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sábado, 4 de abril de 2020

CONSIDERACIONES SOBRE EL SENTIDO DEL HUMOR



El amigo Pedro Saborido, quien muchas veces reflexiona en clave humorística mejor que cualquier profesor de filosofía, decía que la frase "el humor es síntoma de inteligencia" a veces se tornaba una verdad incuestionada, como otras frases triviales del tipo "la información es poder" o "en la moto la carrocería sos vos".

Y es cierto que la debilidad y la torpeza ajena son muchas veces motivo de risa, y que esa característica no nos vuelve automáticamente inteligentes sino que muchas veces es hija de una actitud entre psicópata e imbécil:

"De la misma manera, se le otorgan al humor cualidades imposibles de verificar: desde propiedades terapéuticas hasta formidables actitudes para luchar y vencer a los poderosos. Grandes exageraciones ambas. Nadie se cura una pancreatitis mirando Gasalla ni derrota una dictadura a base de memes". Muchas veces uno se ríe de aquello que lo oprime y no puede cambiar.

Es popular la definición de Arthur Schopenhauer, para quien el humor consistía en "poner una cosa donde no va". Si nos imaginamos una mesa donde se reúne un grupo de vacas que caminan en dos patas y charlan sentadas mientras comen asado de ser humano, la situación es humorística. Aunque también podría ser un indicio de haber estado interactuando con sustancias psicotrópicas. Pero como siempre me digo a mí mismo: no nos vayamos por las ramas.

El sentido del humor sería una especie de cumbre aristotélica entre dos extremos: cierta armonía entre el exceso de frivolidad y el exceso de seriedad. El frívolo se ríe de todo, es insípido, dice trivialidades y no se preocupa si con sus bromas hiere al resto. El serio es aquél que piensa que todo debe considerarse grave y se reprime el costado de algún modo leve o ridículo inherente a la condición humana.

El sentido del humor es la virtud que nos permite mirar el costado frívolo que existe en todo lo serio, y el costado serio que anida en la frivolidad.

En lo personal me parece que aquellas personas que están absolutamente seguras de tener razón es porque padecen una forma velada de locura; de ahí se sigue que los fanáticos no se suelan llevar muy bien con el humor.

A las personas que carecen de sentido del humor les falta humildad, porque se toman demasiado en serio a sí mismas. Eso no quita que existan personas muy amables sin sentido del humor y cabrones egocéntricos que nos hacen reír. Sabemos que las virtudes son como el agua: es vital si está mezclada con sales minerales, pero es nociva en estado puro.

Hay muchas personas que no tienen habilidad para hacer reír, pero son dueñas de una risa contagiosa que las vuelve deliciosas. Tengo amigas y amigos, incluso conocidos, que cuando me pongo en modo Krusty me festejan todo y me alegran el alma.

Cualquier periodista que se vea en la situación de entrevistar a un humorista y no sepa qué preguntarle, va a recurrir a las remanidas preguntas que yo intentaré responder aquí porque estoy aburrido y me dan ganas: 1) ¿Hay límites para hacer humor?; 2) ¿el humor es sanador?


¿Hay límites a la hora de hacer humor?

Es una línea divisoria muy fina, cuyo criterio de demarcación popperiano podría ser la diferencia entre “reírse con” y “reírse de”. No es lo mismo un judío haciendo chistes de judíos que poner la misma broma en labios de un antisemita.

Groucho Marx dijo, luego de una fiesta: “he pasado una linda velada, pero no fue ésta”. Ahí ya nos estamos metiendo de lleno en el terreno de la ironía. En todo caso, si la frase va dirigida a la anfitriona de la fiesta, es ironía; en cambio, esa misma frase en boca de un standupero que se la dice al público luego de finalizar su espectáculo, es humor.  

A mí me parece que se puede bromear acerca de todo: el sexo, la muerte, la tortura, la enfermedad, el amor, la guerra. Ocurre que suele confundirse "la comedia" con "la burla", siendo que es una mirada diferente de abordar la realidad.

Para Comte-Sponville, "lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio". Me parece una definición piola, aunque tal vez demasiado moralista.

¿Qué es la ironía? De algún modo es decir lo contrario de lo que se piensa pero en una forma o en un tono que revele nuestra intensión: "¡Ah pero qué inteligente te volviste, Juan Carlos! ¿Cómo es que no te dan el Premio Nobel?".

A veces pasa que alguien medio cruel le tira ironías a un siome que se toma todo literal: eso hace que el gracioso se salve o se condene a ligar una golpiza. 

El sarcasmo es una variante más hiriente de la ironía, porque sarcasmo creo que tiene cierta conexión etimológica con sarcófago, con desgarrar la carne.

Cuenta Bioy Casares que una vez Borges dijo, en referencia a un escritor de capacidad nula: “Si llega al infierno, lo van a rechazar por insignificante.”


By the way, en el Borges de Bioy hay un comentario que hace el amigo Jorge Luis que me recuerda al personaje Luis Almirante Brown de Capusotto:


Borges abre The Perfumed Garden -una traducción al inglés que hizo Richard Burton de un manual árabe sobre sexualidad escrito por un tal 'Nefzawi'- y lee:

‘Women would succeed in making an elephant mount on the back of an ant, and would even succeed in making them copulate.’

Al terminar de leer comenta: "He ahí la versión oriental, y desprovista de gracia, de con paciencia y con saliva, el elefante se la metió a la hormiga.”


Retomando el hilo, y ya puestos a elucubrar digresiones después de fumar un churro, diremos que la ironía hiere y el humor cura.

A propósito de la ironía, el escritor estadounidense David Foster Wallace decía algo muy lúcido: 

"El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para mostrar la realidad desagradable que hay tras ellas. El problema es que una vez desacreditadas las reglas del arte, y una vez que las realidades desagradables que la ironía diagnostica son reveladas y diagnosticada, ¿qué hacemos entonces? La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayoría de las ilusiones desacreditadas en los Estados Unidos ya se han hecho y rehecho. Una vez que todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada, ¿qué hacemos ahora? [...] Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí mismas, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario. Pocos artistas se atreven a hablar de lo que falla en los modos de dirigirse hacia la redención, porque les parecerán sentimentales e ingenuos a todos esos ironistas hastiados. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran ensayo en algún sitio que contiene una línea acerca de que la ironía es la canción del prisionero que llegó a amar su jaula".

Según Comte-Sponville, "la ironía se ríe del otro (o del Yo, en el autosarcasmo, como si fuera otro); el humor se ríe de sí mismo o del otro como sí mismo, y se incluye siempre, en todo caso, en el sinsentido que instaura y devela".

