Mostrando las entradas con la etiqueta GORILISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta GORILISMO. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2020

EL AMIGO ABELARDO CASTILLO SE REFIERE A JUAN JOSÉ SEBRELI

Me cebo unos mates y me dispongo a seguir leyendo el segundo tomo de los Diarios de Abelardo Castillo, y de repente aparece una reflexión muy atinada sobre un libro de J.J. "El Yaya" Serenelli (Níga Fontanarrosa dixit):


"Leo Crítica de las ideas políticas argentinas, de Juan José Sebreli. Lo mejor, unas formidables citas de Sarmiento, al principio del libro. Lo peor es casi todo el resto. Estoy hasta la coronilla de estos potajes de marxismo de Shopping y neoliberalismo a la Bernardo Neustadt. Desde hace cuarenta años, Sebreli escribe banalidades para la derecha, haciéndose el francotirador de izquierda. Esto es lo que se llama “sociología” en nuestro país. Es asombroso cómo se puede mentir diciendo verdades parciales, eligiendo, de mala fe, ejemplos aparentemente irrecusables. Lo incómodo es que para criticar bien este libro habría que escribir otro de, por lo menos, igual tamaño”.

Comparto plenamente el juicio de Don Abelardo, sobre todo cuando dice que el amigo King Kong escribe "banalidades para la derecha" disfrazándose de "francotirador de izquierda".

Hago mías las palabras de Rinconete cuando tuiteaba que "da igual el tema en cuestión, médicos cubanos, presos excarcelados, Vicentin o el peligro de extinción del mapache plateado. El motor de los cacerolazos es el antiperonismo (hoy circunstacialmente antikirchnerismo) y el combustible son los medios. Esa es la verdadera oposición".

En mi humilde opinión, el amigo Sebreli es una suerte de "Intelectual Cacerolo": no importa qué tan independiente crea ser, cualquier opinión suya sobre actualidad política tenderá a ser una racionalización a posteriori de un impulso emocional contrario a cualquier medida, proyecto o iniciativa que venga del peronismo.

En el fondo no es más que la arraigada pereza mental de la interpretación histórica goriloide, que en mayor o menor medida viene a decir siempre lo mismo: la culpa de todos nuestros males radica en el "populismo"/"kirchnerismo"/"peronismo".


El ensayo es un género libre que, saltándose las limitaciones del especialismo académico, puede dar lugar a grandes obras; sin embargo, también es un género que admite las boludeces eruditas de un Sebreli.

Ser crítico del peronismo es sano; ser un gorila recalcitrante y cultivar el indignacionismo en automático no hace otra cosa más que empobrecer el debate democrático.

miércoles, 6 de mayo de 2020

RESPONDIÉNDOLE A CICERONA: UNA JOVEN MEDIO OBTUSA QUE SEGURAMENTE SEA MÁS DESPIERTA DE LO QUE ME DEMOSTRÓ EN TWITTER

Hay una idea que se mantiene en algunos macristas culturales como la amiga Cicerona, quien se indigna de aquellos que a su juicio "condenan la riqueza" porque, estimo yo, deduce que somos resentidos o que odiamos al que se esfuerza y "crea riqueza" o alguna distorsión "aynrandiana" por el estilo.


Dato al pasar: el 2% del total que se blanqueó gracias al amigo Macri es el equivalente aproximado a lo que gastó el Pami a lo largo de todo el 2019.



Recordemos que el blanqueo es el perdón de un delito de aquellos que pusieron su dinero en paraísos fiscales o evadieron impuestos. Se le llama "blanqueo" como un eufemismo, así como le llaman "dólar blue" al dólar ilegal para embellecerlo o "cepo" al dólar -un instrumento de tortura- a la restricción a la compra de dólares del kirchnerismo. La terminología económica, lo sabemos bien, muy pocas veces es neutral.


El proyecto de ley tiene que ver con un gravamen extraordinario, aplicado por única vez, para paliar los efectos de la pandemia. La idea es crear un impuesto a las personas físicas -no a las empresas- que tengan un presupuesto superior a los 200 millones de pesos: se trata de menos de 12 mil personas. La recaudación estaría -hay que ver bien cuál es el proyecto de ley si finalmente se aprueba- entre los 3.500 y los 4.000 millones de dólares.


Me gustaría que Cicerona, que me dice que soy un pelotudo y que la grieta es moral e intelectual, presente sus argumentos en los comentarios, dado que debería ser sencillo para alguien tan brillante como ella debatir con un ganso tan básico e inmoral como yo. En lo personal me gusta el debate de ideas, y estoy dispuesto a darle la razón a quien no piensa igual toda vez que me convenza con sus argumentos. No me gustan las burbujas culturales.


Retomando, en éste diálogo con Carlos Heller, un periodista del programa de Andino le dice que  "hay una diferencia entre perseguir y seducir". Y ahí arribamos a la idea zombi de "seducción plutocrática". 

