sábado, 19 de abril de 2014

SI NO SOS PROUST NO ME CUENTES TU MERIENDA

La frase del título, que me pareció bastante exacta, le pertenece a un escritor cuya obra jamás leí: Ricardo Strafacce.

¿Cómo fue que terminé leyendo eso? Ocurrió (1) mientras intentaba pasar la primera página de los apuntes que debería leer para escribir un trabajo práctico: en el transcurso me embolé fuerte, y navegando fui a dar a una muy buena entrevista al autor de una monumental biografía de Osvaldo Lamborghini. La pueden leer completa acá.


Rescato dos fragmentos sueltos, no sin antes prometerme (¿mentirme?) a mí mismo que en breve me podrán encontrar sentado en la silla, leyendo lo que por deber tendría que leer:


“Vos pensá en el libro de Deleuze y Guattari, Kafka. Es lo que yo aspiro a hacer. No aspiro a decir grandes cosas, no quiero esa pavada. Por eso no me gustó lo que hizo Quintín, no más que eso.


Sobre si existe una critica literaria argentina hay una pregunta previa a eso que es si existe una crítica literaria. Y sí, por supuesto que existe. Pero la crítica, pienso, está en un callejón sin salida entre la tautología y la mala fe. Porque el estatuto de la crítica literaria es el comentario, en el sentido que lo expresa Foucault, un texto que viene a decir una cosa de otro texto, ¿Y por qué? ¿Cuál sería la justificación, de que un texto venga a hablar de otro texto? Como si el autor no comprendiera suficientemente su práctica, el artista como un niño, entonces el crítico vendría a explicitar unos sentidos, o el lector como un niño, que no entiende del todo lo que ese texto ha dicho. Por supuesto esto no reduce el problema, la crítica puede relacionar un texto con otro, con la época, con experiencias. Yo, por eso en el libro sobre Lamborghini elegí el género biográfico, porque en ese sentido yo siento que no subestimo ni al autor ni al lector. Le doy contextos en los que esos textos fueron producidos. El libro de David Viñas, Literatura argentina y realidad política, sus tres tomos, pone la literatura en la serie histórica y explicita relaciones, pero además está escrito maravillosamente, en ese sentido más que comentario es literatura.


El libro de Josefina Ludmer, El género gauchesco. Un tratado sobre la patria, también, ahí brilla su escritura crítica y hay relaciones que pueden parecer arbitrarias desde el punto de vista de lo académico, pero son maravillosas como forma de escritura, es casi poética por momentos. Y finalmente uno tampoco lee mucha crítica literaria. Lo que aparece en los diarios, en los suplementos, tampoco es crítica literaria, pero es el estatuto de la carrera de Letras, por lo menos como está concebida en la Universidad de Buenos Aires. Hay grandes profesores –para mi-, en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Un caso es Panesi. Yo creo que escuchando una clase de Panesi a cualquiera le empieza a gustar la literatura y empieza a entenderla. Daniel Link es otro gran profesor, Beatriz Sarlo es otra gran profesora, que lamentablemente, se dedicó más a la realidad política. Su libro Borges, un escritor en las orillas es muy considerable. El libro de Aira sobre Pizarnik, es muy bueno, yo lo recuerdo mucho. Pero, en fin, la crítica actual está dentro de la Universidad de Buenos Aires, no creo que salga mucho de ahí. Yo, por ejemplo, a Terranova no lo veo como crítico lo veo como un escritor, un gran escritor, prolífico. Hay un libro de él que a mi me gusta mucho, El ignorante, que es una reescritura argentina del poema Aullido de Ginsberg. Quintín no es un crítico literario, es un columnista, periodista, que ahora interviene pero a lo loco, desde ese lugar, un opinólogo. Un libro maravilloso también, que me olvidé de nombrar es Breve historia de la literatura argentina de Martín Prieto, que es un libro de crítica. O el de Martinez Estrada, Muerte y transfiguración de Martín Fierro, que es un poco desparejo pero que es muy importante. Lo actual, lo que está pasando ahora…no sé, en la revista Otra parte hay notas interesantes. Lo que escribe Diego Peller o Fermín Rodriguez".

Y este otro fragmento, que también tiene tela para cortar:


"Que la conversación no se sostenga por su valor de verdad sino por lo interesante que pueda resultar la narración como conversación. El modelo podría ser el de Las mil y una noches, contar un relato para no ser ejecutado. El aburrimiento es una forma de morir, y contra eso uno de los mejores antídotos es un buen relato, no por lo que se cuenta sino por ser algo bien contado, no importa a que remita, algo maravilloso, algo que no pasa todos los días, el “había una vez”. Por eso creo que el origen o mi gusto por la literatura está en la infancia. Por eso, convertir la literatura a una copia pobre de la vida, porque siempre va a ser pobre, es una canallada, para la literatura y para la vida”.

Nota al foot:

(1) -Escucháme gil, ¿no te das cuenta de que si seguís contando lo que estuviste haciendo, que entre paréntesis no le importa a nadie, contradecís lo que pusiste en el título?

-Bueno che, ¡no te enojés!

1 comentario:

  1. Comentar un post propio es la cumbre del onanismo, lo sé. Sin embargo, tenía ganas de decirme a mí mismo (?) que no acuerdo totalmente con la frase, toda vez que pienso en la obra de un autor cuya lectura disfruto mucho, más allá de que sea o no sea un "autor menor": Roberto "El Negro" Fontanarrosa.

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