Personalmente creo que la ironía es virtuosa cuando se burla de los poderosos, de la autoridad; pero se vuelve cruel al volcarse hacia las personas en situación de debilidad.

¿El humor es sanador, o es mejor Claudio María Domínguez?

Les había dicho que disfruto mucho cuando mi actitud o mis palabras resuenan en los demás haciéndolos reír. Salvo cuando estoy tratando de seducir a una mina que me gusta, y sólo la hago reír pero no logro avanzar más allá:

-“Boludo, ¡no sabés qué bien la pasé con Tatiana! Estuvimos tomando cerveza en un bar de Palermo casi toda la noche. Después se fue porque le llegó un mensaje de Whatsapp del personal trainer. Yo ni me preocupé porque seguro que en plena garchada furiosa con ese gil iba a pensar en lo extraordinariamente gracioso que soy. ¡Tomá para vos bobina: tendrás muchos abdominales pero la minita conmigo se muere de risa!”

Cuando aplicamos el sentido del humor para seducir, nos movemos en un terreno resbaladizo: si somos rechazados, el rechazo se vuelve más leve; pero también ofrecemos una vía de escape para que la mina no nos termine de tomar en serio cuando le tiramos los perros:

-"Jajaja, tonto. ¡Sos un loco lindo!"

-"Jajaja, sí. ¿Querés ir a mi departamento a mirar si el cactus que me compré necesita agua?"

-"Jajaja, ¡cómo me hacés reír Rodrigo! .

-"Jeje, gracias. ¿Pero vamos a ir a mi departamento o preferís que nos quedemos charlando sobre el lanzamiento de la cuarta temporada de La Casa de Papel hasta las 5 de la mañana?"

Vivir es una experiencia más cercana a lo doloroso que a lo gratificante, y por eso el humor es también un escape, una forma de reírse de lo que más nos angustia. Hacemos chistes sobre la muerte porque en rigor estamos cagados de miedo.

Uno con el humor de algún modo denuncia un mundo que tiene mucho de estafa, y por eso se burla del poder, de la estupidez, de la autoridad… Y también existe el ritual del juego, como decía Capusotto en ésta entrevista con Gastón Pauls: “uno también se siente como alguien que está hinchando las pelotas en el recreo”.

Al mirar algunas películas de los hermanos Coen, como The Big Lebowsky, nos podemos imaginar a dos tipos en modo marihuana maquinando situaciones disparatadas y riéndose como cuando eran nenes.

Lo que intento sugerir es que el sentido del humor puede ser una forma de la inteligencia, pero también la risa nos provoca cierto estado de estupidez. A veces nos reímos como niños, y nos olvidamos por un rato toda responsabilidad inherente a la vida adulta.

Eso es todo por hoy. ¡Cuídense y sean felices! Un abrazo,

Rodrigo

jueves, 26 de enero de 2017

CUANDO A BORGES LE DOLÍA MARÍA ESTHER VÁZQUEZ EN TODO EL CUERPO (Primera Parte)

María Esther Vázquez fue una de las tantas mujeres de las que Borges se enamoró perdidamente. La primera vez que ella lo vio tenía 17 años, estaba acompañada de otras estudiantes y cursaba el primer año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Desde 1959 se trataron con cierta frecuencia, y en 1965 publicaron dos textos en colaboración: Literaturas germánicas medievales e Introducción a la literatura inglesa.

Cada tanto suelo ir a la librería Galerna, más precisamente a la sucursal que está en San Telmo: hace poco fui ahí y me compré Borges. Sus días y su tiempo, a un muy buen precio. Se trata de una serie de charlas que Vázquez mantuvo con Borges a lo largo de varios años. 

En una suerte de introducción a las conversaciones, que lleva por título "Borges por dentro", la autora de La memoria de los días nos cuenta que, "si bien es sabido que Borges vivió en función de la literatura, la amistad y el amor tuvieron para él capital importancia. Variadas y tenues presencias femeninas acompañaron sus pensamientos, como una especie de telón de fondo, durante muchos días y muchas noches insomnes a lo largo de su vida".

Si leen el extraordinario diario que Bioy Casares escribió sobre Borges, entre comentarios indiscretos y maliciosos, podrán notar lo mucho que el autor de El Aleph sufrió por amor. Una de esas "tenues presencias femeninas" fue la misma María Esther Váquez, hacia quien Borges estuvo muy enganchado. 

Les recomiendo que presten atención a los consejos amorosos que Bioy Casares, mucho más experimentado en asuntos de mujeres, le daba a su tímido amigo. Les copio varias partes, ojalá disfruten su lectura tanto como yo:


Sábado 12 de octubre de 1963: BORGES: ‘Me va bastante mal. Hay una chica, de la que estaba muy seguro. Cuando me fui a Texas, cuando me fui a Inglaterra, nos escribíamos. Apuré la vuelta en un día, para verla un día antes. Como tengo bastante plata en el Banco y pienso que puedo casarme, se lo dije. Me contestó que las cosas han cambiado, que hay otro. Fue algo tan inesperado… Me explicó que ella era muy tímida, que por eso no me lo había dicho. Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado. Estoy triste con todo el cuerpo. Lo siento en las rodillas, en la espalda’. Silvina me había dicho: ‘Borges está de nuevo mal. Está pálido’.

BORGES: ‘Parece un destino circular al que estoy condenado. Esta situación se repite, cada tantos años. Para consolarme me digo que las otras mujeres, que olvidé, fueron tan importantes como ésta… No es un consuelo pensar que le queda a uno la amistad: me queda la amistad de Cecilia (Ingenieros), y no me importa nada. Me paso el día imaginando conversaciones con esta chica, lo que me dirá. Eso no está bien’. BIOY: ‘No te propongas no verla nunca; proponete pasar unos días sin verla; cuando no puedas más, la ves; después tratá de pasar una cantidad de días mayor que la anterior, sin verla; así, por un sistema mecánico, te alejarás de ella. El tiempo existe. Uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar’. BORGES: ‘Como decía Reyes, el tiempo anda sin nuestra colaboración’.

Jueves, 17 de octubre de 1963: BORGES: ‘Hoy conocí al novio. Ella me dio un beso cuando le dijeron que venían a buscarla. Esperé unos minutos, para darles tiempo a que se fueran, y cuando salí los encontré. Al encontrarme con una persona real, una persona como cualquiera, sentí alivio. Ya (me pareció) no cavilaría. Estaba ante la verdad, que era menos terrible que las cambiantes hipótesis de la imaginación. El hombre era un señor un poco borroso, muy cortés, que se esforzaba por ser cordial, respetuoso, amistoso’.

