sábado, 24 de mayo de 2014

SER ESCRITOR. SEGUNDA PARTE

Estos fragmentos fueron escritos por Bioy Casares en su Borges:


Refiere que, según Borges, Goethe no buscaba el énfasis, sino la exactitud: “Si llovizna, no agregaré truenos”.

En Callao y Córdoba se encontró con Marcial Tamayo, autor de un precursor libro sobre Borges: BIOY: “No me atrevo a decirle que el defecto de su libro es que no corre aire entre los pensamientos: cada frase es un pensamiento, una aserción, una opinión; está escrito en estilo ametralladora”. (15 de junio de 1953)

“Es difícil ser grandilocuente: hay que saber serlo”. El modo más sonso es “acumulando palabras como sublime”.

“BIOY: Anderson Imbert, cansado de la vida universitaria norteamericana, le dijo que al hablar con los alumnos, al enseñar, se prostituye el idioma. BORGES: Esa palabra –prostituir- en ese empleo, es un ejemplo de prostitución del idioma. Sin duda, Anderson Imbert cree que hay que escribir con palabras justas, sin que sobre nada en las frases. No sabe que más importante que el ideal de exactitud es 1) hacerse entender y 2) el tono con que se dicen las cosas. Muchas veces he observado que usando alguna frase hecha todo sale más comprensible. BIOY: Las frases hechas y los modismos dan el tono. Si uno recarga el estilo de frases hechas, el tono es de lata. La falta absoluta de frases hechas suprime el tono”. (31 de julio de 1956)

“BORGES: Goethe declaró que esas palabras como tal vez, quizá, según me parece, si no me equivoco, deben estar sobrentendidas en todos los escritos; que el lector puede distribuirlas donde lo juzgue conveniente y que él escribía cómodamente sin ellas”. (10 de agosto de 1956)

“BIOY: Lo principal es no escribir con sinónimos, con palabras o expresiones que estén en remplazo de otras (…) Uno siempre escribe con una selección. En vez de me di cuenta escribimos advertí. (17 de octubre de 1956).

Contra el procedimiento de los surrealistas, Borges dice: “Es un procedimiento para los que enfrentan el famoso problema de Mallarmé de la página en blanco. Ése es un problema de periodistas, no de poetas. El periodista debe llenar un número dado de páginas. El problema del poeta consiste en cómo decir lo que tiene que decir”.

ALGUNOS JUICIOS ACERCA DEL LENGUAJE Y LA LITERATURA EN BORGES Y BIOY CASARES:

Borges, muy acerbo, habla de personas tan toscas que, en las presentaciones, contestan: “Chocho”: ‘No pueden llegar a otra sílaba’. (Sábado 3 de octubre de 1953).

Advierto que Manucho no ha oído hablar de estas minucias: despreocupado de  la s, serpiente del jardín del poeta, llamó Lucio Sansilvestre al único personaje con apellido de Los ídolos. (Lunes 17 de enero de 1955).

(Borges) (…) dice que los franceses observan los matices de todo, de lugares, de colores, de estaciones, de comidas: ‘Hablan de la mi-siason dans la mi-montagne’. Aquí todo es en block: el verano en Mar del Plata’. (Martes 14 de junio de 1955).

Me cuenta este diálogo entre Mariana Grondona y Norah. M. G.: ‘Vos que sos pintora, decime qué debo hacer para pintar’. N.: ‘Pintá lo que sientas’. M.G. (con irritación): ‘Pero si no siento absolutamente nada’. (Lunes 16 de enero de 1956).

(Borges) Cuenta también que hoy iba en el subterráneo y un chico preguntó: ‘¿Cuánto falta para Palermo?’. Repitió: ‘¿Cuánto falta’ y después, riéndose, llegó a ¿Cuánto flauta para Palermo?’ y quizá a ‘cuánta flauta’. Borges: ‘Era un momento importantísimo en su vida. Estaba descubriendo que había palabras parecidas y que ponerlas juntas era gracioso. No, era mucho más: estaba descubriendo la literatura. Los padres no le hacían caso. Hablaban entre ellos. Yo quise mirarlo, para reírme con él. No lo vi’. (Domingo 7 de octubre de 1956).

BIOY: “Creo que hay sin embargo una diferencia entre el plan de un cuento y el plan de una nota o de un artículo. El cuento debe concluir con lo más importante. El comienzo, en los cuentos, no importa mucho, el lector sabe que puede esperar algo. En las notas o en los artículos hay que poner lo mejor que uno tiene en la primera frase. Si no, el lector no entra”. (Sábado 10 de noviembre de 1956).

Borges cita frases populares: ‘¿Por qué no te metés en un pozo y oís música de tierra adentro?’; ‘¿por qué no te hacés hervir y después te tomás el caldo?’. Comenta: ‘¿Qué le pasa a Buenos Aires? Está muy inventivo’. (Domingo 28 de abril de 1957).

BIOY: ‘Sin embargo, hay algo bueno en publicar. Se pierde la vanidad. No se da tanta importancia a lo que uno escribe, ni a lo que escriben sobre uno. Nada más horrible que esos escritores que o publican nada, porque temen ser indignos de lo que se espera de ellos”. (Jueves 1 de mayo de 1958).

BORGES: (…) ‘Qué raro que la gente crea que las mayores inteligencias pertenecen a literatos. La literatura es un entretenimiento, que corresponde a convenciones, del que un día la Humanidad se cansará’. (Sábado 1 de noviembre de 1958).

Borges siempre me precave contra la tentación de tomar demasiado en serio nuestro trabajo: todo debe hacerse, pero discretamente, en los ratos que deja la vida. Riendo, dice que Susana Bombal tiene horario para trabajar, defiende su trabajo; cuando a ciertas horas uno la llama por teléfono contestan: ‘La señora está trabajando’. (Viernes 29 de mayo de 1959).

Recuerda la frase ‘Ha de ser hijo de vidriero’, que se dice cuando alguien se interpone, impidiendo el paso de la luz: ‘¿Se entiende que los vidrieros son transparentes? Qué extraño razonamiento’.(Sábado 20 de junio de 1959).

Según Borges, Clemente (Cancela) afirmó de Ghiano: ‘Como descubrió que no puede escribir bien, escribe mucho’. BIOY: ‘Es una resolución que toma mucha gente’. BORGES: ‘Goethe, por ejemplo. Tiene tantas obras que si señalás alguna como pésima, el interlocutor siempre tiene otras para alegar’. (Jueves 25 de junio de 1959).

BORGES: ‘Lo importante no es que el lector crea lo que lee sino que sienta que el autor cree lo que escribe’. (Domingo 23 de agosto 1959).

BORGES: (…) Unamuno y Ortega (y Gasset, no el “Burrito”) creían que al saber la etimología de las palabras, sabía uno la verdad que encierran. Un diccionario etimológico no es la llave de la verdad. Nadie cree que un pontífice sea un pontonero, ni que un políglota tenga muchas gargantas. Es evidente que a lo largo del tiempo cambia el sentido de las palabras. La etimología revela lo que las palabras ya no significan. ‘Estilo, ah mi amigo, usted no sabe que los romanos llamaban estilo a un punzón. Bueno, ¿y qué?’ (Domingo 13 de septiembre de 1959).

(…) Tenés razón: casi todas las fealdades estilísticas se logran en procura de precisión, tratando de dar precisión al lenguaje (…) Susana Bombal escribió que tal personaje estaba techado de virtudes. Quiso decir, supongo, que era un dechado de virtudes. Dijo también que se sentía interceptada de tal reunión; quiso decir excluida”. BIOY: ‘Cómo no siente  que quien escribe se tiende infinitas trampas, que lo exhibirán al escarnio público’. BORGES: ‘Yo, durante  años, escribía muerto de miedo, consultando continuamente el diccionario’. (Jueves 24 de setiembre de 1959).