La seducción plutocrática:

Algunos kukas decimos que "la seducción plutocrática" es una idea que "aparece defendiendo una medida como justa, pero sugiere lograrla mejor por la vía del diálogo con el poderoso, convencerlo de que consienta suscribir a ella. Es la idea que subyace en el apoyo indudable a una quita de impuestos a todo rico que haga A, para estimular que hagan A, pero rechazar de plano el aumento de impuestos a todo aquel rico que no haga A, para estimular que lo haga". En otras palabras, el rico sería un burro que sólo se mueve con zanahoria, y el resto sólo nos movemos con un palo porque si no pagamos impuestos nos multan.

"Si el poderoso posee el derecho a ser seducido en lugar de ser compelido como el resto, ¿no estaríamos reconociéndole derechos desiguales? ¿Por qué la ley debería someter a quienes no tienen poder de resistirla y debería buscar seducir a quien sí?".

Entiendo que Cicerona me hablaría de "clima de negocios" y "seguridad jurídica" para atraer inversiones y que crezca el empleo, pero la cuestión no es tan sencilla. Es cierto que en una economía capitalista hacen falta inversiones, pero ojo. La industria minera es un claro ejemplo de sensibilidad a la seducción, dado que cuanto menos niveles de control ambiental y menores regalías se le imponga, posiblemente más invertirá. Claro que eso puede tener costos irreversibles para el medioambiente y para la salud  de la población que vive en las cercanías de la mina explotada. La reducción salarial es otro argumento muy atrayente para Mauricio Macri, quien durante una entrevista decía "lo que hay que hacer es bajar los costos, y los salarios son un costo más". El problema es que luego los seducidos por ahí no invierten a causa de la caída del consumo que conlleva esa reducción masiva de salarios. Lo que quiero decir es que son cuestiones que el debate democrático debe tener en cuenta.

La dominación económica y política se basa esencialmente en estereotipos: nos dicen, como Tatcher, que "no hay alternativa" ("there is no alternative"), y con eso quieren decir: "nosotros decidimos lo que cuenta como alternativa y lo que no". Nos dicen que "la estabilización de la economía requiere sacrificios por parte de todos", y  lo que quieren decir es que "la estabilización de nuestras ganancias necesita del sacrificio del pueblo". Nos dicen que "las promesas fáciles y engañosas son una amenaza para la estabilidad" y con eso nos están diciendo: "La democracia es una amenaza para nuestro poder".

A mi juicio, defender la democracia es promover una participación más activa del pueblo en la toma de decisiones que lo afectan, en todos los niveles. Tanto a través de instituciones existentes como mediante la creación de nuevas instituciones. No estoy a favor de aceptar acríticamente ni la tecnocracia del economista neoliberal que se viste de sumo sacerdote que le habla a los feligreses ni la defensa de los intereses privados de las élites como si fueran el interés general.

Dujovne llegó y eliminó las trabas a los ingresos al país de los capitales golondrina, el gobierno de Macri bajó o eliminó retenciones al campo y a la minería, levantó el cepo al dólar y aumentó las tarifas de los servicios públicos. En síntesis: el macrismo le dio a los empresarios todo lo que pidieron, devaluó, aumentó las tarifas, ajustó los salarios por la inflación e hizo mierda el mercado interno. ¿Cuál fue el resultado? Aumentó la deuda externa, la inflación, la desocupación, creció la pobreza y la prometida "lluvia de inversiones" fue esencialmente la especulativa, que vino a hacerse un verano y no mejoró los niveles de empleo respecto del gobierno anterior.

La industria de la minería tuvo una enorme ventaja del macrismo porque le eliminaron las retenciones, y sin embargo cayó la inversión y cayó el empleo en el sector minero. El amigo Macri demuestra que las facilidades a la clase empresaria muchas veces se traducen no en más inversión productiva y mejores niveles de empleo, sino lisa y llanamente en mayor ganancia para los empresarios. Luego retomamos este aspecto.


Estimo que Cicerona es mucho más inteligente que yo y me sabrá rebatir, pero los kukas promedio pensamos que "el mayor estímulo para un gobierno, de escoger el camino de la seducción plutocrática, es no tener a su clase empresarial como viento de frente. No tener a los poderosos oponiéndose a cada medida, buscando vericuetos legales para no cumplir las leyes, presionando por los medios, las cámaras, los lobbistas y las embajadas para cambiarlas o directamente para erosionar el sustento político del gobierno. Ese menor ruido ambiente es maná para un gobierno, en especial para uno cuyo sustento popular esté debilitado. Sin olvidarnos del factor humano, por el cual muchos políticos sobrevaloran los beneficios de la seducción plutocrática y minimizan sus consecuencias adversas.

Una tesis hermana de esta es la de la confianza. La que propone que el Estado debe crear confianza para que sean los hombres de negocios que inviertan en la  economía y no el Estado. Ya a mitad del siglo XX, el economista Michal Kalecki escribía sobre el riesgo de esta teoría de la confianza. El estado sometería de esta manera todas sus políticas a un derecho de veto de su clase empresarial. Si esta objetaba algo, la inversión se desplomaría y el desempleo resurgiría. Según Kalecki, el Estado, por el contrario, debería invertir cuando los privados no lo hicieran para garantizar siempre la creación de empleos más allá de la confianza o la buena voluntad de los hombres de negocios. De este modo, los empresarios podrían decidir ingresar o no al proceso productivo, pero no tendrían poder de chantaje ni impondrían privilegios sobre él". (@rinconet, @elbosnio, @nagusinfo).