Sábado, 19 de octubre de 1963: Borges me habla de la mujer que lo hace sufrir. ‘La vi. Es un error. Mientras la veo es como siempre, me olvido de mi obsesión. Eso dura un rato. Después estoy igual que antes. A la mitad de la noche despierto, ensayo diálogos imaginarios, lo que le digo, lo que me contesta: como no le digo nada ni me contesta nada, eso es la locura’. Después: ‘Mientras estoy con ella es igual a siempre. Es claro que yo sé que no puedo cometer una imprudencia sin que se endurezca y se retraiga’. Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres… Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse).   

Miércoles, 27 de noviembre: Está con aire de cansancio. ‘¿Cómo te va?’, le pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con ‘esta chica’, anteanoche y anoche, y que anteanoche él confundió amistad con amor, y que anoche fue espantoso, porque se llevó unadesilusión. ¡Qué raro –comenta-: uno vive para el futuro. Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: ‘¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?’. BIOY: ‘En esas situaciones, yo me preocupo por la noche, me pregunto cómo haré para dormir a la noche’. 

Miércoles, 4 de diciembre: Hoy me confió que su desdicha se ahondó, porque su rival resultó ser  un psicópata: ‘Esta chica me dijo que no tengo demasiadas esperanzas, pero que es claro, si el muchacho este no se cura, y quién sabe si se cura, a lo mejor se casa conmigo… Vale decir que soy un pis aller…’. Le contesto (cuando me deja hablar) que se deje de pavadas. Que no ponga amor propio. Que no sea tan considerado ni tan abnegado. Que lo importante es él y que en amor el demasiado bueno tiene mala suerte… tal vez aburra un poco y parezca pedante. Que no se apiade por ese muchacho: el azar lo puso en frente y lo natural, lo saludable, es aceptar el antagonismo. Que trata de no saber mucho de él, de no imaginarlo, y de sacarle la mujer. Que su situación ahora me parece mejor; pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza.

Jueves, 5 de diciembre: (…) BORGES: “‘Yo creía que lo que más me interesaba en la vida era el germanismo; veía a esta chica como un entretenimiento entre etimología y etimología… La primera vez que me dio una excusa para no verme –me dijo que tenía dolor de cabeza y entendí en seguida que era una excusa- me alegré. Mirá, pensé: ‘Qué raro es esto, qué habrá detrás’, pero en seguida me alegré, porque podríamos seguir estudiando, y me puse a  explicar a las chicas el origen de las palabras. He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro, para comprender que ella es lo  único que me importa en la vida’.

Toma tranquilizantes; a la noche se duerme mientras escribimos (…).

Lunes, 9 de diciembre: Como, en casa con Silvina y Marta. A las dos las llama Borges: ‘Perdona que llame a estas horas… Sólo con vos puedo desahogarme. Esta chica quiso hablar de nuevo sobre nuestro posible casamiento… Yo le dije que no habláramos nada antes de mi partida. ¿Te parece bien?’. Etcétera. Así me enteré de quién era esta chica. Silvina ya había sospechado”.

Martes, 10 de diciembre: “Llama Borges muy temprano, para confirmar mi visita de las tres y media; para comentar sus conversaciones de anoche con esta chica. Después del almuerzo llama su madre; pregunta si puedo llevarlo a la Facultad. Sí; allá voy. Hay que ver cómo llueve. Borges –le fiancé- llega con el borde de cuero -blanquecino- de la boina, dado vuelta y visible; el pantalón sumamente caído (en fuelle sobre los zapatos). Por debajo de la boina aparecen desordenadas mechas de pelo gris. Lo dejo. Después, voy a buscarlo. Habla del examen de las chicas: ‘Las salvó el aguacero. Sabían muy poco’. Antes de llegar a su casa detengo el coche por Paraguay y conversamos. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no  se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo. Dejamos el coche ahí y, bajo la lluvia (pero bajo mi paraguas), vamos caminando hasta su casa. Allí beso a la madre y a Silvina; saludo a Norah y a la Quica. Borges baja conmigo, me acompaña hasta la puerta: ‘Vos sabés cómo me exalto. Así es toda mi vida. Como vos decís, una cadena de mujeres’. Le aconsejo, no recuerdo por  qué, que no piense mal de esta chica si ella vacila, si al hallar loco al otro se vuelca más en él (en Borges). ‘No –responde-: si uno no es un infame, corona de todas las virtudes  y todos los méritos a la persona querida’.

BORGES: ‘Cuando perdí las esperanzas, desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto. Quizá esto siempre pase… Podríamos casarnos en febrero… En verdad, nosotros no tenemos nada en común. Siempre es cariñosa, pero piensa en voz alta, lo que es desesperante. Puede decir cosas muy incómodas con la mayor naturalidad. Después dice algo contradictorio o te besa; no creo que lo haga por lástima, o para corregir la mala impresión; meramente sigue el vaivén de sus incertidumbres. Es muy cariñosa, pero no puede uno cifrar nada en eso, porque lo es con todo el mundo. Me toma la mano, pero también a otros se la toma. Es increíblemente coqueta: en eso me recuerda un poco a Emita. Sus actos no armonizan con sus palabras. Los otros días salió conmigo: te aseguro que se portó como si fuéramos novios’. BIOY: ‘Si hay contradicción entre los actos y las palabras de una mujer, confía en los actos. No cometas el error propio de escritores de querer que te aclaren con palabras esa contradicción ni que te den una satisfactoria declaración de amor. Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería. (…)

Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice: ‘Querido’ (¿por primera vez en la vida?). Está muy emocionado. Me pide que trate de no ver a esta chica y que, si la veo, trate de no darme por enterado. BIOY: ‘Desde luego; vos sabés cómo es de rutinaria mi vida. Sería muy raro que la viera’. BORGES: ‘Decile a Silvina. A lo mejor se le ocurre invitarla. Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar’. BIOY: ‘Es claro… Además, si estamos unos minutos, como ayer, entre gente, puedo no dar indicios de nada: ni de estar, ni de no estar, enterado. (…) Yo creo, pero no lo aseguro, que en su locura el pobre Borges está tan aterrado que hasta teme que pueda pasar algo atroz, como por ejemplo que su mejor amigo resulte un nuevo rival”.

