que gustaban de mí cuando era adolescente. Sabemos que, con suerte y viento a favor, vamos a llegar a ancianos. Ahora bien, como decía Voltaire, “quien no tiene las virtudes de su edad, tendrá que cargar sólo con sus defectos”. Cada edad tiene virtudes que son propias de ese momento, más allá de que a veces la experiencia sea un peine que te dan cuando te has quedado calvo.


En fin, volvamos a la entrevista. Como dice el amigo Gonzalo, “Dolina viene conversando apasionadamente hace muchos años con Schopenhauer, con la China antigua, con Platón, con Borges, con Tolstoi, con los trovadores provenzales, con Woody Allen, con Werner Heisenberg, con Max Planck y otros filósofos de barrio. Es una conversación sin certezas y que tiene todo el aspecto de no terminar. Es decir, es una verdadera conversación”.


Las Crónicas del ángel gris (1988) o El libro del fantasma (1999) me parecen libros flojos, demasiado ingenuos, ideales cuando uno está en la adolescencia. Hay frases escritas ahí que te parecen una obra de arte cuando pibe, pero que después suenan demasiado obvias:


“El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar”.

“El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte”.

“No se puede ser artista si no se ha perdido algo, los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados”.

“No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre Pasión”.

Y frases así por el estilo.

Sin embargo, la división entre “Hombres Sensibles”  y “Refutadores de leyendas” no es una división que Dolina defienda hoy, donde nos dice que la teoría de la relatividad puede ser tan o más hermosa que cualquier obra de arte.

En cierto modo, el exceso de información disponible y la pereza mental del entrevistador dificulta la realización de muchas buenas entrevistas, porque obligan al entrevistado a caer en la redundancia: “así que usted nació en Caseros”, o “así que su madre era maestra”, “¿prefiere componer o escribir?”, y llevan a Dolina a contar lo mismo que ya dijo en cientos de reportajes. No sin cierta vanidad, Dolina dice que la mente pide “verlo a uno en acción”, y Gonzalo agrega: “pide ver a César cruzando el Rubicón”.

Anyway, me gustó lo que el tipo dice sobre los mandatos sociales, que pesan más de lo que nos gustaría reconocer, a veces por el esfuerzo que uno pone en no cumplirlos:

“El mandato social exige garantizar nuestro sentimiento de mañana. Dar garantías acerca de nuestro comportamiento. Yo no digo que eso esté mal; la sociedad necesita esa garantía, siquiera  para criar a los hijos. Pero confundir eso con la pasión, con el deseo, tratar de que el deseo suceda a intervalos regulares y en lugares cómodos, con personas de nuestro mismo grupo social, de edad adecuada, etcétera, bueno, eso es llevar las cosas demasiado lejos. Y por más que la sociedad esté convencida de su propia liberalidad al respecto, yo creo que sigue ejerciendo una fuerte presión sobre cualquier tipo de heterodoxia”.

Gonzalo le recuerda a Dolina la distinción griega entre “eros” y “agapé”, entre el amor pasional y el amor más sereno, y dice que Hollywood tal vez confundió ambos tipos de amor y creó la fantasía de que el amor debe durar para siempre. Dolina recuerda que esa distinción comenzó en el siglo XII o XIII, “en la tierra del Langedoc, en las llamadas cortes de amor”.


Eso me recuerda El amor y Occidente, del filósofo y escritor suizo Denis de Rougemont:

“Amor y muerte, amor mortal: si no es toda la poesía, es al menos todo lo que hay de popular, todo lo que hay de universalmente emotivo, en nuestras literaturas. El amor feliz no tiene historia. Sólo el amor mortal es novelesco; sólo el amor amenazado y condenado por la propia vida puede ser exaltado por el lirismo. Es un dato constatable: el hombre occidental, a través de su literatura y de su lírica, ama por lo menos tanto lo que destruye como lo que asegura «la felicidad de los esposos». ¿De dónde puede venir una contradicción tal? Si el secreto de la crisis del matrimonio reside en el atractivo de lo prohibido, ¿de dónde nos viene ese gusto por las desgracias? ¿Qué ideal del amor presupone? ¿Qué secreto de nuestra existencia, de nuestro espíritu, tal vez de nuestra historia, se desvela?”.

Personalmente distinguiría, con esa tendencia mía tan característica de explicarlo todo, entre “eros”, “philia” y “agape”. Tomo la distinción, principalmente, de algunas intuiciones de André Comte-Sponville:

Eros:


El amor erótico es el más egoísta, y tiene que ver con la atracción física, la pasión, el deseo; podemos caracterizarlo con una cita de Lucrecio que habla sobre los sentimientos de los amantes:

“Con sus miembros amalgamados, gozan esa flor de la juventud, y ya sus cuerpos adivinan la voluptuosidad siguiente; Venus va a fertilizar el campo de la mujer; aprietan ávidamente el cuerpo del amante, mezclan la saliva, dientes sellados contra las bocas: vanos esfuerzos, porque no pueden robar nada del cuerpo que abrazan, ni penetrarlo o fundirse en el otro por completo. Porque, por momentos eso parece que desean…”.


El amante que se encuentra bajo el influjo de Eros ama a su amada como el lobo ama al cordero. Como diría Ariosto: “Igual que el cazador que persigue a la liebre, por el frío y por el calor, por montes y valles; sólo la estima cuando huye y la menosprecia cuando la tiene”.

En este sentido, estar enamorado es amar al otro para bien de uno mismo. Por eso se torna vital  la presencia de otro tipo de amor, si se quiere, más virtuoso (entiéndase bien, más virtuoso no quiere decir más necesario): la amistad (philia).

Philia:

Platón ha sugerido que el deseo implica una carencia. Por caso: no desea salud el que está sano sino el enfermo. Lo que la persona saludable desea no es la salud presente sino la por venir. Comte-sponville hace al respecto una distinción que me parece muy iluminadora: él dice que Platón confunde deseo y esperanza. Por ejemplo: un escritor que ama su profesión sabe, intuitivamente, que hay un abismo entre escribir y tener la esperanza de escribir, que es el abismo que separa el deseo como carencia (esperanza o pasión) del deseo como potencia. Gozamos con lo que hacemos o con lo que somos toda vez que deseamos aquello que no nos falta. La diferencia entre esperanza y deseo es la que existe entre el hambre que tortura al hambriento y el apetito que deleita a un gourmet.