Se nos habla todo el tiempo de "la confianza de los mercados", pero no sabemos bien en qué corno consiste esa confianza ni quiénes son "los mercados". Ganar su confianza se parece a las ofrendas a los dioses, que uno les entrega esperando obtener bendiciones. Si esas bendiciones no llegan, la culpa será siempre nuestra por haber sido avaros con nuestras ofrendas.


El problema de que los intelectuales orgánicos de la derecha sean los periodistas hegemónicos:


En una democracia sólida, tanto el oficialismo como la oposición deben aportar al debate de ideas, deben construir y discutir de cara a la opinión pública políticas y proyectos para mejorar tal o cual aspecto de la sociedad en virtud del bienestar colectivo. El problema es que los cuadros intelectuales de la derecha argentina no son los políticos sino más bien los periodistas y algunos economistas. Más allá de que lo nocivo de la "telepolítica" afecta a toda el arco de la clase dirigente a nivel mundial, el problema es particularmente pronunciado entre los representantes de la derecha vernácula.

"Los intelectuales orgánicos de la derecha no son cuadros políticos que se identifican con los partidos, son o periodistas o economistas que se venden frente a la opinión pública como independientes, que construyen un relato desde empresas privadas y que operan como partidos políticos".

Esto que dice Leandro Santoro es grave, porque los delirios paranoicos de una Felicitas Beccar Varela no nacen por generación espontánea sino que se basan en que los cuadros políticos de la derecha se han vuelto perezosos para discutir ideas, porque van atrás del dispositivo mediático que los protege:

"¿Sabés qué estamos viendo? La ausencia de partidos políticos, porque cuando vos tenés un partido de oposición, construye desde una lógica racional y previsible, y eso hace posible por ejemplo la construcción de acuerdos y políticas de Estado. Ahora cuando lo que tenés en realidad es una oposición articulada sobre un grupo mediático, y la política va atrás de ese grupo mediático, ni siquiera tenés interlocutores válidos para ponerte de acuerdo".

¿Ustedes creen que es casualidad que Mauricio Macri no sea capaz de articular un discurso sólido y no pueda lucirse con sus respuestas ni siquiera frente a periodistas operadores como Luis Majul, que le trata de tirar centros para que se luzca? ¿Se imaginan a Mauricio Macri como presidente entrevistado por Horacio Verbitski? Hay cuadros de la derecha que tienen una formación discursiva sólida, como por ejemplo Carlos Pagni, ¡pero es un periodista!


Fíjense como Cicerona le pide a los periodistas que "no perdonen" al peronismo. ¿Por qué alguien que supuestamente milita en la política o cuantimenos defiende sus ideas de derecha es capaz de semejante boludez? Porque se naturalizó la banalidad mediática, el relato vacío o mentiroso, la pereza mental. La carencia de un debate político argumentado, rico en ideas, sólido desde el punto de vista del conocimiento y de la riqueza del lenguaje, es gravísimo.

Todos nos dejamos llevar por el torrente irrefrenable de la estupidez twittera. A lo sumo algunos pueden ser ingeniosos, pero no mucho más. 

Ese tipo de construcción política de la derecha que va atrás de los medios perjudica hoy al oficialismo, pero mañana lo hará con la oposición:

Como bien sugiere Leandro Santoro, quien como imaginarán es alguien odiado y despreciado por la amiga Cicerona:

"Muchas veces lo hemos visto a Macri rehén de las corporaciones que lo ayudaron a ganar las elecciones y le trataron de fijar la agenda. Hay que dejar de joder con la supremacía de la telepolítica, de las operaciones mediáticas como dispositivo de contrucción política y fortalecer la discusión y el debate públicos de nuestra clase política. La dirigencia política en su conjunto debe elevar el nivel de debate y tratar de independizarse del poder mediático, porque si la derecha no tiene territorio ni fortaleza intelectual, terminará parasitando el discurso mediático. En una democracia sólida, los políticos dicen algo y los medios lo reproducen. En la Argentina, hay grupos mediáticos hegemónicos que construyen un relato y luego los políticos lo tratan de reproducir, y muchas veces con un nivel intelectual inferior al de muchos periodistas que lo construyen". 

La Unión Cívica Radical, el Pro, la Coalición Cívica deben tener adentro de sus filas personas formadas que podrían elaborar un discurso político para confrontar civilizadamente con el gobierno y proponer soluciones alternativas. Ahora bien, "como están en un estado de pereza intelectual autoasumida, han dejado que la agenda la fijen las grandes corporaciones, entonces después ves cómo por ejemplo senadores de la provincia de Buenos Aires como Felicitas Beccar Varela construye cualquier disparate y eso se termina masificando, porque además es como la noticia deseada. Hay un sector de la sociedad que espera que se digan esas cosas para festejarlo y tratar de construir una suerte de relato fantástico donde siempre se divide todo entre buenos y malos, honestos y corruptos".