Miércoles, 25 de diciembre: Me refiere su situación. No me parece que le vaya mal. BIOY: ‘Tenés que preocuparte más que de la situación con esta chica, de la situación tuya. No tenés que convertirte en un monomaníaco. La situación con esta chica se arreglará sola… si no la estropeás. Para eso tenés que estar tranquilo y esperar. Tampoco ser un modelo de abnegación, paciencia y delicadeza: ella descubrirá la impostura, al loco contenido’. Le digo que ahora él es el ladrón que entra por la ventana. Me asegura que está libre de todas las inhibiciones que lo mortificaron a lo largo de la vida. Cuando piensa que lo llevo a su casa, pide: ‘Una vuelta más’. Yo estoy lánguido; la vista se me nubla; necesito volver a casa y comer. A la una y media lo dejo.

Martes, 31 de diciembre: BORGES: ‘Si el amor no sirve para la felicidad; nunca debe ser fuente de desdicha’.


1964:

Martes, 18 de febrero: En Mar del Plata. A las seis y media de la mañana, llegan Borges y María Esther Vázquez. Con Borges caminamos un poco por el barrio. Me dice: ‘Me parece que las cosas van muy bien. Si todo sigue así, nos casamos este año. Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. Todo eso desapareció. Podría vivir normalmente. Nos mudaremos a la Biblioteca. Es claro que aquí estamos como amigos. Norah ofreció una novena, para que nos casemos… Madre es muy dominante… está segura de que voy a casarme con María Esther. Bueno, a Madre sólo le gustan las mujeres que sabe que a mí no me gustan. Ahora le gusta Alicia Jurado pero, cuando había algo parecido a un flirt entre Alicia y yo, me hablaba mal de ella’. Borges y María Esther viajaron toda la noche sentados, en un tren de clase única. BORGES: ‘Hablábamos y por momentos nos dormíamos, soñábamos. Nos decíamos cosas muy significativas entre un sueño y otro. Esta chica comentó: ‘Qué cosas nos dijimos anoche’. Cuando el guarda anunció Mar del Plata, yo no podría creerlo’. Me dice: ‘Si querés, esta noche, después de comer, podemos escribir’. Dice también que lo queda vigor al estilo en inglés es el verbo, que es sajón; en francés, el adjetivo”.

Eso es todo por hoy. Otro día les copio la segunda parte.

¡Sean felices!

Rodrigo

viernes, 9 de diciembre de 2016

DONDE EL AUTOR DEL BLOG NOS HABLA DEL ADÁN BUENOSAYRES DE LEOPOLDO MARECHAL PERO TAMBIÉN HACE MENCIÓN AL ULISES DE JAMES JOYCE AL PERONISMO Y MUCHAS COSAS MÁS QUE HACE DE CUENTA QUE CONOCE PORQUE ES UN CHAMUYERO MARCA ACME Y HASTA REFIERE ALGO DE SU ADMIRADO JORGE LUIS BORGES Y ESTE TÍTULO DEBE SER LEÍDO TODO SEGUIDO Y MANTENIENDO LA RESPIRACIÓN

Este posteo está dedicado a mi amiga Troska, una lectora apasionada de Don Leopoldo Marechal. Ante todo empiezo por admitir que me gusta más el Ulises de Joyce que el Adán Buenosayres, pero eso importa poco. Afortunadamente tenemos la libertad de disfrutar de ambas obras, aunque no sean sencillas de “digerir”. El Ulises, en particular, debe ser lo obra literaria más compleja que leí en mi vida. 

-“¿Leíste el Ulises de Joyce todo el día en tero?”

-“Sí, pero hacia el final del día, al pobre tero se le quebró la tibia y el peroné de la patita derecha”.

-“¡Qué macana!

-“Msé, fue un garrón. Tuve que pedir turno en el Hospital Fiorito. Encima para enyesarlo tardaron como tres horas porque el tero se quejaba y no lo podían mantener quietito".

El amigo Carlos Gamerro, a quien pienso chorearle fuerte varias de las ideas que expuso en “Marechal entre Joyce y Perón”, nos recuerda que en 1948, cuando publicó  su Adán Buenosayres, las múltiples críticas a Leopoldo Marechal se podían reducir a dos grandes acusaciones: la primera es la de plagiar al Ulises de Joyce; y la segunda consistía en deplorar los excesos escatológicos e incluso “coprológicos” de la novela.

En el número 69 de la revista Sur, en noviembre de 1948, Eduardo González Lanuza -que entre paréntesis supo componer poemas boludos de pollos y pavos- , escribió lo siguiente: “Imaginad, si podéis, el Ulises escrito por el Padre Coloma  y abundantemente salpimentado de estiércol, y tendréis una idea bastante acabada del libro”.

La referencia al cura obedece a la acusación de “chupacirios” o de “beato”, porque como sabrán, Don Marechal era católico. 

Emir Rodríguez Monegal, por su parte, aseveró: “En cuanto a las inmundicias con que cubre casi todas las páginas de su novela, sólo repiten con pueril fruición, las más fatigadas del idioma, esas que decoran las letrinas del orbe hispánico…”. 

Mi estimadísimo Gamerro da en el clavo cuando dice que acusar a alguien de imitar el Ulises de Joyce y de abundar en obscenidades es como acusarlo por ser de Boca y venerar la azul y oro. Una vez más vemos la actitud “tilinga” del crítico que le prohíbe al argentino lo que le permiten al irlandés. Algo similar sugirió Roberto Arlt en el prólogo a Los Lanzallamas:


“Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco”.

Haciendo caso omiso de la justicia o injusticia de tales acusaciones, lo que uno intenta responder es: ¿a qué viene tanto ensañamiento? La respuesta, mis amigos, no está soplando en el viento sino que me parece bastante clara: al apoyo político de Marechal al peronismo.

Porque, ¡no jodamos! Escribir un proyecto de obra en la cual  los personajes tendrán rasgos semejantes a los de sus amigos o compañeros de Sur es una idea casi infantil, juguetona, y no demuestra “mala leche” contra nadie. 

A esta altura del partido (6 minutos del segundo tiempo) ya sabrás, mi estimada Troska, que Luis Pereda es Borges, Bernini es Scalabrini Ortiz, Xul Solar es Schultze… Nos parece que “una mano fofa de molusco le tocó la espalda: era el hombre fortachón y bamboleante como un jabalí ciego” no es un insulto a Borges ni una injuria irreparable, sino un juego de escritor-niño-juguetón-copado-total-lo-bancamos-a-morir. 