BORGES: (…) Cuando el misterio no se explica, el lector atribuye esto a una debilidad del autor. Pero Kafka no explica ni necesita explicar: su misterio es el misterio del mundo o de la vida’. BIOY: ‘Participamos en sus relatos como en una novela de aventuras. Sin embargo la acción ocurre como en un sueño. Seguimos con credulidad, como en un sueño, sus sueños’. BORGES: ‘Kafka inventó un tipo totalmente nuevo de relato; pero, a diferencia de todos los inventores y precursores, ha sabido manejar su invento con notable economía y lucidez, utilizando una cantidad mínima de elementos. Esta sencillez de sus composiciones es uno de sus mayores méritos’. BIOY: ‘Las personas que inventan algo difícilmente pueden discernir bien y atender a varias cosas a la vez. Por ejemplo, Gracián, ocupado en buscar epítetos nuevos, no se cuida de que sean felices. (…) Kafka fue un ser prodigioso (prodigioso no sólo como escritor, sino como ser humano). Los escritos de Kafka interesan al hombre; los de Joyce, al estilista. Joyce es una suerte de Quevedo (…)’ BORGES: ‘Müller dice que el Ulysses no era un libro escrito para ser leído, sino para ser comentado; no en vista de lectores, sino de críticos’. (…) BIOY: Algunos libros de Kafka consisten en una visión deformada de la realidad. Esto, anteriormente, sólo se había hecho en forma de sátiras: muy pobres, si las examinamos a la luz de Kafka. Huxley, en Brave New World, por ejemplo. Otro de los méritos de Kafka es haber aprovechado –y renovado- los grandes temas, simples y permanentes, que tanto hemos desacreditado: angustia, frustración, el individuo perdido ante el Estado, jerarquías, postergación, burocracia, infinito’. BORGES: ‘Uno puede citar otros relatos donde aparecen esos temas pero apenas son un episodio de la trama, un caso particular; en Kafka son generales y permanentes. Me pregunto si estos escritores, que estuvieron a punto de escribir cuentos de Kafka –Conrad en El duelo, Melville en Bartleby- entrevieron la posibilidad y la desdeñaron’. (Domingo 27 de septiembre de 1959).

Recuerda que según Graves a la gente le cuesta mucho entender un texto escrito en diversos planos: ‘La gente entiende lo que es plenamente humorístico, o plenamente serio. Buenos libros fracasan por la diversidad de planos. Bustos Domecq, desde luego…’. (…)

BORGES: Quien escribe ramplón, es ramplón. (Sábado 10 de octubre de 1959)

Alfonsina Storni escribió de los pájaros:

Las dulces flautas suenan de alados inquilinos

Qué raro llamar inquilinos a los pájaros. Huésped es una palabra más noble, pero ¡inquilino! Además, como siguen siendo pájaros, quedan muy absurdos con flautas”. En cambio, considera que hay una sorpresa meritoria en

Huésped de la rama, el trino. (Soneto de Enrique Banchs, “La urna”, 1911).

(Domingo 8 de noviembre de 1959).

Leemos poemas de Antonio Machado. BORGES: “Es más importante, para un poeta, parecer sabio que inteligente. Antonio Machado parece sabio; Lugones, inteligente”. (Martes 22 de diciembre de 1959)

Oyendo una motocicleta que partía,  comenta: “Qué raro. Sin duda la frase ‘Salió a los pedos’ es anterior a las motocicletas; sin embargo parece inventada para ellas: es un caso de futurismo idiomático”. (Miércoles 6 de abril de 1960)

Recuerda:

Iban, oscuros, por la noche solitaria (Virgilio) “Ibant obscuri sola sub nocte per umbram”

El verde silencio de los campos (Carducci). “Il divino del pian silenzio verde”


BORGES: … (Ben) Johnson dice que hay que escribir de un modo general, sin decir cuántas rayas tiene el tulipán (…)

En Inglaterra, es raro el concepto de diccionario como legislador del idioma; allí, el concepto que rige es el de diccionario como repertorio de las palabras usuales. En España persisten en el concepto antiguo, de árbitro de lo que puede uno usar o no. ‘¿Está en el Diccionario de la Academia?’, pregunta el argentino. ‘¿Es palabra?’, pregunta (José) Bianco”. (Lunes 16 de mayo de 1960).

Dice: ‘Cuando una composición literaria es mala, se notan las palabras y nada más. Words, words, words. Cuando es buena, no importa que las palabras sean feas, hay un impulso que te arrastra…’.(Martes 7 de junio de 1960).

Uno de los señores que me recibió estaba entusiasmado con la idea de “Poderoso caballero es Don Dinero”. Repetía: “Lo escribió Quevedo, quién sabe cuándo, y hoy es tan verdad como entonces”.(Domingo 12 de junio de 1960).

Nota personal: Es un poco lo que pasa con quienes elogian la actualidad de la letra de Cambalache: “el mundo fue y será una porquería…", etcétera.

Dice Borges que si en un cuento se nombra un pájaro, en seguida aparecen otros. Una gaviota hace una bandada; la mención del tiempo, trae de inmediato la del espacio. (Sábado 20 de agosto de 1960).

Observa después: “Qué manía la del arte moderno contra la anécdota. (…) no ven que atacan a lo narrativo, que es uno de los permanentes agrados de los hombres. ¿Qué tiene de malo? Toda la literatura es anécdota. ¿A quién no le agradan las anécdotas? (Sábado 10 de septiembre de 1960).

BORGES: Los escritores fracasados siempre imaginan conspiraciones contra ellos. Creen que los escritores más afortunados forman una maffia. Sienten que cuando esos escritores publican los excluyen… (Domingo 16 de octubre de 1960).

BORGES: (…) Octavio Paz envió a Sur un poema de amor, con el verso:

tus pedos estallan y se desvanecen

“Se verá a sí mismo como un conquistador de nuevas regiones para la poesía… Qué regiones.(Domingo 6 de noviembre de 1960).

BORGES: “Los pintores no dicen peyorativamente: ‘Esto es pura pintura’, ni los escultores o los arquitectos: ‘Esto es pura escultura o esto es pura arquitectura’. En cambio los escritores dicen: ‘Esto no es más que pura literatura’ o: ‘El resto es literatura’. (‘Et tout le reste est littérature’, Verlaine, “Art Poétique”) (Miércoles 7 de diciembre de 1960).


Porque un jurado reunido en Mallorca dio el premio de los editores a Borges, Victoria descubrió que es un gran escritor, se puso a escribir sobre él, insiste en que sus primeros libros los publicó Sur y quiere darle una comida. BORGES: ‘Para ella esse est percipi; percipi por los demás’. (Miércoles 7 de junio de 1961).

SER ESCRITOR. PRIMERA PARTE

Estos son algunos consejos de Abelardo Castillo:

-          “Si empieza  a escribir sin saber adónde va, tal vez tenga suerte y consiga vender eso como literatura de vanguardia; si sabe adónde va, el día menos pensado escribirá un cuento.

-          Una palabra innecesaria puede estropear un buen cuento; una página innecesaria estropea a un buen lector.

-          Si un cuento ajeno le gusta mucho, escríbalo otra vez usted mismo: existen ejemplos ilustres.

-          Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.

-          No intentes ser original ni llamar la atención. Para conseguir eso no hace falta escribir cuentos o novelas, basta con salir desnudo a la calle.

-          Vas a morirte, nuestro planeta gira agónicamente alrededor de una estrella que ya cumplió la mitad de su vida, el universo entero está condenado a desaparecer. Si eso no te quita las ganas de ser escritor, ¡cuál es el problema!

-          No es lo mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final. Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final: se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.

-          No describas sino lo esencial. La posición de un pie, en casi todos los casos, es más importante que el color de los zapatos.

-          Gide decía que con buenas intenciones se escriben malos libros. La verdad completa es que con malas intenciones también se escriben malos libros. Lo que nadie sabe es cómo se escriben los buenos.

-          No cualquier cosa, por el mero hecho de haberte sucedido, es interesante  para otro. Esto vale tanto para escribir como para conversar.

-          Borges decía no tener sus propios libros en la biblioteca porque quería tener una buena biblioteca. No era sólo una broma. Un escritor es alguien que toma muy en serio la literatura pero no se toma en serio a sí mismo.