En fin, a mí me parece bien que existan las Ciceronas que quieren profundizar la grieta y lo reconozcan, lo que deploro es que-lo digo nuevamente- se suplante el debate democrático y racional, la discusión de ideas, por un moralismo perezoso, políticamente bobo. No quiero opositores zombis sino lúcidos, que mejoren mis ideas, que las pongan a prueba.

Antes de terminar, quiero retomar algo más sobre la cuestión de la democracia y de las inversiones.

La democracia siempre ha sido el proceso de lucha por la socialización del poder y la distribución de la riqueza. Sin embargo, las élites económicas e intelectuales y su casta política nos tratan de convencer de que la democracia es meramente un procedimiento de selección entre élites para ejercer el control de la administración. ¡No viejo, no me traten de vender espejitos de colores!

Como dijo John Stuart Mill, "la idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva" (citado por Tony Judt en Algo va mal).

No es tan difícil de entender: la democracia no puede ser sólida si un grupo de personas es tan rica como para comprar la voluntad de un número grande de personas que es lo suficientemente pobre como para estar compelida a venderse. 

Comparto los ideales de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Son tres valores extremadamente difíciles de conciliar, pero nuestra democracia tiene que proponerse como horizonte deseable el tratar de acercarse lo más que pueda a ese ideal.


"El neoliberalismo, antes de ser un proyecto económico es un proyecto cultural, y el macrismo vino a resignificar el sentido común, a construir una nueva subjetividad, y esa subjetividad la construyen con herramientas que son sumamente profundas y que apelan a ansiedades, temores, angustias, aspiraciones. Hay una lectura de lo que somos como sociedad que en los últimos años ellos han profesionalizado. No son solamente tipos que dicen discursos vacíos porque pretenden conectar con el alma más superficial de las personas" (Santoro dixit).

Acá el problema es que los sectores populares compren el discurso del macrismo: "te hicieron creer que podías irte de vacaciones", "te hicieron creer que podías tener un plasma o usar aire acondicionado", si te quedás sin trabajo es bueno vivir en la incertidumbre. El cinismo del macrismo consiste en hacer que las víctimas piensen como sus verdugos, y lo consigue porque conecta con el darwinismo social que postula el discurso neoliberal como la única alternativa. Discutir sus ideas económicas es como discutir el verdor del césped o la humedad del agua.

El mayor logro de la hegemonía neoliberal es haber instalado la idea de que las clases que viven de obtener beneficios del Estado son principalmente las bajas, por eso hasta los pobres se quejan: "¿cómo puede ser que mi vecina se haya podido jubilar si nunca hizo aportes?". Si uno les recuerda los negocios fabulosos que la familia Macri, los Bullrich, los Brown han hecho con el Estado, se hacen los pelotudos. No es ningún misterio: la ideología como falsa conciencia que disfraza el interés privado de interés general.


"Durante mucho tiempo escuchamos a los adalides de la ortodoxia económica reclamarle a los pobres que aprendan a nadar, y ahora le están reclamando al Estado que haga salvavidas". Si el Estado asiste con políticas de transferencia monetaria a los sectores más desfavorecidos de la sociedad eso es un gasto público terrible que no puede tolerarse ni mantenerse. Ahora cuando las propias empresas entran en crisis y no pueden pagar los salarios gracias a la pandemia, son los primeros en ir a golpearle la puerta al Ministerio de Producción, al Ministerio de Economía o al Ministerio de Trabajo para que le den subsidios. La conclusión de todo esto es que siempre el Estado cumple un rol indispensable en la armonización de los diversos intereses. Vale decir que el rol del Estado está bien cuando ayuda a las Pymes tanto como cuando atiende a la emergencia social y la pobreza. No es o una cosa o la otra.

El Estado no debe estar todo el tiempo administrando el interés de las élites sino velando por el interés general, y sobre todo atendiendo a los más débiles. Nadie se puede realizar individualmente en una sociedad que no se realiza y donde las desigualdades son tan grandes.

La desigualdad tiene efectos negativos sobre el crecimiento económico: si la concentración de riqueza es muy grande, la actividad económica se achica y se destruye riqueza colectiva. El que tiene mucha guita tiene más de lo que puede gastar, en tanto que hay gente que no tiene plata ni siquiera para su subsistencia. La desigualdad genera mucho poder político para actores económicos, y esos actores, como es de esperar, presionan al Estado para defender sus propios intereses. No toda inversión es socialmente necesaria y útil.

El Estado tiene que implementar mecanismos para hacer que la inversión tenga beneficios sociales, que se traduzca en consumo y empleo. Hay inversiones, sobre todo las de carácter especulativo, que no generan beneficio social sino rentabilidad privada. Gobernar no es meramente crear riqueza, como propone la derecha, sino crear bienestar.

Eso es todo por hoy. ¡Sean felices!