La amistad no es carencia ni deseo de fusión sino comunidad, fidelidad, ganas de compartir. El amor como philia es el que puede darse entre marido y mujer al cabo de un tiempo: al comienzo se hace presente el eros, el hambre, el deseo como carencia, el amor que aferra, que devora, el amor egoísta. Más tarde se puede aprender a amar al otro aceptándolo como alguien distinto. 

El de la amistad no es un fuego inconstante y fugitivo sino templado y duradero. La amistad se alimenta y crece del goce de compartir una charla, de reírnos juntos, de consolarnos mutuamente.

La amistad se funda en la libre elección del otro, y siempre es entre iguales. Cuenta Montaigne que Arístipo, cuando le acosaban con el afecto que debía a sus hijos por haber salido de él, se puso a escupir diciendo que aquello también había salido de él, y que igualmente engendramos piojos y gusanos.

El mismo Montaigne, al tratar de explicar su amistad con La Boétie, dijo: “si me obligan a decir porqué le quería, siento que sólo puedo expresarlo contestando: porque era él, porque era yo”.

Agapé:


El término griego agapé es lo que la iglesia latina ha traducido como cháritas. Utilizo el término griego porque entre nosotros la palabra caridad tiene una connotación más de “dar limosna”, y no es eso lo que intento expresar bajo este concepto.


Hay una frase magnífica, me han dicho que es de Cesare Pavese pero para mí puede también ser de Theodor Adorno en su Mínima Moralia: “serás amado el día en que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro la utilice para afirmar su fuerza”. Este tipo de amor es uno de los más difíciles de lograr, casi se diría que es sobrehumano. En muy pocas ocasiones, tal vez nunca, llegamos a ser capaces de semejante tipo de amor.


El amor en el sentido de agapé implica: amar espontáneamente, gratuitamente, sin motivo, sin interés y casi sin justificación. Esto no sólo lo distingue de la avidez del eros sino también de philia: la amistad implica alegrarme con la alegría del amigo, dar placer y amor porque así recibiré placer y amor, etc. Posiblemente, agapé sea un desideratum solo al alcance de los santos; o quizá el amor de los padres por sus hijos se parezca al amor de “agapé”. Acaso la amistad sea el único amor generoso del que seamos capaces.

Si una persona nos ama nos da poder: el poder de hacerla momentáneamente feliz, que es otra forma de decir que nos da las armas para lastimarla.

Volviendo a Dolina, el tipo nos recuerda el ensayo de Octavio Paz, La llama doble:

“Paz atribuye el origen del amor tal como lo vivimos nosotros –es decir el amor pensado como irreemplazable, como escuela de desengaños, el amor pensado como sufrimiento, si fuera necesario- al discurso que se desarrolló en las cortes de amor del siglo XII. Ahí estaría la pasión, es decir lo primero que uno siente, la visión de un cuerpo hermoso, diría Platón, y luego el agregado de un discurso espiritual al respecto”.

Me gustó la respuesta de Dolina cuando dice que “el deseo es ineficaz cuando su cumplimiento es tan lejano que provoca el desaliento o cuando su cumplimiento es tan cercano que provoca el aburrimiento. Si el deseo se cumple inexorablemente y al instante, bueno, eso aburre. Y si no se cumple nunca te descorazona. Un deseo suficientemente elástico, que se cumple a veces, yo creo que mantiene al espíritu en una intensa ansiedad, que es lo más parecido a la felicidad que yo he conocido”.

Y luego agrega un matiz que me parece interesante:

“(…) el deseo es tan elástico que de tanto estirarse y aflojarse, empieza a no servir. De tanto desear, y de tanto convertir bagatelas en utopías, el deseo también se afloja. Y el alma se desengaña, se aburre, se ofende. Si cualquier cosa es un deseo, uno se ofende. El espíritu se ofende”.

Luego de leer la entrevista en Orsai y como estoy de vacaciones, estuve tomando unos mates y viendo algunas entrevistas que le hicieron al Negro por televisión. Escuchándolo se me ocurrían algunos pensamientos:

Definirse a uno mismo implica limitarse, achicar los horizontes. No es necesario saber exactamente quién es uno: yo no sé lo que soy, pero sé de qué huyo. Está bueno tratar de no tener demasiadas certezas: las certezas nos vuelven intolerantes. La duda humilla, te vuelve más humilde, más terrenal, y quizá por eso convoca mejor a la amistad. “¿Seré tan bueno como dicen mis tías?”. Muchas veces yo mismo afirmo cosas con demasiado énfasis, y me dejo llevar por la pasión. Sin embargo, no es porque quiera imponerle a nadie mi visión de la vida: simplemente comparto lo que pienso por si eso me ayuda a encontrar algún alma más o menos afín.

No tengo mayores problemas si algún escritor, músico o artista que a mí me conmueve en lo más hondo, a otro lo deja indiferente. No me importa en lo más mínimo que estén de acuerdo con cada cosa que digo, sino que tanto su acuerdo parcial, su desacuerdo total o su coincidencia plena me ayuden a pensar, a ser mejor persona de lo que era. No tengo laureles en los cuales dormirme, pero igual me viene bien que las personas que me conocen me ayuden a no dejarme estar. Dejarse estar es una descortesía para aquellos que nos quieren. Hay tipos que se desinflan con el paso del tiempo, y no en el sentido de que se arrugan o echan panza, sino que empiezan a reírse de chistes cada vez más boludos, andan con la camisa desabrochada, no piensan antes de hablar… Hacen de cuenta que no hay nadie a su alrededor que los quiere, o que los está escuchando o que debe aguantar el olor a chivo o sus desatinos al conversar.