-          Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: “ahí está la ventana” que “la ventana está ahí”. En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo”.

domingo, 20 de abril de 2014

EL ANTIINTELECTUALISMO JAURETCHIANO Y CIERTO MENOSPRECIO DE LA CLASE MEDIA

Breve descripción de la cultura durante el primer peronismo:


En su Historia de las ideas en la Argentina, Oscar Terán recuerda que alguna vez, Leopoldo Marechal declaró que en tiempos del primer peronismo le resultaba difícil publicar, ya que la mayoría de las editoriales estaba en manos de opositores. En el campo intelectual se reproducía la escisión entre peronismo y antiperonismo, sólo que mientras en la sociedad el peronismo era mayoritario, esta proporción se invertía al llegar al mundo de los intelectuales.

Entre las excepciones  estaban: el mismo Marechal, Enrique Santos Discépolo,  Raúl Scalabrini Ortiz, Homeno Manzi, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Manuel Ugarte, etc. Terán agrega el apoyo crítico de pensadores como Rodolfo Puiggrós, J. J. Real o Jorge Abelardo Ramos.

La democratización del sufragio universal responde a derechos políticos, y la justicia social a derechos sociales: pueden existir el uno sin el otro. El peronismo le otorgó mayor importancia a lo social que a lo político, y ha tenido indudables rasgos autoritarios –en una época donde la democracia no estaba nada consolidada- y bastante desprecio por lo institucional. Perón tenía una relación directa con las masas, y secundarizaba las mediaciones institucionales.

Lo que uno valora de ese período es la redistribución económica en favor de las clases populares, y no sólo en el plano material sino también simbólico: al decir de Terán, “aquel fenómeno también fue acompañado de una caída de la deferencia de los sectores populares hacia las escalas superiores de la sociedad. Esto es, se quebró el reconocimiento que, en sistemas jerárquicos, los de abajo deben profesar a los de arriba”.

Salvo Uruguay, no he tenido la fortuna de viajar a otros países de América latina. Un amigo me contaba su experiencia con mozos peruanos en un café de Lima: a los tipos había que darle "órdenes precisas" -café con cucharita y azúcar y vaso de agua y etc.- , porque no estaban acostumbrados a pensar y a decidir de manera mínimamente autónoma. ¡Terrible! El igualitarismo argentino me parece una gran ventaja respecto de otros territorios de América latina. El costado negativo del igualitarismo es la facilidad con que degenera en “cualunquismo”: entre nosotros cualquier nabo habla con autoridad sobre temas que ignora casi por completo.

Un costado negativo del primer peronismo -que tuvo muchos aspectos positivos- fue la violación de las libertades cívicas de los opositores y la intervención sobre el principio de autonomía universitaria. Según Terán, la Argentina permanecía cerrada a las inquietudes culturales que atravesaba la Europa de la segunda posguerra: “el existencialismo, el cine del neorrealismo italiano y de Ingmar Bergman, el teatro de Samuel Beckett, el experimentalismo en las artes plásticas, y un extenso etcétera”.

Esto como para tener cierto panorama. Y ahora vayamos a:

Don Arturo Jauretche y cierto desprecio por la “clase media”:

El peronismo está montado en la frontera de la civilización y la barbarie, de modo tal que a veces actúa como agente civilizador, y a veces es mensajero de la barbarie, en un movimiento pendular. El costado “bárbaro” del peronismo molesta, incomoda, tanto a cierto sector del “progresismo de izquierda” como al liberalismo derechoso, estilo diario La Nación. Por otra parte, existe siempre una tensión entre tradición y modernización que es típica de los países periféricos: a veces es necesario ser un conservador cultural para defender cierta noción de identidad cultural propia, y en ocasiones se necesita ser modernizador para cambiar estructuras que fomentan la desigualdad.

Por las dudas, aclaro que no comparto la opinión cualunquista de tipos como Tomás Abraham, quienes creen que el “pensamiento nacional y popular” valorado por muchos de quienes apoyamos algunos aspectos del kirchnerismo es “rancio, aldeano y nostálgico de la siestacolonial y de la guerra gaucha”.

Pese a que no me siento “nacionalista”, me molesta ese sentimiento que intuyo en muchas personas que parecieran invertir la frase de Perón y pensar que “para un argentino, no hay nada peor que otro argentino”. Eso de creer que todo lo que viene de Europa occidental y los Estados Unidos es maravilloso, y lo nacional una mierda, me parece tilingo. Eso no implica negar, por caso, que el rock británico y estadounidense sean superiores. Sin embargo, ¿qué país puede ser el mejor si uno lo compara con los mejores ejemplos del globo en cada rubro? Estoy exagerando, pero no es inusual que uno escuche que no tenemos los laterales brasileños, el bienestar económico de los escandinavos, los artistas de rock de Gran Bretaña, la calidad de los filósofos alemanes...

En un libro de divulgación muy interesante, Mitomanías, el antropólogo Alejandro Grimson nos dice:

"Para mí, una de las cosas más sorprendentes de conocer otras sociedades fue que no encontré ninguna en la cual las personas hablaran tan mal de su propio país como en la Argentina".

Pero no sólo del desprecio por lo argentino habla Grimson, sino de la oscilación pendular entre creernos los mejores o los peores. Ese fanatismo emocional se observa también en la política:

"(..) sospechar que los gobernantes tienen intenciones ocultas es característico del análisis político nacional. Y no me refiero sólo al más elemental que hacemos los ignorantes en cualquier esquina o café. Periodistas sagaces, intelectuales lúcidos e integrantes de la fila del supermercado a menudo insultan por igual a sus gobernantes de modos muy extraños. La intención más frecuente y democráticamente distribuida que se les atribuye sería la de "robarse el país". Otra acusación, también muy habitual, es que quieren terminar con el "capitalismo" o con la "democracia", según alguna vaga definición de esas palabras. Esto les sucedió a Yrigoyen, a Alfonsín y a Perón tanto como a los Kirchner.

(...) Si detestan al gobierno, las buenas medidas dejan de serlo automáticamente, ya que son consideradas siempre bajo el singo del oportunismo, el negocio o la venganza, el robo de banderas de otro, o lo que fuera. Si los malos gobiernos jamás hacen algo bueno, los buenos jamás hacen algo malo. Aunque la segunda sentencia sería difícil de aceptar, salvo por los fanáticos, la primera está muy extendida entre nosotros. Somos fanáticos del 'todo mal'".


En fin, más allá de estos lugares comunes, hoy quiero sentar posición sobre dos herencias del pensamiento nacional y popular: el antiintelectualismo y el desprecio a la clase media. Me voy a centrar en Jauretche vía el libro de Federico Neiburg: Los intelectuales y la invención del peronismo.

Los intelectuales y el pueblo:

El debate sobre el peronismo ha sido un terreno de lucha entre formas de “populismos” (1), donde diversas figuras intelectuales buscaron hacer de su capacidad para interpretar al pueblo un aspecto de su propia identidad como intelectuales, su propia representación de la sociedad y su posición dentro del contexto social.

Con frecuencia, la obra de Arturo Jauretche (1901-1974) resulta un ejemplo paradigmático de cómo se puede utilizar la propia biografía como argumento de autoridad:

“Estoy lejos de ser un erudito (…) lo poco o mucho que he leído no lo retuve para respaldar mis juicios en autoridades y me repugna también esa ciencia barata que se logra en diccionarios especializados (…) Mis verdades tienen un origen modesto; son asociaciones de ideas, relaciones de hechos, conjeturas fundadas en la propia observación y en la experiencia de mis paisanos”.

Como bien  destaca Neiburg, los textos de Jauretche –plagados de anécdotas, vivencias y dichos populares- tratan de convencer apelando a la empatía del lector.

Ernesto Goldar, por medio de un registro fotográfico, elaboró una biografía de Jauretche que muestra muy bien su modo de construcción biográfica: en las diversas fotos se puede ver la progresiva transformación de su figura desde típico estudiante de la Facultad de Derecho de traje y corbata –recinto atacado posteriormente por Jauretche tildándolo de “cría de la intelligentsia”- con pinta de abogado típico, hasta fotografías posteriores que lo muestran en camisa, tomando mate, con un vasito de grapa, conversando con algún pueblerino, con el fondo decorado por el retrato de algún héroe de la historia nacional, como el general San Martín.

