domingo, 8 de mayo de 2016

ACERCA DE LA CULTURA Y EL IMPERIALISMO EN EDWARD SAID

Los invito a realizar un experimento: si por casualidad tienen los 25 tomos de la Enciclopedia Universal Clarín, busquen la voz "palestina". Allí pueden ver una foto de un soldado israelí acurrucado, y un grupo de personas con la cara tapada que arrojan piedras. 

El epígrafe dice: "Palestina: un soldado israelí se refugia de los ataques de jóvenes durante la revuelta de la Intifada". ¿Les parece que se trata de una foto inocente? Entonces son, como mínimo, unos ingenuos. 

Hace unos días volví a leer un muy buen artículo de C. E. Feiling acerca de Cultura e imperialismo (1993), una de las obras centrales de Edward Said.

Imagino que conocerán a Said (1935-2003), porque es bastante famoso en el mundillo cultural: crítico literario y  profesor palestino nacido en Jerusalén; estudió en Princeton y Harvard, y en 1948, a sus doce o trece años, por culpa del gobierno de Israel, él y su familia fueron forzados a vivir la experiencia de ser expulsados de su propio territorio.


Para quienes no conocen a Charlie Feiling (1961-1997), les cuento que era un escritor, crítico cultural y periodista argentino, más borgeano que un antiperonista que sueña ser un tigre que camina por un laberinto de espejos donde se encuentra con el Minotauro y se desafían a recitar de memoria pasajes de la Divina Comedia traducidos al inglés.

El artículo de Feiling –“El viejo orden mundial” (1994)- me hizo renovar mi amor por los libros de Said. Hacia 1800, las potencias occidentales controlaban el 35% del globo terráqueo; para 1914, el dominio se incrementó al 85%, donde la parte del león corría por cuenta de Gran Bretaña. Luego de dos guerras mundiales, se consolida el liderazgo yanqui y soviético y comienza el retroceso del colonialismo. De ahí que algunos digan que vivimos en un tiempo “poscolonial”. Sin embargo, y entiendo que estoy escribiendo una perogrullada, la explotación y la injusticia siguen tan vigentes como antes. Como era de esperar, tampoco asistimos a la extinción del imperialismo, aunque haya cambiado de rostro. 

Según Feiling, el concepto de “imperialismo”, que era popular en los 50’ y los 60’ -con libros como Los condenados de la tierra (1961), de Frantz Fanon- está hoy rodeado de un aura de razonable desprestigio:

“Santones iraníes, golpistas argentinos, criminales ugandeses, narcotraficantes panameños y terroristas libios han abusado de ella, la han apartado de su esfera de aplicación en la crítica cultural y el debate político: como nadie quiere parecerse a Hussein o Noriega, el término “imperialismo” –y por ende la serie de problemas que designa- ha desaparecido casi por completo de las discusiones civilizadas. Este lamentable secuestro de un concepto crucial tiene consecuencias nefastas”.

Es cierto que el discurso antiimperialista tiende a caer en la tentación de quedarse fijado en una variante que es una suerte de imagen especular de aquello que critica. Por eso es que Fanon escribió, en alusión a la colonización de Argelia por parte de los franceses:

“No vamos a pelear esta revolución en contra de los franceses para remplazar al policía francés por un policía argelino. No se trata de eso. Queremos liberarnos, y la liberación es mucho más que convertirnos en una imagen calcada del hombre blanco al que hemos expulsado, para sustituirlo y usar su autoridad”.

Siempre está latente el riesgo de que, una vez lograda la independencia, el nacionalismo antiimperialista se transforme en una especie de atavismo, tribalismo, provincianismo más o menos impermeable a la riqueza de otras culturas.

Teniendo todo esto en vista, Edward Said diferencia entre el nacionalismo triunfalista, como el que se puede ver en Estados Unidos (1) -cuyo ombliguismo imperialista los hace intervenir de un modo no pocas veces nefasto- ; y el nacionalismo que se opone al imperialismo. El mismo Said sufrió en carne propia la miseria de las esencias ahistóricas, encarnadas en discursos pelotudos y canallas como el de Samuel Huntington y su “choque de civilizaciones”. 

Pero antes de comentar algunos fragmentos de una entrevista que le han hecho a Said sobre Cultura e imperialismo, tenía ganas de copiarles la reflexión final de Feiling:

“Las naciones son híbridas; son, como señala Said una y otra vez, narraciones, ficciones que aglutinan grupos y personas de las más diversas procedencias y que tienen los más diversos intereses. El uso de la primera persona del plural, por lo tanto, debería ser muy cuidadoso. Caer en la trampa de valorar positivamente los defectos que el otro le atribuye a uno (“los argentinos somos impulsivos, pero eso es mejor que la frialdad de los europeos y norteamericanos, que son más racionales”) es correr el riesgo de perpetuar una dependencia nociva. Es suponer, en el fondo, que sería deseable una “Argentina potencia”, un país que cometiese, en nombre de su supuesto destino de grandeza, las iniquidades que cometieron otros en el pasado”. 

CULTURA, IMPERIALISMO Y LA CAUSA PALESTINA

En su pelea por los derechos de los palestinos, Said confiesa haberse enfrentado a un opositor muy problemático. ¿Por qué? Porque se trata de un gobierno que oprime a un pueblo, con protección financiera, mediática y militar de una superpotencia como la de Estados Unidos,  que a su vez ha sido una víctima reconocida de la más horrenda masacre de la historia de la humanidad. En otras palabras, los palestinos son víctimas de las víctimas.