Tal vez la única persona que verdaderamente sale mal parada sea Victoria Ocampo, a quien Marechal acusa de esnob pero además de un poco putarraca, porque se acostaba y/o seducía y/o coqueteaba con los autores extranjeros y famosos que venían a Buenos Aires gracias a su invitación. Es cierto que no lo dice con palabras tan directas, pero hay una mezcla de mojigatería, chovinismo y misoginia en sus críticas. Hoy en día es sencillo decir, ¿por qué un tipo que está con varias mujeres es un “ganador” mientras que la misma conducta en una mina es considerada inmoral? Qué se yo, estamos en 1948. Ahora por suerte las mujeres han logrado la preciada igualdad (?). 

Anyway, lo concreto es que muchas veces, la diferencia entre una cargada amistosa y una ofenda mortal se debe, como bien acota Gamerro, a la relación entre las partes: perdonamos, entre risas, cargadas a amigos que puestas en boca de alguien que nos cae antipático pueden derivar en trompadas, en juicios e incluso en tiros. Lo que no se bancaban varios de los muchachos de Sur  es que un tipo que se hizo un “peronista inmundo”, encima les tomara el pelo.

Años más tarde, en “Las claves de Adán Buenosayres”, Marechal rememora:

“Al escribir Adán Buenosayres me sentía, con obstinada juventud, en el mismo clima intelectual y temperamental de nuestra revolución literaria. Más tarde, buscando una explicación a la hostilidad o hielo de mis camaradas frente al Adán Buenosayres, advertí con tristeza que habían envejecido; su graciosa desenvoltura se había trocado en la “Solemnidad” literaria que tanto nos hiciera reír en nuestros antecesores de la pluma”.

Según Gamerro, Marechal excluye de esta acusación a Xul Solar, Scalabrini Ortiz y Oliverio Girondo.

Pero no se trata de entrar en la cíclica batalla entre “peronistas y gorilas”, dado que a Marechal no le fue mucho mejor con los suyos. Como él mismo confiesa:

“El movimiento me ignoró. Y lo justifico, porque estaba sobre todo preocupado por solucionar problemas económicos más perentorios. No creo, desde luego, que se deba hacer eso; una revolución  debe solucionar todos los problemas paralelamente. Y se produjo un hecho muy curioso: la intelectualidad argentina, antiperonista en su mayoría, y que me conocía bien, personalmente, me excluyó de su seno. Por otro lado, los peronistas prácticamente ignoraron mi existencia: ponían el acento sobre los aspectos populistas de la cultura”.

Y cuando se acordaban del pobre Leopoldo, era todavía peor. Gamerro cita una revista peronista en cuyo número 61, allá por 1950, lo felicitan por “haber realizado una feliz incursión por la novela en 1948 con Galván Buenosaires (sic)”. En eso los peronistas no fueron nada sectarios: ninguneaban por igual a intelectuales oficiales y opositores.

Como se sabe, los populismos no suelen darle mucha pelota a los intelectuales. ¿Y la derecha argentina? La derecha argentina, en cambio, suele tener entre sus filas a intelectuales bastante pelotudos.

Uno de los pocos escritores que defendió la novela de Marechal fue Julio Cortázar, quien publicó un artículo para la revista Realidad en 1949, donde afirmó que “la aparición de este libro me parece un acontecimiento extraordinario en las letras argentinas”. Cortázar elogia los muchos méritos de la novela de modo entusiasta, y señala muy pocos errores y defectos, siempre de forma respetuosa y honesta.

Si leen las cartas de Cortázar, notarán que siempre habla bien de Marechal, aunque se nota que un poco le dolió que el autor de Megafón o la guerra no le agradeciera el gesto en su momento sino muchos años después. Cabe recordar que Cortázar recibió amenazas e insultos telefónicos por esa simple reseña elogiosa. Y es que "la grieta" en la Argentina viene de muchos años, no es un invento de Jorge Sanata ni "seisieterrocho".

Respecto del peronismo, unos amigos decían algo sobre el antikirchnerismo emocional que puede aplicarse muy bien a lo que debe haber pasado en aquel tiempo:

"El paradigma antikirchnerista, el mínimo común denominador al que suscriben tanto la Mentalista como Ricardito, Pino o De Narváez, sostiene que todos los aciertos del oficialismo eran inevitables mientras que sus errores fueron intencionales.

Se suele comparar al kirchnerismo en particular y al peronismo en general, con absolutos, con sistemas de tubo de ensayo (una muy buena expresión del gran Jorge Katz), con intenciones, con fantasías y vapores varios, pero por alguna extraña razón, nunca con otras realidades. Ya sean locales o planetarias.

Es una vieja tradición argentina, confundir las limitaciones de la condición humana con las intenciones peronistas. El peronismo, bajo esa luz impiadosa, inventó la ambición, el ansia y las luchas de poder, el verticalismo, las bolsas de gatos, el discurso hegemónico, las crisis de sucesión. Hasta el ´45, esas patologías no formaban parte de nuestra sociedad mansa y respetuosa, que resolvía sus conflictos con la civilidad de un cantón suizo".

Sé que algunos de ustedes no me va a creer, pero les juro por Carlitos Tevez y Juan Román Riquelme que no soy peronista. Si no me quieren creer no me crean.

Bueno queridísima Troska, tenía pensado agregar algo más sobre las relaciones entre la obra de Marechal y la de James Joyce, pero me aburrí de escribir y en la tele están dando un documental de canarios. Te mando un gran abrazo y te dejo en paz. Te cuento que, por suerte, mi tero está mucho mejor de su patita derecha.


Saludos cordiales,

Rodrigo

martes, 29 de noviembre de 2016

BORGES Y EL GORILISMO

En lo personal no soy peronista, pero tengo cierta inclinación a despreciar las actitudes "gorilas", básicamente porque me resultan intelectualmente toscas. Ante todo me interesa distinguir que no me parece lo mismo ser no peronista que ser “gorila". El "gorila" es el "antiperonista". ¿Cuál es la diferencia? El "gorila" cree que el peronismo antes, o el kirchnerismo ahora, es una "simulación": no son lo que dicen ser, "son todos corruptos que se disfrazan de progres para robar", etc. Jorge Lanata, en tanto operador político, usa mucho ese prejuicio a su favor, tratando de instalar la idea de que “el kirchnerismo es el gobierno más corrupto de la historia”. No sé  quién será el dueño del corruptómetro, pero algunos lo aplican sólo para medir gobiernos "populistas". Pero no nos vayamos por las ramas...