Rodrigo

martes, 29 de noviembre de 2016

BORGES Y EL GORILISMO

En lo personal no soy peronista, pero tengo cierta inclinación a despreciar las actitudes "gorilas", básicamente porque me resultan intelectualmente toscas. Ante todo me interesa distinguir que no me parece lo mismo ser no peronista que ser “gorila". El "gorila" es el "antiperonista". ¿Cuál es la diferencia? El "gorila" cree que el peronismo antes, o el kirchnerismo ahora, es una "simulación": no son lo que dicen ser, "son todos corruptos que se disfrazan de progres para robar", etc. Jorge Lanata, en tanto operador político, usa mucho ese prejuicio a su favor, tratando de instalar la idea de que “el kirchnerismo es el gobierno más corrupto de la historia”. No sé  quién será el dueño del corruptómetro, pero algunos lo aplican sólo para medir gobiernos "populistas". Pero no nos vayamos por las ramas...

Carlos Gamerro distingue muy bien la cuestión: "(...) explico lo que a mi entender es la diferencia decisiva: el antiperonista acepta que el peronismo existe y utiliza su arte e inteligencia para entenderlo y combatirlo; el gorila los usa para demostrar que no existe ni existirá ni nunca ha existido ni debería existir si fuera posible que existiera". 

A mi juicio no existe el gorila “químicamente puro”, sino que hay grados de gorilismo. Por ejemplo: Beatriz Sarlo está más cerca de ser no peronista, sin por eso merecer plenamente el calificativo de "gorila". Sarlo es, en todo caso, medio o un poco gorila. Un escritor genial como Borges era "gorila". Un intelectual de cartón como Fernando Iglesias –autor de Es el peronismo, estúpido-  es gorila. Roberto Gargarella es bastante gorila. Pongo ejemplos diversos como para que vean que hay gorilas muy talentosos (Borges), o muy instruidos (Gargarella), y no todos son marionetas berretas tipo Fer Iglesias. 

El libro de Fer Iglesias sobre el peronismo no sirve para explicar el peronismo, sino el gorilismo. Los panfletos de Borges explicaban no el peronismo, sino el gorilismo. Si uno en cambio quiere entender el peronismo para combatirlo o para criticarlo, deberá leer a un Daniel James, o a un Steven Levitsky, entre tantos otros. 

Tampoco creo que sea muy iluminador usar el término "gorila" como sinónimo de "facho", porque eso nos llevaría a tildar a peronistas de derecha de "gorilas", lo cual oscurece más de lo que ilumina. Por supuesto existen "gorilas" cuyo discurso es más bien “izquierdista” (el citado Roberto Gargarella), y también hay gorilas “derechosos” (Marcos Aguinis).


Para muchos el término "gorila" no sirve para pensar, sino para descalificar al que piensa distinto y para clausurar el debate. Pese a que hay algo de cierto en esa queja, no coincido plenamente. Tiendo a creer que, así como quienes rechazan la división izquierda/derecha  suelen ser “de derechas”; quienes piensan que el gorilismo no existe suelen ser, en mayor o menor medida, “gorilas”. 

El problema con la palabra “gorila” es que se la usa más como adjetivo que como  sustantivo, de modo semejante a lo que ocurre con el término “fascismo”. Me parece que si usamos “gorila” como sustantivo, y nos cuidamos de definir el término con alguna mínima precisión, designa algo “real”, empíricamente verificable. Cuando digo que no hay “gorilas químicamente puros”, sino grados diversos de gorilismo, hago referencia a que los seres humanos somos pluridimensionales.

Un tal Ticruz resumía bastante bien parte de la cuestión, ampliando la definición de Gamerro: 

“Existe un viejo reclamo en torno a la palabra “gorila”, principalmente de parte de las izquierdas tradicionales. ¿Es posible no ser peronista y tampoco gorila? ¿Es sencillamente “gorila” un sinónimo de “opositor”? Se ha usado así, y coincido en que no tiene sentido el término de esa manera. El gorilismo, si es de alguna manera una palabra que representa algo, no es la oposición al peronismo, sino la reducción del peronismo a eso: a un fenómeno primitivo, infernal, visceral. No hay desacuerdo, no hay discusión, sólo odio y desprecio. El otro no piensa diferente, o es cómplice del mal, o es víctima de su estupidez”.

Y un poco más adelante: 

“Tampoco nadie pensaba que Perón era un orangután irracional, todo lo contrario. El gorililismo piensa que el líder es, de hecho, un estratega maquiavélico, con una capacidad especulativa brillante, que manipula a una masa irracional. El primitivo no es el líder para el gorilismo -véase el Rosas de El matadero y el Facundo- , sino sus seguidores. Sólo puede haber dos razones para seguir a ese líder: la idiotez y la maldad. Y el corolario necesario de eso es que el otro, el seguidor de ese líder, deja de ser sujeto válido de diálogo, no es atendible en tanto sujeto pensante. Hacia él sólo queda el odio y el desprecio, la lástima si se es generoso. Eso implica poner al otro en el lugar del salvaje o del bárbaro, en categorías de Lévi Strauss. Esa reducción del otro a la oposición entre civilización y barbarie, es, propongo yo, el gorilismo”.

BORGES Y EL GORILISMO:

“Con Borges decimos que no se puede ser peronista sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego no basta con ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona” (anotación de Adolfo Bioy Casares en su Diario).

