miércoles, 13 de enero de 2016

CHICAS CHICAS CHICAS

Meses antes de morir de una enfermedad degenerativa, el historiador británico Tony Judt (1948-2010) escribió El refugio de la memoria, donde entre otras cosas narra su experiencia con una estudiante de la que se quedó embelesado ni bien entró en su despacho. La anécdota le sirve para enjuiciar cierto clima de mojigatería represiva que suele adoptar el discurso "políticamente correcto" en los Estados Unidos.


El capítulo del libro se titula igual que un viejo tema de Motley Crue: Girls girls girls.


Tal parece que en 1992 Judt era Jefe del Departamento de Historia de la Universidad de Nueva York, y además "el único hombre heterosexual no casado con menos de sesenta años. Una combinación explosiva: en el tablón de anuncios que estaba junto a mi despacho ocupaban un espacio destacado la dirección y el número de teléfono del Centro contra el Acoso Sexual de la universidad. La dedicación a la historia era una profesión donde la presencia de mujeres estaba aumentando rápidamente. (...) El contacto físico invitaba a la presunción de una intención malévola; una puerta cerrada era una prueba concluyente".


La chica había sido bailarina profesional, y como estaba interesada en Europa del Este, la habían animado a que Judt la tutelara. Tras algunas sesiones, y en un acto de temeridad, el tipo la terminó invitando al teatro.


"Desde los años setenta, los norteamericanos impiden asiduamente todo lo que pueda oler a acoso, incluso a riesgo de renunciar a prometedoras amistades y a los placeres del flirteo", nos dice Judt.


"Como si fueran hombres de una década anterior -aunque por razones muy diferentes- tienen que poner un cuidado sobrehumano en no meter la pata. Lo encuentro deprimente. Los puritanos tenían una sólida base teológica sobre la que reprimir sus deseos y los de los demás. Pero los conformistas de hoy no tienen nada por el estilo a lo que aferrarse".


La cuestión central que sugiere Judt es que la sexualidad puede ser tan nociva cuando uno se obsesiona con ella, como cuando uno la niega. 


"En otra ocasión, una estudiante se quejó de que yo la 'discriminaba' porque  ella no me ofrecía favores sexuales. Cuando la ombudswoman del departamento -una mujer sensible de impecables credenciales radicales- investigó el caso, salió a relucir que la demandante estaba molesta por no haber sido invitada a asistir a mi seminario: suponía que las mujeres que tomaban parte en él obtenían (y proporcionaban) un trato de favor. Expliqué  que era así porque estaban mejor preparadas. La joven se quedó atónita: la única forma de discriminación que podía imaginar era la sexual. Nunca se le había ocurrido que tal vez yo fuera un elitista".


Además de dar clases en Nueva York, Judt fue profesor en Oxford  y en Cambridge:


"Cuando he tenido que explicar literatura sexualmente explícita -la de Milan Kundera, por citar un caso obvio- con estudiantes europeos, siempre me ha parecido que se encontraban cómodos debatiendo el tema. En cambio, los jóvenes norteamericanos de ambos sexos -por lo general tan comunicativos- se vuelven nerviosamente silenciosos: reacios a entrar en cuestión por si acaso se rebasan ciertas fronteras".


El autor de Sobre el olvidado siglo XX se divorció dos veces, en 1977 y en 1986, y hacia el final de su vida siguió enamorándose:


"(...) ¿como eludí a la patrulla del acoso, que seguramente ya me seguía el rastro cuando me cité subrepticiamente con mi bailarina de ojos luminosos? Respuesta: me casé con ella".

2 comentarios:

  1. No entiendo cómo hacés para escribir sobre tantos temas y tantos autores. Sigo tu blog actual y tu blog anterior, aunque nunca comento. Realmente te felicito, y no entiendo cómo es que todavía no has publicado un libro. Tu cerebro debe ser una cantera inagotable de temas "publicables".

    Saludos

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