Carlos Gamerro distingue muy bien la cuestión: "(...) explico lo que a mi entender es la diferencia decisiva: el antiperonista acepta que el peronismo existe y utiliza su arte e inteligencia para entenderlo y combatirlo; el gorila los usa para demostrar que no existe ni existirá ni nunca ha existido ni debería existir si fuera posible que existiera". 

A mi juicio no existe el gorila “químicamente puro”, sino que hay grados de gorilismo. Por ejemplo: Beatriz Sarlo está más cerca de ser no peronista, sin por eso merecer plenamente el calificativo de "gorila". Sarlo es, en todo caso, medio o un poco gorila. Un escritor genial como Borges era "gorila". Un intelectual de cartón como Fernando Iglesias –autor de Es el peronismo, estúpido-  es gorila. Roberto Gargarella es bastante gorila. Pongo ejemplos diversos como para que vean que hay gorilas muy talentosos (Borges), o muy instruidos (Gargarella), y no todos son marionetas berretas tipo Fer Iglesias. 

El libro de Fer Iglesias sobre el peronismo no sirve para explicar el peronismo, sino el gorilismo. Los panfletos de Borges explicaban no el peronismo, sino el gorilismo. Si uno en cambio quiere entender el peronismo para combatirlo o para criticarlo, deberá leer a un Daniel James, o a un Steven Levitsky, entre tantos otros. 

Tampoco creo que sea muy iluminador usar el término "gorila" como sinónimo de "facho", porque eso nos llevaría a tildar a peronistas de derecha de "gorilas", lo cual oscurece más de lo que ilumina. Por supuesto existen "gorilas" cuyo discurso es más bien “izquierdista” (el citado Roberto Gargarella), y también hay gorilas “derechosos” (Marcos Aguinis).


Para muchos el término "gorila" no sirve para pensar, sino para descalificar al que piensa distinto y para clausurar el debate. Pese a que hay algo de cierto en esa queja, no coincido plenamente. Tiendo a creer que, así como quienes rechazan la división izquierda/derecha  suelen ser “de derechas”; quienes piensan que el gorilismo no existe suelen ser, en mayor o menor medida, “gorilas”. 

El problema con la palabra “gorila” es que se la usa más como adjetivo que como  sustantivo, de modo semejante a lo que ocurre con el término “fascismo”. Me parece que si usamos “gorila” como sustantivo, y nos cuidamos de definir el término con alguna mínima precisión, designa algo “real”, empíricamente verificable. Cuando digo que no hay “gorilas químicamente puros”, sino grados diversos de gorilismo, hago referencia a que los seres humanos somos pluridimensionales.

Un tal Ticruz resumía bastante bien parte de la cuestión, ampliando la definición de Gamerro: 

“Existe un viejo reclamo en torno a la palabra “gorila”, principalmente de parte de las izquierdas tradicionales. ¿Es posible no ser peronista y tampoco gorila? ¿Es sencillamente “gorila” un sinónimo de “opositor”? Se ha usado así, y coincido en que no tiene sentido el término de esa manera. El gorilismo, si es de alguna manera una palabra que representa algo, no es la oposición al peronismo, sino la reducción del peronismo a eso: a un fenómeno primitivo, infernal, visceral. No hay desacuerdo, no hay discusión, sólo odio y desprecio. El otro no piensa diferente, o es cómplice del mal, o es víctima de su estupidez”.

Y un poco más adelante: 

“Tampoco nadie pensaba que Perón era un orangután irracional, todo lo contrario. El gorililismo piensa que el líder es, de hecho, un estratega maquiavélico, con una capacidad especulativa brillante, que manipula a una masa irracional. El primitivo no es el líder para el gorilismo -véase el Rosas de El matadero y el Facundo- , sino sus seguidores. Sólo puede haber dos razones para seguir a ese líder: la idiotez y la maldad. Y el corolario necesario de eso es que el otro, el seguidor de ese líder, deja de ser sujeto válido de diálogo, no es atendible en tanto sujeto pensante. Hacia él sólo queda el odio y el desprecio, la lástima si se es generoso. Eso implica poner al otro en el lugar del salvaje o del bárbaro, en categorías de Lévi Strauss. Esa reducción del otro a la oposición entre civilización y barbarie, es, propongo yo, el gorilismo”.

BORGES Y EL GORILISMO:

“Con Borges decimos que no se puede ser peronista sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego no basta con ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona” (anotación de Adolfo Bioy Casares en su Diario).

Para explicarme mejor, voy a usar varios fragmentos e ideas afanadas de Facundo o Martín Fierro: los libros que inventaron la Argentina, un libro extraordinario del crítico y escritor Carlos Gamerro:


Gamerro nos recuerda que, según Bioy Casares, Borges tendía a aceptar la verdad que se adaptara mejor al texto. Su obra está llena de ejemplos donde, siguiendo criterios básicamente estéticos, defiende posturas aparentemente irreconciliables entre sí: 

“Así, en algunos cuentos supo enaltecer el culto del coraje y optar por la barbarie gaucha (‘Hombre de la esquina rosada’, ‘El fin’, ‘El sur’) y deplorarla en otros (‘Historia de Rosendo Juárez’, ‘La noche de los dones’). Pudo ponerse platónico y proponer que no somos más que un sueño soñado por otro (‘Las ruinas circulares’, Everything and Nothing’) y también resignarse a aristotélico y admitir que nada podemos contra el peso de lo real (‘Nueva refutación del tiempo’, ‘La espera’); proponer que la historia es circular, y que fenómenos como el nazismo son una mera repetición de otros pretéritos –‘Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo’, leemos en ‘El otro’-, o admitir que es lineal y cabe en ella lo nuevo y nunca visto, como el nazismo (‘Deutsches Requiem’); es capaz de fustigar el fascismo y el antisemitismo, tanto el local como el extranjero (‘El milagro secreto’, ‘La muerte y la brújula’), y de ponerse en el lugar de un criminal de guerra nazi (nuevamente, ‘Deutsches Requiem’)”.

De modo semejante a Nietzsche y su idea del “eterno retorno”, Borges es un combinacionista que intenta agotar todas las permutaciones posibles de un número determinado de elementos. Sin embargo, toda esa pluralidad de puntos de vista, todos esos matices, desaparecen totalmente cuando Borges hace referencia al peronismo. El peronismo es la detención absoluta de ese afán combinatorio, el ying que no tiene yang, la cara sin contracara, la oscuridad sin luz. Jamás habrá una justificación del coraje en un militante montonero.