En una de las entrevistas le preguntan por su relación con el padre. Dolina cuenta que lo suyo con el padre fue quererse más que comprenderse. “Comprenderse no era lo nuestro”, ahora “si a uno le dan a elegir entre que lo comprendan y que lo quieran, no lo pensaría ni un segundo. No necesito minas que me comprendan, necesito minas que me quieran mucho”.

Los celos pueden ser, si uno es piola, un acicate para incrementar el deseo. Lo mejor es buscar la intensificación del deseo propio viendo cómo los demás desean a la mujer que uno ama, sin por eso festejar que se vaya con el vecino. Sabiendo que nosotros miraremos con deseo a otras mujeres que pasan tanto como ellas desean otros hombres ocasionalmente.

Para terminar, les dejo una hermosa creación de Alfredo Lepera, un hermoso tango que a Dolina le gusta mucho porque le recuerda su miedo al paso del tiempo y su trágica dificultad para enamorar pendejas. Lo supo cantar muy hermosamente el gran Carlos Gardel:


VOLVIÓ UNA NOCHE (1935):

Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: "Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá"

Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad.
Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: "Es la vida". Y no la vi más.

Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.

domingo, 5 de junio de 2016

EL RECHAZADO INDIGNO Y EL CARÁCTER TRÁGICO DEL AMOR

Cuando son rechazados por una mujer que les gusta, y más en sociedades machistas como las nuestras, hay hombres que sienten indignación, como si se hubiesen vulnerado sus derechos fundamentales (1). Como dijo alguna vez Dolina:


“Uno siente tristeza, en cierto modo humillación, ¿pero indignación? Algunos reclaman: ‘¿Cómo me decís que no a mí?’ (..) Y hay una pequeña exhibición hasta curricular. A mí que soy tal cosa, a mí que tengo una camioneta 4 x 4, a mí que vivo en tal lado, a mí que te pagué veintiséis copetines…”


Esa vieja trampa que nos hacemos a nosotros mismos –Sartre hablaría de “mala fe”- , que nos impulsa a buscar razones equivocadas: “me rechazó porque ella está muy influida por las amigas”; “me rechazó porque sabe que soy muy mujeriego”; “me rechazó porque tiene miedo de enamorarse o de involucrarse”; “me rechazó porque no sabe lo que quiere”; “me rechazó porque es una histérica”...


Es cierto que hay mujeres que no saben con certeza lo que quieren, lo que no hay son mujeres que no saben LO QUE NO QUIEREN. La triste realidad es que, cuando una mujer te rechaza, lo hace por una razón bastante sencilla: NO LE GUSTÁS. NO LE PRODUCÍS NINGÚN TRASTORNO. LE RESULTÁS INDIFERENTE. Sin embargo, hay muchos hombres que al ser rechazados buscan motivos extravagantes sin atinar a dar con la única razón valedera.


Tiene razón Dolina cuando dice que “no hay nada que moleste más a una mujer, que un tipo que no es y hace fuerza por ser (…) Si no aparece inicialmente esa llama que permite el incendio, nos quedamos sin fuego”.


Puede que Dolina nos parezca demasiado “superficial”, incluso medio “vende humo”, en el sentido de que suele valorar, muy por encima de cualquier otra virtud, la juventud y la belleza corporal. Se nota en su discurso la influencia de El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde. Personalmente no tolero mucho rato a las mujeres vacías o superficiales, aunque me pueda sentir muy atraído por su aspecto exterior. 

Sin embargo, cuando Dolina sugiere que tratar de agradar a otro te mejora, porque amar es darse en alimento y ser a la vez alimento del otro, no puedo menos que coincidir con su postura.


Ahora bien, ¿qué significa decir que amar a quien no nos ama es “trágico”?

En la antigüedad griega se dio una competencia entre la curiosidad teórica, representada por la filosofía, y el arte de la tragedia. 

Si leen la República de Platón, notarán su desprecio hacia el arte de la tragedia. Si uno lo piensa bien, el razonamiento es coherente desde el punto de vista platónico. La sabiduría de la tragedia se cifra en dejar ciertas cosas en la oscuridad o en la indecisión. En otras palabras, diríamos que en la tragedia no hay posibilidad de "síntesis". El amor es trágico porque, hasta cierto punto, el fracaso amoroso no es culpa de nadie.


Tomemos el ejemplo de Antígona, la tragedia de Sófocles, y allí veremos que tanto la hija de Edipo como Creonte tienen buenas razones para actuar como actúan. Un filósofo como Platón no puede aceptar que ambos tengan razón, porque eso implicaría negar que exista una verdad, y la posibilidad de distinguir bien de mal.


Como no existe una ciencia del amor es que el arte se vuelve mucho más eficaz para abordarlo. La ciencia trata de producir enunciados que puedan ser universalizables. El arte, toda vez que la experiencia estética se produce, nos interpela de modo personal.


Decir que la extinción del amor no es culpa “de nadie” no quiere decir que una relación no deba ser alimentada con trabajo y dedicación, sino afirmar que una vez que la llama se apaga, o si nunca estuvo encendida, es inútil tratar de avivar un fuego que no existe.

El amor como dador de sentido:

Nietzsche decía: “quien tiene un porqué para vivir, soporta casi cualquier cómo”. Estoy convencido de que el amor, en todas sus formas, es aquello que nos da el sentido más vigoroso para existir. Es más sencillo crecer como persona si todo lo que uno emprende está motivado por el deseo de ser querido. No sé si era Goethe quien afirmaba que amar a otro daba más fuerzas que sentirse fuerte.


Reconozco que también debemos aprender a no ser queridos, no sólo porque es utópico pretender caerle bien a todo el mundo, sino porque tampoco es deseable. Por lo demás, ni siquiera el más hábil demagogo puede lograr la aprobación universal. 


En lo personal, lo repito nuevamente, me gusta esa idea que sugiere que amar a alguien implica darse en alimento, y a su vez ser alimento de ese alguien. En tal sentido, me parece válido que uno se esfuerce por tratar de ser, para con el ser amado, el alimento más nutritivo y sabroso posible. Otra definición de amor que me agrada es la de Baruch Spinoza, quien si mal no recuerdo decía poco más o menos que “amar a otro consiste en querer ser causa de su alegría”.