La visión de Jauretche me parece iluminadora, aunque también tiene enfoques simplistas y maniqueos. El tipo consideraba que hay dos Argentinas: a) la Argentina falsificada por la historiografía consagrada por la “intelligentsia liberal” y legitimada por la “historia oficial” enseñada en la escuela; b) una Argentina cuya historia verdadera permanecía oculta en la memoria popular.

Me parece pobre decir que existe UNA historia verdadera y UNA historia falsa: siempre hay diversos discursos en pugna e interpretaciones diversas sobre lo real. No es necesario abundar al respecto, ya que se trata de una verdad de perogrullo.

Jauretche usa un término que hereda de Jorge Abelardo Ramos: “colonización pedagógica”. Para Don Arturo, los “inteligentes” tenían como problema principal su desconocimiento del pueblo, su lejanía de la realidad popular. Él decía que primero era el pan y las alpargatas, y luego los libros. Yo creo que tenía razón -de hecho es una obviedad- sólo que para mí exageró mucho su antiintelectualismo.

Otra cosa que no me gusta de Jauretche, aunque no lo he leído en profundidad, es su puesta en uso de ciertas estrategias de condescendencia: las operaciones de distinción por medio de las cuales los letrados “descienden” al lenguaje popular. Como bien dijo Neiburg: “Jauretche era un intelectual y un político empeñado en combatir con intelectuales y políticos”.


La clase media:

Otro libro muy popular de Jauretche fue El medio pelo en la sociedad argentina. Retrospectivamente, creo que la herencia anti-clase media -que uno puede leer en diversas opiniones de José Pablo Feinmann -me parece bastante nociva.

Es cierto que gran parte de la “clase media” y “los porteños” ha sido, tradicionalmente, bastante antiperonista. Sin embargo, ¿qué es la “clase media”?

Los sociólogos y estudiosos dicen que es muy difícil definir con precisión qué se entiende por “clase media”. En el Dipló, José Natanson la definió “en plata”: el segmento poblacional ubicado entre los deciles 6 y 9 de ingreso -los que ganan entre 3.500 y 7.000 pesos mensuales -que hoy conformarían cerca de 40% de la población. Aclaración: hoy los valores, por la inflación, serían mayores.

Como bien dijo Natanson: “la clase media no es un todo congelado, un conglomerado homogéneamente reaccionario y –adjetivo jauretchiano que el kirchernismo ha hecho suyo- tilingo, sino un universo cambiante (y, por lo tanto, susceptible de ser modificado mediante la acción política). Ningún gobierno puede realizar una voluntad auténticamente transformadora sin el respaldo de una amplia mayoría social. “El conflicto del campo le demostró al kirchnerismo los riesgos de enfrentarse a la clase media”.

NOTAS:

(1)    En términos de Bourdieu, no de Laclau, entendido como “toda posición que en el campo intelectual pretende hacer valer un tipo de representación y de relación con el pueblo”. Sacado de “Los intelectuales y la invención del peronismo”.

Para finalizar, corto y pego un muy buen artículo:

LA CLASE MEDIA EN LA HISTORIA ARGENTINA de PERÓN A KIRCHNER

por Ezequiel Adamovsky

"La clase media nació con el primer peronismo. En pleno auge de la sociedad plebeya, con las masas ocupando por primera vez la Plaza de Mayo, sectores que hasta entonces carecían de una identidad precisa comenzaron a definirse, por contraposición, como "clase media". A partir de allí, la clase media jugó un rol central en la historia Argentina, con momentos de unidad con los sectores populares y otros muchos de ruptura.

La clase media es poco más que una identidad: no hay mucho en concre­to que compartan todas las personas que se consideran de clase media, fue­ra del propio sentido de pertenecer a ella y de los atributos sociales, morales, étnicos y culturales que se imaginan que ella posee.

Esa identidad no surgió en Argenti­na de modo casual. La expresión "clase media" comenzó a ser utilizada por cier­tos intelectuales a partir de 1920 con fines políticos precisos. En enero de 1920, Joa­quín V. González pronunció un discurso en el Senado que provocaría polémicas. Allí llamó a sus colegas a ocuparse de la benéfica "clase media", contraponién­dola a una clase obrera compuesta por "extranjeros no deseables", que habían arribado a Argentina con "teorías extre­mas". González era uno de los políticos más importantes del país y probable­mente el intelectual más lúcido de la elite de aquel entonces. Pero sólo comenzó a prestar atención a la clase media en 1919, hacia el final de su vida. Le preocupaban la ola de activismo obrero y las simpatías que cosechaba la Revolución Rusa en la Argentina. Recordemos que la Semana Trágica había sacudido al país en enero de 1919 y que a ella le siguió una inédi­ta oleada de huelgas de empleados de "cuello blanco", e incluso de estudiantes, que causó gran impresión en la sociedad "decente". González concibió entonces la idea de replicar en Argentina lo que sus colegas europeos venían haciendo con éxito: se propuso instigar un orgullo de "clase media".

El de González probablemente haya sido el primer discurso en el que se habló en público sobre la clase media. Hasta entonces, la expresión era poco cono­cida. Predominaba una imagen binaria de la estructura social. Estaba la gente "bien", por un lado, y el populacho, por el otro. González se proponía modifi­car esa percepción. Pretendía quebrar las fuertes solidaridades que se venían tejiendo entre obreros y empleados, con­venciendo a estos últimos de que no eran parte del pueblo trabajador, sino de una "clase media" más respetable, que debía alejarse de los disturbios callejeros y de las ideologías anticapitalistas. Se pro­ponía, en suma, meter una cuña entre ambas clases, buscar aliados políticos en lo que hoy llamamos los sectores medios para contrarrestar el avance de las luchas obreras y del socialismo.

El primer peronismo

Pero la identidad de clase media recién se haría carne años después, con el surgimien­to del movimiento peronista. La presencia y el protagonismo que la parte más plebe­ya de la sociedad adquirió a partir de 1945 generó una reacción de rechazo a la que se sumaron tanto personas de clase alta como de los sectores medios. Lo que más irritaba a unos y a otros era que las jerarquías socia­les tradicionales se vieron profundamente alteradas. Y no sólo en el ámbito laboral: el vendaval del peronismo sacudió a varios de los pilares que definían el lugar de cada cual en la sociedad. De pronto, todo aque­llo que había sido invisibilizado, silencia­do o reprimido por la cultura dominante se había hecho presente y, para colmo, se había vuelto político. Los pobres que vivían en los márgenes de la coqueta Buenos Aires invadieron la ciudad el 17 de octubre de 1945. El mero hecho de ocupar la Plaza de Mayo se convirtió para ellos en un gesto político, un ritual que repitieron una y otra vez en los arios siguientes.

La misma actitud desafiante se reite­ró con todas y cada una de las normas de respetabilidad y "decencia" que venía inculcando desde hacía décadas la cultura dominante. La plebe las puso en cuestión una por una. Durante años, los pobres habían tenido que escuchar sermones sobre la limpieza y la forma correcta de vestirse, y ahora resulta que ser un "des­camisado" y un "grasa" tenían un valor positivo. Durante años se había venido moldeando un ideal de la conducta culta y educada, y ahora el Congreso se había lle­nado de "brutos". Los cánones de decen­cia y de jerarquía familiar también fueron en alguna medida puestos en cuestión. Los jóvenes peronistas colmaron el movi­miento con ese espíritu festivo, irreveren­te y soez que desde entonces Ie es tan típi­co. Las mujeres se presentaban sin ningún recato cantando "Sin corpiño y sin calzón/ Somos todas de Perón". La plebe también politizó con sus gestos la cuestión del ori­gen étnico y el color de piel, desafiando el mito de la Argentina blanca y europea. Y de pronto allí estaban ellos, exhibiendo sus pieles oscuras o atreviéndose a hablar en quechua o guaraní en la ciudad porte­ña, como reseñaba asombrado el diario Clarín), o trayendo una inédita carava­na de kollas desde el Noroeste durante el famoso "Malón de la paz" de 1946. La plebe se había hecho presente en la alta política sin pedido de disculpas.