El peronismo le hizo variar su actitud hacia la democracia. Como dice Gamerro: “(…) hasta 1955 define al peronismo como dictadura y lo ataca en el nombre de la democracia; pero a partir de esa fecha, cuando se hace evidente que las dictaduras  son la única barrera contra el peronismo y que cualquier elección limpia lo traerá de vuelta, el ímpetu democrático de Borges se va atenuando progresivamente, hasta desaparecer por completo a partir de 1973”.

Muchos de ustedes deben recordar la definición borgeana de democracia como “abuso de la estadística”. Sin embargo, su fe democrática se renueva cuando Ricardo Alfonsín triunfa en las elecciones. En una nota titulada “El último domingo de octubre”, publicada en Clarín el 22 de diciembre de 1983, Borges afirma:

“Escribí alguna vez que la democracia es un abuso de la estadística (…) El 30  de octubre de 1983 la democracia argentina me ha refutado espléndidamente”.

Como bien destaca Gamerro, no existe distancia irónica en su aborrecimiento del peronismo: “es tan físico y visceral que, para hablar de él, deja de lado su habitual sang-froid y humorismo tongue-in-cheek para ponerse guarango, vulgar y –casi inaudito en él- también poco ingenioso e inteligente: ‘En verdad eran cretinos y criminales, él y su hada rubia, su prostituta’. ‘Si me lo encontrase a Perón, mi obligación sería matarlo. Si tuviera coraje, lo mataría’”.

En lo personal, me resulta difícil adherir a la creencia popular acerca del “apoliticismo” y la “ingenuidad” de Borges, y al mismo tiempo conciliar ese prejuicio con la aparición del panfleto anti-peronista titulado La fiesta del monstruo. Es un cuento que, como bien se sabe, abreva en la herencia de La Refalosa de Hilario Ascasubi y El matadero de Esteban Echeverría.

"Este relato -le dice años después Bioy a Matilde Sánchez- está escrito con un tremendo odio. Estábamos llenos de odio durante el peronismo", Clarín, 17/11/1988.

Según Ricardo Piglia, el panfleto trata de la fiesta atroz de la barbarie popular contada por los bárbaros: 

“La fiesta del monstruo combina la paranoia con la parodia. La paranoia frente a la presencia amenazante del otro que viene a destruir el orden. Y la parodia de la diferencia, la torpeza lingüística del tipo que no maneja los códigos. (…) es un relato totalmente persecutorio sobre el aluvión zoológico y el avance de los grasas que al final matan a un intelectual judío (…) No diría que increíble, es un texto límite… Difícil de encontrar algo así en la literatura argentina”.

Horacio Verbitsky lo sintetiza muy bien:

“En esta reescritura antiperonista de El Matadero de Echeverría, una turba abominable lapida hasta la muerte a un estudiante judío que se niega a saludar a la foto del Monstruo. (Durante la década peronista no hubo actos de hostilidad hacia los judíos, Perón fue el primer presidente que tuvo judíos en su gabinete, apoyó a una organización judía pro peronista e inauguró las relaciones diplomáticas con Israel, mientras en las páginas del libro abundan las frases y chistes antisemitas, que Borges cuenta en presencia de amigos judíos y luego le sorprende que en vez de reír se entristezcan.)” 

La cuestión del “simulacro”, típica de muchos “gorilas”, también está presente en Borges. En su cuento titulado, precisamente, “El simulacro”, publicado en 1957, hay un hombre en Chaco que se hace pasar por Perón y exhibe “un cajón de cartón con una muñeca de pelo rubio”. Mientras recibe las condolencias de los lugareños, Borges escribe:

“(…) como el reflejo de un sueño  o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología”.

En fin, para no prolongar más este posteo, les recuerdo que Borges defendió la “Revolución Libertadora” (para los peronistas será “Revolución Fusiladora”) de 1955, donde toda representación simbólica de la pareja presidencial estaba condenada. La intención era borrar el peronismo de la faz de la tierra. No alcanzaba con que dejara de ser, sino que jamás tenía que haber sido. La propuesta era borrarlo de la realidad, pero también de la imaginación y del recuerdo:



jueves, 24 de noviembre de 2016

BORGES Y EL SOBORNO DEL INFIERNO Y EL CIELO

Como ateo tiendo a despreciar profundamente, porque me parece un medio nefasto para inocular el veneno del miedo, todos esos relatos míticos acerca de los horrores del infierno. 

El gran teólogo sueco Emanuel Swedenborg, a diferencia de Dante o la Biblia, no concebía el  infierno y el cielo como una suerte  de establecimiento penal, sino como un sitio adecuado a  la personalidad de quien lo habita. A los viciosos y a los culpables les agrada el infierno, o en todo caso es un lugar donde podrán vivir sin mucho problema; a los justos y religiosos les quedará la opción de vivir con sus semejantes en el paraíso.


Borges a menudo recordaba una parábola muy linda narrada por Swedenborg en la que un ermitaño se va a vivir al desierto, ayunando y mortificándose hasta el día de su muerte donde, efectivamente, su alma asciende al cielo. Ocurre que, según el místico sueco, tanto el paraíso como el infierno son territorios todavía más complejos y diversos que los de este mundo: allí los colores son más vivos y diferenciados, y las discusiones teológicas más profundas  y vastas. La cuestión es que el tipo llega y se da cuenta que al contemplar las discusiones teológicas no agarra un fútbol, y entiende que ha empobrecido su vida en la tierra a tal punto que al morir el paraíso se le ha vuelto inhabitable. Sin embargo, como ha cometido un error intelectual y no un pecado moral, le permiten crear, en algún lugar del espacio infinito, una versión o alucinación del desierto, de la ermita, de aquello con lo que convivió casi toda su vida.


El pobre tipo vive ahí peor que en la tierra, porque en la tierra le quedaba al menos el consuelo de esperar el cielo. Ahora en el cielo no puede esperar nada, y se da cuenta de que toda su vida, como diría Fontanarrosa, "ha vivido equivocado".


En las charlas que mantuvo con Antonio Carrizo, Borges comenta su extraordinario poema “Fragmentos de un Evangelio apócrifo”. No sólo está muy piola sino  que tiene partes  que a mí me hacen mucha gracia:


3. Desdichado el pobre de espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.

Acá está esa idea de Swedenborg respecto de que el tonto no puede entrar al cielo, porque la muerte no mejora a nadie.

4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.

Es un fragmento contra la idea cristiana de que el dolor es superior al placer. Se vislumbran ecos de la ética nietzscheana, pero vaya uno a saber si Borges estaba necesariamente pensando en  Nietzsche cuando lo escribió.