Borges contaba que el pintor americano Whistler estaba cierta vez en un café de París y, como la gente discutía el modo en que la herencia, el ambiente, la situación política y cosas por el estilo influían en el artista, el tipo dijo: “Art happens” (“el arte sucede”). Vale decir, en el origen del arte, como en el amor, hay mucho de misterio. Sabemos intuitivamente lo que es el amor como sabemos lo que es la poesía, aunque no podamos dar una definición precisa. Así también somos incapaces de definir de una vez y para siempre el sabor del café, el color rojo o una puesta de sol.


“La rosa es sin porqué, 
florece porque florece
No cuida de sí misma
No pregunta si uno la ve”. 

“Die Rose ist ohne Warum.
Sie blühet, weil sie blühet.
Sie achtet nicht ihrer selbst,
fragt nicht, ob man sie siehet”. 
(Angelus Silesius)


Si nos ponemos muy racionalistas diremos que lo que llamamos misterio o magia no es más que la ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad. Leeremos estudios de científicos y botánicos que se ocuparán de analizar las propiedades químicas de la rosa o cómo la rosa fue percibida de modos diversos de acuerdo a la época y a la zona geográfica. Sin embargo, existe cierta indecibilidad de origen: “Las cosas no tienen significación: tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas” (Fernando Pessoa).

Acá un post relacionado.



Nota aclaratoria: (1) Para simplificar el posteo, pienso hablar del rechazo femenino en relaciones heterosexuales, que son aquellas con las que personalmente me identifico. Aclaro, para que no bufen los eunucos, la obviedad de que existen “rechazados indignos” en todas las combinaciones de género y orientación sexual.

domingo, 30 de noviembre de 2014

LA BELLEZA FEMENINA Y LA COSIFICACIÓN DE LA MUJER

“En rigor de verdad, ¿cuál es el límite para que una indumentaria sea susceptible de indignaciones ajenas? ¿Hasta dónde debe llegar un escote? ¿Hasta dónde debe llegar una pollera corta? Es absurdo plantearlo en esos términos. El tema es otro, el tema no es cuán desnuda está una dama mientras te carga nafta. El tema es la libertad y el poder. Si alguien se viste como quiere porque lo decide, está bien siempre. Si alguien es acosada, es presionada, es extorsionada para que se vista de determinada manera, o para que haga determinadas cosas, ahí es donde debemos indignarnos.

Es fácil saber dónde está la maldad, dónde está lo diabólico. Lo diabólico está en el tipo que comenta después. No en la chica que viene con la pollera corta. La estupidez del demonio está en el comentario del hombre. Viene una chica con una calza ajustada y está bien. Lo que lo convierte en obsceno es el tipo que aparece después y le dice “¡mamita, si te agarro te hago tal y tal cosa!”. Ese tipo de comentarios destruye lo que hasta podría ser una muestra de belleza, y lo convierte en algo obsceno. Creo que podríamos seguir pensando. ¿No será que en virtud de todo esto la belleza empieza a ser subvalorada, y que casi todas las mujeres rechazan el ser solamente bellas y exigen otro tipo de consideración porque les parece que cuando le dicen que son hermosas, le están diciendo también que son tontas? Hay una costumbre mediática contradictoria, que consiste en mostrarte por un lado mujeres desnudas y bellas y por el otro un “no, bueno, en realidad no quiero que me consideren sólo una cara bonita”, etc. ¡La belleza es una enorme virtud! Yo soy petrarquista en ese sentido, y creo que la belleza opera milagros. Creo que también hay una segunda puerta que es indispensable, que es la de la tonicidad espiritual, la inteligencia o como la queramos llamar, que también debe ser examinada. La obscenidad viene por la falta de libertad, por la extorsión, y por el comentario denigratorio del hombre que aparece después: eso es horripilante. Fíjense la escena de Tinelli: está fenómena la chica con una pollera corta, es hermosa. ¿Y qué es lo que la degrada? El tipo que viene luego y le dice “vení mamita que te corto la pollera…”. Eso es horrible. Eso enfría la situación. Todas esas cosas hay que pensarlas.


Un último tema, para que lo piense incluso la gente hermosa. ¿No hay una satisfacción personal en vestirse de modo tal que se encienda el deseo de los demás? ¿No produce eso también una especie de placer, o una situación que favorece el placer ulterior? Hay que examinarlo. Entonces, porque hay un mandato social que dice que una pollera corta es de mal gusto, la chica no se la quiere poner por más que le gustaría. ¿Qué es el me gustaría? Me gusta vestirme de modo tal que encienda el deseo de mi novio, de los tipos que pasan, de otras personas; pero no lo hago porque hay una especie de supuesto buen gusto que está impuesto vaya a saber por quiénes y desde dónde”. (transcripción ligeramente modificada por mí)

La reflexión, que me pareció por demás interesante, pertenece a Alejandro Dolina y la pueden ver y escuchar acá. No es importante si Dolina dice lo que dice porque en rigor "se quiere levantar minas hermosas". La cuestión es lo que dice, no las intenciones  que operan por detrás de lo que dice, que a mí me tienen sin cuidado. La objeción más sencilla, originada en cierta filosofía barrial de cuarta, sugiere que todo hombre que dice preocuparse por los derechos de la mujer, en realidad "la quiere colocar". Puede ser, puede ser más o menos, puede no ser. ¡No importa! Las intenciones ajenas, en última instancia, terminan por ser inescrutables.


Creo que mucho de lo que se sugiere en ese párrafo que transcribí debería ser obvio, y sin embargo no lo es. No digo que no hayamos avanzado nada como sociedad, sólo digo que ni por asomo avanzamos lo suficiente.

Entiendo que el límite entre el coqueteo seductor y el histeriqueo narcisista es bastante difuso. Ahora bien, ¿no tiene derecho una mujer hermosa o un tipo fachero a tratar de seducir a partir de su apariencia? ¿No harían ustedes lo mismo si tuviesen la facha necesaria? Entiendo que todo es cuestión de armonía, y tampoco me parece piola una persona que está todo el tiempo sacándose selfies en las redes sociales para cosechar "me gusta". No creo en el "soy mirado, luego existo". Sin embargo, cada uno seduce con las armas que tiene.