Fue el rechazo a las políticas de Perón, pero por sobre todo a ese nuevo protago­nismo que habían adquirido los "cabecitas negras", lo que terminó de aglutinar a un vasto sector de la sociedad que, finalmen­te, adquirió una identidad de clase media. Esta identidad nació así marcada a fuego por las condiciones de su alumbramien­to. Por omisión, la clase media fue desde entonces antiperonista. Y buena parte de su identidad quedó constituida por el mito de la Argentina blanca y europea, la Argentina de los abuelos inmigrantes, por contrapo­sición con el mundo criollo y mestizo de la clase baja peronista. Por un camino inespe­rado finalmente la identidad de clase media terminó desempeñando la función que Joaquín V. González había soñado muchos años antes: la de dividir y enfrentar profun­damente a dos sectores de la sociedad y con­vencer a uno de ellos de que sus intereses políticos estaban más cerca de los de la clase dominante que de los del pueblo trabajador.

De los años 60 a la democracia

Esta fractura social marcó de mil maneras la política nacional. El enorme apoyo social que acompañó a la Revolución Libertadora es impensable sin tenerla en cuenta. Pero la imagen de la clase media -y su lugar en la nación- sufriría severos cuestionamien­tos desde aquel entonces. En los años 60, un creciente giro hacia la izquierda, prota­gonizado tanto por los peronistas como por diversas agrupaciones marxistas, afectó a todas las áreas de la vida nacional. Las ideas que se vieron fortalecidas con este giro bus­caron volver a colocar al trabajador en el lugar de personaje central del desarrollo argentino o de la nación socialista que se intentaba construir. Aunque una gran parte de los militantes de izquierda pertenecía a los sectores medios, la clase

Pero la identidad de clase media resistió los embates. Desde el golpe de Estado de 1976, la represión y la estigmatización de las ideas y proyectos que habían colocado al trabajador en un lugar central dejaron el terreno libre para la victoria final de la "clase media" como encarnación indiscu­tida de la argentinidad. La dictadura des­plazó así al "pueblo" como sujeto central de la historia nacional. Las elecciones de 1983 hicieron evidente el reemplazo del pueblo por "la gente" (cuya imagen implí­cita era la de la clase media). Por primera vez en la historia, el peronismo perdía una elección limpia. Leído como un triunfo de esa clase, el alfonsinismo contribuyó a reforzar aun más el orgullo de clase media, que reclamó para ella el 1ug,ar de garante de la democracia recobrada.

Neoliberalismo y crisis

 Sin embargo, para entonces ya estaba en marcha el drástico programa de reforma de la sociedad impulsado por los sectores económicos más poderosos. A partir de 1975, y todavía más claramente desde la asunción de Menem en 1989, la riqueza se concentró en pocas manos, mientras que la gran mayoría de la población se vio empobrecida. La identidad de clase media prestó un gran servicio a este proceso, al menos en sus años iniciales. Para imple­mentar las medidas neoliberales era preci­so terminar de quebrar las amplias solida­ridades sociales que se habían forjado en los años 70. El orgullo de clase media, con su tradicional componente antiplebeyo, podía ser utilizado para dividir y enfrentar al cuerpo social, y así lo hicieron algunos de los propagandistas del nuevo modelo.

Pero la victoria neoliberal significó a la vez una profunda ruptura en el universo mental y en la cohesión de los sectores medios. En la década del 90 hubo ganado­res y perdedores: mientras una parte de la clase media festejó los cambios, otra, cada vez más amplia, se vio empobrecida. Fue así como, buscando la manera de resistir las políticas menemistas, una porción de los sectores medios fue reconstruyendo lazos de solidaridad con las clases más bajas (aunque muchos, por supuesto, per­sistieron en su desprecio).

Durante aquellos años, la identidad de clase media se vio modificada o incluso debilitada, a medida que muchas personas comenzaban a percibirse como "nuevos pobres". La magnitud de la crisis de 2001, cuando la convertibilidad finalmente esta­lló, fue tal, que la cercanía entre los secto­res medios y los más pobres -y los lazos de solidaridad entre ambos- se hicieron más fuertes que nunca. Aunque de mane­ra tímida, se pudo percibir, durante un breve lapso, un incipiente proceso de "desclasificación".

Por supuesto, las diferencias de clase no desaparecieron. Sin embargo, algunos de los muros que tradicionalmente separan unas de otras exhibieron sus grietas. No por casualidad Eduardo Duhalde, el presi­dente de la transición, fue uno de los que más halagaron, pública y explícitamente, a la clase media. Con esta apelación, Duhal­de buscaba reforzar una identidad que se hallaba en crisis y evitar que siguieran ero­sionándose los muros que la separan de la clase baja. Su sucesor, Néstor Kirchner, también hizo de la recuperación del orgu­llo de clase media una piedra central del ansiado regreso a un "país normal".

EL rol político

Varias veces durante la historia argenti­na se intentó fortalecer una identidad de clase media con fines "contrainsurgentes", es decir, para dividir y debilitar momen­tos de intensa movilización social que tendían hacia la unificación entre las cla­ses más bajas y aquellas situadas en una posición más favorable. No es casual que, en el actual momento de la política nacio­nal, las identidades en las que nos hemos formado se encuentren sometidas a una revisión profunda, en particular el mito del país blanco, europeo y de clase media, que supone que el bajo pueblo es siempre el obstáculo para el progreso o un convidado de piedra. Esto no puede ser sino saludable.

Pero, dicho esto, existe un cierto modo de pensar el papel político de la clase media que hoy resulta paralizante. Los progresistas suelen apelar a una serie de estereotipos sobre ese sector que de algún modo son una réplica de aquellos que difundieron los ensayistas de la "izquier­da nacional" en los años 50y 60. Se repite como una verdad de sentido común que la clase media nunca comprende los proble­mas nacionales, que oscila entre la clase alta y la baja pero termina siempre apoyando a la primera, que desprecia a los pobres, que es racista y discriminatoria, etc.

Esos viejos estereotipos condicionan el modo en que pensamos el rol político de la clase media. Pero son estereotipos: aunque indudablemente tienen mucho de verdad, oscurecen el hecho de que en muchos momentos de la historia nacio­nal se tejieron fuertes lazos de solidari­dad entre la clase trabajadora y amplios sectores medios. La clase media no es necesaria e inevitablemente un conglo­merado social con las características que le atribuyeron ensayistas como Jauretche.

Con todo lo que Jauretche tiene de esti­mulante, tener su libro siempre a mano es hoy un obstáculo para el pensamiento. El desafío político del momento pasa por volver a pensar, sin prejuicios ni estereoti­pos, el modo de construir lazos de solida­ridad entre todos los que no forman parte de la clase dominante. Sin fortalecer esos lazos es impensable cualquier cambio más o menos profundo, cualquier políti­ca capaz de limitar el avance criminal del capital sobre nuestras vidas".

EL INDIO SOLARI - PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA

“La rebelión consiste en escuchar los Redondos hasta pulverizarse los oídos” (Martín Zariello)

"Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio/ si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer/ si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo/ entonces es rock and roll" (Peter Townshend, guitarrista de The Who)

En un mundo donde ya no hay dioses, y cada uno conoce el sabor de su propia ceniza, yo quiero envejecer escuchando a "los redó".

Aceptemos que las pasiones son difíciles de justificar, porque se relacionan con aquello que no podemos terminar de explicar nunca. Podemos rodear el misterio, acotarlo, pero sabiendo que jamás traspasaremos cierto límite. Tomemos el siguiente fragmento de José Hernández:

“Que al hombre que lo desvela, una pena extraordinaria, como el ave solitaria, con el cantar se consuela”. Si un ornitólogo viene y te dice que las aves jamás cantan estando solas, ¿le aporta algo al significado poético del Martín Fierro?

