miércoles, 1 de abril de 2020

DIGRESIONES EN TIEMPOS DE CUARENTENA ACERCA DEL CAPITALISMO


El capitalismo es un fenómeno histórico, y por tanto es contingente y no puede estar destinado a la eternidad, como ocurre con toda invención humana. Sin embargo, como bien observan pensadores como Jorge Alemán, no podemos imaginarle un “después” al capitalismo. Siguiendo este argumento, el núcleo del debate se plantea en los siguientes términos: “¿cómo pensar el final de lo que aparenta presentarse sin fin?”. Desde la primera vez que la leí o la escuché, siempre me movilizó la frase, que hasta donde sé es de Fredric Jameson, que dice que al ser humano “le es más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

¿No les sorprende ese afán tecno-científico medio delirante que pretende averiguar si existen otros planetas “habitables”? Ya hay multimillonarios que hasta compraron una parcela en Marte o planifican irse a vivir a la Luna. Es como decir: “si la Tierra explota que los demás revienten, yo tengo guita y me voy a vivir a otro lado”.


¿Es posible revolucionar el estado de cosas a tal punto de que podamos imaginar un después del capitalismo? ¿Cómo se produce una revolución?

En lo personal, coincido con el filósofo español José Luis Villacañas cuando dice que ante todo, una revolución es una transformación intelectual. Si no existe esa transformación como condición necesaria, aunque no sea suficiente, no puede existir una revolución. Esa transformación intelectual tiene como punto de partida inexorable la cuestión de localizar un lugar desde donde mirar desde fuera la situación vigente. El problema de la revolución consiste en saber identificar ese lugar que nos permita tener una óptica pasiva sobre nosotros mismos, mirarnos desde fuera. Es evidente que no se trata de cualquier afuera, sino de encontrar el sitio, el lugar adecuado desde donde mirar lo que está sucediendo, y de esa manera neutralizar una óptica activa que en el fondo casi genera permanentemente su propio destino. 

En otras palabras, con una óptica activa uno sólo puede afirmar lo que ya ve. Un poco como decía William James cuando hablaba de que algunos confundían “pensar con re-ordenar sus propios prejuicios”. Si uno sólo puede reafirmar lo que ya ve, mezclar de modo distinto sus prejuicios, no es posible que pueda cambiar las cosas.

La pregunta que se impone es: ¿cuál es el afuera del capitalismo que nos permita “mirar” para producir una revolución intelectual?

En lo personal me gusta mucho la visión de Villacañas, que estudiando la Reforma luterana argumenta que “en toda revolución intelectual se halla un punto excéntrico que te permite reflexionar sobre lo que ha quedado latente”. 

Vale decir que en toda revolución debemos encontrar un punto exterior que nos permita activar lo que quedó en reserva. Ejemplo: Nicolás Copérnico se sitúa en una órbita excéntrica, imagina un nuevo centro desde el cual teorizar, en su caso el Sol, y desde ahí actualiza las latencias que habían quedado sin uso.

Para Villacañas, el único “afuera” del capitalismo es aquello que el capitalismo aspira de forma intensísima por destruir, por negar: la tierra.

La idea de tierra en Villacañas no tiene que ver sólo con el suelo que pisamos, aunque también, sino con la idea de vida. Aquello que el capitalismo más lucha por reducir a su interior es la vida.

Para Villacañas, es inviable que el capitalismo capture, aunque lo pretenda intensamente, hasta el último confín de la vida. ¿Por qué razón? Porque la continuidad de la vida en el ser humano se realiza mediante herramientas que no tienen dimensiones biológicas, y por tanto el aparato psíquico, el psiquismo humano, es irreductible a la vida. El psiquismo no puede ser derivado desde un ser que se halla confiado única y exclusivamente a la evolución biológica. Lo magnífico es que sin vida no tenemos los soportes mínimos del aparato psíquico, pero sólo con la vida no habríamos desarrollado el aparato psíquico. El aparato psíquico es la solución de urgencia que encuentra un ser que no puede seguir viviendo sólo con su arsenal biológico.

¿Y por qué razón el ser humano produce revoluciones intelectuales? Por la sencilla razón de que los grandes pensadores, al igual que muchas personas comunes, no soportan el tedio de la vida o el estado de cosas existente tal y como se va dando en su día a día.


El aparato psíquico no soporta el aburrimiento, y es el que nos da la voz de alarma cuando hay situaciones demasiado tolerables, demasiado adaptadas y carentes de riesgo. Un ser que se aburre, según el aparato psíquico, es un ser que pierde oportunidades de vitalizarse, de vivir, de entusiasmarse. Una revolución intelectual implica una nueva fe, una nueva sensación de entusiasmo, de vitalidad.

No habrá forma, dice Villacañas, de evitar que exista alguien que piense: “¿pero no se dan cuenta que este estado de cosas no puede seguir, que no se mantiene, que ya nadie cree en que podamos vivir así?”. Y esa persona mirará desde otro sitio. Los jóvenes de hoy ya están batallando -sin saber bien qué consecuencias van a traer al mundo con sus luchas cotidianas- para cambiar el orden existente.

¡Eso es todo por hoy! No tengo ganas de desarrollar mucho este tema porque es de por sí muy complejo. En algún otro momento la sigo. Por ahora voy a tratar de escribir sobre aspectos, problemas e inquietudes mías personales en tiempos de cuarentena. La idea es hacerlo a partir del psicoanálisis, simplemente porque en estos días estoy leyendo y re-leyendo algunos brolis sobre el tema.

Sean felices,


Rodrigo

viernes, 27 de marzo de 2020

DIGRESIONES EN DÍAS DE CUARENTENA. HOY ESCRIBIMOS A PARTIR DE ERICH FROMM

La vida no deja de ser cómica porque un ser humano muera, ni deja de ser trágica porque haya seres que ríen. El amor es esencialmente trágico, en el sentido de que uno no puede evitar el conflicto y el dolor toda vez que ama. Pero no nos vayamos por las ramas.


La idea de escribir sobre un tema tan trillado surgió a partir de la alegría que me produjo enterarme que mi Coniglia Hermosa está leyendo El arte de amar de Erich Fromm, un texto clásico que le regalé hace ya un tiempo. Hay un fragmento en el que Fromm dice que no se puede respetar y amar a otra persona sin conocerla: “el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación”.


En lo personal coincido bastante con ese fragmento del pensador alemán. ¿Qué implica conocer al otro para QUERERLO BIEN y no para MANIPULARLO?