Para explicarme mejor, voy a usar varios fragmentos e ideas afanadas de Facundo o Martín Fierro: los libros que inventaron la Argentina, un libro extraordinario del crítico y escritor Carlos Gamerro:


Gamerro nos recuerda que, según Bioy Casares, Borges tendía a aceptar la verdad que se adaptara mejor al texto. Su obra está llena de ejemplos donde, siguiendo criterios básicamente estéticos, defiende posturas aparentemente irreconciliables entre sí: 

“Así, en algunos cuentos supo enaltecer el culto del coraje y optar por la barbarie gaucha (‘Hombre de la esquina rosada’, ‘El fin’, ‘El sur’) y deplorarla en otros (‘Historia de Rosendo Juárez’, ‘La noche de los dones’). Pudo ponerse platónico y proponer que no somos más que un sueño soñado por otro (‘Las ruinas circulares’, Everything and Nothing’) y también resignarse a aristotélico y admitir que nada podemos contra el peso de lo real (‘Nueva refutación del tiempo’, ‘La espera’); proponer que la historia es circular, y que fenómenos como el nazismo son una mera repetición de otros pretéritos –‘Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo’, leemos en ‘El otro’-, o admitir que es lineal y cabe en ella lo nuevo y nunca visto, como el nazismo (‘Deutsches Requiem’); es capaz de fustigar el fascismo y el antisemitismo, tanto el local como el extranjero (‘El milagro secreto’, ‘La muerte y la brújula’), y de ponerse en el lugar de un criminal de guerra nazi (nuevamente, ‘Deutsches Requiem’)”.

De modo semejante a Nietzsche y su idea del “eterno retorno”, Borges es un combinacionista que intenta agotar todas las permutaciones posibles de un número determinado de elementos. Sin embargo, toda esa pluralidad de puntos de vista, todos esos matices, desaparecen totalmente cuando Borges hace referencia al peronismo. El peronismo es la detención absoluta de ese afán combinatorio, el ying que no tiene yang, la cara sin contracara, la oscuridad sin luz. Jamás habrá una justificación del coraje en un militante montonero.

El peronismo le hizo variar su actitud hacia la democracia. Como dice Gamerro: “(…) hasta 1955 define al peronismo como dictadura y lo ataca en el nombre de la democracia; pero a partir de esa fecha, cuando se hace evidente que las dictaduras  son la única barrera contra el peronismo y que cualquier elección limpia lo traerá de vuelta, el ímpetu democrático de Borges se va atenuando progresivamente, hasta desaparecer por completo a partir de 1973”.

Muchos de ustedes deben recordar la definición borgeana de democracia como “abuso de la estadística”. Sin embargo, su fe democrática se renueva cuando Ricardo Alfonsín triunfa en las elecciones. En una nota titulada “El último domingo de octubre”, publicada en Clarín el 22 de diciembre de 1983, Borges afirma:

“Escribí alguna vez que la democracia es un abuso de la estadística (…) El 30  de octubre de 1983 la democracia argentina me ha refutado espléndidamente”.

Como bien destaca Gamerro, no existe distancia irónica en su aborrecimiento del peronismo: “es tan físico y visceral que, para hablar de él, deja de lado su habitual sang-froid y humorismo tongue-in-cheek para ponerse guarango, vulgar y –casi inaudito en él- también poco ingenioso e inteligente: ‘En verdad eran cretinos y criminales, él y su hada rubia, su prostituta’. ‘Si me lo encontrase a Perón, mi obligación sería matarlo. Si tuviera coraje, lo mataría’”.

En lo personal, me resulta difícil adherir a la creencia popular acerca del “apoliticismo” y la “ingenuidad” de Borges, y al mismo tiempo conciliar ese prejuicio con la aparición del panfleto anti-peronista titulado La fiesta del monstruo. Es un cuento que, como bien se sabe, abreva en la herencia de La Refalosa de Hilario Ascasubi y El matadero de Esteban Echeverría.

"Este relato -le dice años después Bioy a Matilde Sánchez- está escrito con un tremendo odio. Estábamos llenos de odio durante el peronismo", Clarín, 17/11/1988.

Según Ricardo Piglia, el panfleto trata de la fiesta atroz de la barbarie popular contada por los bárbaros: 

“La fiesta del monstruo combina la paranoia con la parodia. La paranoia frente a la presencia amenazante del otro que viene a destruir el orden. Y la parodia de la diferencia, la torpeza lingüística del tipo que no maneja los códigos. (…) es un relato totalmente persecutorio sobre el aluvión zoológico y el avance de los grasas que al final matan a un intelectual judío (…) No diría que increíble, es un texto límite… Difícil de encontrar algo así en la literatura argentina”.

Horacio Verbitsky lo sintetiza muy bien:

“En esta reescritura antiperonista de El Matadero de Echeverría, una turba abominable lapida hasta la muerte a un estudiante judío que se niega a saludar a la foto del Monstruo. (Durante la década peronista no hubo actos de hostilidad hacia los judíos, Perón fue el primer presidente que tuvo judíos en su gabinete, apoyó a una organización judía pro peronista e inauguró las relaciones diplomáticas con Israel, mientras en las páginas del libro abundan las frases y chistes antisemitas, que Borges cuenta en presencia de amigos judíos y luego le sorprende que en vez de reír se entristezcan.)” 