Como dijo San Agustín en referencia al tiempo: “¿Qué es el tiempo? Si no me preguntan lo sé; si me lo preguntan lo ignoro". Lo mismo ocurre con la poesía ricotera. No coincido totalmente con quienes creen que ignoramos aquello que somos incapaces de definir. Sabemos tan bien qué es la poesía que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o una reflexión de Majul. “El arte sucede”, como las derrotas de Boca en la nueva era Bianchi.

Ojo, tampoco comulgo demasiado con la pasión irracional de la tribu que cree que el Indio es una suerte de divinidad mitológica. Me parece que está bueno razonar apasionadamente, o apasionarnos de manera razonada.

Ahora bien, ¿qué significan las letras del Indio? Me hago esa pregunta y casi siento ternura por mi adolescencia perdida.

Muchos relacionan, en parte con razón, casi todo el contenido de la lírica ricotera con la droga: “sopa de almejas es todo lo que como, siempre fui menos que mi reputación”.

-“Loco, tomar sopa de almeja es una metáfora de tomar merca”… ¿Y “los ojos ciegos bien abiertos”? ¡Es otra vez la merca!

- “¡Calláte gil, trata sobre la Revolución Rusa y Chernobyl!”.

Ese tipo de interpretaciones llegan a la exageración. Hace muchos años vivía en mi antiguo barrio un pibe muy drogón -“Cabecita de araña”- que se parecía al personaje de Capusotto que encuentra por todos lados metáforas de canciones que "hablan del faso". Mi estimado vecino "Cabecita de arácnido" -que hasta donde supe de él estaba preso- llegó a decir que “Una luna de miel en la mano”, la oda al onanismo masculino hecha por Virus, hablaba de drogas.

-“¡No pelotudo!", le decíamos; “¿justo vos no entendés la letra?”

-Loco, ¿qué me querés decir? ¡Habla de la droga!”

También está la explicación por el contexto vivido, investigado y/o inventado: “aquella solitaria vaca cubana habla de Fidel Castro y la Revolución”; “Limón era el guardaespaldas de Pablo Escobar”, “Nuestro Amo juega al esclavo” habla sobre la época de las rebeliones carapintadas durante el gobierno de Alfonsín…

Hay frases y metáforas del Indio cuyo sentido es más bien nebuloso o, por decirlo mal y pronto, no se entienden un carajo. Sin embargo, suenan bien: “practicamos tiro al pichón, y un test para ir al espacio”; “pará, mi amor, esto está muy Shangai”; “motor psico, el mercado de todo amor, lo que debes, ¿cómo puedes quedártelo?”; “fundiendo plomo lográs, chorros de oro cochino en besos de lo más desnudos”...

Otras letras y/o fragmentos son más lineales, aunque no exentos de pasajes poéticos: la lírica de "Un ángel para tu soledad" o "Pabellón séptimo", por citar ejemplos al azar. Cabe aclarar que la poesía de una canción cobra un significado más profundo en el contexto de la melodía, o en base a lo que nos transmite quien la canta: "mother do you think she's good enough... TO ME?", en la canción Mother de Pink Floyd, sacada de contexto no quiere decir mucho; pero en el preciso momento en que Waters pronuncia el "to me", el tema adquiere una hondura infinita.

También están las metáforas mas escatológicas: “el placer es tan oscuro como el culo de un topo negro, y si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía: ¡no vas a regatear!”

Quizá la característica más notable de la lírica del Indio sea su facilidad para elaborar aforismos para consumo masivo. Miles y miles de jóvenes usan frases ricoteras para ilustrar una idea; o las ponen en twitter/facebook; o en una bandera o graffiti barrial: “pero dos que se quieren, se dicen cualquier cosa”; “juegan a primero yo, y después a también yo, y a las migas para mí”; “el lujo es vulgaridad”; "no se entiende el menú pero la salsa abunda". Insultos sutiles como “sos un aristócrata de cotillón” han quedado, para siempre, en nuestro imaginario colectivo... al menos mientras tengamos memoria, o hasta que nos vayamos a mirar las flores del lado de las raíces.

Párrafo aparte merece la brillante influencia de la guitarra de Skay Beilinson: como yo de música sé más bien poco, me sale decir que “tiene muy buen gusto”. El estilo de Skay evoca en mí una emoción similar a la que siento al escuchar pasajes de algunos solos de Jeff  Beck o Mark Knopfler. En Los Redondos convivían armoniosamente el rockabilly, el hard rock, la murga y el blues con ritmos y melodías étnicas. De todos modos, el disco que a mí más me gusta es Oktubre (1986), aunque me resulta difícil pensar en uno solo. No toco el tema de si los redondos “hacen o no rock cuadrado” porque me parece una discusión bizantina. Para mí, la originalidad de la lírica y la música de Patricio Rey excede en mucho las posibilidades del rock chabón. Lo digo de una vez: los Redondos y el Indio están en “mí panteón” del rock argentino, junto con Charly García (+Serú Girán, Sui Generis), y Spinetta (+Almendra, Invisible y Pescado Rabioso). Podría agregar algunas cosas de Miguel Abuelo, y seguro me olvido de alguien más, quizá Pappo.


Luzbelito, Último bondi a finisterre y Momo Sampler:

A mediados de 1990 se produce un fenómeno conocido o etiquetado como “post-rock”. ¿Recuerdan la polémica entre Pappo y DJ Deró? Ué, algo así.

La cosa es que el post-rock, como bien apunta Simon Reynolds, implica usar la instrumentación del rock para propósitos "ajenos": las guitarras como vehículos de timbres y texturas más que de riffs y acordes de potencia. De modo creciente, los grupos de post-rock van ampliando el esquema tradicional guitarra/bajo/batería hacia la tecnología computarizada: dispositivos MIDI (Interfaz Digital de Instrumentos Musicales), samplers, secuenciadores… Todo este discurso da lugar a dos grandes procedimientos: a) el del rock “reaccionario”, tradicionalista o conservador; b) el método del pop, donde el productor pasa a tener un rol preponderante (como puede ser el caso de Brian Enno en U2). Aunque estrictamente, las etiquetas son buenas para los vinos, me permito hacer esta diferenciación esquemática para darme a entender.

Los “tradicionalistas-artesanales” son más tirando a románticos: creen que la esencia del rock es la interacción en tiempo real de batería, guitarra y bajo funcionando como un solo cuerpo. En Estados Unidos, el grunge sería un ejemplo paradigmático.

Los que adoptan el método del pop estarían representados por productores tipo Brian Enno (con antecesores ilustres como Phil Spector y Brian Wilson). El rock de “sonido de laboratorio” pretende crear paisajes sonoros mediante la utilización de los músicos a la manera de una paleta de texturas. Obviamente la experimentación sonora viene de mucho más lejos: la psicodelia ha hecho mucho en ese sentido (por no hablar de Luciano Berio, la música electroacústica o John Cage). En fin, no quiero extenderme más. Creo que los Redondos y el Indio tienden más al rock “tradicional”, aunque sus discos posteriores a “Lobo suelto-cordero atado” se asemejan mucho a tendencias vinculadas al post-rock. La diferencia con bandas inglesas o yanquis es que los Redondos y el Indio constituyen una "pyme", y no pueden contar con productores e ingenieros de sonidos del nivel que hay en otros lares.

Como recordaba Il Corvino en éste post: "en los tempranos 80', Solari era un frontman relajado, agradecido con su público, ocurrente. El tiempo y las circunstancias" –muerte de Bulacio mediante- lo transformaron. La multitud no se maneja sola y él debe hacer las veces de Maestro Ciruela: cagarlos a pedo, putearlos cuando se mandan una macana. Nada peor para un músico de rock que convertirse en la policía". Sobre todo teniendo en cuenta que en sus comienzos, sus recitales eran un ritual pagano lleno de alegría y libertad.