En cierto modo, conocer al otro como condición necesaria para quererlo mejor implica respetar sus tiempos y espacios, percibir cuándo la otra persona está receptiva o de buen humor y cuando no, qué le suele gustar hacer, cuando tiene ganas de hablar y en qué momento conviene respetar su silencio…



El escritor irlandés George Bernard Shaw decía, parafraseando irónicamente una frase bíblica: “no hagas a los otros lo que quisieras que te hiciesen. Puede ser que tus gustos no sean los mismos”.



Y es que lo difícil es amar en el otro la pura diferencia: no amar al otro en aquello en que se nos parece, sino amar justamente su “otredad”, lo que hace que el otro sea diferente a mí.



Suelo cansar a varios con el análisis de una frase que dice que “sólo serás amado allí donde puedas mostrarte débil sin provocar la fortaleza”. Vale decir que la prueba del amor verdadero no está en recibir la retribución exacta por lo que se da, sino en no ser manipulado por el otro cuando para él/ella sería fácil ejercer esa manipulación.



El amor no se deja reducir por los principios de la economía: el amor es gasto, es entrega, tiene que ver con la generosidad. Como decía Darío S., a quien voy a robarle ideas sin citarlo a partir de este momento: ¿Quién no recuerda los dilemas que uno tenía cuando debía elegir qué carrera estudiar? Me gusta filosofía o teatro o lo que fuere pero “no tiene salida laboral”. ¿Entra en juego el amor en la elección de una carrera universitaria? Es inevitable que en un mundo capitalista siempre se interponga cierta lógica económica.



Aunque nos digamos a nosotros mismos que amar al otro es priorizarlo, lo que todo el tiempo hacemos es dejarnos atravesar por la lógica del deseo y la economía: nos priorizamos constantemente, tendemos a poner primero nuestras necesidades y placeres. Estamos todo el tiempo haciendo que el otro me sea funcional. Sin embargo, ¿por qué pensar el amor en términos de utilidad? ¿Tiene que tener un PARA QUÉ? ¿No habrá otra forma de amor, un amor revolucionario que nos saque de la constante lógica de la utilidad y la productividad? No siempre seremos capaces de tanto, pero está piola plantearse la cuestión como una suerte de horizonte aspiracional.



Y sin embargo uno no es un santo: todo acto de amor exige cierta respuesta, toda carta pide ser contestada, hasta el mínimo gesto espera cierta reciprocidad. Pongo un ejemplo que me molesta bastante de mi Coniglia, aunque nunca o casi nunca se lo hago notar: jamás me invitó una cerveza o un helado o una hamburguesa, mientras que yo suelo tener con ella ese tipo de gestos. ¿Es una cuestión de ser tacaño? ¡En mi caso para nada! Es inevitable que uno se pregunte: “¿lo hace de colgada o lo hace de egoísta?”. Es una verdad de Perogrullo: nadie puede querer bien sin quererse a uno mismo. No es sano “dar” sin exigir algo a cambio. Y en mi caso no se trata de “economía” sino de amor propio. Otra cuestión es cuando uno es generoso porque espera manipular a través de sus actos de generosidad, pero no es el caso, o no creo que sea mi caso.


Sea como fuere, la cuestión es que es muy difícil ir en contra de nosotros mismos para que el otro sea, para que el otro se expanda y crezca. La tendencia “natural” para el ser humano es la voluntad de poder, en el sentido nietzscheano. La voluntad de poder no significa joder al otro sino expandirme en lo que soy, en lo que pienso y en lo que deseo. Ahí es cuando la “otredad” del otro molesta, porque cuanto menos “otro” sea el otro, más te cierra para tus propios intereses egoístas. Si el amor se concibe desde la lógica de acumulación personal, en experiencias o en dinero, el otro siempre es un medio y no un fin en sí mismo. La otra persona siempre me “desborda”, siempre corre mis límites, nunca permite que uno la termine de “cosificar”, fijar, etiquetar o instrumentalizar.


Creo que Spinoza decía que amar a alguien consiste en “querer ser causa de su alegría”, una definición que me parece bastante lúcida. ¿Nunca les pasó de mirar una película y sentir "¡qué lindo sería estar viendo esta película con Tal persona!"? 

¿Quién no disfruta eligiendo un regalo o una obra o una comida o un gesto porque intuye que le puede llegar a gustar a la persona que ama o que quiere mucho? Salvo que seamos perversos...

En todo caso el defecto sería querer ser causa “exclusiva” de la alegría del otro. Podríamos decir que si uno logra armonizar el deseo de alegrar al otro evitando la tentación de considerarlo nuestra posesión, habremos alcanzado una capacidad de amor más que respetable.

El amor es aquello que hace insustituibles a las personas. Nos olvidamos de la existencia del almacenero del barrio más allá de que nos caiga bien o lo veamos con frecuencia; sin embargo, no nos olvidamos nunca o por lo menos muy difícilmente de alguien a quien hemos amado. 

EL DERECHO A "SER AMADOS":

Hay dos tragedias típicas: amar a quien no nos ama, y ser amados por alguien a quien no podemos amar. El amor es el terreno donde todos podrían ser felices y donde la felicidad, por eso mismo, se les niega a todos. Aquí no importan las cualidades personales (belleza, dinero, inteligencia, talento). El derecho a ser amado es el único derecho por el que no se puede reclamar en nombre de la justicia. Ningún individuo puede ser obligado a corresponder la demanda de amor de otro. Pero aun en la situación ideal, la de una relación amorosa correspondida, la reciprocidad engendra una paradoja: si esa reciprocidad existiera realmente, el amor se destruiría, porque sería una transacción de afecto perfecta y respondería a la lógica del intercambio que reina en la sociedad. En las relaciones correspondidas cada persona cree que ama más que la otra, aunque sepa que la otra la ama. 



Podría agregar la frase de Discépolo: "si yo pudiera como ayer, querer sin presentir". Pasada la infancia, nos damos cuenta de que la ingenuidad se vive una sola vez, o unas pocas "primeras veces". Luego es imposible que uno quiera "sin presentir" un futuro desengaño, al menos parcial. No podemos pretender la ingenuidad de un niño cuando ya no lo somos. El niño olvida fácil porque casi no tiene historia.


ERICH FROMM: EL AMOR COMO ARTE:


De los escritos de Ovidio se desprende que el amor no pertenece exclusivamente a la esfera de la irracionalidad o la pasividad sino que es un ARTE, que por tanto se puede perfeccionar y aprender. Esa idea es la que está presente en Erich Fromm.