5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.

Nuevamente esa idea anticristiana, en cierto modo, que sugiere que la felicidad es superior a la desdicha.


6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.

Borges comenta: “Claro. Esa frase demagógica de que ‘los últimos serán los primeros’. ¿Por qué? (Sonríe). Ser último no es un mérito”.

Caruso Lombardi y José Luis Chilavert estarían de acuerdo con Jorge Luis (?) en este asunto.

7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen. 

8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a sí mismo.

Aquí tal vez sí exista cierta ética cristiana, según la cual el remordimiento es nocivo. Odiar a alguien, en cierto modo, es ser su esclavo.

9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.

También aquí hay ecos indudables de la ética cristiana. ¿Cómo no haberlos si ya desde el título alude a los evangelios?.... En fin, otro de mis tantos comentarios superfluos. 

10. Bienaventurados los que no tiene hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.

Borges comenta: “Y ahora recuerdo a Almafuerte; ‘Sólo pide justicia; pero mejor será que  no pidas nada’. (Ríe).”

11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.

Aquí está nuevamente la idea de Swedenborg, pero también de Bernard Shaw, quien escribió alguna vez: “He dejado atrás el soborno del cielo”.

12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.

Borges comenta: “Bueno, ahí… Yo no sé, me parece que ese verso está puesto… no sé… para no ser demasiado agresivo, ¿no? Peor no estoy seguro de que Dios exista o de que sea visible”.

El tono del comentario de Borges prefigura la torpe imitación de Jean Pierre Noher.

13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.

14. Nadie es la sal de la tierra; nadie, en algún momento de su vida, no lo es.

Esta idea es muy “borgeana”,  y sugiere que no hay poeta que no haya escrito alguna vez un verso hermoso. No hay Rodrigo que al jugar al fútbol no haya sido Messi por algunos segundos.

15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.

Ahí está la idea de George "Bishop" Berkley, quien mostraba a Dios como un espectador permanente.

16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.

17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.

En cierto modo se contradice con el fragmento noveno. Pero bue, ¿qué pretendés?

18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.

Es la relación entre un castigo desproporcionado y una falta muchas veces menor por parte del hombre. Lo mismo la recompensa exagerada ante una vida sin demasiado virtuosismo por parte de seres “humanos, demasiado humanos”, como diría Nietzsche.

19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.

Otro fragmento que se explica sólo, como la mayoría. ¿Para qué carajo estoy explicando lo que se explica solo? ¿Soy un pelotudo vanidoso? ¿Estoy queriendo figurar? No sé, ¡¡es mi blog y escribo lo que se me canta!!

20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.

24. No exageres el culto de la verdad: no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.

25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.

Borges comenta: “Bueno, ahí hay dos razones. Primero, la razón ética de los cuáqueros, que dicen que no hay que jurar, porque entonces hay dos niveles en lo que uno dice: lo que uno dice y lo que uno jura. Y luego es más elegante el under statemen, la falta de énfasis… También hay eso: una razón literaria". 

Ese hacer de cuenta que no está demasiado seguro de sus opiniones es típico del estilo de Georgie.


26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.

Este fragmento a mí me reír mucho. Si a vos, hipócrita lector, no te causa gracia, lo lamento.

27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.

Personalmente soy incapaz del odio sostenido, y si no es sostenido no es odio. Algo así también dijo Borges, pero para mí él odiaba sostenidamente al peronismo (igual que le pasa a Fer Iglesias, “experto en globalización”). Es a todas dudas evidente que soy un tipo copado.

28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.

29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.

Además puede ser una forma sutil de venganza, ¿no les parece?


30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y del tedio.

Borges creía que en un Estado perfecto no habría pobreza, porque ser pobre equivale a pensar demasiado en el dinero. Es una idea que está presente en “El alma del hombre bajo el socialismo”, de Oscar Wilde. Sin embargo, la riqueza también hace que los seres humanos se vuelvan medio estúpidos. Todos dicen que Borges no le daba ni pelota al dinero. El tipo quería tener la guita suficiente como para no estar todo el tiempo pensando en la guita.

31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.

32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.

Ahí Borges está extorsionando a Dios… ¡Qué hereje hijo de  una gran puta! ¡Eso no se hace Jorge Luis!

33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.

Dar es dar, cantaba Fito Páez (?)

34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar.

Borges comenta: “Claro, porque lo interesante es buscar. Yo he pensado muchas  veces: si supiéramos con certidumbre qué ocurre después de la muerte,casi toda la poesía humana quedaría invalidada. Es una suerte que no sepamos. Nuestra ignorancia nos permite muchas invenciones.Por ejemplo, cuando se sepa exactamente qué ocurre después dela muerte, ¿qué haremos con esa novela fantástica que se llama la Divina comedia? Bueno, quedará como novela fantástica, simplemente. En cambio, ahora… bueno, no es imposible que haya un infierno, un purgatorio y un paraíso. Sí”.

En ese comentario a su propio poema, el tono de voz de  Borges sugiere que estaba completamente poseído por el espíritu de Jean Pierre Noher en “Un amor de Borges”, una película de mierda, dicho sea de  paso.

39. La puerta es la que elige, no el hombre.

Come en casa Borges… ¡Perdón, ese era Bioy Casares! Borges comenta: “Bueno, ahí hay algo muy raro. Yo me encontré con Néstor Ibarra. Néstor Ibarra me dijo que una vez que entrábamos en casa, y forcejeábamos con la llave,  yo le dije, con el tono de quien dice una broma, con falsa solemnidad: ‘La puerta es la que elige, no el hombre’. Y nos reímos los dos. Y luego yo incluí aquello, sin recordarlo, en una página literaria”.

40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.

Es una idea de Stevenson, para quien los hombres hasta pueden matar sin ser asesinos. Una obra no define por completo a nadie, aunque haya sido una acción abyecta. Sin embargo, casi siempre tomamos la parte por el todo cuando odiamos a alguien o no nos simpatiza; pero hacemos lo contrario disculpando muchas agachadas de aquellos que nos caen bien. ¡Somos re emocionales boló!

Recuerdo un juez que era jefe mío que cada tanto me decía: "atropellar a un perro no equivale a ser un mataperros". Esa frase me la decía, casi siempre, cuando me retaba por alguna cosa que no le gustaba.

41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena…

47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.

48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.

49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.

50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.

51. Felices los felices.

El poema pertenece a Elogio de la sombra, de 1969.

Eso es todo por hoy.

¡Sean felices!

Rodrigo