domingo, 5 de junio de 2016

EL RECHAZADO INDIGNO Y EL CARÁCTER TRÁGICO DEL AMOR

Cuando son rechazados por una mujer que les gusta, y más en sociedades machistas como las nuestras, hay hombres que sienten indignación, como si se hubiesen vulnerado sus derechos fundamentales (1). Como dijo alguna vez Dolina:


“Uno siente tristeza, en cierto modo humillación, ¿pero indignación? Algunos reclaman: ‘¿Cómo me decís que no a mí?’ (..) Y hay una pequeña exhibición hasta curricular. A mí que soy tal cosa, a mí que tengo una camioneta 4 x 4, a mí que vivo en tal lado, a mí que te pagué veintiséis copetines…”


Esa vieja trampa que nos hacemos a nosotros mismos –Sartre hablaría de “mala fe”- , que nos impulsa a buscar razones equivocadas: “me rechazó porque ella está muy influida por las amigas”; “me rechazó porque sabe que soy muy mujeriego”; “me rechazó porque tiene miedo de enamorarse o de involucrarse”; “me rechazó porque no sabe lo que quiere”; “me rechazó porque es una histérica”...


Es cierto que hay mujeres que no saben con certeza lo que quieren, lo que no hay son mujeres que no saben LO QUE NO QUIEREN. La triste realidad es que, cuando una mujer te rechaza, lo hace por una razón bastante sencilla: NO LE GUSTÁS. NO LE PRODUCÍS NINGÚN TRASTORNO. LE RESULTÁS INDIFERENTE. Sin embargo, hay muchos hombres que al ser rechazados buscan motivos extravagantes sin atinar a dar con la única razón valedera.


Tiene razón Dolina cuando dice que “no hay nada que moleste más a una mujer, que un tipo que no es y hace fuerza por ser (…) Si no aparece inicialmente esa llama que permite el incendio, nos quedamos sin fuego”.


Puede que Dolina nos parezca demasiado “superficial”, incluso medio “vende humo”, en el sentido de que suele valorar, muy por encima de cualquier otra virtud, la juventud y la belleza corporal. Se nota en su discurso la influencia de El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde. Personalmente no tolero mucho rato a las mujeres vacías o superficiales, aunque me pueda sentir muy atraído por su aspecto exterior. 

Sin embargo, cuando Dolina sugiere que tratar de agradar a otro te mejora, porque amar es darse en alimento y ser a la vez alimento del otro, no puedo menos que coincidir con su postura.


Ahora bien, ¿qué significa decir que amar a quien no nos ama es “trágico”?

En la antigüedad griega se dio una competencia entre la curiosidad teórica, representada por la filosofía, y el arte de la tragedia. 

Si leen la República de Platón, notarán su desprecio hacia el arte de la tragedia. Si uno lo piensa bien, el razonamiento es coherente desde el punto de vista platónico. La sabiduría de la tragedia se cifra en dejar ciertas cosas en la oscuridad o en la indecisión. En otras palabras, diríamos que en la tragedia no hay posibilidad de "síntesis". El amor es trágico porque, hasta cierto punto, el fracaso amoroso no es culpa de nadie.


Tomemos el ejemplo de Antígona, la tragedia de Sófocles, y allí veremos que tanto la hija de Edipo como Creonte tienen buenas razones para actuar como actúan. Un filósofo como Platón no puede aceptar que ambos tengan razón, porque eso implicaría negar que exista una verdad, y la posibilidad de distinguir bien de mal.


Como no existe una ciencia del amor es que el arte se vuelve mucho más eficaz para abordarlo. La ciencia trata de producir enunciados que puedan ser universalizables. El arte, toda vez que la experiencia estética se produce, nos interpela de modo personal.


Decir que la extinción del amor no es culpa “de nadie” no quiere decir que una relación no deba ser alimentada con trabajo y dedicación, sino afirmar que una vez que la llama se apaga, o si nunca estuvo encendida, es inútil tratar de avivar un fuego que no existe.

El amor como dador de sentido:

Nietzsche decía: “quien tiene un porqué para vivir, soporta casi cualquier cómo”. Estoy convencido de que el amor, en todas sus formas, es aquello que nos da el sentido más vigoroso para existir. Es más sencillo crecer como persona si todo lo que uno emprende está motivado por el deseo de ser querido. No sé si era Goethe quien afirmaba que amar a otro daba más fuerzas que sentirse fuerte.


Reconozco que también debemos aprender a no ser queridos, no sólo porque es utópico pretender caerle bien a todo el mundo, sino porque tampoco es deseable. Por lo demás, ni siquiera el más hábil demagogo puede lograr la aprobación universal. 


En lo personal, lo repito nuevamente, me gusta esa idea que sugiere que amar a alguien implica darse en alimento, y a su vez ser alimento de ese alguien. En tal sentido, me parece válido que uno se esfuerce por tratar de ser, para con el ser amado, el alimento más nutritivo y sabroso posible. Otra definición de amor que me agrada es la de Baruch Spinoza, quien si mal no recuerdo decía poco más o menos que “amar a otro consiste en querer ser causa de su alegría”.


Borges contaba que el pintor americano Whistler estaba cierta vez en un café de París y, como la gente discutía el modo en que la herencia, el ambiente, la situación política y cosas por el estilo influían en el artista, el tipo dijo: “Art happens” (“el arte sucede”). Vale decir, en el origen del arte, como en el amor, hay mucho de misterio. Sabemos intuitivamente lo que es el amor como sabemos lo que es la poesía, aunque no podamos dar una definición precisa. Así también somos incapaces de definir de una vez y para siempre el sabor del café, el color rojo o una puesta de sol.


“La rosa es sin porqué, 
florece porque florece
No cuida de sí misma
No pregunta si uno la ve”. 

“Die Rose ist ohne Warum.
Sie blühet, weil sie blühet.
Sie achtet nicht ihrer selbst,
fragt nicht, ob man sie siehet”. 
(Angelus Silesius)


Si nos ponemos muy racionalistas diremos que lo que llamamos misterio o magia no es más que la ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad. Leeremos estudios de científicos y botánicos que se ocuparán de analizar las propiedades químicas de la rosa o cómo la rosa fue percibida de modos diversos de acuerdo a la época y a la zona geográfica. Sin embargo, existe cierta indecibilidad de origen: “Las cosas no tienen significación: tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas” (Fernando Pessoa).

Acá un post relacionado.



Nota aclaratoria: (1) Para simplificar el posteo, pienso hablar del rechazo femenino en relaciones heterosexuales, que son aquellas con las que personalmente me identifico. Aclaro, para que no bufen los eunucos, la obviedad de que existen “rechazados indignos” en todas las combinaciones de género y orientación sexual.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias che! Ahora voy a empezar a escribir contenido en otro sitio, tipo "taller de filosofía". Todavía no lo abrí... estoy buscando tiempo/ganas para empezar a escribir. Es inútil pero me gusta.

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