Termino el post citando fragmentos escritos por Il Corvino, porque en gran medida expresan más o menos lo que siento al respecto:

Hoy en día se copia la estética de Los Redondos en sus aspectos más superficiales (voz, relación con la prensa) y se deja de lado el contenido. Callejeros mantiene el mismo discurso que Los Redondos en 1985, cuando la democracia estaba en pañales, todavía no había caído el Muro de Berlín y no existía Internet. Es una postura que atrasa desde cualquier punto de vista. En "Tarea Fina" se encuentra buena parte del rock argentino de los 90: solo de armónica, saxofón matizando la melodía, letra sobre cuestiones nocturnas, solo de guitarra, estribillo. Hay muchos temas que son así. A diferencia de Oktubre, que no tiene comparación ni siquiera dentro de la discografía redonda. El mejor disco es el más diferente a todos. La estética combativa (explicitada textualmente en "Fuegos de oktubre", esa canción sensacional) se funde con la pluma brillante de Solari, que pasa revista a los grandes placeres y males de la época: la cocaína ("Semen Up"), la televisión ("Divina TV Fuhrer"), el rock pasteurizado ("Música para pastillas"). Siempre desde un lente elusivo, con recursos que van desde la ironía a la hipérbole.

Ahora la discusión está zanjada (es decir que alrededor de la misma se cavó un pozo y quien intente acercarse se cae y se muere) pero en los 90', cuando estaba de moda ser un boludo, cierta inteligentzia esnob desdeñaba a los Redondos. Son esos círculos selectos que echan a rodar calificaciones taxativas hasta lograr que todos las repitamos sin pensar. De no hacerlo nos sentimos tontos o "grasas" o vaya a saber qué. Nuestra tarea en el mundo es luchar contra estos estúpidos y escuchar y leer y ver lo que se nos cante independientemente de que un crítico, un periodista, un escritor o un blogger (¡válgame deux ex machina!) digan lo contrario. Fuerza Bruta es el mejor espectáculo de los últimos 100 años. Las películas de Lucía Puenzo son geniales. Lisandro Aristimuño hace buena música. Se me ocurren esos ejemplos, no porque Fuerza Bruta o Puenzo o Aristimuño sean "malos" (¡qué temeridad acusar de maldad a una obra de arte!), sino porque escucho y leo a mucha "gente" halagarlos pero intuitivamente me doy cuenta de que en realidad no los conocen, están siendo hablados por la inteligentzia. Lo mismo con Los Redondos. Lo que camuflaba esta diatriba era un gran prejuicio de clase: ninguna banda puede ser buena si la sigue "la negrada"”.

No estoy en condiciones de delimitar etimológica ni ontológicamente qué es cultura. Sí estoy seguro de que todo lo que percibimos como un hecho cultural a través de los medios (muestras de arte, festivales de cine o literatura, exposiciones, conciertos de música experimental) se relaciona más con pertenecer a sectores socio-económicos que con el hecho cultural en sí. Con discursos de trasfondo elitista. Con el anhelo de vidriera social de sus actores principales. Si eso es la cultura estamos fritos, porque deja al 99,9 por ciento del pueblo afuera. Digo "pueblo" y no "gente". El primero "quiere saber", el segundo es una construcción ficticia que suele sentirse ajena a todo a excepción de su bolsillo. De ahí lugares comunes horrorosos como "la gente se siente rehén de la disputa entre Clarín y el Gobierno" o "a la gente no le importa lo que pasó en Papel Prensa". La gente desprecia la política, el pueblo la hace. El pueblo también es modelado a gusto de quien tenga el Poder, pero da la sensación de que preexiste más allá de todo. En cambio sin TN o Clarín o América TV, ¿existiría la gente que marcha por la inseguridad, por la suba del tomate, por la caducidad de fibertel? Y así podría seguir durante varias horas, pero no es el objetivo. Apuntaba a señalar los conciertos de Los Redondos como unos de los hechos culturales más notables de la democracia. Un fenómeno artístico de excepción que atravesaba todas las capas sociales. (...)

En las imágenes recientemente subidas a You Tube que testimonian los conciertos de Los Redondos en Racing (diciembre de 1998) se tiene la impresión de que allí está por ocurrir la toma de la Bastilla. Los jóvenes proletarios amuchados entre sí parecen salidos de la tapa de Oktubre. Pancartas con el rostro del Che Guevara y nombres de localidades periféricas. Focos de luminiscencia roja producto del humo de las bengalas. Una estructura iconografía muy atractiva, que remite a la política pero que no tiene sustento ideológico. Ya lo dijo Pizarnik: La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos. La mayoría de los que allí se encuentran descreen de la política o son militantes desencantados o nihilistas o conservadores inconscientes, como la mayor parte del público rockero.


Durante mayo, el mismo día que se difundió la información de que había material inédito de la banda en la red, TN proyectó durante toda la tarde la interpretación de “Ji ji ji”. Los conductores ablandaron por un rato la rigidez de sus rictus (con Maestrías en Caos, Crisis e Inseguridad) e hicieron grandes esfuerzos por dar a entender que entendían. Pero se notó que tenían menos rock que los Jonas Brothers. Por la noche, 6 7 8 abrió con la versión en vivo de “Juguetes perdidos”, utilizada desde hace rato para musicalizar las marchas por la Ley de Medios. Es claro: Gobierno y Monopolio se disputaban silenciosamente a la banda del Indio Solari, como si fuera el botín más absurdo de la guerra. La estrategia es tan inteligente como inquietante y requiere que, a partir de ahora, el rockero argentino preste mucha atención: apropiarse de melodías ancladas en el corazón de las personas puede también significar el apropiamiento de sus subjetividades.

Nota: este texto fue escrito en 2011, en mi blog anterior, y está ligeramente modificado.

sábado, 19 de abril de 2014

SI NO SOS PROUST NO ME CUENTES TU MERIENDA

La frase del título, que me pareció bastante exacta, le pertenece a un escritor cuya obra jamás leí: Ricardo Strafacce.

¿Cómo fue que terminé leyendo eso? Ocurrió (1) mientras intentaba pasar la primera página de los apuntes que debería leer para escribir un trabajo práctico: en el transcurso me embolé fuerte, y navegando fui a dar a una muy buena entrevista al autor de una monumental biografía de Osvaldo Lamborghini. La pueden leer completa acá.


Rescato dos fragmentos sueltos, no sin antes prometerme (¿mentirme?) a mí mismo que en breve me podrán encontrar sentado en la silla, leyendo lo que por deber tendría que leer:


“Vos pensá en el libro de Deleuze y Guattari, Kafka. Es lo que yo aspiro a hacer. No aspiro a decir grandes cosas, no quiero esa pavada. Por eso no me gustó lo que hizo Quintín, no más que eso.


Sobre si existe una critica literaria argentina hay una pregunta previa a eso que es si existe una crítica literaria. Y sí, por supuesto que existe. Pero la crítica, pienso, está en un callejón sin salida entre la tautología y la mala fe. Porque el estatuto de la crítica literaria es el comentario, en el sentido que lo expresa Foucault, un texto que viene a decir una cosa de otro texto, ¿Y por qué? ¿Cuál sería la justificación, de que un texto venga a hablar de otro texto? Como si el autor no comprendiera suficientemente su práctica, el artista como un niño, entonces el crítico vendría a explicitar unos sentidos, o el lector como un niño, que no entiende del todo lo que ese texto ha dicho. Por supuesto esto no reduce el problema, la crítica puede relacionar un texto con otro, con la época, con experiencias. Yo, por eso en el libro sobre Lamborghini elegí el género biográfico, porque en ese sentido yo siento que no subestimo ni al autor ni al lector. Le doy contextos en los que esos textos fueron producidos. El libro de David Viñas, Literatura argentina y realidad política, sus tres tomos, pone la literatura en la serie histórica y explicita relaciones, pero además está escrito maravillosamente, en ese sentido más que comentario es literatura.