En el tema puntual de las discusiones mediáticas que disparó la negación de Carla Conte a que le corten la pollera, uno ha podido escuchar o leer innumerables comentarios del tipo "y ahora te venís a hacer la ofendida, si toda tu carrera la basaste en mostrar las tetas, bla bla bla". ¿Ese es el argumento que esgrimen? Me parece terriblemente estúpido.

Es completamente natural y esperable que la visión de una mujer hermosa, vestida de modo provocativo, nos despierte deseo. Ese DE NINGÚN MODO es el punto principal. Si no entendemos algo tan simple como eso, no entendemos nada. Si no entendemos que violar, acosar o injuriar a una mujer no se justifica JAMÁS a partir del modo en que esté vestida, estamos en serios problemas como sociedad. Esto que parece una obviedad, no lo es para buena parte del discurso mediático. Yo no tengo "derecho" a que una mina me de pelota. Eso es confundir el plano erótico con el plano jurídico-político, o con el plano ético. En todo caso tengo derecho a casarme por civil si ella me acepta. ¿Cómo puede ser que algo tan obvio como la diversidad de planos pueda mezclarse conceptualmente de modo tan burdo? ¿Cómo puede ser que un tipo se ofenda si una mina lo rechaza? Uno se puede sentir desilusionado, triste, menoscabado en su autoestima. ¿Pero reclamar airadamente poco menos que el derecho a ser aceptado por la chica que nos gusta? ¿Insultar a una mujer en un boliche porque nuestras armas de seducción le son completamente insoportables?

Luego podremos discutir acerca de varios tópicos como hasta qué punto el modelo de belleza que impera en la publicidad es nocivo para la convivencialidad democrática; sobre cómo la sociedad de consumo puede hacerte sentir una mierda si no sos joven o si no respondés al etereotipo deseado; sobre "la televisión blanca"; sobre si es justo que una persona menos cualificada que otra para un determinado empleo gane el puesto sólo en virtud de su apariencia física, etc. Hay planos de discusión muy diversos: estético, ético, político. Pero todo eso escapa a lo que me interesaba discutir hoy.

Eso es todo por hoy.

¡Sean felices!

Post Scriptum: les dejo otro link para seguir pensando juntos.

lunes, 25 de agosto de 2014

METER UN BOCADILLO O LA IMPORTANCIA DE LA BELLEZA FÍSICA: FABIÁN CASAS Y ALEJANDRO DOLINA

Tomemos el siguiente diálogo entre Dolina y un oyente, que versa sobre la seducción:

Oyente: "las chicas en las que estoy interesado no me dan ni la hora, y las que no me interesan, sí me dan bolilla. ¿Por qué sucede esto?"


Dolina: "es muy fácil saber porqué. Es algo así como una cadena de prioridades. Por ejemplo los monos. El mono más poderoso elige primero, se establece una jerarquía. Cuando vos tenés un número, por arriba de ese número no te dan bolilla, y los que están abajo están desesperados por vos. La naturaleza, que desea que una especie prospere, infunde deseo: por el más fuerte, por el más lindo, por el más dotado. Entonces, ¿quién es el que primero elige, aquél con quienes todos quieren estar? El más poderoso; en una mujer es lo mismo: la más linda. Y hay una que es la más linda, otra la número dos, la número tres… Los que están en ese lugar, son codiciados por todos, pero a medida que usted desciende en esta lista de prioridades, ya el número 78 no tiene tanta suerte con la número 4. Suponte que este muchacho esté en el número 15: hasta el número 14 no le dan bolilla, del 14 para atrás, que son las que a él le gustan, no le dan bolilla, y las otras sí. Es muy raro que exista un 50 para un 2. Pero hay un engaño en la naturaleza, más allá del dinero: el tipo termina por enamorarse de la número 54, creyendo que es la número uno. Esa resignación cósmica de conformarte con la 54, y al rato no sólo te conformás sino que te gusta y terminás pensando que es la reina del corso, es lo que salva a la especie".


Podríamos decir que los feos siempre envejeceremos mejor que los que han sido muy bellos en su juventud, en el sentido de que nos ahorraremos la nostalgia de haber sido muy deseados. En cierto modo, este argumento guarda relación con lo que dice Louie CK en este video:

Allí, el humorista estadounidense se burla, con su habitual sarcasmo, de la mentira de frases del tipo "siempre hay un roto para un descocido". ¡No! Hay personas que han nacido sin la capacidad de ser deseadas por NADIE. Hay personas que tienen un valor nulo o negativo en el mercado sexual:

"A la gente le gusta decir: 'siempre hay alguien para cada uno'. ¡No! Para nada cierto. Y dejen de decirlo porque es vil para la gente que nunca encuentra a nadie. Hay millones de personas que hemos decidido unánimemente que son horrorosas. Y nadie las besa en los labios siquiera. Nadie les toca sus genitales en toda su vida. Se los lavan ellos mismos y se mueren. Eso es todo. Oh, si se sienten mal, pueden encontrar a uno mañana y cogérselo, y resolver el problema ahí mismo. Con toda esa bondad en sus corazones (...)

Nadie coge hacia abajo. La gente coge hacia arriba o transversalmente. Algunas mujeres lo hacen porque algún tipo las convenció de que cogerían para arriba".