La cuestión del “simulacro”, típica de muchos “gorilas”, también está presente en Borges. En su cuento titulado, precisamente, “El simulacro”, publicado en 1957, hay un hombre en Chaco que se hace pasar por Perón y exhibe “un cajón de cartón con una muñeca de pelo rubio”. Mientras recibe las condolencias de los lugareños, Borges escribe:

“(…) como el reflejo de un sueño  o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología”.

En fin, para no prolongar más este posteo, les recuerdo que Borges defendió la “Revolución Libertadora” (para los peronistas será “Revolución Fusiladora”) de 1955, donde toda representación simbólica de la pareja presidencial estaba condenada. La intención era borrar el peronismo de la faz de la tierra. No alcanzaba con que dejara de ser, sino que jamás tenía que haber sido. La propuesta era borrarlo de la realidad, pero también de la imaginación y del recuerdo:



lunes, 22 de junio de 2015

EL GORILISMO EJEMPLIFICADO EN LA FIGURA DE BORGES

“Con Borges decimos que no se puede ser peronista sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego no basta con ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona” (Adolfo Bioy Casares)

Muchos creen que el término "gorila" no sirve para pensar, sino para descalificar al que piensa distinto y para clausurar el debate. En síntesis: el término gorila es usado más como “adjetivo” que como “sustantivo”, más o menos como ocurre con el término “fascista”. Pese a que hay algo de cierto en esa queja, no coincido plenamente. Para mí, el término sigue teniendo vigencia, aunque ahora los cañones "gorilas" estén dirigidos a "la Yegua". Para evitar confusiones, déjenme aclarar que no soy peronista, aunque tengo cierto rechazo hacia el "gorilismo recalcitrante". 

Para apoyar mi argumentación, traigo a colación una definición de Ticruz, dicha en otro contexto, con la que mayormente coincido:

“Existe un viejo reclamo en torno a la palabra “gorila”, principalmente de parte de las izquierdas tradicionales. ¿Es posible no ser peronista y tampoco gorila? ¿Es sencillamente “gorila” un sinónimo de “opositor”? Se ha usado así, y coincido en que no tiene sentido el término de esa manera. El gorilismo, si es de alguna manera una palabra que representa algo, no es la oposición al peronismo, sino la reducción del peronismo a eso: a un fenómeno primitivo, infernal, visceral. No hay desacuerdo, no hay discusión, sólo odio y desprecio. El otro no piensa diferente, o es cómplice del mal, o es víctima de su estupidez”.

Y un poco más adelante:

“Tampoco nadie pensaba que Perón era un orangután irracional, todo lo contrario. El gorililismo piensa que el líder es, de hecho, un estratega maquiavélico, con una capacidad especulativa brillante, que manipula a una masa irracional. El primitivo no es el líder para el gorilismo -véase el Rosas de “El matadero” y el “Facundo”- , sino sus seguidores. Sólo puede haber dos razones para seguir a ese líder: la idiotez y la maldad. Y el corolario necesario de eso es que el otro, el seguidor de ese líder, deja de ser sujeto válido de diálogo, no es atendible en tanto sujeto pensante. Hacia él sólo queda el odio y el desprecio, la lástima si se es generoso. Eso implica poner al otro en el lugar del salvaje o del bárbaro, en categorías de Lévi Strauss. Esa reducción del otro a la oposición entre civilización y barbarie, es, propongo yo, el gorilismo. E insisto: veo eso en Sarlo”.

No me interesa elucidar si Sarlo es gorila o no lo es, sino ayudar a entender qué es el gorilismo, aunque intuitivamente sea algo que todos conocemos. Ahora bien, ¿por qué es nocivo el "gorilismo"? Porque descalifica en automático, porque impide la crítica lúcida, porque confunde el pensamiento con el reordenamiento de los prejuicios, porque suele desembocar en el honestismo –la reducción de la discusión política a lo judicial- y el intencionalismo (que consiste en evitar analizar las consecuencias de una medida para centrarse en las intenciones, en última instancia inescrutables, de los gobernantes).

No es de extrañar que el “gorila” –aunque no exclusivamente- tenga una noción reductora y prejuiciosa acerca del “clientelismo”. En el transcurso de una entrevista que le hicieron para el suplemento Enfoques del diario La Nación, Javier Auyero –autor de ¿Favores por votos? Estudios sobre clientelismo político contemporáneo- dijo que el vocablo clientelismo suele ser una asociación estigmatizadora de que los pobres son clientes, son masa manipulable:

"La idea de que porque va una heladera o un par de zapatillas viene un voto es asumir como cierta una presunción. Hay que indagar. Esas relaciones recíprocas nunca funcionan así. Uno nunca sabe si fue la heladera o la relación afectiva con un puntero. Para saber eso hay que plantarse desde el otro punto de vista, no desde el que da la heladera sino desde el del sujeto. Mucha gente de clase media, media alta, vota a alguien porque le va mejor. ¿Llamamos a eso clientelismo? No".