Fromm argumenta, al igual que Ovidio, que el amor es un arte, y que en tanto arte requiere conocimiento, esfuerzo y aprendizaje de cierta teoría y práctica. El meollo del argumento de Fromm es priorizar el aprender a amar en lugar de en tratar de ser objetos de amor. En efecto: la mayor parte de los seres humanos consideran que la cuestión principal radica en ser amados, en alcanzar una suerte de mezcla entre éxito económico, popularidad y sex-appeal para incrementar la demanda. 

El camino principal usado por los hombres es “tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc”. Tengamos en cuenta que Fromm publicó su obra en 1956, en momentos en que el movimiento feminista no estaba tan arraigado como hoy. En la actualidad, tanto hombres como mujeres se sienten impulsados a ser más deseables físicamente y más "exitosos" en su carrera o en su bolsillo.

La cultura contemporánea impulsa una idea de felicidad basada en considerar las relaciones humanas como si fueran relaciones comerciales, por lo cual un hombre y una mujer “atractivos” son aquellos que reúnen ciertas cualidades muy solicitadas en el mercado de la personalidad. Siguiendo este razonamiento económico, las personas se unen “cuando consideran que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio”.

Para Fromm, el amor no es posible sin humildad, coraje, fe y disciplina, y dado que estas cualidades son raras, también es rara la capacidad que los seres humanos tienen de saber amar.

En una cultura consumista como la nuestra, apenas toleramos el conflicto, los defectos del otro. Ni bien aparecen problemas ya queremos dejar de frecuentar a una persona. Como diría Zygmunt Bauman, las soluciones rápidas, la satisfacción instantánea, los resultados que no requieren esfuerzos prolongados, las recetas infalibles, los seguros contra todo riesgo y las garantías de devolución del dinero es lo que predomina, en tanto tendemos a ver en cada relación amorosa a una "inversión" de tiempo y dinero.

Otro día la sigo, porque hoy estoy bastante triste. Estoy solo en mi departamento y la cuarentena me está pegando mal. En fin... mañana será otro día.

¡Sean felices y cuídense! Abrazo grande,

Rodrigo

domingo, 24 de noviembre de 2019

PROLONGANDO UNA CONVERSACIÓN QUE INICIÉ HOY EN UN GRUPO DE WHATSAPP

Hoy a la mañana hablaba en uno de mis grupos de Whatsapp acerca de esa tendencia actual que tenemos a la ansiedad: ese impulso que nos lleva a doblar la cuchara de un helado todavía demasiado duro porque queremos servirnos de inmediato el contenido del pote de medio quilo. La dificultad para esperar que nos compele a tirar la cadena antes de terminar de mear. Ocurre que el mundo del "multi-tasking" nos genera apuro constante y déficit de atención.


Como diría De Caro: somos procastinadores ansiosos, "¡dáme todo ya, pero qué paja!" Tengo que hablar para que entienda todo el mundo, ¡cuidado que mi abuela y su nieta se quedaron afuera del chiste! Comamos pizza porque les gusta a todos. Suprimamos el elemento trágico de la vida y tratemos de divertirnos así olvidamos todo el tiempo que nos vamos a morir. ¡Necesito sentir calor y frío al mismo tiempo! ¡Quiero café y quiero helado! "¡Mozo, sírvame rápido un frappuccino!".

Cuando un libro es auténticamente bueno nos invita a la re-lectura. La re-lectura es anti-comercial, porque si vuelvo a leer un clásico no sigo comprando otros libros. Por otro lado, la complejidad no depende sólo de la obra, sino del receptor: una obra literaria, una película, una canción es como un espejo, si un burro se mira en ese objeto no puede pretender verse reflejado como si fuera un caballo pura sangre. 


Un mal lector es como un mal traductor, porque interpreta literalmente cuando debe parafrasear, y parafrasea cuando debe interpretar literalmente. Según W. Auden: "Una señal de que un libro tiene valor literario es que puede ser leído de varias maneras. A la inversa, la prueba de que la pornografía no tiene valor literario es que si uno intenta leerla de cualquier otra forma que no sea la del estímulo sexual, leerla, digamos, como el informe psicológico de las fantasías sexuales del autor, uno se aburre como ostra”.

Una gran película o una gran obra literaria es aquella que soporta el spóiler: sabemos cómo termina Romeo y Julieta de Shakespeare, Ana Karenina de Tolstói o la saga de El Padrino de Francis Ford Coppola; sin embargo, si somos receptores activos y nos dejamos fascinar, podremos prescindir de la certeza del final, enriquecernos y disfrutar del camino; en cambio, si al comienzo de Sexto sentido nos damos cuenta de lo que le pasa al pendejo, buena parte del placer de la película se va a la mierda. ¿Cuántas personas conocen que tengan ganas de volver a ver un capítulo de La Casa de Papel?


El capitalismo funciona con la idea de deuda permanente: sos el libro que te falta, no sos el libro que tenés en tu biblioteca. El "tener" vale más que "el ser", como diría un viejo y querido libro de Erich Fromm.

¡Cualquier boludx se enamora de Brad Pitt en ¿Conoces a Joe Black? o de Scarlett Johansson en Match Point: son íconos de belleza que difunde una y otra vez el capitalismo a nivel global. La obra de arte que nos trastorna se parece al amor auténtico: la obra crece y uno crece con la obra. Es como el buen vino, que tiene cuerpo y experiencia; no es como la bebida cola, que se toma para el olvido. No es el "donjuanismo" de estar cada noche con una mina distinta hablando boludeces entretenidas:  es la mujer que amás aunque tenga rollos, aunque se le noten las arrugas o a pesar de que a veces te diga frases inconvenientes que no te gusta escuchar.

El escritor Fabián Casas, que para mí es una suerte de hermano mayor que me hubiera gustado tener, dijo algo que me gustó mucho:

"Antes de hacer un largo viaje, a los 21 años, leí Trilce, de César Vallejo, y no entendí nada. Después viajé por América dos años, viví miles de peripecias y escuché hablar en múltiples registros de lengua. Eso me abrió el oído y el corazón. Cuando volví, Trilce me hablaba en mi idioma. No necesité libros que me explicaran la operación de Vallejo, necesité acumular experiencia. ¿Qué es la experiencia? Saber que lo que vivimos va a morir con nosotros".