En más de un artículo y/o entrevista, el escritor Fabián Casas rememoró las palabras que Delfor Medina, un amigo del padre que había sido actor, le dijera en su infancia:

“Hace muchos años, él pasó una temporada en la costa con mi familia, de vacaciones. Delfor era un hombre alto y musculoso, tanto que en el ambiente le decían ‘el grandote’. Ese verano –yo tenía doce años- solíamos ir  todos a playas alejadas. Y fue una de esas tardes cuando el grandote se decidió a aleccionarme sobre las mujeres. Me dijo que la pinta era lo de menos, que, textual, ‘si uno tiraba un buen bocadillo caía la Princesa de Mónaco’. Me acuerdo perfecto de esa frase que se volvió como un axioma. Cuando lo vi a mi hermano más chico le conté lo que me había dicho Delfor: que no había que preocuparse por la pinta, que un buen bocadillo podía con todo. Rápidamente entre mis amigos del barrio empezó a circular la buena nueva de ‘el bocadillo de Delfor'. En una escena clave de Belleza Americana, la película de Sam Mendes, un freak que persigue a una chica está mirando un video que él mismo filmó y donde una bolsa de papel poseída por el viento se mueve de un lado a otro y él, en estado hipnótico, le dice a la muchacha lo que realmente ve en esa imagen: la soledad del mundo, la belleza abandonada de la vida, etc., etc., todos bocadillos de Delfor que se clavan en el corazón de la niña quien, impresionada, sólo atina a agarrar la mano del chico que hasta segundos atrás le parecía un pelmazo”.

En rigor de verdad, Casas tergiversa un poco el recuerdo de la escena, como para que se ajuste mejor a su argumentación. Quiero decir, el personaje de Thora Birch ya había mostrado interés en el pibe: le parecía misterioso, seguro de sí mismo... Tan es así que lo termina invitando a que la acompañe a su casa. En otras palabras: el “bocadillo de Delfor” fue una edificación hecha sobre cimientos más o menos sólidos. El pibe la podía arruinar, pero no tenía que remar desde cero.


Hasta aquí, las dos posturas. ¿Cuál es tu opinión, hipócrita lector? ¿Son posturas complementarias? ¿Son posturas contradictorias? ¿Son posturas machistas? ¿Son posturas hijas de la sociedad de consumo? ¿Son posturas realistas? ¿Ambas tienen algo de cierto? ¿La visión de Dolina es una suerte de darwinismo ingenuo mezclado con lecturas trasnochadas de Oscar Wilde? The answer my friend, is blowin in the wind, como la bolsa que baila con las hojas.

domingo, 6 de abril de 2014

EL ODIO Y LA INJURIA COMO HECHO POLÍTICO

En éste video, Alejandro Dolina criticaba la polarización del debate político a partir del mensaje de un oyente que creía firmemente en todas las denuncias de Jorge Lanata:

“Siento que nada bueno puede hacerse sin tener un negocio turbio detrás. Esto es Lanata”. Lo interesante es que Dolina se cuida de injuriar a Lanata, simplemente dice que “si alguien está desilusionado porque la situación del país es mala y porque no se puede hacer nada sin tener un negocio detrás es que le cree todo a Lanata. No importa si es cierto o no es cierto, lo que importa es la metodología. Si vos estás interesado en una situación de destitución, lo que tenés que hacer es exactamente esto, y lo mejor que podés conseguir es que alguien dé por cierto todo lo que vos decís, que la situación del país es mala y que no se puede hacer nada serio en el país sin tener un negocio turbio detrás”.

Por si hiciera falta, aclaro que me interesa discutir el discurso de Lanata, y A PARTIR de Lanata, aunque al hacerlo deba aludir indefectiblemente a su persona. Los "debates ad hominem" son, casi siempre, injurias que estimulan el odio y no desembocan en nada bueno.

Digresión: Respecto de la “situación de destitución”, la postura de Lanata -cercana al discurso de Lilita Carrió- es clara: “tenemos que sacar a esta gente, votando a otra gente (...)esta historia no da para más”. En ese sentido me parece más honesto que jugar a ser independiente. El tema es que hay que sacar a esta gente, ¿votando a qué gente? Porque no podemos importar demócratas impolutos desde Saturno para que nos gobiernen. En fin, prosigo.

Dolina no sugiere que las denuncias son ciertas o falsas, sino que le importa señalar que la instalación de la cosmovisión que cree que los políticos son todos chorros, y que nada puede hacerse sin que intervenga un negocio turbio, es el principal triunfo de cierta tendencia propia del discurso "lanatiano". El triunfo de Lanata no es luchar por la verdad, sino instalar la idea de que la política es algo sucio, feo y sospechoso. ¿Cuál es la lectura parcial que puede hacerse, sin forzar demasiado sus palabras? Dejemos todo en manos privadas, porque el Estado está lleno de corruptos y de ladrones. Esa visión tiende a dejar todo en manos de la “plutocracia”.

Más adelante, Dolina ilustra su argumento con un ejemplo histórico, tal vez demasiado extremo,  acerca de la situación de judíos y palestinos en Israel. Nos dice que al principio la convivencia era medianamente posible, más allá de algunos incidentes aislados, “hasta que el odio fue creando ofensas de carácter creciente, y entonces aquella región se convirtió en lo que es hoy: un lugar que no tiene solución, salvo la aniquilación del otro”.

Independientemente de qué tan rigurosa es la interpretación histórica que Dolina tiene sobre el conflicto árabe-israelí, su argumento se sostiene: la escalada de odio puede ocasionar ofensas de las que difícilmente se pueda regresar. Y antes de que los eunucos bufen, aclaro que en la parte final Dolina le habla a Jorge Dorio, su compañero, y le dice que se debe tener cuidado en la entonación con que nos referimos al otro. Allí, se está refiriendo a 678.

Sobre 678 y el accionar de los "medios Spolski", ya dijimos algo en el siguiente post, a propósito de una charla entre Alejandro Kaufman y Barragán:


Retomando, y sirviéndonos de las palabras del sociólogo francés Pierre Bourdieu:

 “Los periodistas despliegan todos los días ese poder de construcción y constitución de la difusión masiva, por el hecho de publicar o no publicar los temas que surgen –hablar de una manifestación o dejarla en silencio, dar cuenta de una conferencia de prensa o ignorarla, resumir de modo fiel o inexacto, deforme, favorable o desfavorable- o incluso por el hecho de colocar títulos y leyendas o etiquetas profesionales más o menos arbitrarias, por exceso o por defecto –por ejemplo, la etiqueta de ‘filósofo' por el hecho de transformar en un problema algo que no lo es, o viceversa. Pero pueden ir mucho más lejos, con total impunidad, respecto de las personas o de sus actos. Podríamos decir, sin exagerar, que poseen el monopolio de la difamación legítima”. (En Bourdieu Pierre, “Pensamiento y acción”, Ed. Libros del Zorzal, Capítulo 9, págs..  53-54)

Lo que hace Bourdieu es parafrasear la famosa definición weberiana del Estado como aquel que detenta el “monopolio de la coacción física legítima”, aplicándola al periodismo.