El compromiso político y la honestidad intelectual de Said hicieron que lo amenazaran de muerte varias veces, entre otras cosas porque siempre impulsó la paz, pero eso no le impidió ser firme en su denuncia del accionar criminal del gobierno israelí, con el apoyo militar, mediático y financiero de los Estados Unidos.

Todos los movimientos nacionalistas crean mitos sobre sí mismos y sobre el enemigo. El sionismo no fue la excepción, pues su característica fue crear un gran corpus sobre Palestina y los palestinos: una tierra deshabitada para un pueblo sin tierra; un desierto destinado a florecer gracias a la labor de los pioneros sionistas, un páramo apenas habitado por beduinos, una satrapía otomana que inspiraba la mano transformadora de la civilización europea; una tierra judía “desde tiempos inmemoriales”, etc. Digresión: cualquier analogía con la “campaña del desierto” de Roca NO ES pura coincidencia.

Retomando, creo que dos de los principales problemas para combatir el imperialismo cultural son el etnocentrismo y el provincianismo, una suerte de formas del nacionalismo bobo. En referencia a los yanquis, Said es contundente:

“Estados Unidos está tremendamente aislado, es un país muy provinciano en muchos sentidos. Produce expertos que se capacitan para servir primero en Vietnam, luego en Latinoamérica, en el Medio Oriente, y sólo logra fomentar una política de violencia. Pocos estadounidenses recuerdan Vietnam; muchos de mis alumnos ni siquiera han escuchado de esta guerra ni saben que Estados Unidos provocó la muerte de un millón de vietnamitas. Todo se ha olvidado. Jimmy Carter afirmó que se trataba de un caso de “destrucción mutua”, pero no hay comparación entre la destrucción provocada en Vietnam y las pérdidas de los estadounidenses, la fuerza imperial invasora”.

La situación en Gaza, por caso, es absolutamente desesperante. Según Said, los medios presentan el lugar como una especie de regalo que los israelíes les hubiesen cedido a los palestinos para que vivan, cuando siempre ha sido un lastre del que nadie se quiere hacer cargo. Varios años después de haber sido expulsado de su territorio natal, Said viajó hacia allí, desde donde escribió un artículo contando su experiencia. En referencia a Gaza, nos dice:

"Es el lugar más atroz en el que he estado. Antes de llegar -y eso no lo menciono en el artículo- , el joven palestino que nos llevó a Gaza desde Jerusalén le advirtió a mi esposa y a mi hija que no podían ir vestidas con ropa occidental. "Tienen que llevar velo y cubrirse la cabeza de los brazos". Era pleno verano, un día calurosísimo. Le comenté que no nos lo habían advertido, pero él insistió: "¿No les dijeron? Gaz es un lugar muy violento, y a cualquiera que se salga de los patrones, ya sean árabes o israelíes, es lapidado. Y usted no debe usar lentes oscuros porque de inmediato sabrán que es extranjero, y posiblemente un espía israelí, y lo rodearán". Como ves, toda esta mitología sobre Gaza te predispone a odiarla".

Frente a la inexistencia de una campaña por parte de Occidente, se retiraron las instituciones educativas, y los campamentos están casi abandonados a la "buena de Dios". Tampoco hay un marco legal adecuado, por lo cual si algún pendejo le arroja un piedrazo a un jeep israelí, vaya uno a saber cuál es su destino.

Nota:

(1)    El 17 de marzo de 2003, George Bush declaró: “El régimen iraquí continúa poseyendo y ocultando algunas de las armas más mortíferas conocidas hasta ahora… Además, ha prestado apoyo, entrenado y alojado a terroristas, entre ellos a varios agentes de Al Qaeda”.

No voy a abundar en el análisis, pero está demostrado que Irak no tiene armas de destrucción masiva, ya que las perdió con el bombardeo israelí de sus instalaciones nucleares, y la permanente vigilancia de las potencias occidentales. Alguna vez tuvo armas biológicas, pero como la eficacia de este tipo de armas se extingue con el tiempo, hace rato que ya no tiene más. Respecto de las armas químicas, quedaron destruidas tras la primera Guerra del Golfo, en 1991. 

Tampoco existen pruebas concluyentes de que Irak haya apoyado alguna vez la red Al Qaeda. Según Todorov, sólo se sabe que el gobierno irakí concedía una compensación económica a las familias de los kamikazes palestinos que se sacrificaban para cometer atentados mortíferos. Además, el régimen iraquí era laico, con lo cual supo cosechar el odio de muchos fundamentalistas islámicos, sobre todo en Arabia Saudita. 

Salvo algunos ignorantes, sabemos que los yanquis son afectos a hacer mierda otros pueblos con la excusa de llevar la libertad, la paz, la democracia y la civilización. Un discurso no muy distinto al de los británicos en la India, los franceses en Argelia y los españoles en América.

Entre nosotros, Estados Unidos no ha sido muy democrático que digamos al apoyar las  dictaduras de América latina en el contexto de la Guerra Fría. 

3 comentarios:

  1. "... , la fuerza imperial invasora." -> Y yo que creía que los invasores eran los vietnamitas del norte y que los estadounidenses, australianos, neozelandeses, coreanos del sud y tailandeses estaban ayudando Vietnam del Sur a defender su independencia. Menos mal que existe este sitio que me permite esclarecerme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La cita es de Edward Said, y lo que él critica es justamente la intervención militar de Estados Unidos, y por eso lo llama "fuerza invasora". No entiendo bien qué impulsa a alguien a venir a un sitio a tratar de demostrar ser más perspicaz que el autor del blog. No buscás "esclarecerte", sino presumir y molestar.

      Eliminar
  2. Lo del gobierno de Estados Unidos fue menos una "ayuda", como vos decís, que una intervención militar que se entiende en el contexto de la Guerra Fría.

    ResponderEliminar