Es lo que pasa con las obras que nos "trastornan", algunas nos llegan demasiado pronto o demasiado tarde, y otras nos agarran en el momento justo.

Antes de terminar me gustaría aclarar algo para no generar malos entendidos: es obvio que consumo mucha basura, y obras que a la crítica le parecen sublimes me dejan indiferente. Con la mierda, diría mi "hermano mayor imaginario", también se hace combustible, y al repetir muchas veces la palabra "menor", surge ENORME. Nadie dice que tengamos que estar el día entero escuchando a Mozart y leyendo a Borges. Los buenos lectores sacan aceite de las piedras, y son capaces de ver la belleza a la vuelta de la esquina, o de decir "asombro" donde otros simplemente repiten "costumbre" o "me aburro". 

Para terminar, y aunque me incomoda bastante adoptar un tono de viejo choto apocalíptico que le habla a las nuevas generaciones, puesto que solemos confundir nuestra propia decadencia física con la decadencia del mundo, me permito citarles a otro "hermano mayor" estadounidense que se llamaba David Foster Wallace, y que decía que el arte 'serio', a diferencia del arte 'comercial', "no se dirige principalmente a sacarte el dinero", sino que "tiende a hacer que te sientas incómodo, o te empuja a esforzarte para acceder a su disfrute, del mismo modo que en la vida real el placer es consecuencia del esfuerzo y de la incomodidad. Por tanto es difícil que el público, especialmente el joven que ha sido educado para esperar que el arte sea 100 por cien placentero y para recibir ese placer sin esfuerzo, lea y aprecie la narrativa seria. Eso no es bueno. El problema no es que el lector de hoy sea tonto, no lo creo. Simplemente se trata de que la televisión y la cultura comercial le han enseñado a ser una especie de vago e infantil en lo que respecta a sus expectativas. Esto hace que intentar llamar la atención de los lectores de hoy implique una dificultad imaginativa e intelectual sin precedentes".

sábado, 3 de agosto de 2019

LA NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA CIUDADANÍA POLÍTICA Y ECONÓMICAMENTE ACTIVA

Post dedicado a mi "Coniglia hermosa"


En estos días asumí la necesidad de escribir –especialmente para las generaciones más jóvenes, que son buena parte de nuestro futuro- algunos artículos que tienen el propósito de que asumamos una postura ciudadana política y económicamente activa y responsable. La razón principal de mi decisión es la molestia de ver y escuchar a tantas víctimas apoyando verdugos sin cuestionarse nada. 


Mi apasionamiento por estos temas ha hecho que incluso me pelee con algunos compañeros de trabajo, entre otras cosas porque elegí estrategias comunicacionales muy malas. Y es que hace falta saber cuándo, cómo y con quiénes hablar de algunos temas. Sin ir más lejos, hace pocos días se fueron yendo las personas de mi grupo de Whatsapp del laburo porque se pudrieron de que yo discutiera de política e incluso ejerciera cierta “soberbia puteadora” con varios. Tenemos que entender que los interesados en política seguimos siendo, muy a mi pesar, una “minoría intensa”. 

Antes que nada quiero recordar que, como decía Wittgenstein, VEMOS INTERPRETACIONES todo el tiempo. Al respecto, me parece interesante citar al gran Pedro Saborido, quien en el transcurso de la presentación de un libro de entrevistas a Axel Kicillof en la Feria del Libro, reflexionó:

“¿Cómo es que estamos percibiendo de una manera tan distinta? ¿Cómo puede ser que a un montón de gente la misma persona le parezca un gran cuadro político y a otro, una loca de mierda? Y no sabemos si estamos hablando de Cristina o de Carrió. Funciona, funciona para ambos casos. (…) El otro día hablaba con Marlene y con mis chicos sobre quién se supone que es normal. ¿Quién es el normal? Va un tipo en un auto a la mañana y la radio le habla y le dice que va a haber un montón de cortes en la 9 de Julio. Ese tipo es el normal y escucha: ‘Bueno, usted que va para tal lado va a cruzarse con una serie de cortes de piqueteros’. Le hablan sobre el derecho a la circulación y qué se yo. La radio no le habla al que participa del movimiento social, al piquetero. La radio no le dice: ‘Señor piquetero que hoy va a cortar la calle, se va a encontrar con un montón de pequeños burgueses que van al trabajo, le van a tocar la bocina, lo van a insultar’. No. El tipo que va en el auto entonces se cree el centro. El normal. Y como en ese momento es el normal, no puede por un instante pensarse del otro lado. Ponerse en el lugar del que corta la calle. Uno le diría: ‘Mirá, vos tenés que esperar media hora, qué se yo, vas al laburo o volvés a tu casa y vas a llegar más tarde para ver Friends. Pero el otro se está cagando de hambre y vos te quejás en vez de agradecer que tenés un auto y tenés un trabajo. Agradecer que no sos el que tiene que cortar la calle. Poné Aspen, dale boludo, dos, tres temas de Richard Marx y ya pasó. El otro se está cagando de hambre’”.

Esto que dice Saborido, un poco en broma pero bastante en serio, tiene que ver con que no existe el pelotudo integral: los seres humanos somos pluridimensionales, excelentes cirujanos que toman en serio las gansadas de Luis Majul, expertos en literatura rusa que no pueden hacer un huevo frito sin quemar todo, y así siguiendo. Uno puede adjetivar cada tanto a alguien -amigo, hermano, jefe, vecino- diciendo “este tipo es tremendo pelotudo”. Sin embargo, como agrega Peter: “no existe el boludo integral, porque no podría sobrevivir a él mismo, no podría cruzar Constituyentes o se ahogaría en la ducha. Pero resulta que tienen hijos, los tienen a upa y no se les caen, los llevan todos los días al mismo jardín (…) La persona es un poliedro y uno de sus lados es boludo, y cuando uno ve ese costado, ve a un boludo”.

Es cierto que hay poliedros y poliedros, pero en esencia el amigo Peter tiene razón. Uno se enoja con compañeros por haberse tirado un tiro en el pie votando a Macri, pero esos mismos compañeros por ahí son brillantes, incluso mucho mejores que uno, en un montón de otras actividades o aspectos de la vida.


En fin, la cuestión es que no soy muy original: allá por 1548, cuando tenía nada más que 18 años, el pensador francés Étienne de La Boétie (1530-1563) escribió su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, donde se pregunta cuál es la legitimidad de los menos sobre los muchos, o de cualquier autoridad sobre un pueblo, analizando la situación de sumisión que las personas adoptan, en buena medida, voluntariamente.