El libro de Josefina Ludmer, El género gauchesco. Un tratado sobre la patria, también, ahí brilla su escritura crítica y hay relaciones que pueden parecer arbitrarias desde el punto de vista de lo académico, pero son maravillosas como forma de escritura, es casi poética por momentos. Y finalmente uno tampoco lee mucha crítica literaria. Lo que aparece en los diarios, en los suplementos, tampoco es crítica literaria, pero es el estatuto de la carrera de Letras, por lo menos como está concebida en la Universidad de Buenos Aires. Hay grandes profesores –para mi-, en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Un caso es Panesi. Yo creo que escuchando una clase de Panesi a cualquiera le empieza a gustar la literatura y empieza a entenderla. Daniel Link es otro gran profesor, Beatriz Sarlo es otra gran profesora, que lamentablemente, se dedicó más a la realidad política. Su libro Borges, un escritor en las orillas es muy considerable. El libro de Aira sobre Pizarnik, es muy bueno, yo lo recuerdo mucho. Pero, en fin, la crítica actual está dentro de la Universidad de Buenos Aires, no creo que salga mucho de ahí. Yo, por ejemplo, a Terranova no lo veo como crítico lo veo como un escritor, un gran escritor, prolífico. Hay un libro de él que a mi me gusta mucho, El ignorante, que es una reescritura argentina del poema Aullido de Ginsberg. Quintín no es un crítico literario, es un columnista, periodista, que ahora interviene pero a lo loco, desde ese lugar, un opinólogo. Un libro maravilloso también, que me olvidé de nombrar es Breve historia de la literatura argentina de Martín Prieto, que es un libro de crítica. O el de Martinez Estrada, Muerte y transfiguración de Martín Fierro, que es un poco desparejo pero que es muy importante. Lo actual, lo que está pasando ahora…no sé, en la revista Otra parte hay notas interesantes. Lo que escribe Diego Peller o Fermín Rodriguez".

Y este otro fragmento, que también tiene tela para cortar:


"Que la conversación no se sostenga por su valor de verdad sino por lo interesante que pueda resultar la narración como conversación. El modelo podría ser el de Las mil y una noches, contar un relato para no ser ejecutado. El aburrimiento es una forma de morir, y contra eso uno de los mejores antídotos es un buen relato, no por lo que se cuenta sino por ser algo bien contado, no importa a que remita, algo maravilloso, algo que no pasa todos los días, el “había una vez”. Por eso creo que el origen o mi gusto por la literatura está en la infancia. Por eso, convertir la literatura a una copia pobre de la vida, porque siempre va a ser pobre, es una canallada, para la literatura y para la vida”.

Nota al foot:

(1) -Escucháme gil, ¿no te das cuenta de que si seguís contando lo que estuviste haciendo, que entre paréntesis no le importa a nadie, contradecís lo que pusiste en el título?

-Bueno che, ¡no te enojés!

viernes, 18 de abril de 2014

LA "MERITOCRACIA" DEL LIBRE MERCADO

Aunque todavía no he podido terminar de leerlo, me dieron ganas de citar algo que leí en un libro del especialista en economía del desarrollo, profesor de economía política en Cambridge, llamado Ha-Joon Chang. El tipo recuerda que en 1819 se presentó en el Parlamento británico una propuesta de legislación del trabajo infantil, la Ley de Regulación de las Fábricas de Algodón. Vista a la luz del presente, esa ley es de una timidez increíble: prohibía el empleo de niños menores de 9 años, mientras que a los mayores (entre diez y dieciséis) se les seguía permitiendo trabajar, pero no más de doce horas al día. Esa era la “permisividad” de aquél momento.

La polémica fue enorme. Para los detractores de la propuesta, socavaba la santidad de la libertad de contratación y destruía los cimientos del libre mercado. Al debatir la nueva ley, algunos miembros de la Cámara de los Lores se pronunciaron en contra porque “tiene que haber libertad laboral”. Su argumentación era la siguiente: los niños quieren (y necesitan) trabajar, y los dueños de las fábricas quieren darles trabajo. ¿Dónde está el problema?

Síntesis: “si el grado de libertad de un mercado puede ser percibido de maneras distintas por diferentes personas, es que no hay una manera objetiva de definir lo libre que es; en suma, que el mercado libre es una ilusión. Si algunos mercados parecen libres, solo es porque aceptamos tanto las regulaciones en las que se apoya que se vuelven invisibles”.

Otro punto: decir que A TODOS NOS PAGAN SEGÚN NUESTRO VALOR INDIVIDUAL ES UN MITO. Ejemplo: un conductor de autobús de Nueva Delhi cobra en torno a 18 rupias por hora. Un conductor de bondi en Estocolmo cobra unas 130 coronas (el ejemplo es de 2009). A valores de 2009, eso implica que el conductor sueco gana casi cincuenta veces más que su colega indio (una corona eran como 870 rupias).

La cuestión es, en el caso en que se pudiera cuantificar fehacientemente; ¿se puede ser 50 veces mejor conductor de bondi que otra persona? Lo más probable es que el conductor de Nueva Delhi sea, acaso, mucho más habilidoso que el conductor sueco. ¿Por qué? Porque debe manejar en rutas sinuosas, esquivar vacas cada dos por tres, sortear bueyes, rickshaws y bicicletas con tres metros de cajas apiladas, etc. En cambio el sueco, a lo sumo, deberá esquivar algún conductor medio choborra un sábado a la noche, pero maneja en caminos bien asfaltados, y con recorridos en línea recta, etc. La explicación es compleja, pero puede decirse lo siguiente: los pobres de países pobres, por lo común, no tienen nada que envidiar a sus equivalentes de los países ricos. Cabe pensar que son los ricos de los países pobres los que usualmente no están a la altura de los ricos de los países ricos.

El amigo Bosnio me responde, al respecto, algo en lo que estoy plenamente de acuerdo: 

“Todos los debates históricos sobre derechos populares deberían ser de enseñanza obligatoria en las escuelas. Contrarían la idea imperante que el bien es algo obvio, que no tiene argumentación razonable en contrario y que se obtiene sin ninguna lucha entre honorables, a lo sumo para hacer el bien se debe decapitar a un malo.

Los debates por la jornada de 8 horas, por las vacaciones pagas han tenido el mismo derrotero que el que menciona sobre el trabajo infantil. Quienes se han opuesto tenían argumentos validos incluso de justicia. Un burócrata en Washington decide que las jornadas son de 8 horas y un aprendiz de panadero, por ello, pierde su trabajo de 12 horas que le brindaba el pan para sus hijos porque el panadero no le pagara por 8 horas lo mismo. La corte suprema de EEUU detuvo esa intromisión del estado en la libertad de acuerdos entre individuos (panadero y aprendiz odiaban por igual la intromisión del estado en este caso).
Nadie sabía de antemano si la economía podría aguantar jornadas de 8 horas, vacaciones, jubilaciones, el uso de cascos, elementos de seguridad, etc... Nunca se sabe. Solo se sabe que pasado algún punto la economía no aguanta y que por debajo de otro punto la humanidad no aguanta. Y no conocemos los puntos hasta que no los cruzamos, con las consecuencias conocidas. (De hecho el cruce del punto mínimo se ha visto con frecuencia, no sé si hay casos donde se haya pasado del otro, sociedades que colapsan por exceso de beneficios para sus ciudadanos).

En cuanto a la justa retribución, cualquier que gane una suculenta suma de dinero, sea por algo que hace, por una herencia o por el azar, intentara creer que es fruto de su talento. Aquel hombre que se acaba de sacar la lotería nos explica con convicción como calculo el numero ganador "le sumé a mi edad la patente del auto de mi tía Inés, le reste el canal de TV que miro, ...." creándose un mundo en el que su fortuna es fruto de su talento y como tal justificada desde la teoría meritocrática.

En los 90's escuchábamos muchos a los managers decir que era lógico que ganasen en dólares más que sus pares en Estados Unidos ya que trabajaban en un país del tercer mundo y eso debía ser compensando. Una lógica que no requirió ser refutada porque al poco tiempo, con una devaluación del 70%, esos mismos managers comenzaron a ganar como barrenderos en EEUU sin derecho a reclamar su compensación por tercer mundo.

Se gana lo que el poder del que disponemos nos permite tomar de la torta sobre la que actuamos.

Pero a nadie le gusta reconocer que le ganamos al otro porque es menos ambicioso, porque pertenece a una minoría al que la sociedad se empecina en oprimir o porque sus urgencias le impiden jugar más duro en la primer mano. Todos preferimos soñar con que ganamos en una licitación universal de talento cuyos jueces son Heidi y Farinello".