La capacidad de injuriar que tienen los medios masivos de comunicación es muy fuerte: pueden instalar sospechas de corrupción -fundadas o infundadas-, difundir públicamente un video íntimo de una persona pública que tiene sexo con su pareja, extorsionar, etc. Este poder los convierte en un arma potencial de linchamiento público.  Por eso se dice, con buen tino, que los medios privados TIENEN UNA FUNCIÓN SOCIAL, y por tanto la deben ejercer con especial honestidad intelectual y responsabilidad cívica.

Respecto del odio, rescato el siguiente comentario de Oscar Cuervo en éste post de Abel Fernández :

Oscar Cuervo dice (enero 29, 2012 en 5:28):

“Yo por primera vez en mi vida puedo entender la histórica persistencia del antiperonismo. ¿Cómo puede ser que haya habido durante décadas una identidad política tan fuerte que sólo se define por su “anti”? Me deja perplejo esa falta de definición por la positiva. ¿Quién lideraba políticamente el antiperonismo? ¿Aramburu? ¿Rojas? ¿Los radicales? ¿El socialismo democrático? Nahhhh… No lo lideraba nadie: o mejor dicho: lo lideraba Perón, pero negativamente: era un vasto colectivo social que se regía por abominar todo lo que hiciera Perón y todo lo que fueran los peronistas. A falta de una conducción política, el antiperonismo produjo emergentes culturales. Uno puede recordar el “Viva el cáncer”, las estatuas de Evita, que mi mamá me contaba que los arrancaban de sus pedestales y las arrastraban por cuadras y cuadras, el secuestro del cadáver de Evita que solo logró mantener viva la presencia de “esa mujer” en el pueblo argentino, las burlas despiadadas de Borges y Bioy Casares… Esa energía política reactiva (porque se regía por idénticas dosis de odio, miedo y asco a un sector social mayoritario y proscripto) definió que el antiperonismo se mantuviera como un bloque muy poderoso y sin embargo incapaz de generar un liderazgo político alternativo. Los antiperonistas se definieron en relación a Perón y al peronismo, contra él y ellos. Así les fue.



Yo no viví esa época, pero por supuesto, viendo el tipo de impotencia política que late en las expresiones de odio anti-k, me puedo imaginar una continuidad. Estamos en una época intensamente kirchnerista y uno de sus principales síntomas es el odio antikirchnerista: desde un Mariano T hasta un Quintín, desde la Carrió hasta Caparrós, desde Susana Viau hasta Huilli Raffo, el odio se acrecienta en la medida en que Néstor y Cristina (y creo que Cristina mucho más que Néstor) se transforman para ellos en una obsesión morbosa. Casi una fascinación, no pueden sustraerse de mirar cada discurso de Cristina para encontrar nuevos motivos para odiarla. Y creo que el odio se acrecienta en la medida en que Cristina acierta, tiene éxito, toma decisiones correctas y triunfa en la esfera decisiva del apoyo popular. Cuanto más acierte y cuanto más apoyo obtenga, no esperemos que estos anti-K moderen su odio, porque el efecto es contrario: lo aumentan. Me parece que estos son más kirchneristas que los kirchneristas como yo, porque ponen un monto de libido tan fuerte en odiarla que si no la tuvieran ahí sus personalidades se desestructurarían.

No sé dónde buscar el fundamento de este extraño fenómeno, pero hay una prueba: están tan capturados por el odio a Cristina que no pueden consolidar un liderazgo que los contenga. Ahora están obsesionados con la re-reelección y en su alarma puede comprenderse que no se detuvieron en pensar que en estos 4 años tienen que parir un proyecto alternativo, o construir un liderazgo. No. Su pesadilla es figurarse que en 2015 tampoco tendrán a nadie y que Cristina, después de 12 años de gobierno kirchnerista les ganaría fácilmente.

Creo que este fenómeno (particularmente intenso en la pequeño burguesía ilustrada) se nutre de tradiciones culturales más que de intereses económicos. Probablemente con cualquier otro gobierno esta pequeño-burguesía estaría peor, pero solo cuando vieran a Cristina derrocada o muerta (como fantaseaba Lilita hace años) saciarían su sed.

Por supuesto, no le creo una palabra a Mariano T cuando dice que este odio se los produce las expresiones del verticalismo, los soldados de Cristina y la descalificación a los traidores, porque este tipo de expresiones se dan en un sector muy reducido de la militancia kirchnerista, mientras que el factor decisivo de los triunfos políticos se encuentra en los millones que votan con un criterio más aplacado y sensato: votamos a Cristina porque estamos más o menos bien y con cualquier otro estaríamos bastante peor. Mientras los antiK no capten este dato tan sencillo, seguirán cociéndose en su propia salsa”.

Algunas palabras con respecto al discurso de Lanata:

Me pareció interesante una reflexión sobre Lanata hecha por un kirchnerista, autodenominado Bosnio: 


“Lanata, como tantos otros periodistas (el prefijo periodista se utiliza muchas veces con la liviandad con la que se usaba el de ingeniero con Blumberg), no hace periodismo hoy, no busca mantener informado a su público de los diferentes sucesos que ocurren. Tampoco es un filósofo en busca de la verdad última, profunda. Es un actor político (actor en sus varias acepciones) como podría ser un dirigente a cargo del comité de la circunscripción 14. La única excepcionalidad es que no se trata del comité de un partido político tradicional, sino de un grupo de empresas que actúan como partido político no-electoral (permítaseme el oxímoron) o no-partido.