En lo personal me jode que muchos de los que más sufren las políticas neoliberales, o de libre mercado, son frecuentemente quienes más las apoyan: los han convencido, y se han dejado convencer, de que el adelgazamiento del gobierno, el rigor fiscal, el individualismo extremo, el egoísmo, la libertad de empresa, la autoayuda individual -frente a la política, que es la autoayuda colectiva- son las únicas bases posibles para una economía dinámica y la conformación de una sociedad decente.


En síntesis, podría decirse que flota en el aire una pregunta recurrente: ¿por qué razón las víctimas votan a sus verdugos? Traducido a la política local: ¿cómo es posible que un jubilado, un empresario Pyme, un asalariado o un científico del Conicet siga apoyando al macrismo? Sabemos que un banquero o un miembro de la sociedad rural tiene sobradas razones para apoyar a Macri, ¿pero un jubilado?


No es una pregunta sencilla de contestar, aunque se pueden ensayar algunas respuestas: 1) la derecha conservadora suele manejar buena parte de los aparatos ideológicos de construcción de sentido, y además se mueve en bloque: sectores del poder judicial, del poder mediático, del poder económico y parte del poder político funcionan de manera coordinada para construir sentido, para construir subjetividad. Cuando te convencen de votar un ajuste lo hacen desde la hegemonía neoliberal que te dice que “no existe otra alternativa”, es eso o “el caos”, “Venezuela”, “el monstruo del populismo”, etc. Es una  suerte de legitimación de cierto darwinismo social radicalizado y convertido en una lógica fatalista: “el mundo es una selva donde predominan los más fuertes, y todo aquél que lo cuestione es un izquierdista infantil que no entiende nada”. Algo así como Nietzsche para pelotudos mezclado con Ayn Rand. El macrismo, como no tiene logros económicos para mostrar, sólo puede sostener su chance electoral a través de la demonización del kirchnerismo.


2) La segunda razón es antipática pero es real: a muchas personas NO LES GUSTA LA IGUALDAD. De algún modo tiene que ver con lo que Freud denominaba “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. Lo vemos todo el tiempo: tipos que disfrutan el ascenso social mínimo con respecto al vecino, así como envidian profundamente que alguien que vive al lado tenga un logro o un éxito económico o social que él/ella también tiene. “¿Cómo puede ser que este negro de mierda maneje una 4 x 4 tan linda como la que manejo yo?”. Salvando las distancias, algo así como el mayordomo esclavista personificado por Samuel Jackson en Django Unchained (2012)




De todos modos no es mi intención buscar en este post mayores precisiones sobre la psicología del votante, ni tampoco creo que el kirchnerismo sea la solución a todos nuestros males. ¡Al contrario! Creo que la hegemonía neoliberal es tan omnipresente, el individualismo egoísta está tan arraigado, que cada mínimo avance "populista" -por llamarlo de algún modo- en relación a cierta equidad se logra con muchísimo esfuerzo; por algo a cada gobierno que intenta distribuir un poquito le sucede la restauración de los gobiernos de derecha, cuyas políticas son siempre el mismo perfume de mierda con diferente frasco: Martínez de Hoz, Cavallo, Dujovne… Lo digo nuevamente:  mi intención en varios de los próximos posteos que proyecto publicar, y algunos que ya escribí, es tratar de entender, y ayudarle a entender a los más jóvenes, algunas cuestiones sobre política y economía. Y es que con los viejos carcamanes onda Quintín no hay nada que debatir: sería una pérdida de tiempo, esfuerzo y neuronas. 

Parto de la base de que, como sugería Joan Robinson, el principal propósito de estudiar economía es “aprender a evitar ser engañado por economistas”, que muchas veces no son más que lobbystas del establishment o traficantes de información financiera al servicio de intereses ajenos e incluso contrarios a los nuestros.

Se ha hecho famosa una frase de Raúl Scalabrini Ortiz: “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende, es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”. (Bases para la Reconstrucción Nacional, 1965).

Me parece que se trata de una verdad a medias, en el sentido de que uno no puede ahorrarse el esfuerzo, y que tampoco se puede negar que existen ciertos tecnicismos y ciertos conocimientos mínimos que no son sencillos de aprender. En otras palabras, adhiero a la postura del economista coreano Ha-Joon Chang cuando dice que "no hace falta que entendamos todos los aspectos técnicos para hacernos una idea de qué pasa en el mundo y ejercer lo que llamo ‘ciudadanía económicamente activa’ para exigir medidas adecuadas a los cargos de responsabilidad. A fin de cuentas, la falta de conocimientos técnicos no nos impide pronunciarnos sobre muchos otros temas. No hace falta ser un experto en epidemiología para darse cuenta de que las fábricas de productos alimentarios, las carnicerías y los restaurantes deben seguir normas de higiene. Pronunciarse sobre economía viene a ser lo mismo: una vez que se conocen los principios clave y los datos básicos, se pueden emitir juicios sólidos sin conocer detalles técnicos”.

Y es que estoy convencido de que la economía es una ciencia social, no una ciencia exacta. Hay que rechazar la idea de la ciencia económica como un modelo predictivo para aceptarla como una ciencia que debe combinarse con otros aportes: la antropología, la psicología, la sociología, la política… La economía es un terreno de disputa de poder. Como dije alguna vez: "economistas queridos, ¡ciencia no es cientificismo!"

También es importante no confundir "democracia" con "plutocracia": con los plutócratas que se disfrazan de demócratas no hay nada que hablar, simplemente hay que combatirlos en la arena política con todo el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad de que seamos capaces.

La raíz de la voluntad está en el deseo: hay que QUERER pensar, volverse una persona autónoma, reflexiva aunque no por eso menos apasionada. La voluntad es un deseo que ha pasado por el tamiz de la reflexión crítica.

Eso es todo por hoy. 

¡Sean felices!,

Rodrigo

jueves, 1 de agosto de 2019

LA PERCEPCIÓN DEL NEOLIBERALISMO COMO LA ÚNICA ALTERNATIVA

Antes que nada es importante poner en claro que deploro el uso del término “neoliberalismo” como excusa para ejercer la pereza mental o como término comodín para explicarlo todo: no quiero parecerme a energúmenos provocadores como Fernando Iglesias, para quien conceptos tales como “peronismo”, “populismo” o “kirchnerismo” son chivos expiatorios para depositar todas sus miserias o explicar el origen del universo, la estructura económica del cosmos, la historia económica y social de la argentina, los enemigos de la democracia y la razón por la cual una mina nos clavó el visto por Whatsapp.