Y luego agrega: "EL CLIENTELISMO NUNCA GARANTIZÓ RESULTADOS ELECTORALES NI LOS VA A GARANTIZAR".

Uno lee y disfruta de la prosa de escritores extraordinarios como Bioy Casares y Borges: tipos que conocen varios idiomas, que han leído muchísimo, y que al mismo tiempo demuestran un conocimiento de la política  de su tiempo, absolutamente maniqueo, infantil y canallesco.

BORGES Y EL GORILISMO:

Me resulta difícil adherir a la creencia popular acerca del “apoliticismo” y la “ingenuidad” de Borges, y al mismo tiempo conciliar ese prejuicio con la aparición del panfleto anti-peronista titulado La fiesta del monstruo (1). Es un cuento que, como bien se sabe, abreva en la herencia de La Refalosa de Hilario Ascasubi y El matadero de Esteban Echeverría.

"Este relato -le dice años después Bioy a Matilde Sánchez- está escrito con un tremendo odio. Estábamos llenos de odio durante el peronismo", Clarín, 17/11/1988.

Según Ricardo Piglia, el panfleto trata de la fiesta atroz de la barbarie popular contada por los bárbaros:

“La fiesta del monstruo” combina la paranoia con la parodia. La paranoia frente a la presencia amenazante del otro que viene a destruir el orden. Y la parodia de la diferencia, la torpeza lingüística del tipo que no maneja los códigos. (…) es un relato totalmente persecutorio sobre el aluvión zoológico y el avance de los grasas que al final matan a un intelectual judío (…) No diría que increíble, es un texto límite… Difícil de encontrar algo así en la literatura argentina”.

Seguramente para Don Jorge Luis, la Revolución Libertadora -para otros "fusiladora"- es parte del sueño civilizatorio de Sarmiento.

Si uno lee el Borges de Bioy (2), se puede encontrar con una larga ristra  de frases y reflexiones “gorilas”:

Por caso, el 26 de junio de 1955, Borges cuenta que ver las iglesias incendiadas le dio ganas de llorar. Pero no hay una palabra en el diario para el bombardeo sobre la Plaza de Mayo en el que murieron cientos de personas.

Pongo otros ejemplos, que no son exhaustivos:

En agosto de 1957 asesinan a un chofer en el barrio de Nueva Pompeya. Bioy apunta:

"Aunque persona de edad, el chofer se defendió y lo mataron de catorce puñaladas. Se asustaron de lo que habían hecho y huyeron sin sacarle el dinero. Borges opina que todos esos criminales son el fruto del peronismo: 'Antes uno decía el crimen del Silletero del año 20...' BIOY: 'Ahora hay que decir: 'el crimen del Silletero de las tres de la tarde, el de las cuatro', etcétera. BORGES: Habría que fusilar a toda esa gente'".

Páginas más adelante:

“Bioy: –El individuo que tiene más probabilidades de ganar la elección de presidente es el individuo más desvergonzadamente demagógico. Vale decir, la peor persona del país: Perón, Frondizi, Solano Lima”.

Los soviéticos, en octubre de 1957, lanzaban al espacio el Sputnik 1, el primer satélite artificial.

"Bioy: –Tuve ganas de hacerle una broma a tu madre: preguntarle si sabía la noticia y, cuando ella preguntara cuál, decirle que Perón había lanzado un satélite.

Borges: –Ya está enojada contra ese satélite. Dice que es un juguete insignificante y que quién sabe si no cae en la Tierra y no produce alguna Monstruosa hecatombe".

Aramburu convoca a elecciones y Borges lo lamenta, “desea que el gobierno se quede”. Manuel Peyrou se felicita del llamado y lo ve como un triunfo del gobierno.

"Borges: –Sí, el gobierno queda muy bien para la Historia, pero Peyrou no puede ver muy lejos: el país saltará en el vacío".

El 9 de diciembre del mismo año, Borges y Bioy hablan “de un match de box, ganado por un tal Pascual Pérez, que fue un mignon de Perón”.


"Borges: –Qué lástima que haya ganado un peronista inmundo".

Notas:

(1) El 12 de octubre de 1955 leen en Marcha, de Montevideo, la publicación del cuento La fiesta del monstruo, que firmaron como Bustos Domecq (Borges y Bioy Casares). “En esta reescritura antiperonista de El Matadero de Echeverría, una turba abominable lapida hasta la muerte a un estudiante judío que se niega a saludar a la foto del Monstruo. (Durante la década peronista no hubo actos de hostilidad hacia los judíos, Perón fue el primer presidente que tuvo judíos en su gabinete, apoyó a una organización judía pro peronista e inauguró las relaciones diplomáticas con Israel, mientras en las páginas del libro abundan las frases y chistes antisemitas, que Borges cuenta en presencia de amigos judíos y luego le sorprende que en vez de reír se entristezcan.)” (Horacio Verbitsky)


(2) Adolfo Bioy Casares, Borges. Edición a cargo de Daniel Martino. Ediciones Destino, Colombia, 2006, 1663 páginas.