La estrategia que este no-partido ha escogido para aumentar su capacidad de influir sobre la cosa pública es, en particular, la de estimular el franco rechazo al gobierno nacional, a todas sus medidas, a sus colaboradores, aún a su estilo, pero en forma más amplia consiste en erosionar la credibilidad en el sistema político electoral. Para el éxito de esta estrategia, como para la de cualquier otra, es clave convencer a la mayor cantidad posible de ciudadanos, de periodistas y de políticos, entusiasmarlos, llevarlos a que reflexionen sobre la realidad basados en las estructuras que más benefician al no-partido, con las ponderaciones de los hechos y focalizando en los detalles que más convengan a la estrategia. Y la forma más legítima de hacerlo es por la prédica.

La existencia de organizaciones empresarias que hacen política sin encuadrarse en el formato de la política electoral es un vicio que tienen todas las repúblicas del mundo aunque la Argentina se destaque en esta materia. Es un yuyo que se ha ido en vicio y que habrá, al menos, que ir podando.

Pero éste es el marco general, el sustrato, no es Lanata ni los demás dirigentes de este mega comité que es la pantalla de Clarín. Es una situación que lo precede y que esperamos se vaya corrigiendo con la implementación de la ley de medios y el despertar de los partidos políticos y la militancia. Él está a cargo de un comité de este partido Plutocrático y como tal debe buscar fortalecer la sensación de pertenencia de sus seguidores, darles razones para querer pertenecer más y más a este no-partido, empujar la estrategia partidaria, debilitar las estrategias de los partidos competidores, etc.…

En esta función Lanata ha sido razonablemente exitoso.

(...) 

A diferencia de tanta repetidora, al estilo del Gran Joaquín, el serio Santo, el reflexivo Castro, el jovial Majul, el amigable Leuco o Mariano el latinista, que se limitan a repetir con diferentes tonos y gestos el mismo titular de Clarín, el mismo contenido que alguien en Clarín se tomó el trabajo de crear, Lanata suele crear su propio contenido. Puede ser carne podrida, pero es de su propio matadero. Crea contenido de la nada, contenido moderno, joven, con twitteros, blogueros, La Cámpora, etc... que alimenta la ametralladora catódica por varios días, llena el alma de quienes buscan una razón más para detestarla a ELLA, para mofarse de todos los políticos en general y en especial de los simpatizantes K.

Si fuera nuestro partido, valoraríamos más a un Lanata que a un Leuco. Leuco repite lo mismo, como quien retransmite la cadena. Lanata inventa. Por supuesto que quien inventa arriesga y mucho de lo que inventa no pasa ninguna prueba de rigor. Pero ahí cruzaríamos al campo del periodismo o de la investigación, que nada tienen que ver con todo esto.

No juzguemos aquí si además podría hacer periodismo, si con los mismos recursos podría haber hecho mejores investigaciones (...) 

Critiquemos a Lanata por el no-partido al que pertenece, pero lo que hace para ese no-partido es razonable. No es el resultado de un idiota ni de un error.  


De Lanata no hay que burlarse, a menos que nos burlemos como chicana. Podemos hacerlo para erosionar su prestigio, enmarcados en la misma puja por la arena política. Pero en la intimidad de la reflexión, sepamos que hace bien lo que se propone. Con un equipo de investigación mínimo, con muy poco tiempo para producir, cada domingo lanza un fuego de artificio que deja a su audiencia con las baterías del rechazo y cierto desprecio totalmente recargadas. Qué más se le puede pedir a un responsable de un comité?



Tampoco nos enojamos con Lanata. Podríamos decir que jugó bajo las reglas del buen difamador. Busca ocasionar el mínimo daño personal que le permita el daño político buscado. No hay saña, no hay bronca en la tarea.

Sí pudo haber razones de enojo, ideológico, preferencias culturales y, por supuesto, de dinero, prestigio, reconocimiento personal detrás de su aceptación para dedicarse al comité de tan particular partido. Pero luego hace lo que su función le pide que haga y, al comparar con el resto, no lo hace del todo mal.

Así como tampoco creemos que Clarín equivocó su estrategia, aun cuando no logró los frutos que esperaba y la paliza de Octubre fue una derrota inocultable. Pero una derrota no permite asegurar un error, hay derrotas que son el mejor camino posible para un sector.

(...) En aquel entonces (el Bosnio habla de la época de Menem) la plutocracia había logrado instalar su modelo como una necesidad política para cualquier otra fuerza que quisiera ganar, más allá de aquella que había lucrado (electoralmente) con ella. Hoy Clarín logra "envenenar" el proyecto lo suficiente como para que ningún opositor intente apropiarse de él para sus promesas electorales. "El que lo toca, pierde" pareciera ser el mandato instalado y es sin duda un mérito, visto desde sus intereses.



Otro éxito de la estrategia Clarín es haber logrado que la clase política, por fuera del gobierno nacional, sostenga que las mejoras ocurridas han sido fatalidades inevitables traídas por los vientos de cola del exterior. Pocos discursos más despectivos hacia la acción política en general que éste, pocas ideas vacían de valor a la clase política más que ésta. "Si es todo cuestión de vientos, ¿por qué mejor no nos ahorramos todo este despelote de votar y mantener diputados, opositores, oficialismos, etc.?" es la pregunta que inevitablemente se instala en el ciudadano una vez que ha comprado la idea del viento de cola. Los ganadores de esta idea no son los opositores electorales, sino todos aquellos que se benefician con la debilidad del vínculo entre la sociedad representada y sus representantes, entre otros las grandes empresas”.

Termino este post, inusualmente extenso, con una cita bastante conocida, de Bertolt Brecht:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.


Post scriptum: sé perfectamente que los antikirchneristas furiosos creerán que la mía es una defensa corporativa del kichnerismo. La verdad es que creo que poco puede hacerse para tratar de intercambiar argumentos con un "talibán", ya sea k o anti k.

Lo que sí me interesa demostrar es que si parte de la oposición sigue presa del antikirchnerismo en automático, las chances de idear y llevar a la práctica un proyecto político superador, morirán antes de comenzar. Tampoco creo en el "mantener lo bueno y mejorar lo malo", como suele decir Massa, si no se me dice cómo lo piensa hacer. 

Nota: el posteo es del 26 de mayo de 2013, y está sacado de otro blog. Por eso los "anacronismos".