Uno de los problemas que encuentro en el discurso neoliberal es su tendencia a percibirse como “la única alternativa racional”, y por tanto sustraer sus postulados al debate democrático o científico. Si uno concibe su cosmovisión como una posible entre otras, eso lo lleva a debatir y enriquecerse con la mirada ajena y el intercambio de argumentos: no es el caso de muchos neoliberales que conozco, para quienes el libre mercado es una especie de religión que no puede ser cuestionada. ¿Nunca escucharon respuestas pelotudas del tipo “andáte a Cuba” y/o “¿qué querés, vivir como en Venezuela?” y/o “no seas marxista” toda vez que objetaron algún dogma neoliberal?

De ahí que no me parezca casual que tantos “neoliberales” sean impermeables al debate: se puede ver en ésta interrupción a los gritos del fundamentalista neoliberal Germán Fermo hacia otro economista con ideas distintas a las suyas. Otro ejemplo de neoliberal, aunque él se defina como “libertario anarcocapitalista” o algo así, es el payaso mediático Javier Milei. En éste blog español leí un artículo respecto de Milei con el que coincido bastante.

No está de más recordar que “capitalismo” y “neoliberalismo” no son sinónimos: de hecho el mismo Keynes, Joseph Stiglitz, Paul Krugman y tantos otros economistas prestigiosos no son “neoliberales” y sin embargo creen en las bondades del capitalismo, sólo que sostienen -a mi juicio con total razón- que el sistema capitalista debe someterse a regulaciones y controles democráticos.


Retomando, la hegemonía neoliberal termina por achicar los horizontes, evitando que la sociedad civil pueda imaginarse modos de vida alternativos. El neoliberalismo terminó siendo una suerte de “revolución conservadora” en la que ya no se apela -como hacía el conservadurismo de otros tiempos- a un pasado idealizado, arcaico, o a la exaltación de la tierra y la sangre sino a un supuesto “progreso”, a la ciencia, a la razón, y todo para justificar el desplazamiento del pensamiento y la acción progresista.

Como diría el sociólogo francés Pierre Bourdieu, “es una doctrina coreada en todo el mundo por políticos y altos funcionarios nacionales e internacionales pero muy especialmente por grandes periodistas, casi todos indoctos en la teología matemática fundamental que se transforma en una suerte de creencia universal, un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o mejor dicho la difusa Vulgata que nos proponen bajo el nombre de liberalismo, está compuesta por un conjunto de palabras mal definidas –“globalización”, “flexibilidad”, “desregulación”, etc.- que gracias a sus connotaciones liberales o libertarias pueden ayudar a darle una fachada de libertad y liberación a una ideología conservadora que se presenta como contraria a toda ideología”.

De hecho, siguiendo a Bourdieu, esta filosofía no conoce ni reconoce otro fin que no sea la creación incesante de riquezas y, apenas disfrazada, su concentración en manos de una pequeña minoría de privilegiados; conduce por lo tanto a combatir por todos los medios –incluido el sacrificio de los seres humanos y la destrucción del medio ambiente- cualquier obstáculo contra la maximización incesante del beneficio.

Reducir la democracia a votar cada dos, cuatro o seis años y luego dedicarse casi exclusivamente a ganar guita y a consumir es empobrecedor. A menudo uno tiene la impresión de que nuestros regímenes de gobierno suelen parecerse más a “oligarquías liberales” que a sociedades democráticas. La mayoría de la población no participa activamente en política, porque votar cada tanto sobre problemas que no se conocen y que el sistema hace todo lo posible porque no se conozcan es demasiado poco para considerarse auténticamente democrático. Etimológicamente, vivir en una república, res publica, remite a lo que los griegos llamaban "politeia" -algo así como el buen gobierno de la cosa pública-, estar interesados activamente en los asuntos comunes. Una sociedad no puede, NI ES DESEABLE QUE TRATE DE HACERLO,  volver a la gente igual en el sentido de que todos los hombres corran 100 metros en menos de 10 segundos o toquen admirablemente una sonata de Beethoven al piano, pero puede crear instituciones que favorezcan su participación efectiva en todo poder instituido. La pasión por los objetos de consumo debe reemplazarse o subordinarse a la pasión por los asuntos comunes. Está claro que para participar, la gente debe tener la certeza, verificada con relativa constancia, de que entre su participación y su abstención hay una diferencia. Los elementos de libertad que forman parte de las diversas sociedades no son una dádiva de las clases dominantes. Los elementos liberales de las instituciones contemporáneas, como bien recuerda Cornelius Castoriadis y tantos otros, son los sedimentos de las luchas populares desde hace siglos, luchas para obtener un relativo autogobierno. 

Es la retirada de los pueblos de la esfera política, la desaparición del conflicto político y social por una suerte de semi-adhesión blanda a los postulados de la hegemonía neoliberal la que ayuda a que la oligarquía económica, política y mediática escape a cualquier control o regulación democráticas, favoreciendo o acostumbrando a la población a la corrupción y el egoísmo de sus élites.


Esa concepción individualista que ayuda a difundir la influencia del discurso neoliberal hace que los políticos sean percibidos o como una suerte de parásitos “que viven de nuestros impuestos” o como personas que nos tienen que dar cosas, como si fueran una máquina expendedora de bebidas cola. El individualismo extremo desemboca en la depresión, los ansiolíticos, la proliferación interminable de terapias psicoanalíticas o terapias alternativas o libros de autoayuda. Como leí por ahí: LA AUTOAYUDA COLECTIVA SE LLAMA POLÍTICA.

La saturación de la información nos vuelve seres amnésicos, sin memoria histórica o sin vínculos con la tradición a la hora de buscar razones valederas para enojarnos o para comprender que nuestro modo de vida es contingente y por tanto puede ser mejorado por la intervención humana. 

Cualquiera que intente hablar de política con sus compañeros de trabajo, amigos o conocidos, se encontrará con una resistencia muy grande: o te dicen que sos un fanático, o tratan de mandarte chistes pelotudos por WhatsApp, o cambian de tema. No se trata de ser un amargado ni mucho menos: se puede hacer política con alegría. También es cierto que uno tiene que ser más inteligente para saber cuándo y cómo hablar de algunos temas.


