domingo, 14 de julio de 2019

AUTORRETRATO


“Tengo la costumbre, por comodidades del lenguaje, de llamar ‘amigos’ a quienes no lo son, no encuentro otra palabra para describir aquellas personas que conozco, que me caen bien, pero con las que no he estrechado ningún vínculo en particular”. Ocurre que los sentimientos humanos son más variados que nuestro modo de nombrarlos, más allá de que el acto de nombrar tenga un efecto de realidad en lo que hacemos y sentimos.

Tengo una enorme necesidad de que me quieran, no sólo con actos sino también con palabras. Tal vez por eso siento que soy más “zalamero” de lo que debería, aunque a esta altura de mi vida no tengo ganas de cambiar al respecto. Prefiero decir “te quiero” de más que de menos, aunque entiendo que “las personas amables lo son con todo el mundo, les gusta todo, lo que disminuye el valor de sus opiniones” ante la mirada externa. No carezco de personalidad, y puedo ser sincero hasta la crueldad de ser necesario.

Estimo que los años me han dado la capacidad de aprender a “no ser querido”. Sé que uno no le puede caer bien a todo el mundo.

No hablo casi nada de las mujeres con las que estoy, pero me gusta mucho que los demás me cuenten sus relaciones amorosas y sus experiencias de vida.

Considero que los amigos no son sólo ni principalmente los que te ayudan “en las malas”, sino también los que se alegran cuando  estás contento o cuando conseguiste algún logro. Un  amigo que no te envidia tiene las condiciones para ser un gran amigo.

A casi todas las mujeres les encuentro algo bello. Me gusta estar rodeado de mujeres, porque casi nunca me aburro conversando con ellas, incluso si la conversación es trivial. Mis amigas me parecen hermosas, y no me interesa racionalizar en qué medida las veo hermosas porque las quiero, o las quiero porque las veo hermosas.

“No sé cómo interrumpir a un interlocutor que me aburre”.

“A veces termino haciendo que los interlocutores se me pongan en contra por un exceso de argumentación”.

Cuando viajo, aunque disfruto mucho el paisaje, me gusta más relacionarme con personas que con la naturaleza. Me encanta ir a bares y conversar con gente en diversos idiomas.

“Siento menos ganas de cambiar las cosas que de cambiar cómo las percibo”, pero me parece que ambas cosas están relacionadas. Quiero cambiar las cosas que me parecen injustas. Si los seres humanos definen las situaciones como reales, sus consecuencias son reales. Además, nunca está de más recordar que  VEMOS interpretaciones todo el tiempo.

“Me encantan las relaciones de paso en los viajes: breves y sin consecuencias, tienen el entusiasmo de los comienzos y la tristeza de las separaciones”.

“No puedo integrarme a un grupo de amigos que ya se conocen, yo siempre sería el que vino después, me gustan los grupos de amigos formados juntos al mismo tiempo”. No coincido totalmente con esa frase, pero en buena medida sí. 

“Creo que los ricos son peor gente que los pobres. ‘Te amo’ puede ser una forma de chantaje”.

De no ser por el apetito sexual, podría pasarme un mes entero leyendo, viviendo casi como un monje.

Nunca estuve ni estaría con la mujer de un amigo, aunque crea racionalmente que los seres humanos no son JAMÁS nuestra posesión.

Mi exceso de autoconsciencia hace que rápidamente capte que mi interlocutor se está aburriendo: en ese momento me dan ganas de callar de repente, pero sigo hablando un rato más.

“Ciertas personas me cansan en pocos segundos porque sé que me van a aburrir”. Por otra parte, considero que el miedo excesivo a aburrirnos puede ser una forma grave de estupidez, hija de la cultura del entretenimiento de masas.

“Todo me interesa a priori, pero no a posteriori”.

No fumo, y puedo prescindir fácilmente del alcohol, aunque me gusta mucho tomar cerveza con personas que quiero.

Soy más cariñoso con mis amigos y amigas que con mi familia.

No puedo prescindir de la música, del cine y de la lectura.

“Escuchar música alegre es como pasar el rato con personas que no se me parecen”, decía Levé. Me identifico parcialmente, y me recuerda el “Burn down the disco/ Hang the blessed DJ/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life” que cantaba Morrisey. Sin embargo, me gusta bailar cumbia y ritmos latinos, aunque me gustaría ser mejor bailarín de lo que soy.

“He dejado a una mujer porque ya no la quería y porque yo no me quería cuando estaba con ella”.

“Cuando hay más de seis personas en una mesa, me pierdo en la multiplicidad de conversaciones. Tengo cierta preferencia por las conversaciones de a dos. Prefiero cenar con una persona que con varias”.

“No siempre me parecen excitantes las mujeres hermosas, ni hermosas aquellas que me excitan”.

“Me atraen las mujeres generosas con su tiempo, sus sonrisas, sus conversaciones, su afecto y su deseo físico”.

A veces me agrada más leer, no tanto autores que escriben cosas banales con palabras extraordinarias, sino a aquellos que escriben cosas inverosímiles con palabras comunes.

“Razonar no me convence, pero me tranquiliza”. Los seres humanos solemos preferir una mala explicación antes que ninguna explicación.
Escucho muchos fragmentos de canciones que me gustan, sin escuchar la canción entera.

A veces “me gustaría comunicarme sin usar palabras ni gestos, y percibir en un instante el contenido del cerebro de mis interlocutores, como una fotografía”.

“El principio de placer guía más mi vida que el principio de realidad, aunque me enfrente más a menudo con la realidad que con el placer”.

“Me preocupan las cuestiones morales. No entiendo que se dejen de lado las cuestiones morales por dandismo o por una supuesta amplitud de miras, sin embargo, los moralistas me parecen tristes o reaccionarios”.

“No disfruto demasiado del éxito, el fracaso me es indiferente, pero me pone furioso, llegado el caso, no haber intentado algo”.

Me gusta mucho leer a Nietzsche. Tengo las obras completas de Nietzsche, Schopenhauer, Borges, Foucault, David Foster Wallace, Karl Marx, Leon Tólstoi, William Shakespeare, Ricardo Piglia, Eric Hobsbawm y Max Weber. No leí ni la mitad de esas obras, pero me complace la posibilidad de saber que en cuanto tenga mucho tiempo lo voy a hacer.

Las discotecas me parecen  lugares de espectáculo. Cuando estoy ahí soy más de  observar que de mostrarme, y cuando me muestro no puedo evitar sentirme un poco ridículo. Sin embargo, me gusta bailar.

Post scriptum: las frases entrecomilladas le pertenecen a Édouard Levé, pero me identifican a mí también.

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