Tengo ganas de seguirla pero por hoy ya creo que fue suficiente y hace un sol hermoso. Sean felices,


Rodrigo

Post Scriptum: todavía me falta hacer un recorrido histórico más preciso sobre el término "neoliberalismo". Ahora no tengo tiempo pero si quieren leer algo que está escrito de modo bastante ameno pueden clickear acá, donde hay varios artículos de un tal José María Gallardo, un español cuyo punto de vista y su abordaje de la economía es bastante enriquecedor, más allá de su estilo vanidoso y provocador. 

miércoles, 31 de julio de 2019

EL NEOLIBERALISMO EXPLICADO DE MANERA SENCILLA

No es inusual escuchar que, luego de una separación amorosa, alguien se queje amargamente diciendo: “pensar que había invertido un montón en esa relación”. La pregunta que a uno le surge es, ¿y por qué deberíamos naturalizar el hecho de que la vida sea una suerte de incesante inversión en uno mismo? Las frases de este estilo, cuyo tenor podríamos multiplicar ad infinitum, son parte de cierto “sentido común neoliberal”.  Ahora bien, ¿qué es el neoliberalismo?

Es cierto que el término “neoliberal/neoliberalismo” se suele usar más como un adjetivo (des)calificativo o un insulto aplicado a cualquier cosa que como un concepto que tiene un origen histórico determinado y un sentido preciso. Ese uso vago y difuso ha obrado como una suerte de excusa de la derecha para decir que el neoliberalismo es una invención de la izquierda. Ahora bien, que la palabra “fascista” o “facho” se use como un insulto indiferenciado, ¿implica que el fascismo no haya tenido existencia histórica real o sea imposible de definir? Pues bien, lo mismo ocurre a mi juicio con el concepto de “neoliberalismo”.

Los neoliberales, a diferencia de los liberales clásicos del siglo pasado, dan prioridad a las libertades económicas sobre las libertades políticas. La cuestión es que cuando la sociedad le da prioridad a las libertades políticas: el derecho a la libre expresión, el derecho al voto universal, el derecho a la educación, etc., tarde o temprano termina exigiendo la conformación de un estado social, de un estado de bienestar, de instituciones que garanticen el ejercicio efectivo de estos derechos: la conformación de una ciudadanía autónoma, informada, libre, que pueda expresarse y votar de modo responsable, cosa que evidentemente debe hacerse con el estómago lleno y los nutrientes necesarios en el organismo. Por eso los neoliberales invierten la importancia de los derechos sociales y subordinan todo a una idea determinada de “libertad económica”.

Más adelante, en una nueva entrada, voy a hacer un recorrido histórico del concepto. Por el momento me basta recordar que el neoliberalismo no es exclusivamente una política económica que propugna el retraimiento de la esfera pública y su subordinación a la esfera privada, sino que también es una antropología, una concepción de la naturaleza humana, del Estado, del derecho, de la educación… El neoliberalismo es una forma de vida que nos impulsa a ser empresarios de nosotros mismos, vivir la vida como una competencia incesante con los demás: esa lógica hace que los seres humanos nunca nos sintamos “pobres” sino “perdedores”. Los ricos no son "enriquecidos" sino "exitosos". 

Como diría el economista Joseph Stiglitz, la característica principal del modelo neoliberal ha sido convencerse y convencernos de que “no existe alternativa”; el "there is no alternative" de Margaret Tatcher. El discurso neoliberal ha tejido una red tan tupida que nos impide ver la luz.

En lo personal comparto la visión de economistas como Joseph Stiglitz en cuanto a la necesidad de reconocer y entender que el mercado no va a resolver por sí mismo ni la creciente desigualdad, ni la inestabilidad financiera o la degradación ambiental; por tanto, los gobiernos y la sociedad civil tienen la obligación de esforzarse por idear políticas que puedan limitar a los mercados a través de regulaciones ambientales, de salud, de seguridad ocupacional, entre otras.

El “mercado capitalista” no puede mistificarse como si fuera una creación divina, sino que debe estar subordinado a los controles democráticos.

Pongamos el ejemplo de un economista “neoliberal” como Miguel Boggiano, justificando el advenimiento del desastre de 2001: el tipo pone en palabras descarnadas lo que piensan, con matices, algunos miembros del macrismo. Lo que postulan personas como Boggiano es que el Estado se tiene que retirar para generar una especie de darwinismo social que haga que prevalezcan “los fuertes” y se jodan “los débiles”, los que no son “competitivos”. Desde mi perspectiva, el Estado debe intervenir porque si uno deja todo en manos del mercado capitalista, se genera concentración y exclusión. Si el Estado no interviene asistiendo a las Pymes, atendiendo a los jubilados, implementando mecanismos de redistribución de la riqueza, se genera violencia y caos social.

La crisis de 2001, que Boggiano justifica, generó más de 30 muertos por represión policial, pobreza, personas que recorrían las calles revolviendo la basura, desocupados. No es que Boggiano sea un canalla, sino que realmente cree en algo que varios neoliberales denominan “destrucción creativa”: se piensa que para que exista competitividad e innovación, hay personas que literalmente tienen que morir, desaparecer, o en todo caso “reconvertirse”. Al decir de Esteban Bullrich: "hay que crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla".

Yo creo en la existencia virtuosa de premios y castigos, en el esfuerzo, en cultivarse a uno mismo, en mejorar, en enriquecerse intelectualmente. Tampoco considero que uno deba ser un asceta o un monje: soy bastante hedonista, prefiero un buen vino a un vino malo, una comida bien hecha a conformarse con las sobras. Ahora bien, si te habla de “emprendedurismo” o “meritocracia” un grupo de funcionarios que heredaron su fortuna –Macri, Rodríguez Larreta, los Bullrich, los Peña Brown- es entre cínico y ridículo. NADIE PUEDE REALIZARSE PERSONALMENTE EN UNA COMUNIDAD QUE NO SE REALIZA.

domingo, 14 de julio de 2019

PREMIO NOBEL DE LECTURA

El Premio Nobel de lectura me lo tendrían que dar a mí,que soy el lector ideal y leo todo lo que encuentro: leo los nombres de las calles, los subtítulos de las películas, las pantallas luminosas y las inscripciones de los baños. Leo el rostro triste o alegre de las personas que quiero. Y sobre todo leo, y disfruto mucho haciéndolo,  a Don Nicanor Parra, quien fue un poeta chileno.

AUTORRETRATO


“Tengo la costumbre, por comodidades del lenguaje, de llamar ‘amigos’ a quienes no lo son, no encuentro otra palabra para describir aquellas personas que conozco, que me caen bien, pero con las que no he estrechado ningún vínculo en particular”. Ocurre que los sentimientos humanos son más variados que nuestro modo de nombrarlos, más allá de que el acto de nombrar tenga un efecto de realidad en lo que hacemos y sentimos.

Tengo una enorme necesidad de que me quieran, no sólo con actos sino también con palabras. Tal vez por eso siento que soy más “zalamero” de lo que debería, aunque a esta altura de mi vida no tengo ganas de cambiar al respecto. Prefiero decir “te quiero” de más que de menos, aunque entiendo que “las personas amables lo son con todo el mundo, les gusta todo, lo que disminuye el valor de sus opiniones” ante la mirada externa. No carezco de personalidad, y puedo ser sincero hasta la crueldad de ser necesario.

Estimo que los años me han dado la capacidad de aprender a “no ser querido”. Sé que uno no le puede caer bien a todo el mundo.

No hablo casi nada de las mujeres con las que estoy, pero me gusta mucho que los demás me cuenten sus relaciones amorosas y sus experiencias de vida.

Considero que los amigos no son sólo ni principalmente los que te ayudan “en las malas”, sino también los que se alegran cuando  estás contento o cuando conseguiste algún logro. Un  amigo que no te envidia tiene las condiciones para ser un gran amigo.

A casi todas las mujeres les encuentro algo bello. Me gusta estar rodeado de mujeres, porque casi nunca me aburro conversando con ellas, incluso si la conversación es trivial. Mis amigas me parecen hermosas, y no me interesa racionalizar en qué medida las veo hermosas porque las quiero, o las quiero porque las veo hermosas.

“No sé cómo interrumpir a un interlocutor que me aburre”.

“A veces termino haciendo que los interlocutores se me pongan en contra por un exceso de argumentación”.

Cuando viajo, aunque disfruto mucho el paisaje, me gusta más relacionarme con personas que con la naturaleza. Me encanta ir a bares y conversar con gente en diversos idiomas.

“Siento menos ganas de cambiar las cosas que de cambiar cómo las percibo”, pero me parece que ambas cosas están relacionadas. Quiero cambiar las cosas que me parecen injustas. Si los seres humanos definen las situaciones como reales, sus consecuencias son reales. Además, nunca está de más recordar que  VEMOS interpretaciones todo el tiempo.

“Me encantan las relaciones de paso en los viajes: breves y sin consecuencias, tienen el entusiasmo de los comienzos y la tristeza de las separaciones”.

“No puedo integrarme a un grupo de amigos que ya se conocen, yo siempre sería el que vino después, me gustan los grupos de amigos formados juntos al mismo tiempo”. No coincido totalmente con esa frase, pero en buena medida sí. 

“Creo que los ricos son peor gente que los pobres. ‘Te amo’ puede ser una forma de chantaje”.

De no ser por el apetito sexual, podría pasarme un mes entero leyendo, viviendo casi como un monje.

Nunca estuve ni estaría con la mujer de un amigo, aunque crea racionalmente que los seres humanos no son JAMÁS nuestra posesión.

Mi exceso de autoconsciencia hace que rápidamente capte que mi interlocutor se está aburriendo: en ese momento me dan ganas de callar de repente, pero sigo hablando un rato más.

“Ciertas personas me cansan en pocos segundos porque sé que me van a aburrir”. Por otra parte, considero que el miedo excesivo a aburrirnos puede ser una forma grave de estupidez, hija de la cultura del entretenimiento de masas.

“Todo me interesa a priori, pero no a posteriori”.

No fumo, y puedo prescindir fácilmente del alcohol, aunque me gusta mucho tomar cerveza con personas que quiero.

Soy más cariñoso con mis amigos y amigas que con mi familia.

No puedo prescindir de la música, del cine y de la lectura.

“Escuchar música alegre es como pasar el rato con personas que no se me parecen”, decía Levé. Me identifico parcialmente, y me recuerda el “Burn down the disco/ Hang the blessed DJ/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life” que cantaba Morrisey. Sin embargo, me gusta bailar cumbia y ritmos latinos, aunque me gustaría ser mejor bailarín de lo que soy.

“He dejado a una mujer porque ya no la quería y porque yo no me quería cuando estaba con ella”.

“Cuando hay más de seis personas en una mesa, me pierdo en la multiplicidad de conversaciones. Tengo cierta preferencia por las conversaciones de a dos. Prefiero cenar con una persona que con varias”.

“No siempre me parecen excitantes las mujeres hermosas, ni hermosas aquellas que me excitan”.

“Me atraen las mujeres generosas con su tiempo, sus sonrisas, sus conversaciones, su afecto y su deseo físico”.

A veces me agrada más leer, no tanto autores que escriben cosas banales con palabras extraordinarias, sino a aquellos que escriben cosas inverosímiles con palabras comunes.

“Razonar no me convence, pero me tranquiliza”. Los seres humanos solemos preferir una mala explicación antes que ninguna explicación.
Escucho muchos fragmentos de canciones que me gustan, sin escuchar la canción entera.

A veces “me gustaría comunicarme sin usar palabras ni gestos, y percibir en un instante el contenido del cerebro de mis interlocutores, como una fotografía”.

“El principio de placer guía más mi vida que el principio de realidad, aunque me enfrente más a menudo con la realidad que con el placer”.

“Me preocupan las cuestiones morales. No entiendo que se dejen de lado las cuestiones morales por dandismo o por una supuesta amplitud de miras, sin embargo, los moralistas me parecen tristes o reaccionarios”.

“No disfruto demasiado del éxito, el fracaso me es indiferente, pero me pone furioso, llegado el caso, no haber intentado algo”.

Me gusta mucho leer a Nietzsche. Tengo las obras completas de Nietzsche, Schopenhauer, Borges, Foucault, David Foster Wallace, Karl Marx, Leon Tólstoi, William Shakespeare, Ricardo Piglia, Eric Hobsbawm y Max Weber. No leí ni la mitad de esas obras, pero me complace la posibilidad de saber que en cuanto tenga mucho tiempo lo voy a hacer.

Las discotecas me parecen  lugares de espectáculo. Cuando estoy ahí soy más de  observar que de mostrarme, y cuando me muestro no puedo evitar sentirme un poco ridículo. Sin embargo, me gusta bailar.

Post scriptum: las frases entrecomilladas le pertenecen a Édouard Levé, pero me identifican a mí también.